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La Heredera que Él No Pudo Romper

La Heredera que Él No Pudo Romper

Status: En proceso
Genre:CEO / Centrado emocionalmente / Mujer poderosa / La mimada del jefe / Casada con el millonario / Amante arrepentido
Popularitas:236.5k
Nilai: 4.7
nombre de autor: lulu

Lala Salcedo creyó que su boda con Damián Alcázar sería el inicio de una vida tranquila. Pero el mismo día de la ceremonia, su media hermana Iris, enferma y mimada por toda la familia, le arrebata el vestido, el novio y hasta el lugar que durante años le perteneció.

Lo que nadie esperaba era que Lala dejara de agachar la cabeza.

Con el corazón roto, una empresa en las manos y demasiadas cuentas pendientes, decide cobrar cada humillación una por una. Damián cree que puede volver cuando quiera. La familia Salcedo cree que todavía puede usarla. Iris cree que todo lo que Lala ama puede terminar en sus manos.

Hasta que aparece Sebastián Suárez, el heredero más reservado y poderoso de la ciudad, dispuesto a respaldarla cuando todos esperan verla caer.

Pero en un mundo de familias ricas, secretos viejos y amores que llegan demasiado tarde, Lala tendrá que descubrir quién quiere salvarla de verdad… y quién solo quiere usarla otra vez.

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Capítulo 16

Capítulo 16

Dicen que una sueña con lo que trae metido en la cabeza.

Con Vivi metiéndome ideas y Sebastián Suárez apareciéndoseme hasta cuando cerraba los ojos, esa noche soñé con él.

En el sueño, mi boda con Damián seguía su curso normal.

No había escándalo.

No había Iris vestida de novia.

No había risas, cámaras ni gente esperando verme hecha pedazos.

Yo llevaba el vestido que había cosido con mis propias manos. Caminaba sobre la alfombra roja entre murmullos de admiración, con el ramo apretado entre los dedos, rumbo al hombre que durante años creí mi príncipe.

Cuando llegué al altar, él levantó el velo.

Al alzar la mirada, el novio no era Damián.

Era Sebastián.

Me asusté tanto que empecé a buscar a Damián entre los invitados, pensando que estaba teniendo una alucinación.

Pero Sebastián me tomó de la mano.

Caminó conmigo.

Caminó y caminó, como si esa alfombra no tuviera fin.

Yo no quería despertar.

Cuando el despertador vibró, en el sueño él justo se inclinaba hacia mí.

Estábamos a punto de besarnos.

Abrí los ojos con trabajo, todavía medio flotando, y estiré la mano para tomar el celular.

La nota en la pantalla me devolvió a la realidad de golpe.

Juzgado Familiar. Divorcio.

Me quedé mirando esas palabras varios segundos.

Después me tapé la cara.

Qué vergüenza.

No solo había soñado con Sebastián.

Había soñado que me casaba con él y que lo besaba.

Me levanté rápido, me bañé y me arreglé para ir a la empresa.

De camino llamé a Damián.

Después de lo mal que acabamos en la subasta, pensé que ni siquiera contestaría. Pero apenas sonó dos veces, escuché su voz fría.

—¿Qué pasa?

Ni mi nombre dijo.

Me quedé un momento callada. No sabía quién lo había provocado tan temprano, pero tampoco me importaba.

—Señor Alcázar, llamo para recordarte que hoy a las tres tenemos cita en el Juzgado Familiar.

—¿Tiene que ser hoy? Iris está mal. No puedo moverme.

Seguía con ese tono seco, ahora con una impaciencia que me prendió la sangre.

—Damián, es solo firmar el divorcio. ¿Cuánto piensas alargar esto? Si crees que cuando Iris se muera yo voy a volver contigo, despierta. Sé hombre una vez en tu vida y termina esto limpio.

No respondió.

Colgó.

Miré la pantalla apagada y solté una risa corta.

Bien.

Entonces tocaba demandar.

Llegué a la empresa y le pedí a Cere que me consiguiera un abogado de divorcio.

A las diez de la mañana estaba hablando por teléfono con uno, preguntando por el proceso, los tiempos, las audiencias y todo ese circo legal que yo había querido evitar.

Cere tocó la puerta.

—Lala, hay un hombre afuera. Dice que es tu primo. Apellido Aguilar.

Mi primo Aguilar.

Nico Aguilar, el hijo de mi tía.

¿Qué venía a hacer aquí?

—Déjalo pasar.

Terminé la llamada con el abogado y, cuando entró ese muchacho alto, con la cara más agria que un limón verde, confirmé que era él.

—Nico, ¿qué pasó? —me levanté para recibirlo—. ¿Necesitas algo?

Él ni siquiera saludó.

—Prima, ¿no te bastó con destruir tu propia casa? ¿Ahora también vienes a destruir la mía? Mi mamá te quiso desde niña, te trató mejor que a muchos de su sangre. ¿Así le pagas?

Me soltó el golpe de palabras en la cara.

Me quedé helada.

—Habla claro. ¿Le pasó algo a mi tía?

—¿No le pediste dinero? —escupió—. Veinte millones de pesos de una sola vez. Qué cara tienes.

Ahí entendí.

—Sí le pedí prestado, pero ese dinero no lo usé. Hace unos días se lo devolví completo. ¿Cuál es el problema?

Para reunir dinero antes de la subasta había pedido por todos lados: amigos, banco, mi tía. Después Sebastián compró el brazalete por mí y ese dinero ya no se tocó. En cuanto terminó la subasta, empecé a devolverlo.

La parte de mi tía se la transferí esa misma noche.

—¡Claro que hay problema! —Nico levantó la voz—. Ese dinero era de la empresa. Mi mamá lo movió sin decirle a mi papá para prestártelo. Mi papá se enteró hoy. Aunque lo hayas devuelto, el asunto es grave. Se pelearon, rompieron media sala y ahora hablan de divorcio. ¿No es culpa tuya?

Se me apretó el pecho.

Pero enseguida entendí por dónde venía la cosa.

La empresa de mi tío llevaba años hecha un desastre. Él había metido a todos sus parientes, buenos para nada incluidos, a vivir del negocio. Mi tía se había retirado al principio porque él la convenció de quedarse en casa, pero después, viendo cómo esos parientes chupaban la empresa, peleó hasta recuperar el control financiero.

Con mi tía cuidando la caja, los parientes de mi tío ya no podían robar tan fácil.

Claro que la odiaban.

Claro que le metían cizaña a mi tío cada vez que podían.

Lo del préstamo solo fue el pretexto perfecto.

Aunque no hubiera causado una pérdida real, él podía usarlo para aplastarla.

Si se divorciaban, mi tía podía terminar como mi mamá: exprimida, culpada y dejada sin nada.

Respiré hondo.

—No grites. Si hay un problema, se habla. Los gritos no resuelven nada.

Tomé el celular.

—Primero voy a llamar a mi tía.

No iba a quedarme con la versión de Nico. Y, por la forma en que había venido a atacarme, era obvio que no solo quería desahogarse.

Mi tía contestó con la voz ronca.

Había llorado.

—Tía, Nico está conmigo. Dice que por el dinero que me prestaste discutiste con mi tío y ahora quieren divorciarse.

Ella se sobresaltó.

—¿Nico fue a buscarte?

—Sí.

—No le hagas caso. Yo puedo resolver esto. No te metas.

La conocía.

No quería que me sintiera culpable.

Pero yo no podía hacerme a un lado.

—Tía, del lado de mi tío hay demasiada gente. Tú estás sola. Si encima me escondes las cosas, ¿quién va a pelear contigo para defender lo que te toca?

Mi tía aguantó unos segundos y luego se quebró.

—Ese maldito Rodrigo Aguilar... él tomó malas decisiones, invirtió a lo tonto, metió a su familia entera a la empresa y la dejó llena de hoyos. Ahora que todo estalló, me culpa a mí. Se agarró de que te presté dinero para decir que yo destruí la empresa.

La escuché en silencio.

La verdad salió poco a poco.

La empresa de mi tío tenía la cadena de pagos rota. Varios acreedores estaban cobrando, los préstamos bancarios ya vencían, y encima había inversiones ocultas que mi tía ni siquiera conocía.

—¿Cuánto necesitan para pasar esta crisis? —pregunté.

—No lo sé exacto. Él me ocultó muchas cosas. Pero, mínimo, treinta o cuarenta millones.

—Está bien. Hablo con Nico.

Antes de colgar, mi tía me repitió que no me metiera, que ella ya estaba preparada para lo peor.

Pero ¿cómo iba a dejarla sola?

Ella me había cuidado como a una hija. Mi abuela solo tenía esa hija viva a su lado. Cuando mi mamá fue pisoteada por un hombre, yo era demasiado chica para ayudarla. Ahora ya no era una niña.

Si podía pelear por mi tía, iba a pelear.

Colgué y miré a Nico.

—Viniste a pedirme dinero, ¿verdad? Di cuánto.

Él se sorprendió de que fuera tan directa.

Luego levantó la barbilla.

—Bueno. Todavía tienes algo de conciencia. Mi mamá no te quiso en vano.

Me dio risa.

Yo siempre había tenido conciencia.

Quien me trataba bien, recibía de mí el doble.

Mis espinas solo salían contra quien me hería. La familia Salcedo. Damián Alcázar.

Hice cuentas rápidas.

—¿Diez millones te sirven?

Nico soltó una carcajada.

—¿Diez millones? ¿Me estás dando limosna? Mínimo cincuenta. Con eso se pagan préstamos bancarios y deudas externas, y evitamos demandas.

—¿Cincuenta millones? No tengo.

El asunto había nacido por mi préstamo, sí. Pero el fondo era la podredumbre de la familia Aguilar. Si querían convertirme en su cartera, estaban soñando.

Nico miró mi oficina con una envidia que ni se molestó en ocultar.

—Escuché que cuando te separaste de Damián, te dejó la empresa. También escuché que ahora te trepaste a la familia Suárez. Ese famoso Sebastián Suárez gastó trescientos millones para recuperarte el brazalete de tu mamá.

Se acercó a mi escritorio, como si todo eso le diera derecho.

—Con eso, cincuenta millones para ti no son nada. Se los pides a Damián o al señor Suárez y listo.

Al fin entendía.

Había investigado todo y vino pensando que yo era una gallina de huevos de oro.

—Con Damián estoy rota. Es mi enemigo. No voy a pedirle dinero. Y la familia Suárez está demasiado arriba para mí. Esos trescientos millones también son una deuda.

—No te creo. —Nico golpeó el escritorio—. Lala Salcedo, mi mamá te trató como hija. ¿Vas a verla hundirse?

—Voy a buscar dinero, pero necesito tiempo. Aunque venda acciones de mi empresa, eso no se hace en un día.

—Mi familia no tiene tiempo. Estamos con problemas por dentro y por fuera. Podemos quebrar en cualquier momento.

—Tu papá debió pensar en eso antes de hacer tonterías.

—¡Ahora eso no sirve de nada! ¡Solo presta el dinero!

Lo miré con calma.

—Es la primera vez que veo a alguien pedir prestado con tanta arrogancia. Pareces asaltante.

—Lala, tú...

Me señaló con la cara roja, listo para insultarme.

Lo corté.

—Nico Aguilar, si vuelves a gritarme, no presto ni un peso. Si quiebran, mantengo a mi tía. Ustedes no me sacan nada.

Se tragó la rabia.

La oficina quedó tensa.

Entonces la puerta se abrió sin aviso.

Una voz conocida entró antes que la persona.

—Nico, ese dinero te lo presto yo. Pero queda a nombre de tu prima.

Damián apareció en la puerta, tranquilo, como si esta fuera su oficina.

Nico se volteó y los ojos le brillaron.

—¿Cuñado? ¡Sabía que eras buena onda!

—No lo llames así —dije.

—¿Por qué no? Aunque se case con Iris, sigue siendo mi cuñado. De una forma u otra somos familia.

Damián no lo corrigió.

Hasta pareció satisfecho.

Yo miré a Nico y sentí un cansancio enorme. Sabía que tenía la cabeza torcida, pero no imaginé que tanto.

No valía la pena discutir con alguien así.

—Vete —le dije—. En tres días te doy respuesta.

—No me quieras engañar.

—Ahora ustedes me necesitan a mí. Si sigues con esa actitud, les deseo una quiebra rápida. Me ahorro dinero.

Nico cerró la boca.

Damián, en cambio, se inquietó.

—Lala, ¿de dónde vas a sacar cincuenta millones? No tienes tanto efectivo.

—¿Y a ti qué?

Lo miré de frente y le arranqué la máscara.

—Tú quieres prestar ese dinero en mi nombre para que yo vuelva a deberte un favor y puedas sujetarme. No pienso caer.

—Estás pensando demasiado. Solo quiero ayudarte.

Nico se emocionó otra vez.

—Entonces, cuñado, préstamelo ahora y...

—Si vas a pedirle dinero a él, salgan los dos de mi oficina y arreglen lo que quieran afuera —lo interrumpí—. A mí no me metan.

Nico miró a Damián esperando una respuesta.

Damián no dijo nada.

La esperanza de Nico se le murió en la cara. Entendió que Damián no quería prestarle si yo no quedaba amarrada a esa deuda.

Se fue furioso.

La oficina quedó en silencio.

No le ofrecí asiento a Damián.

—¿A qué viniste? El divorcio es en la tarde. Nos vemos en el Juzgado Familiar.

No contestó.

—¿De verdad vas a vender parte de la empresa por tu tía? —preguntó—. No vale la pena. Yo puedo prestarte los cincuenta millones y resolver todo en este momento.

Lo miré, tratando de entender por qué de pronto era tan generoso.

—¿Vas a decir tu asunto o llamo a seguridad?

Puse la mano sobre el teléfono interno.

Su rostro se endureció.

—Sí vine por algo.

—Además del divorcio, tú y yo no tenemos nada que hablar.

Damián me observó con los ojos tensos.

—¿Desde cuándo eres tan cercana a Sebastián Suárez?

Ah.

Eso era.

—¿Qué pasa? ¿Crees que te puse los cuernos? Gracias por pensar tan alto de mí. La verdad me habría gustado tener esa capacidad.

Su cara se volvió sombría.

—Sabes que yo tengo conflictos con él. Te acercaste a propósito para molestarme, ¿verdad?

—Tus conflictos con el señor Suárez no son míos. Tú y yo ya no tenemos relación.

—Todavía estamos casados.

—Porque haces trampa.

Respiré para no gritar.

—Y sobre tus supuestos conflictos con Sebastián, antes yo era tonta y me ponía de tu lado. Ahora lo veo claro: te inventaste una guerra para sentirte importante.

—¿Qué quieres decir?

—Que según tú te quitó proyectos. ¿Y si simplemente tú no tenías la capacidad para ganarlos? En los negocios cada quien compite con lo que tiene. No puedes culpar al fuerte porque tú no alcanzas.

Lo había pensado muchas veces. Hoy por fin lo dije.

Damián se puso lívido.

—Ya lo defiendes. ¿Tan íntimos son?

—Si dices que tenemos algo, entonces tenemos algo. Tú hiciste lo tuyo, ¿yo no puedo hacer lo mío?

Se quedó sin aire.

Después su voz salió cargada de veneno.

—Con razón no quieres volver. Con razón no importa cuánto me disculpe. Ya trepaste a una rama más alta. Iris tenía razón. Lala, me decepcionas. No pensé que fueras tan interesada.

Me reí de pura rabia.

—Damián Alcázar, tú, que traicionaste nuestra relación, que pisoteaste el matrimonio, que pagaste mi sangre con puñaladas, ¿tienes cara para llamarme interesada? Cualquiera puede insultarme. Tú no. No olvides que tu vida la salvé yo. ¿Y tú cómo me pagaste?

Mis palabras lo golpearon.

Por fin bajó un poco la cabeza.

—Nunca dije que no fuera a compensarte. Pero Iris tiene cáncer terminal. Hay prioridades. ¿Tanto te cuesta esperar un año? Es tu hermana. Lo que hice también fue ayudarte a acumular virtud.

¿Virtud?

Abrí la boca, pero ya no salieron palabras.

Solo levanté la mano hacia la puerta.

—Lárgate. Ahora. Y en la tarde no faltes al Juzgado Familiar. ¡Lárgate!

El último grito salió tan fuerte que varios empleados afuera voltearon hacia mi oficina.

Damián se estremeció.

El silencio se volvió pesado.

Un rato después, cambió el tono.

—Lala... perdón. Me pasé. Me dieron celos. Ver a otro hombre tratarte bien me hizo perder la cabeza.

Qué asco.

Tenía una cara elegante, una voz pulida, y por dentro estaba podrido.

—No quiero escucharte. ¿No entiendes la palabra lárgate?

Presioné el teléfono interno.

Él se abalanzó y cortó la llamada.

—Calma. Todavía tengo algo que pedirte.

No respondí.

—El brazalete de jade blanco. ¿Lo traes puesto?

Mis ojos se enfriaron.

Él siguió:

—Iris está muy mal. Los médicos dicen que el deterioro va más rápido de lo previsto. Ahora ese brazalete se volvió su obsesión. ¿Puedes prestármelo unos días para alegrarla? Si aceptas, te doy cincuenta millones como renta. No tienes que devolverlos. Así también resuelves lo de tu tía.

Lo miré como si estuviera viendo un monstruo.

—Damián Alcázar, ¿viniste hasta aquí, diste vueltas, ofreciste dinero y hablaste de celos solo para pedirme el brazalete?

1
Bienaventurada
Muy interesante hasta ahora
Buena la novela 🥰
Bienaventurada
Que gesto tan bonito 🥰de Sebastián
Bienaventurada
jajaja 😂
Bienaventurada
Tremendo cara e tabla 😒 infeliz
Eufemia Perez
La novela en me ha gustado. pero me pregunto porque demoran tanto que los protagonista de tanto que la hicieron sufrir😭 🤣🥰🤭 y teniendo un hombre bufno sigas todavia darle largo a una historia de amor que se ha vuelto aburrida para darle un final feliz con hijo a bordo en menos de que cante un gallo. asi no es una historia. que llegue a gustar no se como una hija novia hijastra aguanta tanto
Victoria Garcia
y la estupida le pintan plata y lo hace , que horrible está protagonista , deja que la golpeen , hace todo lo que le dicen que haga por la víbora de la hermana , no no que falta de dignidad , de carácter , de amor propio.
Mirna Vargas olortegui
Cansa mucho que Damian no deje ser feliz y esté siempre fregando a Sebas y Lala.
Monica L.C . 🇻🇪 🇦🇷
excelente,, una súper historia ,,, más apoyo y likes
Elsa Crivellari
ya me tiene harta con tantas problemas
se hace demasiada larga
Elsa Crivellari
ya me tiene harta con tantas problemas
se hace demasiada larga
Sara Quiroga
muy buena trama felicitaciones 👏
Yolanda Villamar
porque no poner las imágenes para no tener que estar buscando 😡😡 que te cuesta
Daisy García
Hermosa Novela!!! me gusto mucho 👏👏👏
Nelida Romero
la verdad que cansa tanto odio ya. tendría que haber terminado porque repiten mucho el odio siempre a una misma persona
Monica Torti
yo la dejo de leer xq no tiene sentido si ella tiene su empresa para que hacerle caso a esos vividores me cansé de Iris, Héctor, Damián chauuuuuuuu
Monica Torti
que basura no se puede creer 🤬🤬🤬
Monica Torti
El amor es Lala 💓💓💓
Monica Torti
Que amiga loca 😂😂😂
Monica Torti
Ahora va a querer a Sebastián esa zorra
Monica Torti
Vas a reventar bruja ni en el pecho de muerte dejas de ser una víbora
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