Yo, Evana. viví una hermosa vida con el hombre que amé y con mis hijos también. Pero alguien me lo arrebato todo.
He vuelto al pasado para descubrir a mi asesino y el de mi familia.
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Capitulo 19
El ambiente en los pasillos de la bolsa de valores era sofocante. La noticia de la inminente compra hostil del Grupo Vanguard sobre las filiales logísticas de Evana acaparaba las portadas de los principales diarios económicos del país. La estrategia del "odio público" funcionaba a la perfección: el valor de las acciones de Evana fluctuaba, mientras Andy, confiada en la debilidad de su presa, comenzó a mover fichas desde la sombra.
En la cúspide de una de las torres financieras más exclusivas de la ciudad, Andy observaba el movimiento del mercado desde su despacho privado. Lucía un impecable traje blanco de alta costura, sosteniendo una copa de champán con la compostura de una mujer que se sabía intocable gracias a su inmunidad diplomática.
Su teléfono personal sonó. La pantalla mostraba el número encriptado de Thomas.
—Señor Vance —dijo Andy con una voz pausada y elegante, cargada de una superioridad calculada—. Supongo que llama para confirmarme que la primera fase de la adquisición ya ha comenzado.
—Las órdenes de compra de las acciones minoritarias están en marcha, señora Andy —respondió la voz de Thomas al otro lado de la línea, forzando un tono frío y ambicioso—. Sin embargo, para ejecutar la compra del bloque mayoritario del que hablamos en el Club Hípico, necesito la inyección de capital del fondo offshore de Suiza que usted prometió. La junta de Evana está acorralada, pero no cederán sin una oferta que sobrepase el valor de mercado.
Andy dejó escapar una risita baja y satisfecha.
—No se preocupe por el dinero, Thomas. El capital ya está listo para ser transferido desde la firma consultora de Zúrich a su cuenta de fideicomiso en el momento en que me garantice el control total de las subsidiarias. Quiero ver a la hija de esa familia completamente despojada de su legado antes del fin de semana.
—Tendrá los contratos firmados en su escritorio esta misma noche —aseguró Thomas antes de cortar la comunicación.
Andy sonrió, sirviéndose un poco más de champán, sin sospechar en absoluto que la llamada estaba siendo grabada y retransmitida en tiempo real hacia el vehículo estacionado a dos calles de distancia.
En el interior de la camioneta todoterreno de cristales tintados, Evana se quitó los auriculares de auditoría. A su lado, Thomas apagó la consola de grabación y la miró con una sonrisa de complicidad llena de orgullo.
—Picó el anzuelo por completo —dijo Evana, sintiendo cómo un escalofrío de anticipación le recorría la espalda—. En cuanto ese capital suizo ingrese a la cuenta de fideicomiso que preparamos con la unidad de inteligencia financiera, la ruta del dinero conectará directamente su firma diplomática con el pago del fideicomiso ciego que usó para comprar a Valeria durante años.
Thomas la tomó de la mano, besando el dorso de sus dedos con devoción.
—Tu padre me contactó esta mañana, Evana —reveló Thomas en voz baja, volviéndose serio de repente—. Me pidió una reunión de emergencia en privado.
Evana frunció el ceño, sorprendida.
—¿Mi padre? ¿Para qué?
—Creía que realmente yo estaba intentando destruirte —explicó Thomas, apretando la mano de su esposa—. Estaba dispuesto a ceder sus acciones personales del grupo a Vanguard a cambio de una sola condición: que yo firmara un acuerdo vinculante comprometiéndome a no tocar tu patrimonio personal y a dejarte salir limpia del mundo corporativo. Estaba dispuesto a arruinarse para protegerte a ti.
Un nudo amargo se formó en la garganta de Evana. Las palabras que su padre le había dicho en el restaurante —«El dinero y las corporaciones no te acompañan cuando la vida se apaga... Si decides buscar paz, tendrás mi bendición»— cobraron un sentido completamente nuevo.
En la primera vida, el distanciamiento con su padre la había hecho creer que él la odiaba por renunciar al imperio familiar.
—Papá. Me pregunto si él... Si él presenció la escena de nuestra muerte—murmuró Evana con los ojos cristalizados. Quizás no tuvieron una relación muy buena, pero de tan solo imaginar que él vio toda esa masacre...
—Lo más seguro es que sí. Evana. No sabía nada de nosotros por 17 años. No conocía sus nietos pero lo más probable es que le hayan notificado nuestras muertes—confirmó Thomas, rodeando sus hombros y pegándola a su pecho.
—Quiero hablar con él.
Gracias por los capítulos autora