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Asado, Mate Y Destino

Asado, Mate Y Destino

Status: En proceso
Genre:Omegaverse / Romance / Yaoi
Popularitas:2.6k
Nilai: 5
nombre de autor: nuestros sueños

Valentín Bianchi, un omega porteño de veinticinco años, está acostumbrado al ritmo frenético de Buenos Aires. Su vida gira entre cafeterías, subtes, reuniones y el ruido constante de la ciudad.
Todo cambia cuando hereda una antigua estancia en plena pampa bonaerense. Su único objetivo es venderla cuanto antes, volver a la Capital y olvidarse del barro, las vacas y los caminos de tierra.
Pero la estancia no está vacía.
Tomás Ferreyra, un alfa gaucho nacido y criado allí, administra el lugar desde hace años. Es serio, orgulloso, amante de los caballos y defensor de las tradiciones. Para él, esa estancia no es un negocio: es su hogar.
Desde el primer encuentro, ninguno soporta al otro.
—¿Vos sos el nuevo dueño? Mirá vos... pensé que mandaban a alguien que supiera ensuciarse las botas.
—Y yo pensé que los gauchos eran más educados.
Entre mates compartidos a regañadientes, asados con los peones, cabalgatas interminables y noches bajo un cielo lleno de estrellas, ambos descubrirán que hay se

NovelToon tiene autorización de nuestros sueños para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 15: Regreso a La Esperanza

Valentín no perdió un segundo.

Apenas terminó la llamada con Tomás, comenzó a guardar ropa en un bolso.

Su madre lo observaba desde la puerta.

—¿Te vas ya?

—Sí.

Laura sonrió con ternura.

—Eso quiere decir que encontraste un lugar al que realmente querés volver.

Valentín dejó de doblar una camisa.

Pensó en la estancia.

En Marta.

En Don Ramón.

En Nico.

En Pampa.

Y, sin poder evitarlo...

Pensó en Tomás.

Sonrió.

—Sí... encontré un hogar.

Laura se acercó y le entregó la carta de Don Ernesto.

—Llevátela.

Creo que tu abuelo quería que descubrieras esto acompañado.

Valentín asintió.

—Gracias, mamá.

Ella lo abrazó.

—Y cuidate.

—Lo voy a hacer.

Cinco horas después...

El cartel de madera volvió a aparecer frente a él.

ESTANCIA LA ESPERANZA

Valentín sintió una emoción que jamás habría imaginado sentir.

—Volví...

Antes incluso de cruzar la tranquera, escuchó un ladrido conocido.

—¡Guau! ¡Guau!

Pampa salió corriendo a toda velocidad.

El cachorro, que ya había crecido un poco, saltó sobre él moviendo la cola sin parar.

—¡Eh, tranquilo!

Valentín se agachó para abrazarlo.

—Yo también te extrañé, compañero.

Desde la galería, Marta se llevó una mano al pecho.

—¡Volvió nuestro porteño!

Nico salió disparado del galpón.

—¡Pensé que te ibas a olvidar de nosotros!

Don Ramón sonrió mientras cebaba un mate.

—Sabía que iba a volver.

Valentín fue saludando a todos con un abrazo.

Sentía que habían pasado meses, aunque solo hubieran transcurrido unos días.

Entonces levantó la vista.

Tomás estaba apoyado contra una columna de la galería.

No había dicho una sola palabra.

Solo lo miraba.

Valentín caminó hacia él.

Cuando quedaron frente a frente, sonrieron al mismo tiempo.

—Volviste.

—Te lo prometí.

Hubo un breve silencio.

Tomás dio un pequeño paso hacia adelante.

Por un instante pareció que iba a abrazarlo.

Pero se contuvo.

—Me alegra verte.

Valentín sintió un pequeño vacío al notar que el abrazo nunca llegó.

Sin embargo, respondió con una sonrisa.

—A mí también.

Después de la cena, todos se reunieron en la cocina.

Valentín colocó la carta de Don Ernesto sobre la mesa.

—Hay algo que tienen que saber.

Leyó el fragmento donde hablaba del sótano oculto.

Cuando terminó, nadie dijo una palabra.

Fue Don Ramón quien rompió el silencio.

—Yo trabajé acá más de cuarenta años...

Y jamás escuché hablar de un sótano.

Marta negó lentamente.

—Yo tampoco.

Tomás frunció el ceño.

—Entonces Don Ernesto hizo un muy buen trabajo ocultándolo.

Nico sonrió con entusiasmo.

—¡Vamos a buscarlo ahora!

Marta le dio un golpecito en la cabeza.

—¿Ahora? ¿De noche?

—Bueno...

Capaz mañana.

Todos rieron.

La tensión disminuyó un poco.

A la mañana siguiente, apenas salió el sol, los cinco ya estaban dentro del viejo galpón.

El lugar olía a madera antigua y a herramientas.

Tomás observó cada rincón.

—Si Don Ernesto escondió una entrada...

Tuvo que hacerlo donde nadie sospechara.

Valentín recordó algo.

—Mi abuelo siempre decía que "las respuestas están bajo nuestros pies".

Don Ramón miró el piso.

Era de viejas tablas de madera.

Comenzaron a mover cajones, barriles y herramientas.

Pasó casi una hora.

Nada.

Nico se dejó caer sobre un cajón.

—Capaz era una metáfora.

Valentín respiró hondo.

No quería rendirse.

Miró nuevamente el reloj de bolsillo que había encontrado en la caja.

Lo abrió.

Esta vez notó algo que antes había pasado por alto.

En la tapa interior había una frase diminuta grabada.

"Donde duerme el primer caballo."

—¡Tomás!

El alfa se acercó enseguida.

—¿Qué pasa?

Le mostró el reloj.

Tomás leyó la inscripción.

Sus ojos se abrieron.

—Creo que sé dónde es.

Salieron del galpón y caminaron hasta un antiguo box de madera, completamente vacío.

—Hace muchos años...

Acá estaba el caballo favorito de Don Ernesto.

Valentín recorrió el lugar con la mirada.

El piso parecía igual al resto.

Tomás golpeó una tabla con el pie.

Tac.

Golpeó otra.

Tac.

La tercera sonó diferente.

Toc.

Los dos se miraron.

—Es hueca.

Entre todos levantaron la pesada tabla.

Debajo apareció una vieja escalera de piedra que descendía hacia la oscuridad.

Un aire frío salió desde el interior.

Nico tragó saliva.

—Bueno...

Eso sí que no me lo esperaba.

Tomás tomó una linterna.

Miró a Valentín.

—¿Listo?

El omega respiró hondo.

—Listo.

Sin embargo, justo cuando estaban por bajar...

Escucharon el ruido de un motor acercándose a toda velocidad.

Una camioneta negra frenó bruscamente frente a la estancia.

De ella descendieron tres hombres.

Y detrás de ellos...

Con las manos en los bolsillos y una sonrisa confiada...

Apareció Julián.

—Llegué justo a tiempo.

El ambiente se congeló.

Tomás dio un paso al frente, colocándose instintivamente delante de Valentín.

Julián observó la escalera abierta y sonrió.

—Así que encontraron la entrada...

Perfecto.

Ahora solo falta descubrir qué escondía Don Ernesto.

Y esta vez, no pienso irme con las manos vacías.

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Amparo Carvajal
historia diferente que relata la libertad de poder amar, sin señalamientos, además muestra el amor tierno de la pareja de amantes.
Pollo
Okeeeeeey, recién empiezo a leer pero ya quedé enganchada, me encanta 😁
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