NovelToon NovelToon
Sané a Mi Alfa, Pero Él Marcó a Otra

Sané a Mi Alfa, Pero Él Marcó a Otra

Status: En proceso
Genre:Venganza / Hombre lobo / Mujer despreciada
Popularitas:91.4k
Nilai: 5
nombre de autor: JaQelinee Valenzuela

Valentina Solano entregó tres años de su vida para salvar a Sebastián Reyes, el Alfa moribundo con quien la obligaron a enlazarse.
Cada luna llena, su loba se apagaba un poco más para mantenerlo con vida. Ella perdió fuerza, sangre y dignidad. Él recuperó su poder.
Y cuando Sebastián por fin sanó, no la eligió a ella.
Eligió a Catalina del Valle.
Le quitó los Brazaletes de la Luna y le ordenó ponérselos a la mujer que quería marcar como su verdadera Luna.
Valentina no suplicó. No lloró. Solo pidió la ruptura del enlace.
Pero la loba que todos creían rota tenía secretos: un imperio comercial escondido, aliados en las sombras y una sangre marcada por la luna.
También tenía la mirada de Damián Montero sobre ella.
El Rey Alfa. El lobo más temido de todas las manadas. El único hombre que nunca la vio como una herramienta.
Sebastián la usó para vivir.
Damián está dispuesto a destruir el mundo para hacerla reina.

NovelToon tiene autorización de JaQelinee Valenzuela para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 23

Capítulo 23: El Destino De La Elegida

Damián volvió al Santuario de la Luna antes del amanecer.

No llevaba la manga manchada de sangre esta vez.

Llevaba algo peor.

Siete deseos memorizados.

Doña Esperanza lo recibió en la sala interior, donde las paredes estaban cubiertas de códices antiguos, dibujos de lobas bajo lunas crecientes y mapas de linajes que ya nadie consultaba porque el poder prefería recordar solo lo que le convenía.

—Leíste lo que no debías —dijo La Vidente.

Damián no se disculpó.

—Sí.

—Al menos no mientes ante la luna.

—Necesito saber qué le ocurre.

Doña Esperanza apoyó una mano sobre un códice cerrado.

—No preguntes como Rey Alfa si no estás dispuesto a escuchar como hombre.

Damián sostuvo su mirada.

—Hable.

La anciana abrió el códice.

El dibujo era viejo, trazado con pigmento plateado desvaído: una loba clara de pie sobre una montaña, rodeada de lobos oscuros que bajaban la cabeza.

—Cada trescientos años, a veces más, nace una hembra con rastro de la Loba Plateada. No siempre despierta. No siempre sobrevive. La mayoría pasa por el mundo como una sanadora brillante, una madre fuerte, una Luna querida. Pero algunas... —sus dedos tocaron el dibujo— algunas cargan más luna de la que su cuerpo parece capaz de sostener.

—Valentina.

—Valentina Solano.

El nombre sonó distinto en esa sala.

No como expediente.

Como campana.

—Su sangre puede curar enlaces dañados, calmar lobos enfermos, sostener manadas enteras en crisis. Por eso el enlace de curación funcionó tan bien con Sebastián Reyes.

Damián sintió que su lobo se tensaba.

—¿A qué costo?

Doña Esperanza cerró los ojos.

—Al costo equivocado.

La respuesta no bastaba.

Damián esperó.

—Si una Loba Plateada despierta por voluntad propia, su poder se expande desde la raíz. Si alguien la usa como herramienta antes de que despierte, la fuerza sale de su cuerpo como agua de una vasija rota. Cura a otros. Se vacía ella. Su loba se duerme para no morir.

La habitación pareció quedarse sin aire.

—¿Está muriendo?

Doña Esperanza no lo suavizó.

—Si el enlace continúa drenándola, sí. Despacio. Con cortesía. Como mueren muchas mujeres en casas nobles: sin que nadie tenga que llamarlo asesinato.

El rostro de Damián no cambió.

Pero su lobo lanzó un aullido tan violento dentro de él que la llama de la lámpara tembló.

Doña Esperanza lo vio.

—Ahora entiendes.

—Nadie debe saberlo.

—¿Porque la protegerás?

—Porque si el Palacio sabe que es Elegida de la Luna, la convertirán en recurso de Estado. Si las manadas lo saben, intentarán reclamarla, usarla, encerrarla, venerarla o destruirla. Todas esas opciones son jaulas.

La Vidente sonrió apenas.

—Esa clase de miedo es útil.

—No es miedo.

—Claro que lo es. La diferencia es que tú lo conviertes en perímetro.

Damián cerró el códice con cuidado.

—Esto queda entre usted, Emilio y yo.

—¿Y ella?

El silencio fue la primera respuesta honesta.

—Cuando deba saberlo —dijo él.

—Ten cuidado, Rey Alfa. Proteger a una mujer ocultándole su propia verdad puede parecerse demasiado a poseerla.

La frase lo golpeó.

Porque era justa.

—No la usaré.

—Entonces asegúrate de que tus silencios tampoco la usen.

Esa misma mañana, en el Palacio del Gran Alfa, Sebastián Reyes recibió una sanción pública.

No hubo gritos. Eso la volvió más humillante.

Don Alejandro habló ante un grupo reducido del Consejo: varios Alfas, dos jueces de manada, Doña Gabriela en silencio y Don Fernando del Valle con el rostro tan quieto que parecía tallado.

—Alfa Reyes —dijo el Gran Alfa—, la obligación de un Alfa hacia su Luna no es decorativa. Durante el incidente del pañuelo, fallaste en tu deber de protección pública.

Sebastián inclinó la cabeza.

—Su Majestad, la situación fue confusa.

—Tu retiro no lo fue.

Nadie se movió.

El golpe fue preciso.

—Hasta nueva revisión, tus decisiones sobre representación externa de Manada Reyes requerirán validación del Consejo. Esto incluye asuntos de alianza, recepción de invitados y disputas vinculadas a Luna Valentina.

Sebastián levantó la mirada.

—¿Se me retira autoridad en mi propia casa?

—Se te recuerda que la autoridad que no protege se vuelve sospechosa.

Doña Gabriela miró hacia otro lado.

Tal vez para no mostrar compasión.

Tal vez para no mostrar acuerdo.

Sebastián aceptó la sanción con la mandíbula apretada. Salió del salón sintiendo que todos miraban la marca invisible de la bofetada más que cualquier sello del Consejo.

Lo peor era que no podía decidir qué le dolía más.

Que el Gran Alfa dudara de él.

O que Valentina hubiera llorado bajo la lluvia junto a otro Alfa.

Dos días después, Valentina visitó Hacienda Montero.

La razón oficial era simple: agradecer las intervenciones recientes y devolver el abrigo que Damián dejó en Lago de Pátzcuaro.

La razón real era menos ordenada.

Necesitaba ver el lugar al que pertenecía un hombre que dejaba flores imposibles, rescataba testigos, aparecía bajo la lluvia y luego fingía que solo pasaba por allí.

El carruaje cruzó las puertas de Hacienda Montero a media mañana.

Valentina esperaba lujo.

Encontró disciplina.

Los muros eran altos, pero no ostentosos. Los patios estaban limpios, llenos de actividad. Soldados entrenaban en el campo lateral con movimientos medidos. Un grupo de jóvenes lobos estudiaba mapas junto a una instructora Beta. Dos Omegas dirigían la distribución de suministros medicinales con tablillas en mano y una autoridad que nadie parecía discutir.

Sofía, sentada junto a Valentina, susurró:

—Aquí nadie grita.

Valentina entendió lo que quería decir.

No era silencio de miedo.

Era orden.

Damián la esperaba en la escalinata principal con Emilio a su derecha y Marco un poco más atrás. Vestía negro, como siempre, pero sin medallas. Parecía menos Palacio y más piedra de montaña.

—Luna Valentina.

—Rey Alfa Montero.

Ella le entregó el abrigo doblado.

—Gracias por prestármelo.

—Llueve a veces.

Sofía tosió para esconder una risa.

Emilio encontró un punto lejano de gran interés.

Valentina casi sonrió.

Casi.

Damián lo vio.

Y por un segundo se le olvidó cómo se sostenía una conversación.

—Puede pasar —dijo al fin.

La recorrieron por los patios principales. No como visita de adorno, sino como si Damián no supiera mostrar otra cosa que el funcionamiento real de su territorio. Le enseñó el dispensario, donde una sanadora Omega daba instrucciones a dos Betas adultos. Le mostró el comedor de tropas, limpio y simple. El archivo de raciones. El campo de entrenamiento.

—Los Omegas llevan logística —dijo Valentina.

—Son mejores para eso que la mayoría de Alfas que conozco.

—En Hacienda Reyes, eso sería considerado una insolencia.

—Por eso Hacienda Reyes pierde dinero.

Valentina lo miró.

Esta vez sí sonrió.

Pequeño.

Involuntario.

Damián se quedó quieto.

Un cachorro Omega de unos seis años salió corriendo desde el dispensario con una venda mal enrollada en la mano.

—¡Tío Alfa!

El niño abrazó la pierna de Damián antes de que nadie pudiera detenerlo.

Emilio cerró los ojos como quien espera un desastre.

Damián miró al niño.

Luego, con la incomodidad de un hombre que había enfrentado ejércitos pero no sabía qué hacer con una criatura pequeña, le puso una mano en la cabeza.

—Camina. No corras con vendas.

—Sí, Tío Alfa.

El niño salió igual de rápido.

Valentina sintió que algo en su pecho se ablandaba contra su voluntad.

No era ternura por Damián.

No todavía.

Era respeto.

Y respeto, para ella, era más peligroso que la gratitud.

Al pasar por el corredor que llevaba al despacho, Valentina se detuvo.

Sobre una mesa lateral había un jarrón lleno de flores blancas.

Flor de Luna Plateada.

No una.

Muchas.

Frescas.

Damián siguió dos pasos antes de darse cuenta de que ella no caminaba.

Valentina miraba las flores.

—Crecen en su territorio —dijo él.

Demasiado rápido.

Emilio bajó la mirada.

Marco se volvió de perfil, quizá para esconder una sonrisa.

Valentina tocó un pétalo.

El olor llegó.

Pino.

Luna.

Su loba se agitó con una energía nueva.

—Entiendo —dijo ella.

No era cierto.

Pero empezaba.

Al despedirse, Damián la acompañó hasta la puerta principal.

El carruaje esperaba. Sofía subió primero.

Valentina se quedó un momento en el primer escalón.

—Rey Alfa Montero.

—Luna Valentina.

—En el lago... el abrigo...

—Llovía.

Otra vez.

La misma pared torpe.

Valentina lo observó.

—Y en el callejón, ¿también llovía?

Damián no respondió.

No hacía falta.

El silencio tenía forma de confesión.

Valentina inclinó la cabeza.

—Entonces gracias por pasar por tantos lugares donde llueve.

Subió al carruaje.

Cuando las ruedas comenzaron a moverse, Emilio se colocó junto a Damián.

—Lo descubrió.

—No lo sé.

—Le agradeció sus lluvias, Mi Rey Alfa.

Damián lo miró.

Emilio retrocedió tres pasos exactos.

—No diré nada más.

—Excelente decisión.

Dentro del carruaje, Valentina miró sus manos.

Seguían quietas.

Su loba no.

La loba se movía, viva, inquieta, como si la visita a Hacienda Montero hubiera abierto una ventana que llevaba años tapiada.

Sofía la observó.

—Mi señora, ¿está bien?

Valentina miró por la ventana.

En el corredor del despacho de Damián, antes de salir, había visto un segundo jarrón lleno de Flor de Luna Plateada.

La misma flor que apareció en su alféizar.

El corazón le dio un golpe lento.

—Su despacho —murmuró.

—¿Qué?

Valentina apoyó la mano sobre el pecho, donde la loba temblaba con una vida que ya no parecía prestada.

—Tiene flores de luna.

1
Alejandra Medina
por favor escritora continúa la 2da parte me encantó
Alejandra Medina
es una idiota y Sebastián un mal agradecido, que ya lo rechace
Patricia Ayala
ya es ritora cambiale , ya basta de mucha sumisión, así va estar toda la novela, puro sufrimiento 🤣
Petrona Arias Leon
ay si x después se pierdela secuecia
Esther Echegaray
esta hermosa la novela
Esther Echegaray
donde puedo leer la segunda parte? esta hermosos la novela
Leticia Baeza Vazquez
esa criada ya cae mal x metiche q odiosa q le pongan marido y deje de joder
Antonia Naranjo Galan
Esta tan poco tiene final😭😭😭😭
Alejandra Mabel Miño
porfisa actualización pronto 🥰
Leticia Baeza Vazquez
una loba covarde y una Sofía ablantina metiche q cae mal osea
Leticia Baeza Vazquez
no entiendo si ena loba de plata x q tiene una maldita loba débil q no sirve para nada asco
Maria Magdalena Martinez: Me encantan estás novelas cada una mejor que la otra
total 1 replies
Verito Onjaqui SeraviloSer
/Drool/
Maria Hernandez Ortega
No, bueno.....
que ganas de sufrir 💔
🙈
Ni una mirada, ni un poquito de cariño, ( por qué mucho imposible)
menos una corona 👑
merecen tanto 🪄
vamos mujer, para que tanto brinco estando el suelo tan parejo?
Norvis Padrino
Me encanta la novela
Norvis Padrino
En espera de la actualización,2da parte
Librada Aguilar
Hola! escritora tus historias muy hermosas espero no la dejes a medias veo q tienes 2 temporada
Adriana Montes de Oca
Marcos y Sofía son todo lo que está bien 🤣🤣🤣
Yinet Leonor
Me gusta el argumento
Adriana Montes de Oca
por fin alguien sensato y haciendo algo bien porque ya Catalina, la otra y la otra ya me tienen cansada 😒
Adriana Montes de Oca
estamos a mitad de la novela y está protagonista no piensa 😒 sufre y sufre y no aprende 🙄😒😒
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play