"Prisionera de Fuego"
Min-jae, una humilde profesora de 22 años, acepta un trabajo desesperado en la Cárcel Seúl Elite sin saber el mundo que está por descubrir. Allí conoce a Kyung-ho, un apuesto mafioso coreano de 25 años que, tras las rejas, observa cada uno de sus movimientos en silencio.
Lo que comienza como una tensión silenciosa entre profesor y recluso se convierte en algo inevitable cuando un atentado nocturno envenenado los deja a ambos luchando por sobrevivir en la enfermería de la cárcel. Atrapados, drogados y desesperados, se encuentran en una noche que lo cambia todo.
Cuando ella decide irse, él sale libre. Pero el destino tiene otros planes.
Una reencuentro accidental años después deja claro que algunos fuegos nunca se apagan.
Una historia de supervivencia, pasión prohibida y la imposibilidad de olvidar.
NovelToon tiene autorización de Rooo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Antes de la Tormenta
CAPÍTULO 16
"Antes de la Tormenta"
Las últimas semanas de paz relativa. Kyung-ho entrena a Min-jae en los aspectos prácticos de la guerra que se aproxima. Los gemelos completan sus defensas digitales. La Abuela Kim comparte secretos de su pasado que revelan que ella también fue cazada, también fue guerrera. Aparece un enviado de Génesis, ofreciendo un trato: entrega a los gemelos pacíficamente y el resto de la familia quedará ileso. Kyung-ho rechaza. Los gemelos hacen un movimiento audaz: lanzan un ataque preventivo contra Génesis, revelando todos sus secretos al mundo. Esto desencadena todo.
La mansión se transformó en una fortaleza en el transcurso de una semana.
Sistemas de seguridad que Joon-ho había diseñado reemplazaron los antiguos. Bunkers fueron preparados bajo tierra. Suministros fueron acumulados. Y Kyung-ho, con la paciencia de un maestro antiguo, comenzó a enseñarme a luchar.
No luchar de la manera que había experimentado con Yuki. Luchar como lo hacía él. Con precisión. Con propósito. Con la comprensión de que cada movimiento era la diferencia entre la vida y la muerte.
— Tu cuerpo fue mejorado — explicaba mientras me mostraba cómo desarmar a un oponente. — Tienes reflejos que se aproximan a los del nivel de los gemelos. No completamente como ellos, pero lo suficientemente cerca. Lo que significa que puedes hacer daño real. Daño que perdura.
— ¿Necesito aprender a matar? — pregunté, mientras practicábamos movimientos de combate.
— Necesitas aprender a sobrevivir — respondió. — Y a veces, sobrevivir requiere eliminar amenazas. Pero hay una diferencia entre defensa y agresión. Somos defensores, Min-jae. Eso es importante. Para ti. Para los gemelos. Para quiénes somos realmente.
Una tarde, la Abuela Kim me encontró en el jardín, donde estaba practicando las técnicas que Kyung-ho me había enseñado.
Se sentó en un banco cercano, observándome con esos ojos que parecían haber visto todo lo que el mundo tenía que ofrecer.
— Hay algo que debes saber sobre mí — dijo. — Algo que Kyung-ho no conoce completamente.
Me detuve en medio de un movimiento defensivo.
— Cuando tenía tu edad — continuó —, yo también fui cazada. No por lo que podía hacer. Sino por lo que tenía.
— ¿Qué tenías?
— Un hijo — respondió, y su voz fue cálida y helada simultáneamente. — Un niño que era especial. Que podía ver cosas que otros no podían. Y cuando su padre fue asesinado, cuando intentaron arrebatarme a mi hijo, tuve que convertirme en algo que ni siquiera sabía que existía dentro de mí.
— ¿Quién fue el padre de Kyung-ho? — pregunté, aunque quizás siempre lo había sabido.
— Un hombre bueno — respondió la Abuela Kim. — Pero goodness no es suficiente en este mundo. Él murió protegiendo a nuestro hijo. Y yo vivía protegiendo lo que él dejó atrás.
Se levantó y caminó hacia mí.
— Ahora, toda esa protección se extiende a ti. Porque eres la madre de sus hijos. Porque eres la razón por la que Kyung-ho finalmente tiene una razón para vivir que no es venganza. Y porque — sonrió ligeramente — te has convertido en alguien que merece ser protegido. Y alguien que puede proteger a otros.
El enviado de Génesis llegó una noche, bajo una bandera blanca.
Era un hombre de unos sesenta años, con el porte de un diplomático, con sonrisa que sugería que había negociado paz en conflictos que habían matado a millones.
Se reunió con Kyung-ho en la sala de conferencias. Yo estaba oculta detrás de vidrio inteligente, observando.
— Kyung-ho Park — comenzó el hombre, su acento neutral, posiblemente no tenía origen. — Represento a los Directores de Génesis. Hemos llegado a una conclusión tras analizar su situación.
— Estoy ansioso por escuchar su conclusión — respondió Kyung-ho, recostándose en su silla, imagen de calma.
— Usted es un hombre inteligente — continuó el enviado. — Sabe que está en una posición defensiva. Sabe que no puede ganar contra los recursos que Génesis controla. Así que hacemos una oferta simple: entregue a los gemelos a nuestro cuidado. Ellos serán bien tratados. Serán educados. Serán apreciados como los tesoros que son. Y en cambio, usted, su madre, y la madre de los niños, podrán vivir en paz. Seguridad total. Recursos ilimitados. Una vida sin miedo.
Kyung-ho no respondió inmediatamente. Solo observó al hombre con una intensidad que era casi tangible.
— Conoce mi respuesta — dijo finalmente.
— Presumo que sí — respondió el enviado. — Pero debía hacer la oferta. Era mi trabajo. Ahora, debo informarle que cuando me vaya, Génesis se activará completamente. Todos los recursos serán desplegados. Sus hijos serán encontrados. Serán tomados. O serán asesinados si resisten. Ese es el curso del destino ahora.
Kyung-ho se levantó.
— Su destino — dijo —, está a punto de cambiar.
En ese momento, cada pantalla en la mansión se encendió simultáneamente.
Y comenzó el final.
Los gemelos habían estado esperando esa reunión. Habían estado esperando la confirmación de que Génesis era una amenaza inmediata. Y cuando eso sucedió, ejecutaron el Protocolo Fénix.
Un ataque cibernético simultáneo a cada servidor, cada base de datos, cada sistema que Génesis poseía. Pero no era un ataque convencional. Era un desmantelamiento completo.
Cada secreto fue extraído. Cada documento fue descargado. Cada comunicación privada fue expuesta. Y todo fue lanzado simultáneamente a los medios de comunicación del mundo.
De repente, el mundo supo que gobiernos habían estado experimentando en humanos. Que corporaciones multinacionales estaban financiando el secuestro de niños. Que agencias de inteligencia estaban involucradas en tráfico de menores. Que el proyecto Génesis no era solo un misterio criminal, sino una conspiración de nivel mundial.
El caos que resultó fue prácticamente incomprehensible.
Gobiernos cayeron. CEOs fueron arrestados. Agentes de inteligencia desaparecieron. Y en el centro de todo, Joon-ho y Hae-won Park, dos niños de doce años, habían hecho lo que no se pensaba que era posible.
No solo habían derrotado a Génesis. Habían expuesto la verdad de una manera que el mundo no podía ignorar.
El enviado de Génesis se giró lentamente hacia Kyung-ho mientras observaba cómo su imperio se desmoronaba en pantallas de televisión alrededor del mundo.
— ¿Qué han hecho? — susurró, y por primera vez, vi miedo genuino en su rostro.
— Hemos ganado — respondió Kyung-ho simplemente.
Pero mientras observaba la escena, supe que ganar había venido con un precio. Porque los gemelos ahora eran conocidos. No solo especiales, sino legendarios. Y eso significaba que nunca sería posible ocultar quiénes eran.
Nunca sería posible que vivieran vidas normales.
Pero tampoco sería posible que alguien los tocara de nuevo sin enfrentar la ira de un padre, una madre, y una abuela que había aprendido hace décadas que la protección es el acto más violento del amor.