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Prohibido Llamarte Amor

Prohibido Llamarte Amor

Status: En proceso
Genre:Malentendidos / Dejar escapar al amor / Diferencia de edad / CEO
Popularitas:1.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Enn Gómez

Hay amores que llegan demasiado tarde.
Y otros que nunca debieron llamarse amor.

***
Cinco años atrás, Lizzie cometió un error con James.

Una noche.
Un secreto.
Y una despedida antes de que él pudiera decirle que, para él, nunca había sido un error.

Ahora Lizzie tiene veinticinco años, un prometido perfecto y una boda esperándola. James debería ser solamente un recuerdo… hasta que la enfermedad de su padre lo convierte en el único hombre capaz de salvar el legado de su familia.

Trabajar juntos no estaba en sus planes.
Volver a desearse, mucho menos.

Porque James sigue siendo el hombre que no debería tocar.
Y Lizzie sigue perteneciendo a un futuro en el que él no tiene lugar.

NovelToon tiene autorización de Enn Gómez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 14. Te he extrañado

Salimos del hospital cuando ya había oscurecido.

Papá estaba estable. La operación había salido bien y los médicos estaban satisfechos con las primeras horas de recuperación, aunque permanecería bajo vigilancia toda la noche.

Adrián decidió quedarse con él.

Mamá quiso protestar, pero mi hermano no le dio oportunidad. Llevaba demasiadas horas despierta y apenas había comido. Prometió llamarnos ante cualquier cambio y prácticamente nos obligó a marcharnos.

James nos llevó a casa.

Mamá se quedó dormida durante el trayecto. Yo permanecí junto a ella en el asiento trasero, mirando las luces de la ciudad pasar detrás de la ventana.

De vez en cuando levantaba los ojos hacia el espejo.

James también estaba agotado.

Había estado pendiente de mamá, de Adrián, de mí. Incluso había continuado resolviendo algunos asuntos de la empresa desde la sala de espera para que ninguno de nosotros tuviera que hacerlo.

Y ahora también nos llevaba a casa.

Cuando llegamos, James ayudó a mamá a bajar del auto y la acompañó hasta la entrada.

—Tú te quedas.

James la miró sorprendido.

Intentó asegurarle que estaba bien para conducir hasta su departamento, pero mamá no quiso escucharlo. Había habitaciones de sobra y él estaba tan agotado como nosotros. Después de todo lo ocurrido con papá, no pensaba pasar el resto de la noche preocupada porque se quedara dormido al volante.

James intentó discutir una vez más.

No funcionó.

Casi sonreí.

Había visto a James conseguir que un consejo entero aceptara sus decisiones sin levantar la voz.

Contra mi madre no tuvo ninguna oportunidad.

La casa quedó en silencio poco después.

Mamá subió a su habitación y James se instaló en una de las habitaciones de invitados. No era la primera vez que dormía en nuestra casa. Años atrás, cuando nuestras familias pasaban mucho más tiempo juntas, había ocurrido varias veces.

Pero hacía mucho que no sucedía.

Yo también debía dormir.

En cambio, terminé bajando otra vez.

Encontré a James en la cocina.

Se había quitado el saco y la corbata. Tenía las mangas recogidas y bebía un vaso de agua apoyado contra la encimera.

Levantó la mirada cuando entré.

Por unos segundos ninguno dijo nada.

Me acerqué despacio.

Había querido agradecerle desde que salimos del hospital, pero un simple gracias comenzaba a parecer insuficiente.

No tenía ninguna obligación de haber pasado todo esto con nosotros.

—Gracias.

James dejó el vaso.

—No tienes que agradecerme.

Sí tenía.

Por mamá.

Por Adrián.

Por papá.

Por haberme sostenido cuando escuché que la operación era necesaria y por quedarse después, cuando podría haber regresado a la empresa o a su propia vida.

—Te quedaste

—Claro que me quedé.

Lo dijo como si no hubiera existido otra posibilidad.

Sentí que se me cerraba un poco la garganta.

Tal vez era el cansancio.

Tal vez el miedo acumulado durante los últimos días.

O quizá simplemente había pasado demasiado tiempo intentando no sentir determinadas cosas cuando se trataba de James.

Me acerqué y lo abracé.

No lo pensé.

Solo rodeé su cuerpo con los brazos y apoyé la mejilla contra su pecho.

James permaneció inmóvil un instante.

Después me abrazó.

Cerré los ojos.

El día entero pareció caer sobre mí de golpe. La llamada. El miedo. Las horas esperando frente al quirófano. La posibilidad que ninguno había querido pronunciar.

Y James había estado ahí durante todo.

Sus brazos se cerraron un poco más alrededor de mí.

—Gracias —murmuré otra vez.

Su mano recorrió lentamente mi espalda.

Debería haberme apartado.

El agradecimiento ya estaba dado. El abrazo podía terminar.

Pero no quise.

Me quedé.

Mucho más de lo necesario.

Y James tampoco hizo nada por soltarme.

No sé cuánto tiempo pasó antes de que levantara el rostro.

Estaba cansado. Se notaba en sus ojos y en la sombra de barba que había aparecido durante el día.

Aun así, cuando nuestras miradas se encontraron, sentí el mismo vuelco absurdo en el estómago.

Me puse ligeramente de puntillas y besé su mejilla.

Solo quería agradecerle.

Eso me dije.

Pero mis labios permanecieron sobre su piel un segundo más de lo que deberían.

Cuando me aparté, nuestros rostros quedaron demasiado cerca.

James me miró.

Sus brazos seguían alrededor de mí.

Los míos también.

El silencio cambió.

Ya no era el abrazo de hacía unos segundos.

Lo supe.

Él también.

James cerró los ojos y apoyó lentamente la frente contra la mía.

Sentí su respiración.

—Te he extrañado tanto.

Mi corazón se detuvo.

No pregunté qué quería decir.

Lo sabía.

No estaba hablando de los días que habíamos pasado trabajando juntos.

Estaba hablando de cinco años.

De aquella noche.

De la mañana siguiente.

De todo lo que habíamos dejado sin decir.

Abrí la boca, pero no salió nada.

¿Qué podía responder?

Que también lo había extrañado era demasiado.

Decir que no, habría sido mentira.

James abrió los ojos.

Y yo lo besé.

No lo pensé hasta que mis labios ya estaban sobre los suyos.

James se quedó inmóvil.

La sorpresa duró apenas un instante.

Su mano subió hasta mi rostro.

Y respondió.

Cerré los ojos.

Cinco años desaparecieron con una facilidad que me asustó.

Mis manos se aferraron a su camisa y James me acercó contra él. El beso fue lento, contenido, casi cuidadoso al principio.

Eso fue suficiente para que recordara demasiado.

Su departamento.

Sus manos.

La forma en que me había besado aquella noche.

Pero aquello no era un recuerdo.

Estaba ocurriendo otra vez.

Y esta vez no tenía veinte años.

Esta vez estaba comprometida de un hombre al que ...

James fue quien se separó.

Permaneció cerca durante unos segundos.

Su respiración estaba tan agitada como la mía.

Me miró.

Después su mirada descendió.

Hasta mi mano.

Sentí el peso del anillo antes de verlo.

James soltó lentamente mi cintura.

—James...

Retrocedió un paso.

La distancia apareció entre nosotros.

No parecía enojado.

Tampoco arrepentido.

Solo cansado.

Terriblemente cansado.

Se pasó una mano por el cabello y apartó la mirada.

—Estamos muy cansados.

Lo miré sin entender.

Los dos sabíamos que aquello no explicaba nada.

—Ha sido un día difícil —añadió.

Su voz había recuperado esa calma que utilizaba cuando necesitaba mantener todo bajo control.

Yo seguía sin encontrar qué decir.

James volvió a mirarme.

Por un instante creí que se acercaría.

No lo hizo.

—Deberías descansar.

Asentí, aunque no estaba segura de por qué.

—Buenas noches, Lizzie.

Y se fue.

Lo observé salir de la cocina y desaparecer por el pasillo que llevaba a la habitación de invitados.

No lo detuve.

La puerta se cerró unos segundos después.

Me quedé sola.

Apoyé las manos sobre la encimera y respiré profundamente.

Todavía podía sentir sus labios.

Bajé la mirada.

La culpa llegó inmediatamente.

Pero debajo de ella había otra cosa.

Algo todavía más difícil de aceptar.

Cinco años atrás había sido yo quien salió corriendo después de estar con James.

Esta vez había sido él quien se alejó.

Y no me gustó.

No me gustó en absoluto.

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