Todo comenzó cuando una joven se enamoró de un muchacho con un pasado lleno de errores. Él era conocido por meterse en problemas y vivir al margen de la ley, pero ella decidió creer que podía cambiar. Poco a poco, su amor logró transformar su manera de ver la vida, aunque el destino los puso a prueba cuando él terminó en la cárcel. Mientras él cumplía su condena, ella decidió esperarlo. Su amiga no dejaba de advertirle: «Mija deje ese hombre, usted está sufriendo demasiado». Pero, a pesar de las dudas y los obstáculos, y relaciónes íntimas aquel amor demostró ser más fuerte que cualquier distancia.
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Capítulo 3 el encargó
Narra Gato
Estaba con los muchachos, sentado en una esquina de Cali, fumándome un cigarrillo mientras hablábamos de cualquier bobada. El ambiente estaba tranquilo y, por un rato, podía olvidarme de todo lo que cargaba encima.
No lo hacía por diversión ni porque me pareciera algo bacano. Simplemente había terminado convirtiéndose en una costumbre de esos días en los que necesitaba despejar la cabeza.
—Oe, Gato, ¿y usted qué? ¿Muy pensativo o qué? —me preguntó Kevin.
—Nada, parcero. Dejá la joda —le respondí.
Los demás se rieron.
Estábamos ahí parchados cuando vimos que se acercaba el jefe. Apenas lo reconocimos, la conversación cambió. El hombre caminaba hacia nosotros con esa seriedad que siempre llevaba encima.
—Muchachos.
—¿Qué pasó, jefe? —pregunté.
Nos miró a todos antes de hablar.
—Necesito que mañana vayan al colegio.
Kevin abrió los ojos.
—¿Al colegio?
El jefe lo ignoró y continuó.
—Necesito que estén pendientes de mi hija.
Yo fruncí el ceño.
—¿Pendientes cómo, jefe?
—Cuando salga del colegio. Quiero que estén afuera, pendientes de ella. No quiero que se acerquen personas raras ni que le pase nada.
Asentí lentamente.
—Ah, ya entendí.
—No tienen que meterse al colegio ni molestarla durante las clases —aclaró—. Simplemente quiero que, cuando salga, estén pendientes de que llegue bien a donde tenga que ir.
—Listo, jefe —respondí.
—Y estén pilas. Cualquier cosa rara que vean, me avisan.
El hombre hizo una pausa y nos miró con seriedad.
—No quiero problemas. Solo quiero que mi hija esté segura.
—Tranquilo —le dije—. Nosotros nos encargamos.
El jefe se quedó unos segundos más hablando con nosotros y después se marchó.
Cuando se fue, Kevin me miró.
—Gato, nos tocó hacer de escoltas.
Solté una risa.
—No hablés tanta bobada, ome.
—¿Y qué? ¿Vamos a quedarnos parados afuera del colegio toda la tarde?
—Pues sí. Para eso nos mandaron.
—Qué vida tan dura.
—Dejá la lloradera.
Los muchachos se rieron nuevamente.
Yo, en cambio, me quedé pensando en el asunto. No era la primera vez que el jefe nos pedía algo, pero esta vez se trataba de su hija. Eso significaba que teníamos que estar mucho más atentos.
No podíamos distraernos.
No podíamos estar haciendo cualquier cosa mientras ella salía.
Y mucho menos podíamos perderla de vista.
—Gato —me llamó Kevin—, ¿mañana a qué hora?
—Tenemos que averiguar el horario de salida.
—Listo.
Asentí y terminé de fumarme el cigarrillo.
A la mañana siguiente nos organizamos para llegar antes de que terminara la jornada escolar. No teníamos intención de entrar al colegio. La idea era permanecer afuera y esperar el momento en que la hija del jefe saliera.
Llegamos y nos quedamos en los alrededores, hablando entre nosotros mientras observábamos el movimiento de estudiantes que iban saliendo poco a poco.
—Oe, Gato, pilas —me dijo Kevin.
—Estoy pendiente.
Yo miraba hacia la entrada sin saber realmente qué esperar.
Para mí aquello era solamente otro encargo.
Nada más.
Una tarea que tenía que cumplir y luego olvidarme de ella.
No imaginaba que aquel colegio iba a terminar siendo importante para mí.
No sabía que, entre todos esos estudiantes que salían por la puerta, iba a cruzarse alguien que iba a cambiar muchas cosas.
Una muchacha que todavía no conocía.
Una persona que, sin yo buscarlo, iba a comenzar a moverme el piso.
Pero ese día todavía no lo sabía.
Para mí, simplemente era Gato.
El man de los ojos verdes.
El que estaba afuera de aquel colegio cumpliendo un encargo.
Sin imaginar que ese lugar estaba a punto de convertirse en el comienzo de una historia que jamás había planeado.