Yo, Evana. viví una hermosa vida con el hombre que amé y con mis hijos también. Pero alguien me lo arrebato todo.
He vuelto al pasado para descubrir a mi asesino y el de mi familia.
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Capitulo 23
La luz de los reflectores iluminaba el gran salón del Hotel Grand Regent, donde la élite empresarial, diplomática y financiera del país se reunía para la Subasta Anual de Arte y Antigüedades Corporativas. Tras la caída de las operaciones ilegales de Andy, el mercado financiero aguardaba con voracidad cualquier señal de debilidad o reestructuración entre las dos potencias sobrevivientes: el Grupo Vanguard y la firma de la familia de Evana.
En una de las mesas reservadas del nivel superior, Thomas Vance permanecía erguido, vistiendo un traje a medida de corte impecable. Su expresión era serena, impenetrable para los fotógrafos que disparaban sus cámaras desde el vestíbulo principal. Sin embargo, su mirada seguía fijamente cada movimiento de Evana, quien conversaba a unos metros con un grupo de accionistas mayoritarios.
Habían acordado el plan minuciosamente la noche anterior a través de una línea segura: para proteger la estrategia que estaban ejecutando en las sombras y desviar las sospechas de la prensa —que ya empezaba a especular sobre una inusual coordinación entre ambos—, debían ofrecer un espectáculo convincente de hostilidad implacable.
La subasta avanzaba con fluidez hasta que el martillero anunció el lote principal de la noche: una colección histórica de mapas cartográficos y títulos fundacionales que pertenecieron a las primeras rutas de exportación del país, un activo simbólico de inestimable valor reputacional para cualquier firma.
—Iniciamos la puja en dos millones de dólares —anunció la voz amplificada del subastador.
Evana fue la primera en alzar su paleta con elegancia natural.
—Dos millones quinientos mil —marcó con voz firme.
Antes de que el eco de su propuesta se disipara, Thomas levantó la suya sin dudar un instante.
—Tres millones.
La tensión en el salón aumentó de inmediato. Los murmullos de los asistentes se sofocaron cuando Evana giró levemente el rostro hacia la mesa de Thomas, fingiendo una mirada fría y cargada de desprecio.
—Tres millones quinientos mil —redobló Evana, dando un paso hacia el centro del corredor principal.
—Cuatro millones —respondió Thomas de inmediato, poniéndose de pie, acaparando la atención de los camarógrafos que no tardaron en rodear el perímetro del salón.
—Parece que el señor Vance confunde una subasta benéfica con una compra hostil —dijo Evana en un tono elevado y cortante, lo suficientemente claro para ser escuchado por las mesas contiguas de la junta directiva—. O tal vez es solo la costumbre de intentar apoderarse de lo que no le pertenece.
Un murmullo colectivo recorrió el recinto. Thomas dio dos pasos al frente, manteniendo las manos en los bolsillos del pantalón, con una sonrisa helada que enmascaraba a la perfección el afecto que sentía por ella.
—En el mundo de los negocios, la propiedad pertenece a quien tiene la capacidad de sostenerla —replicó Thomas con voz calmada pero incisiva—. Si su firma no puede competir con el flujo de caja de Vanguard, le sugiero que se retire con la dignidad que le queda antes de que el mercado decida por usted.
La réplica encendió la escena. Los fotógrafos no dejaban de capturar los gestos rígidos de ambos. Evana apretó la paleta con fuerza contenida, mostrando en su rostro una mezcla calculada de indignación y orgullo herido.
—Nuestra firma ha superado crisis más graves que las provocadas por la arrogancia de Vanguard —sentenció Evana, encarándolo a poca distancia—. No voy a permitir que utilice sus recursos para amedrentar a nuestra familia.
—No es amedrentamiento, es la realidad de los números —sentenció Thomas, haciendo un leve gesto con la cabeza hacia el subastador—. Cuatro millones quinientos mil.
Evana fingió respirar hondo, simulando contener una marea de ira profesional. Observó a los miembros de la junta directiva de su empresa, quienes la miraban con preocupación, y dejó caer levemente la mano que sostenía la paleta, dándose por vencida de manera dramática.
—El lote se adjudica al señor Thomas Vance por cuatro millones quinientos mil dólares —decretó el martillero, dando un firme golpe con el mazo.
Los aplausos aislados se vieron opacados por el revuelo periodístico. Evana dio media vuelta con paso firme y abandonó el salón con el rostro tenso, dejando a Thomas en el centro del escenario ante los deslumbrantes destellos de las cámaras.
Minutos después, los titulares digitales de los principales diarios económicos ya abrían sus portadas con las imágenes del enfrentamiento: "Guerra abierta entre: Thomas Vance acorrala a Evana en la subasta anual".
Lejos de los reflectores, en el estacionamiento privado del hotel, Thomas subió al asiento trasero de su vehículo blindado. Sacó su teléfono personal y envió un breve mensaje de texto cifrado a la cuenta privada de Evana:
«La actuación fue impecable. La prensa compró el conflicto por completo. Mantente a salvo.»
Apenas tres segundos después, la pantalla de su teléfono se iluminó con la respuesta de Evana:
«Lo mismo digo, "enemigo". El mercado está exactamente donde queríamos. Cuídate.»
Thomas guardó el teléfono con una sonrisa tenue, contemplando la lluvia que comenzaba a repicar contra el cristal del automóvil. La fachada de su enemistad pública estaba más sólida que nunca, pero la calma no duraría mucho tiempo.
Gracias por los capítulos autora