Mariana odió el libro dramático que leyó. Y como castigo, el libro la teletransporta dentro de la historia. dónde ahora es la protagonista muda y tonta.
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Capitulo 20
El ritmo en la villa había cambiado con el paso de los días, no porque el trabajo fuera menor, al contrario, cada jornada traía nuevas tareas, nuevas telas que revisar, pedidos que organizar, personas entrando y saliendo con objetivos claros; Lucero se movía entre todo aquello con una naturalidad que antes no tenía.
En otro extremo del salón, dos hombres discutían sobre una entrega.
—Si no sale hoy, el pedido se retrasa —dijo uno.
—Pero aún falta revisar una parte —respondió el otro.
Lucero giró hacia ellos, levantó una mano para llamar su atención, caminó hasta la mesa donde estaban los registros, señaló una línea específica, luego hizo un gesto rápido indicando orden y prioridad.
—Ella dice que revisemos esa parte primero —interpretó uno de ellos—, y luego sale.
El otro asintió.
—Bien, hagámoslo así.
Lucero continuó su recorrido, deteniéndose en pequeños detalles, en gestos breves que marcaban la diferencia, y sin darse cuenta, sonrió más de una vez, no por obligación, sino porque se sentía bien ahí, ocupada, útil, acompañada.
Sus pensamientos, sin embargo, comenzaban a cambiar, ya no observaba a Marcel solo como alguien correcto o confiable, había algo más que se iba formando con cada día compartido, con cada mirada, con cada gesto que él tenía con ella sin necesidad de exagerar nada.
Lo buscó con la mirada, pero no lo vio en ese momento.
“¿Dónde estará?"
pensó, mientras acomodaba una caja.
No tuvo que esperar mucho.
Sintió una mano tomar la suya desde atrás, firme, cálida, sin brusquedad.
Lucero giró de inmediato, su reacción fue una risa silenciosa, sus ojos se iluminaron al reconocerlo.
Marcel la observaba con una expresión tranquila, pero había un detalle en su mirada que no pasaba desapercibido.
Lucero levantó ambas manos, moviéndolas con rapidez, preguntando.
“¿Qué es todo esto? ¿Por qué tanto movimiento?"
Marcel la miró unos segundos, como si pensara la respuesta.
—Trabajo —respondió con naturalidad.
Lucero entrecerró los ojos, no convencida, sus manos se movieron otra vez.
“No parece solo trabajo"
Marcel sostuvo su mirada y luego desvió apenas la vista, fingiendo desinterés.
—Hay pedidos importantes.
Lucero cruzó los brazos, inclinando ligeramente la cabeza, su expresión no le creía.
Marcel dejó escapar una leve sonrisa.
—Ven conmigo.
No dio más explicaciones, simplemente tiró suavemente de su mano, guiándola fuera del salón, atravesaron un pasillo más tranquilo, lejos del ruido principal, hasta llegar a una habitación cerrada.
Marcel abrió la puerta, dejándola pasar primero.
Lucero entró, su mirada recorrió el espacio y se detuvo de inmediato.
Sobre una mesa, cuidadosamente dispuesto, había un vestido, el color vinotinto destacaba con fuerza, los detalles en blanco estaban colocados con precisión, sin exceso, sin recargar, pero lo suficiente para llamar la atención.
Lucero se acercó, tocó la tela con cuidado, sus ojos mostraban sorpresa real.
Giró hacia Marcel, sus manos se movieron.
“¿Para mí? ¿Por qué? ¿Otro baile?"
Marcel apoyó el hombro contra la pared, observándola.
—Pruébatelo.
Lucero volvió a hacer un gesto, insistiendo.
“¿Marcel?"
Marcel no respondió directamente, solo mantuvo la misma expresión.
—Confía en mí.
Lucero lo miró unos segundos más, luego bajó la vista al vestido, pasando los dedos por la tela otra vez.
Marcel se acercó un poco más, lo suficiente para estar frente a ella, levantó la mano con suavidad y rozó su mejilla con los dedos, un gesto breve, sin apuro.
Luego inclinó el rostro y dejó un beso en su mejilla.
—Te espero afuera.
Salió sin añadir más.
Lucero se quedó quieta unos segundos, su mano subió lentamente hasta el lugar donde él la había besado, sus labios se apretaron un poco, su respiración cambió apenas.
Sus ojos bajaron al vestido otra vez.
“Quiero más"
pensó, sin esconderlo de sí misma, no con vergüenza, sino con una sensación nueva que ya no podía ignorar.
Se cambió con cuidado, ajustando cada detalle, observándose en el espejo, girando un poco para ver cómo caía la tela, acomodó su cabello con las manos, respiró hondo.
Cuando salió de la habitación, caminó con paso firme, pero su mirada buscaba a Marcel sin disimulo.
Bajó las escaleras y entonces lo vio.
El salón que antes estaba lleno de movimiento de trabajo ahora estaba transformado, mesas organizadas, comida dispuesta, decoraciones sencillas pero bien colocadas, y varias personas reunidas.
Lucero se detuvo.
Las voces se alzaron de inmediato.
—¡Sorpresa!
Lucero parpadeó, claramente confundida, giró la cabeza, buscando entender.
Marcel apareció entre las personas, acercándose con una caja en las manos.
Lucero levantó las manos, preguntando.
“¿Quién cumple años?"
Marcel la miró directamente.
—Tú.
Lucero frunció el ceño, negó con la cabeza, luego su mirada se movió hacia una pared donde había un calendario, caminó unos pasos, lo observó con atención, sus ojos recorrieron la fecha.
Se detuvo.
Volvió a mirar a Marcel.
Sus manos bajaron lentamente, moviéndose.
“Lo olvidé"
Marcel no dijo nada, solo la observó.
Lucero dio un paso hacia él, luego otro, y sin dudarlo lo abrazó con fuerza, sus brazos rodearon su espalda, su rostro se apoyó contra su pecho.
"Gracias" expresó con sus manos al separarse, sus ojos brillaban.
Marcel asintió, entregándole la caja.
—Ábrelo.
Lucero la tomó, la abrió con cuidado, levantando la tapa.
Dentro había un anillo.
No era exagerado, pero sí elegante, bien trabajado, con un detalle fino que lo hacía especial.
Lucero lo sostuvo entre sus dedos, observándolo con atención.
Levantó la mirada hacia Marcel.
“Es hermoso"
Marcel dio un paso más cerca.
—No te di uno cuando nos casamos.
Lucero sostuvo su mirada.
—Este es el momento.
Lucero asintió lentamente, luego extendió la mano.
Marcel tomó el anillo y lo colocó con cuidado en su dedo, sin apresurarse, sin apartar la vista.
Las personas alrededor comenzaron a aplaudir suavemente, algunos sonreían, otros comentaban entre ellos, pero Lucero no miró a nadie más.
Solo a él.
La celebración continuó, hubo comida, conversaciones, risas, pequeños momentos compartidos con quienes ahora eran parte de su día a día, Lucero se movía entre ellos con facilidad, recibiendo felicitaciones, respondiendo con gestos, con sonrisas, sintiéndose parte de algo que había construido sin darse cuenta.
Cuando la tarde comenzó a caer, el ambiente se volvió más tranquilo, las personas se retiraban poco a poco, el salón quedó más despejado.
Lucero y Marcel se sentaron juntos, cada uno con una copa en la mano.
—Por ti —dijo él.
Lucero levantó la suya, asintiendo.
Bebieron en silencio unos segundos.
Lucero dejó la copa sobre la mesa, giró hacia él, sus manos se movieron con más lentitud esta vez.
“Quiero pedir algo"
Marcel la observó con atención.
—Dime.
Lucero dudó un segundo, pero no retiró la mirada, sus manos se movieron otra vez.
“Quiero otro regalo"
Marcel alzó ligeramente las cejas.
—¿Otro?
Lucero asintió.
—¿Cuál?
Lucero respiró hondo, luego hizo el gesto con claridad.
“Un beso"
Marcel se quedó en silencio unos segundos, su expresión cambió apenas, no de rechazo, sino de sorpresa contenida.
—¿Estás segura?
Lucero sostuvo su mirada, firme.
—Sí.
Marcel dejó la copa a un lado, se inclinó un poco hacia ella, su mano subió con suavidad hasta el rostro de Lucero, acomodando un mechón de su cabello detrás de la oreja.
Se acercó despacio, sin prisa, dándole espacio para detenerlo si quería.
Lucero no se movió.
Cuando sus labios se encontraron, fue un contacto suave, breve al inicio, como una prueba, como un acuerdo silencioso.
Lucero no se apartó.
Marcel profundizó un poco más el beso, sin brusquedad, manteniendo el mismo ritmo, su otra mano se apoyó en la espalda de ella, acercándola un poco más.
Lucero cerró los ojos, sus manos subieron hasta sujetar la tela de su ropa, aferrándose con una leve tensión.
El beso se volvió más firme, más seguro, sin perder ese cuidado inicial, sin romper el ritmo que ambos sostenían.
Cuando se separaron, ninguno habló de inmediato.
Lucero abrió los ojos lentamente, su respiración un poco más acelerada.
Sus manos se movieron otra vez.
"Ese sí me gustó..."
Marcel soltó una leve risa, sin apartar la mirada.
—A mi también. Además. No es necesario pedirme un beso. Puedes tomarlo cuando quieras. ¿De acuerdo?
Lucero sonrió, apoyando la cabeza contra su hombro, sin prisa por moverse. Y movió sus manos.
“Trato hecho"
Es inteligente y sensata y buena persona 🥰🥰