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La Muda Del Serrallo

La Muda Del Serrallo

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Venganza / Mujer poderosa
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: nezhaN

Ayla nació muda por un trauma, pero nunca fue débil. Aprendió a pelear y a sobrevivir por su familia… hasta que se la llevaron como una esclava más al harén del sultán. Nadie sabe que es la princesa. Cuando el sultán queda paralizado y los traidores se acercan, ella se convierte en su sombra más peligrosa. Intriga, venganza, pasión y un romance prohibido en las sombras del imperio.

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Capítulo 6

Al sexto día después de la llegada del sultán, Ayla ya conocía el peso exacto de cada cubo.

Sahra la mandó esa mañana al almacén de las telas. Era un trabajo sucio: sacar rollos viejos, sacudir el polvo, doblar lo que todavía servía. El aire estaba cargado de olor a naftalina y a humedad. Ayla trabajó en silencio junto a otras tres esclavas. Una de ellas, una mujer de unos treinta años llamada Nur, no le quitaba los ojos de encima.

Nur tenía la costumbre de hablar alto cuando creía que nadie importante escuchaba.

—La muda del este se cree especial —dijo de pronto, dirigiéndose a las otras dos—. No limpia como nosotras. Siempre mirando. Siempre callada. Seguro que escupe en la comida cuando nadie ve.

Las otras rieron bajito. Ayla no levantó la vista. Siguió sacudiendo un rollo de lino grueso. El polvo le entró por la nariz, pero no estornudó.

Nur se acercó más.

—¿No oyes, muda? Te estoy hablando.

Ayla dejó el rollo. Se enderezó despacio. Miró a Nur a los ojos. No había rabia en su cara. Solo esa calma que ya empezaba a poner nerviosa a la gente.

Nur sostuvo la mirada tres segundos. Después apartó la vista y soltó una risa falsa.

—Ni siquiera vale la pena.

Ayla volvió al trabajo. Por dentro anotó el nombre. Nur. De las que hablan demasiado. De las que algún día van a necesitar un favor… o un silencio.

A mediodía, mientras comían en el pasillo, Yasmin se sentó a su lado.

—Nur odia a cualquiera que no se queje —dijo sin mover casi los labios—. Le recuerda que ella sí habló demasiado una vez y terminó aquí abajo. No le hagas caso. Pero tampoco le des la espalda.

Ayla asintió.

Esa tarde la mandaron otra vez al corredor de las ventanas altas. El patio del sultán estaba más quieto. La litera ya no se veía. En su lugar había una silla extraña, de madera oscura y ruedas. Vacía. Ayla fregó cerca de la ventana el tiempo justo para ver cómo dos eunucos la empujaban hacia el edificio principal.

Volvió a bajar antes de que la llamaran la atención.

Por la noche, después del baño, Sahra apareció con una lista distinta.

—Tú, la muda. Mañana temprano llevas el desayuno del médico hasta la cámara del sultán. Dejas la bandeja en la puerta y te vas. Sin mirar adentro. Sin detenerte.

Ayla sintió un pequeño salto en el pecho. Asintió.

Lina la agarró del brazo cuando Sahra se fue.

—Tienes miedo —susurró.

Ayla negó con la cabeza. No era miedo. Era otra cosa. Como cuando el cuchillo de madera se convertía en acero por primera vez.

Se acostó. Miró el techo. Contó los pasos que habría desde la cocina hasta la cámara del sultán. Contó las puertas. Contó las posibles miradas.

Nur roncaba en el otro extremo del cuarto. Yasmin respiraba tranquila. Lina se había quedado dormida con la mano cerca de la de Ayla.

Ayla cerró los ojos.

Mañana vería la puerta.

Quizá la sombra de la silla de ruedas.

Quizá la voz del hombre que le había quitado todo.

Y él no vería más que una esclava muda dejando una bandeja.

Eso era suficiente.

Por ahora.

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