Alfonso en su soledad como empresario lee una historia de romance entre un duque y su princesa pero entre las intrigas y el romance se enamora de un personaje secundario, el Príncipe Anthony, quien reprime sus sentimientos para que el hombre que ama y su hermana sean felices, pero todo cambia cuando Alfonso reencarna en el duque y en la primera oportunidad expresa sus sentimientos por el príncipe.
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Capítulo 21: Entre Sombras y Rosas: El Beso en el Jardín
La tarde en el Palacio Real ofreció un clima cálido y despejado. El aire estaba impregnado del perfume dulce de los miles de flores que decoraban las terrazas de piedra y los paseos empedrados de la corte.
Los miembros de la alta aristocracia —marqueses, duquesas y ministros del consejo real— paseaban en pequeños grupos por las avenidas principales del jardín central, luciendo trajes ostentosos, desplegando abanicos de seda y compartiendo los últimos chismes sobre la llegada del imponente Duque del Norte.
Aprovechando la agitación social en el área central, el príncipe Anthony caminó despacio hacia el extremo este del complejo: el Jardín de las Rosas Antiguas. Era un rincón reservado, rodeado por altos setos de cipreses centenarios, arcos de piedra cubiertos de enredaderas carmesí y estatuas de mármol de deidades olvidadas. Debido a su ubicación distante, la nobleza rara vez frecuentaba ese sector a mitad del día.
Anthony vestía una túnica de seda clara con bordados dorados que resaltaba la elegancia natural de sus facciones. Aunque pretendía observar las flores con indiferencia, sus ojos dorados buscaban frenéticamente entre los arcos de piedra.
Un firme sonido de pasos sobre la gravilla hizo que el corazón del príncipe diera un vuelco.
Al girarse entre dos enormes setos de rosas carmesí, vio aparecer la figura monumental de Fernando. El duque vestía un jubón de paño oscuro de corte impecable que acentuaba la anchura de sus hombros y la firmeza de su estampa.
Al encontrarse en la soledad del recinto amurallado por la vegetación, la frialdad diplomática que ambos mantenían ante la corte se disolvió instantáneamente.
—Llegas a tiempo, Lord Duque —comentó Anthony con una sonrisa leve y juguetona, aunque sus ojos brillaban con una devoción sin límites.
—No haría esperar al dueño de mi corazón por nada en este reino —respondió Fernando con voz cálida, acortando la distancia entre ellos con pasos rápidos.
El duque miró a su alrededor. Los altos setos de cipreses y los arcos de piedra los rodeaban por completo, creando una muralla verde que aislaba el sendero del resto del mundo. El silencio solo era interrumpido por el suave trino de las aves y el murmullo de una fuente de mármol cercana.
Creyéndose absolutamente solos e invisibles para las miradas de la aristocracia, la necesidad física de tocarse superó cualquier prudencia táctica.
Fernando extendió sus manos grandes y tomó a Anthony por la cintura, atrayendo la figura estilizada del príncipe hacia su pecho con una fuerza apasionada. Anthony no ofreció la menor resistencia; dejó escapar un suspiro dulce y rodeó el cuello de Fernando con sus brazos finos, poniéndose levemente de puntillas.
Sus labios se unieron en un beso profundo, ardiente y devorador.
Era un beso cargado de la urgencia del deseo contenido, de las semanas de separación y de la certeza de estar desafiando al reino entero por su amor. Fernando movió sus labios con una firmeza hambrienta, atrayendo a Anthony aún más contra la solidez de su cuerpo, mientras el príncipe entreabría sus labios para responder con una entrega absoluta, inclinando la cabeza para profundizar el contacto mientras sus dedos se enredaban en el cabello castaño del duque.
La pasión del momento los envolvió en una burbuja perfecta de fuego y ternura, ajenos por completo al mundo exterior.