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Robaste a mi prometido, seduje a tu amor

Robaste a mi prometido, seduje a tu amor

Status: Terminada
Genre:Juego de roles / Venganza de la protagonista / Amor platónico / Completas
Popularitas:22.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Mama Mia

El día de su boda, frente a cientos de invitados, el novio de Alena Balcázar no aparece: prefiere quedarse junto a su hermana, que "se desmayó" en el momento más oportuno. Otra vez. Pero esta vez Alena no llora ni suplica. Toma el micrófono, cancela ella misma la boda ante todos y se marcha con la cabeza en alto... dispuesta a no volver a mendigar amor nunca más.

Repudiada por su familia y sin un centavo, su caída dura poco. Un encuentro inesperado la lleva al lado de Nathan Villanueva, el heredero más frío, poderoso y codiciado del país, justo el hombre que su hermana siempre soñó con conquistar. Un contrato de cinco años, un jefe imposible y una regla no escrita: hacerla suya. Si ellos le robaron al prometido, ella seducirá a quien más desean.

Lo que empieza como una venganza perfecta se convierte en un juego de tensión, orgullo y deseo contenido. Y mientras Alena reconstruye su vida y devuelve cada golpe con elegancia letal, un secreto enterrado sobre su verdadero origen amenaza con cambiarlo todo: hay quienes destruyeron a su familia para robarle lo que le pertenece, y ahora tendrán que rendir cuentas.

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Alena seguía de pie, con un alivio difícil de disimular porque al fin había conseguido trabajo. Aunque fuera como tener el mundo dado vuelta ante sus ojos. Una directora de operaciones que antes tenía su propia asistente personal se convertía ahora en la asistente de otra persona. Pero, para Alena, eso no era ningún problema. Lo importante era que ya podía sostenerse sobre sus propios pies, sin depender de la familia que la había echado.

—Señorita Alena, acompáñeme un momento a la oficina de administración para firmar el contrato de trabajo. —La voz de la empleada de Recursos Humanos la sacó de su ensimismamiento.

Alena asintió de inmediato y siguió los pasos de la empleada hacia la oficina de Recursos Humanos.

Sin que Alena lo advirtiera, desde detrás de la puerta de su propia oficina, Nathan observaba a lo lejos cómo la muchacha se alejaba. Estaba de pie junto a la ventana, con ambas manos metidas en los bolsillos del pantalón. Su mirada acompañó cada paso de Alena hasta que ella desapareció tras la puerta de Recursos Humanos.

Nathan volvió a su imponente sillón y encendió la laptop para ver la grabación de las cámaras de vigilancia de la oficina de Recursos Humanos. Alcanzó a ver a Alena ya sentada frente a doña Marta, la jefa de RR. HH., que dejaba sobre la mesa una carpeta con los documentos.

—Léalo primero con atención, señorita —la voz de la jefa de RR. HH. llegó a los oídos de Nathan—. Cuando esté de acuerdo, puede firmar directamente en los espacios marcados.

Nathan recostó la espalda en el respaldo del sillón, sin dejar de seguir cada movimiento de Alena. No apartaba los ojos de ella, que empezaba a leer hoja por hoja con detenimiento. De vez en cuando se le arrugaba la frente.

Mientras tanto, en la oficina de Recursos Humanos...

Alena se quedó callada, como si estuviera sopesando algo. Su mirada se había clavado en una frase.

—¿Pagar una penalización de diez millones de dólares si renuncio antes de que termine el contrato? —preguntó, levantando la cara hacia doña Marta.

—Sí —respondió doña Marta con calma—. Y también rige para la empresa, si es ella la que incumple el contrato —añadió—. Es decir, si la empresa la despide a usted antes de que venza el plazo, es la empresa la que debe pagar la penalización. Queremos asegurarnos de que ninguna de las dos partes salga perjudicada.

Sin darse cuenta, Alena empezó a tamborilear sobre la mesa con un ritmo lento. ¿Diez millones? La condición pesaba. Pero enseguida recordó que, por ahora, no tenía ningún otro lugar adonde ir; quizá, de verdad, no le quedaba otra opción. Además, el sueldo que ofrecía la empresa era bastante generoso, aunque viniera acompañado de una responsabilidad igual de grande.

Alena tomó aire, consciente de que en ese momento ni siquiera tenía dónde vivir. No podía quedarse a hospedarse para siempre en el departamento de Nathan. Y volver a la casa de los Balcázar era algo que le repugnaba. Prefería demostrar que podía sostenerse sin el apellido Balcázar. Y esa oportunidad la tenía ahora en Villanueva. Aquel contrato de cinco años sería su prueba.

Al final, Alena tomó la lapicera que le ofrecían y estampó con prolijidad su firma en cada casilla necesaria. El pecho le latía un poco fuerte. Imaginar que, después de este día, sería oficialmente la asistente personal del señor Nathan Villanueva.

Cuando Alena terminó de firmar todas sus partes, la jefa de RR. HH. también firmó en representación de la empresa y guardó de nuevo el documento.

La mujer de mediana edad alzó el rostro y sonrió con dulzura. Había un gesto de satisfacción en sus facciones. O... de alivio por haber cumplido con éxito una orden.

—Felicitaciones, señorita Alena. Ahora forma parte de la empresa Villanueva. Puede empezar a trabajar mañana por la mañana —dijo, tendiéndole la mano.

—Gracias, señora —respondió Alena, correspondiendo el gesto—. Le prometo que daré lo mejor de mí por la empresa.

Después de eso, Alena se despidió y salió de la oficina con sentimientos encontrados. Contenta, aliviada, pero también con un poco de nervios. Se presionó el pecho, que le latía sin razón desde hacía rato.

Cuando Alena se fue, la jefa de RR. HH. salió enseguida de la oficina con la carpeta del contrato recién firmado rumbo al despacho del director general.

Al llegar a la oficina de Nathan, doña Marta golpeó la puerta con suavidad.

—¡Adelante!

Se oyó la voz de Nathan y la mujer abrió la puerta y avanzó hacia el escritorio.

—Con permiso, señor. Le traigo el contrato ya firmado por la señorita Alena —informó, mientras le acercaba la carpeta sobre la mesa, justo frente a él.

Nathan tomó la carpeta y, con un gesto de la mano, le indicó a doña Marta que se retirara.

Doña Marta asintió, inclinó un poco el cuerpo y salió.

Nathan contempló el nombre de Alena Balcázar escrito con claridad bajo la firma, mientras la comisura de sus labios se curvaba poco a poco en una sonrisa tenue, difícil de descifrar.

Cinco años. Durante los próximos cinco años, Alena permanecería cerca de él. Y por una razón que ni siquiera se atrevía a reconocer ante sí mismo.

—Bienvenida a mi vida, Alena —dijo en voz baja, con los ojos aún fijos en aquel nombre—. De ahora en adelante, nadie se atreverá a tocarte.

Nathan cerró despacio la carpeta y la guardó, como quien resguarda lo más valioso.

Por su parte, Alena no tenía la menor idea de que, desde el instante en que trazó esa firma, no solo había quedado atada a un trabajo, sino también a un hombre llamado Nathan Villanueva. Su deseo de cobrarle a Selena todo lo que le había hecho ahora le enredaba su propia vida. Había una cadena invisible que le sujetaba las manos y los pies.

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Mirla Loyo
y que fue de la vida del ex de Alena y sus papás?🤔
Mirla Loyo
ósea que hasta la casa dónde vivían no les pertenecía?😱
Mirla Loyo
ósea que todo lo que tienen es de Alena?😱
Mirla Loyo
y cuando es que nos vamos a enterar quiénes son los padres o madre se Alena?.. porque el interes de Sebastián por qué se case Renzo?🤷‍♀️
Mirla Loyo
que guerra tan estúpida la de ésta zorra y los idiotas arrastrados por ésas estupideces 🤭
Mirla Loyo
y porque éste idiota tiene que contarle a la zorra?🤷‍♀️
Mirla Loyo
gracias por el consejo Rubén 🤣🤣 éso es lo que sucederá 🤭
Mirla Loyo
interesante el inicio, espero la autora no me decepcione.. acabo de dejar una a la mitad, por las múltiples incoherencias 😏
Lily
El destino te lo pone en bandeja de plata 🤗🤗
Lily
Es que ya no es la misma pende....ja y que crees? Te vas arrepentir 🤭🤭
Leticia Baeza Vazquez
y q la criada nunca pudo decir q ella no era solo la sobrina osea no mames la vieja
Leticia Baeza Vazquez
cómo hay padres alcahuetes y si vergüenzas q son tapaderas de hijas inutiles dan asco
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