Entre cadenas y cicatrices
Antes de convertirse en asesinos, estrategas o mafiosos... fueron niños que solo querían ser amados.
Siete hombres marcados por el abandono, el dolor y los secretos del pasado terminan reuniéndose en la poderosa Mafia Portuaria. Allí descubrirán que las cadenas más difíciles de romper no son las del crimen, sino las que nacen del miedo, la obsesión y la necesidad de pertenecer.
Mientras intentan sobrevivir en un mundo donde un solo error significa la muerte, un misterioso enemigo comienza a mover las piezas desde las sombras. Su nombre es Kaiser Himura, un hombre dispuesto a destruir todo con tal de obtener aquello que desea.
Traiciones, alianzas, violencia, romance, lealtades enfermizas y cicatrices que jamás terminaron de sanar se entrelazan en una historia donde el amor puede convertirse en la peor prisión.
Porque algunos nacen para ser héroes...
Ellos solo intentan sobrevivir.
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Capitulo 10 — El último lugar seguro
"Hay heridas que no se ven, pero cambian para siempre la forma en que una persona mira el mundo."
Todos tenían una historia que contar.
Algunas estaban llenas de recuerdos difíciles.
Otras estaban marcadas por pérdidas que nunca pudieron superar.
Pero la historia de Xoam era diferente.
Porque no solo había perdido personas importantes.
También había perdido una parte de sí mismo demasiado pronto.
Para los demás, Xoam parecía alguien fuerte.
Alguien que no permitía que nadie se acercara demasiado.
Su forma de hablar era fría.
Su actitud podía parecer distante.
Y muchas veces reaccionaba con una dureza que hacía difícil entenderlo.
Pero nadie nacía siendo así.
Nadie elegía convertirse en una persona que siempre estaba preparada para defenderse.
A veces la vida obligaba a las personas a construir una armadura.
Y Xoam había tenido que crear la suya desde muy pequeño.
Cuando era niño, sus abuelos eran su único refugio.
Ellos eran las personas que le daban cariño, seguridad y la sensación de que todavía existía un lugar donde podía sentirse protegido.
Mientras sus padres luchaban contra sus propios problemas
y se alejaban poco a poco de su vida, sus abuelos fueron quienes estuvieron ahí.
Fueron su familia.
Fueron su hogar.
Pero incluso ese lugar seguro terminó desapareciendo.
Desde muy pequeño, Xoam tuvo que enfrentar situaciones que ningún niño debería vivir.
Personas que debían protegerlo le hicieron daño y dejaron marcas que no podían verse.
Durante mucho tiempo guardó silencio.
No porque no sintiera dolor.
Sino porque no sabía cómo explicarlo.
¿Cómo podía un niño entender algo que ni siquiera los adultos podían reparar?
Así aprendió a esconder sus emociones.
Aprendió a no confiar.
Aprendió a mantener a todos lejos.
Porque si nadie se acercaba demasiado, nadie tendría la oportunidad de volver a lastimarlo.
Con los años, el miedo que llevaba dentro comenzó a transformarse.
La tristeza se convirtió en enojo.
La inseguridad se convirtió en frialdad.
Y aquella persona que alguna vez solo quiso sentirse
protegida empezó a parecer alguien imposible de alcanzar.
Pero entonces ocurrió otra pérdida.
Cuando Xoam tenía once años, sus abuelos fallecieron.
Y con ellos desapareció el último lugar donde sentía que pertenecía.
El último lugar donde podía ser simplemente un niño.
Después de eso, sintió que el mundo entero se había quedado vacío.
Durante mucho tiempo pensó que debía sobrevivir solo.
Que mostrar dolor era una debilidad.
Que necesitar a alguien significaba darle a otra persona el poder de destruirlo.
Pero al conocer al grupo comenzó a ocurrir algo que no esperaba.
Yuki, Shuto, Asher, Zamir, Thiago, Amets y Kento no intentaban cambiarlo.
No intentaban obligarlo a hablar.
Solo estaban ahí.
Y para alguien como Xoam, eso significaba más de lo que podía admitir.
Una noche, Kento lo observó en silencio.
—No tienes que fingir que nada pasó para demostrar que eres fuerte.
Xoam no respondió.
Pero por primera vez en mucho tiempo, escuchó esas palabras sin querer alejarse.
Porque quizás su pasado siempre sería parte de él.
Quizás algunas heridas nunca desaparecerían completamente.
Pero eso no significaba que su historia tenía que terminar en dolor.
Porque incluso después de perder su último refugio...
Tal vez todavía podía encontrar uno nuevo.
No un lugar.
Sino personas.
Personas que no prometían borrar sus cicatrices.
Personas que simplemente estaban dispuestas a quedarse.