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Su Obsesion Prohibida

Su Obsesion Prohibida

Status: Terminada
Genre:Amor prohibido / Mafia / Amor a primera vista / Esclava / Sirvienta / Amor-odio / Triángulo amoroso / Secuestro y encarcelamiento / Yandere / Romance oscuro / Completas
Popularitas:20.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Leslie Michelle Gonz

Valentina fue comprada a los seis anos por el hombre que la crio. A los dieciocho, un magnate mafioso la reclama como suya. Atrapada entre su tutor obsesivo y un multimillonario que le compra islas y le destroza enemigos, descubre que su propio cuerpo esconde un secreto por el que matarian. ?Escapara... o elegira al hombre equivocado?

NovelToon tiene autorización de Leslie Michelle Gonz para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 15

Capítulo 15: Lo que Sasha no dijo

A la mañana siguiente, Sasha se maquilló el golpe con base de cobertura total y se presentó a desayunar como si nada hubiera pasado.

Valentina la observó desde el otro lado de la mesa. El moretón estaba bien cubierto, pero debajo de la base se adivinaba una hinchazón oscura que el maquillaje solo disimulaba, no borraba. Cualquiera que mirara de cerca lo notaría.

Nicolás no miró de cerca.

Entró al comedor con el café en la mano y el teléfono en la otra, revisando mensajes con esa concentración quirúrgica que tenía para todo excepto para las personas que vivían bajo su techo.

—Buenos días —dijo sin levantar la vista—. ¿Dormiste bien, mi niña?

—Sí —dijo Valentina.

—Sasha, ¿todo en orden anoche?

—Todo en orden, señor. Sin novedades.

Nicolás asintió. Tomó un sorbo de café. Siguió leyendo.

No preguntó por el golpe. No miró a Sasha a la cara. No pidió detalles.

"No le importa. O confía en que Sasha miente bien."

Valentina comió despacio, masticando cada bocado con una concentración excesiva que no tenía nada que ver con la comida. La tarjeta de Rafael estaba escondida en el mismo lugar que la de Damián: cosida en el forro de la cartera vieja. Dos tarjetas. Dos hilos invisibles que la conectaban a un mundo fuera de estas paredes.

Nicolás se levantó a los diez minutos.

—Voy a estar en la oficina toda la mañana. No salgan.

—Está bien —dijo Valentina.

La puerta de la oficina se cerró. El clic del seguro resonó por el pasillo como el punto final de una oración.

Sasha esperó tres minutos completos. Contados. Valentina lo supo porque la vio mirar el reloj dos veces antes de hablar.

—Ven —dijo en voz baja—. Arriba.

Subieron al cuarto de Valentina. Sasha cerró la puerta y se recargó contra ella. De cerca, la hinchazón era peor de lo que parecía abajo. Violácea. Tierna.

—¿Te duele? —preguntó Valentina.

—He tenido peores.

—Eso no es una respuesta.

Sasha casi sonrió. Casi.

—Me duele. Pero no es lo que importa ahora. —Cruzó los brazos—. Le dije a Nicolás que me caí en las escaleras del mercado cuando regresábamos. Que estaba mojado y resbalé. Se lo creyó, o no le importó lo suficiente como para investigar.

—Gracias.

—No me des las gracias. —El tono de Sasha cambió. Se volvió más bajo, más denso, como una conversación que llevaba semanas esperando el momento para salir—. Valentina, necesito que sepas algo.

Valentina se sentó al borde de la cama. Las manos le temblaban otra vez. Desde anoche no habían dejado de temblar del todo.

—Nicolás me contrató para vigilarte —dijo Sasha—. Ya lo sabes, ya lo sospechabas. No era secreto. Me paga bien. Me dio instrucciones claras: reportar con quién hablas, a dónde vas, qué haces, qué recibes. Todo.

—Lo sé.

—Pero hay cosas que no se pueden vigilar sin sentir algo.

Silencio.

Valentina la miró. Sasha no apartó los ojos. Era una mujer que no bajaba la mirada fácilmente, y en ese momento, en esa habitación cerrada con olor a sábanas limpias y secretos acumulados, su mirada tenía algo que Valentina no le había visto antes: honestidad sin filtro.

—Las rosas —continuó Sasha—. El broche. Lo de anoche. Yo puedo tapar eso una vez, dos veces. Pero Nicolás no es tonto. Sospecha que alguien externo está metiendo las narices en sus asuntos. No sabe quién. Todavía. Pero está buscando.

—¿Qué te ha dicho?

—Nada directo. Pero la última semana revisó las cámaras de la calle dos veces. Cambió el código de la puerta sin avisarme. Y ayer me preguntó si habías recibido "algo fuera de lo normal" en el mercado.

El broche. El broche que estaba en el cajón de la cómoda, envuelto en un pañuelo, debajo de dos blusas dobladas.

"Tengo que moverlo."

—¿Qué le dijiste? —preguntó Valentina.

—Que no. Que compramos fruta y regresamos. Nada más.

—¿Y te creyó?

—Nicolás no cree. Verifica. —Sasha se despegó de la puerta y se acercó un paso—. Valentina, escúchame. Yo puedo cubrir muchas cosas. Pero el broche tiene que desaparecer de esta casa. Si lo encuentra, no va a preguntar. Va a actuar.

—No puedo sacarlo. Si salgo con algo escondido y me revisan...

—Entonces escóndelo donde él jamás buscaría. O destrúyelo.

—No voy a destruirlo.

Sasha la miró largamente. Algo suave le cruzó la cara, algo que no era lástima ni juicio. Era comprensión.

—Está bien —dijo—. Entonces escóndelo mejor. Y por el amor de Dios, ten cuidado.

Valentina asintió. La garganta le ardía con palabras que no sabía cómo decir.

—Sasha. ¿Por qué haces esto?

—Porque anoche un tipo me estrelló contra una pared y tú te arrodillaste junto a mí antes de pensar en ti misma. —La voz de Sasha no se quebró, pero se adelgazó—. Eso no se olvida. Eso cambia las cosas.

No dijo más. No hacía falta.

Salió del cuarto y cerró la puerta con suavidad.

Valentina se quedó sentada en el borde de la cama durante un rato largo, mirando el cajón de la cómoda donde el broche esperaba envuelto en su pañuelo, brillando con una luz que nadie más podía ver.

"Tengo que moverlo. Ahora."

Se levantó. Abrió el cajón. Desenvolvió el broche y lo miró un instante: la mariposa de plata, las alas abiertas, cada nervadura tallada con una precisión que hablaba de alguien que había elegido el regalo con tiempo, con intención, con algo que se parecía demasiado a la ternura para un hombre al que llamaban el Halcón.

Lo envolvió otra vez. Lo metió dentro de una calceta enrollada al fondo de otro cajón, detrás de una fila de ropa que no usaba desde hacía meses.

"Mejor. No perfecto, pero mejor."

El día pasó en una calma que no era calma sino espera. Valentina lavó ropa. Leyó. Ayudó a Rocío con la cena. Cada actividad era un disfraz sobre el temblor constante que le recorría las manos desde la noche anterior.

A las diez, se acostó. A las diez y cuarto, apagó la luz.

A las once menos cinco, la puerta de su habitación se abrió.

Sin toque. Sin aviso. El picaporte giró y la puerta se abrió hacia adentro con un susurro de madera contra alfombra.

La silueta de Nicolás llenó el marco. Camisa desabotonada en el cuello, mangas enrolladas. La luz del pasillo le dibujaba los hombros pero le oscurecía la cara.

—Solo vine a revisar que todo esté en orden —dijo. Su voz era suave. Doméstica. La voz de un padre que arropa a su hija.

—Todo está bien, Nicolás —dijo Valentina desde la cama. No se sentó. No se movió. Cada músculo de su cuerpo se convirtió en piedra.

Nicolás entró dos pasos. Sus ojos recorrieron la habitación con la eficiencia de un inventario: la ventana cerrada, la mesa de noche, el clóset, la cómoda.

Se detuvieron un segundo sobre el cajón donde, hasta esa mañana, había estado el broche.

Un segundo.

Luego siguieron de largo.

—Buenas noches, mi niña. Descansa.

Salió. La puerta se cerró. Los pasos se alejaron por el pasillo.

Valentina no se movió hasta que escuchó la puerta de la habitación de Nicolás cerrarse al final del corredor. Luego se llevó la mano al pecho y sintió el pulso desbocado en la garganta, cada latido empujándole la sangre hasta las sienes.

"Miró el cajón. Lo miró."

Se dio la vuelta en la cama, apretó la almohada contra la cara y cerró los ojos.

No durmió.

1
Jujerny Del Valle Farfan cuica
que miedo
Jujerny Del Valle Farfan cuica
es una mujer sin voluntad propia
Jujerny Del Valle Farfan cuica
que rabia con Valentina
Jujerny Del Valle Farfan cuica
Huy q miedo
Jujerny Del Valle Farfan cuica
ya era hora 🥺
Jujerny Del Valle Farfan cuica
fuera de lo común me encanta 👏
Jujerny Del Valle Farfan cuica
siempre fue esto lo q quiso el pelambres este 😱
Jujerny Del Valle Farfan cuica
que le pasa a esta mujer tanto miedo le tiene a Nicolás y no se va
Jujerny Del Valle Farfan cuica
ojalá consiga aliados q la ayuden a salir de ese horror 😱
Jujerny Del Valle Farfan cuica
ojalá consiga aliados q la ayuden a salir de ese horror 😱
Jujerny Del Valle Farfan cuica
que terror vive Valentina!
Jujerny Del Valle Farfan cuica
no soy vip y no lo voy a ser aunque quiera soy de Venezuela 🥺
Jujerny Del Valle Farfan cuica
interesante
Jujerny Del Valle Farfan cuica
ojalá Damián pueda sacarla d allí
Jujerny Del Valle Farfan cuica
por que tanto encierro es abrumador 🥺
Luz Silvero
x lo q entendí, si no entendí mal
El si la compro, para estar esos días con ella😑
Gaby N
Tanto poder tiene Nicolás?
Xq el banana de Damián no hace nada?
Gaby N
Xq le dice "Cruza"?
Pdll Dsrth
🥰Esta novela diferente al principio casi dejo de leerla pero ya le fui tomando el hilo un buen final
Graciela Saiz
todo el mundo la manipula a esta mujer ,!
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