Ella reencarna en otra época.. y ahora tiene magia.. tiene su destino ya trazado y decidido por su familia.. ¿podrá cambiar su destino? ¿o seguirá siendo la hija obediente que siempre fue?
*Está novela pertenece a un mundo mágico*
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Cristales
Aaron dejó a Grace cuidadosamente sobre la pequeña cama de la habitación que el templo le había asignado.
La habitación era sencilla.
Demasiado sencilla para alguien que había crecido en una mansión noble.
Una cama individual.
Un escritorio.
Una silla junto a la ventana.
Y unas pocas pertenencias ordenadas con cuidado.
El heredero del ducado Hoffman observó aquel espacio durante unos segundos.
[Así que aquí pensaba quedarse.]
Sola.
Lejos de su familia.
Lejos de todo.
Una pequeña punzada atravesó su pecho.
Luego volvió a mirar a Grace.
Su respiración era tranquila.
El cabello rojizo se extendía sobre la almohada.
El rostro, normalmente sereno, parecía agotado.
Todavía le costaba creer todo lo que había ocurrido aquella mañana.
La puerta se abrió suavemente.
Un mago vestido con una larga capa blanca entró acompañado por una joven sacerdotisa.
—¿Es usted Lord Aaron Hoffman?
Aaron se levantó inmediatamente.
—Sí.
El hombre asintió y se acercó a la cama.
Sin perder tiempo, tomó la muñeca de Grace para revisar su pulso.
Después colocó una mano envuelta en luz sobre su frente.
El silencio llenó la habitación.
Aaron permanecía inmóvil.
Tenso.
Con las manos cerradas en puños.
Finalmente, el mago retiró la mano.
—Está débil.
Aaron sintió que el corazón se detenía.
—¿Qué ocurre?
—Nada grave.
El mago levantó la vista.
—Su estado general es bueno. Solo presenta agotamiento físico y emocional. Además, según los informes, ayer casi no comió y esta mañana apenas desayunó.
Aaron cerró los ojos unos segundos.
Por supuesto.
Grace había estado preocupada.
Triste.
Intentando aceptar un destino que no deseaba completamente.
Y luego descubrió que estaba embarazada frente a todo el templo.
No era extraño que su cuerpo hubiera colapsado.
—¿Está sana?
Preguntó con una voz que sonó mucho más vulnerable de lo que pretendía.
El mago asintió.
—Sí. Está sana.
Aaron soltó lentamente el aire que había estado reteniendo.
La tensión en sus hombros disminuyó un poco.
El mago continuó.
—Le proporcionaré un poco de maná para estabilizarla.
Una suave luz blanca apareció alrededor de las manos del sanador.
La energía fluyó delicadamente hacia Grace.
Su expresión pareció relajarse aún más.
—Es probable que duerma un poco más. Su maná necesita estabilizarse después del esfuerzo realizado.
Aaron asintió inmediatamente.
—Entiendo.
Permaneció en silencio observando cómo la magia envolvía a Grace.
Y entonces recordó algo.
Volvió a mirar el rostro dormido de la mujer que amaba.
Y luego, casi involuntariamente, su mirada descendió hacia el vientre de ella.
El mago pareció notar aquel gesto.
Su expresión adquirió una ligera sonrisa.
Entonces sacó una pequeña caja de madera.
Dentro descansaban varios cristales translúcidos.
—Ahora bien.
Aaron parpadeó.
—¿Ahora qué?
—Estos cristales se utilizan para realizar algunas verificaciones relacionadas con embarazos mágicos.
El rostro de Aaron palideció.
Luego se puso rojo.
Luego volvió a palidecer.
—¿Embarazos... mágicos?
—Así es.. cuando hay magia en los padres suelen ser embarazos especiales..
El sanador parecía completamente tranquilo.. pero, realmente no sabia si Aaron era realmente pareja de Grace por lo que debia comprobarlo..
—¿Podría acercarse?
Aaron obedeció inmediatamente.
Aunque estaba tan nervioso que casi tropezó con la silla.
Su corazón latía descontroladamente.
Una parte de él quería reír.
Otra quería salir corriendo.
Y otra quería abrazar a Grace y no soltarla nunca más.
[Compórtate.]
Se ordenó mentalmente.
[Lograste entrar al templo armado. Puedes sobrevivir a esto.]
Respiró profundamente.
Y se acercó.
El mago colocó varios cristales sobre una bandeja.
Realizó algunos movimientos con las manos.
La luz mágica recorrió el aire.
Y el tiempo pareció detenerse.
Aaron observaba fijamente.
Incapaz de apartar la vista.
Un cristal comenzó a brillar.
Luego otro.
Una suave luz blanca iluminó la habitación.
Y casi al mismo tiempo apareció un segundo resplandor.
Más cálido.
Dorado.
Amarillo.
El mago sonrió.
Una sonrisa genuina.
Y levantó la vista hacia Aaron.
—Felicitaciones.
Aaron parpadeó.
—¿Qué?
El mago señaló los cristales.
—Sus hijos.
El heredero del ducado Hoffman se quedó completamente inmóvil.
—...¿Hijos?
El sanador asintió.
—Dos.
El silencio llenó la habitación.
Aaron miró los cristales.
Luego a Grace.
Luego otra vez los cristales.
—Dos.
Repitió lentamente.
—¿Dos?
El mago asintió nuevamente.
—Y según la reacción mágica...
Observó la luz blanca y amarilla danzando en los cristales.
—Sus hijos nacerán con magia de luz.
Aaron dejó de respirar.
Sus hijos.
Dos.
Magia de luz.
La habitación comenzó a girar ligeramente a su alrededor.
Se dejó caer en la silla más cercana.
Llevándose una mano al rostro.
—Oh.
Fue lo único que consiguió decir.
El mago sonrió con paciencia.
—Parece sorprendido.
Aaron soltó una pequeña risa temblorosa.
—Creo que la palabra correcta es aterrado.
Y luego volvió a reír.
[Definitivamente es el padre]
Una risa incrédula.
Casi infantil.
Se cubrió los ojos con ambas manos.
—Voy a tener hijos.
Susurró.
—Dos hijos.
Bajó lentamente las manos.
Sus ojos estaban ligeramente húmedos.
Y miró nuevamente a Grace.
Dormida.
Tan tranquila.
Sin saber todavía que el mundo acababa de cambiar otra vez.
Aaron se levantó despacio.
Se acercó a la cama.
Y con manos temblorosas apoyó suavemente la palma sobre el vientre de Grace.
Los cristales seguían brillando.
Blanco.
Dorado.
Pequeñas luces llenas de promesas.
El heredero del ducado Hoffman sonrió.
Una sonrisa tan llena de amor y miedo que dolía mirarla.
—Hola.
Murmuró.
Sin saber muy bien a quién le hablaba.
A Grace.
A sus hijos.
O quizás a los tres.
—Soy su padre.
Sus ojos se humedecieron.
Porque hace apenas unas semanas era un joven noble encantador y despreocupado que coqueteaba con una hermosa desconocida en una terraza nevada.
Y ahora...
Ahora imaginaba dos pequeñas figuras pelirrojas corriendo por los jardines.
Imaginaba a Grace riéndose.
Imaginaba una familia.
El miedo seguía allí.
Arely iba a matarlo.
Su padre probablemente perdería la razón.
Y los Gartner jamás volverían a mirarlo igual.
Pero incluso así...
Aaron inclinó la cabeza hasta apoyar la frente junto a la mano que descansaba sobre el vientre de Grace.
Y cerró los ojos.
Nunca había deseado tanto un futuro.
Y nunca había tenido tanto miedo de perderlo.
Pero si Grace había estado dispuesta a sacrificar su felicidad por amor a su familia...
Entonces él también sería capaz de luchar por la familia que acababa de descubrir que ya amaba con todo su corazón.
Mala actitud la de los padres