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La Hechicera Que Reencarnó En El Siglo XXI

La Hechicera Que Reencarnó En El Siglo XXI

Status: En proceso
Genre:Reencarnación / Magia / Superpoder
Popularitas:1.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Tatiana.

Mariam fue, en su época, la hechicera más poderosa, temida y adorada de todo el continente. Con un ego tan grande como su magia y una belleza que hizo caer a reyes y dioses por igual, vivió mil años disfrutando de su poder, su riqueza y su libertad. Cuando finalmente su cuerpo antiguo decidió rendirse, ella esperaba ascender a un plano superior o, al menos, descansar en un palacio de nubes digno de su grandeza. Pero el destino, que siempre ha tenido un sentido del humor cuestionable, le tenía preparada una sorpresa: despertó siglos después, en un mundo donde la magia parece haber desaparecido, donde hay cajas que hablan, carruajes que corren sin caballos y ropa que se lava sola. Para su sorpresa, no renació en una choza ni en un reino olvidado. Mariam volvió a la vida como la única hija de una de las familias más ricas e influyentes del siglo XXI: los De la Vega. Con padres que la adoran, le dan todo lo que pide y la miran como si fuera la luz del sol.

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Capítulo 15: Regreso triunfal

La mañana siguiente amaneció clara, brillante y con ese aire fresco que solo se respira en el campo. Los padres, descansados y de muy buen humor, empezaron a recogerlo todo con energía, comentando lo maravilloso que había sido el día anterior, lo bien que lo habíamos pasado y lo necesario que era desconectar de la ciudad de vez en cuando.

Yo, mientras doblaba mi manta con elegancia y mucho cuidado de no ensuciarme ni una sola uña, soltaba suspiros dramáticos cada vez que alguien me preguntaba qué tal me había ido.

—¡Terrible! —exclamé, mientras me acomodaba el cabello frente a un espejo pequeño que siempre llevaba conmigo—. Una experiencia… dura, de verdad. Dormir en el suelo, con esas cosas que llaman colchones inflables que se desinflan a la mitad de la noche. Despertar con el sol en la cara porque no hay cortinas. Comer en platos de plástico. Caminar entre tierra, hojas y bichos… ¡Bichos, Alexandro! ¿Te acuerdas? Había uno que parecía un pequeño monstruo y que me miraba como si yo fuera su próximo almuerzo. Fue una prueba de resistencia, eso es lo que fue. Una verdadera hazaña haber sobrevivido.

Hablaba alto, para que mis padres también lo oyeran, poniendo cara de sufrimiento y de mártir, como si acabara de volver de una expedición al fin del mundo y no de un fin de semana agradable y tranquilo. Pero mientras hablaba, mis ojos brillaban, mis movimientos eran ágiles y ligeros, y por dentro, muy en el fondo, sentía una alegría cálida y nueva que no se parecía a nada de lo que había sentido antes.

Me acordaba del bosque que había transformado, de las flores gigantes, de la luz dorada que yo había creado. Me acordaba de esa sensación extraña y profunda al tocar la corteza de los árboles y entender su vida. Y, sobre todo, me acordaba de la noche, sentados juntos en la oscuridad, bajo la luna, contándonos todo lo que éramos, todo lo que habíamos sido. Me acordaba de sus palabras: "Siempre he estado ahí". Y de su mano sosteniendo la mía.

—Sí, fue muy duro, sin duda —dijo Alexandro detrás de mí, con esa voz suya que ahora me sonaba diferente, más cercana, más íntima.

Me giré rápido hacia él, esperando ver esa sonrisa de burla que siempre ponía cuando yo exageraba las cosas. Pero esta vez no. Alexandro estaba de pie, con la mochila al hombro, el cabello un poco alborotado por el viento y esa tranquilidad infinita que lo caracterizaba. Y me miraba.

Me miraba de una forma que me hizo detenerse en seco, con la palabra a medio decir y el espejo a medio camino del bolso. Ya no me miraba como a la compañera caprichosa a la que hay que vigilar. Ni como a la hechicera poderosa que necesita ser guiada. Me miraba con todo lo que sabía ahora. Me miraba viendo a la reina de tiempos antiguos, viendo a la mujer que había brillado en mil épocas, viendo al alma antigua que había caminado a su lado desde el principio de los tiempos.

Sus ojos oscuros me recorrían lentamente, con una mezcla de adoración absoluta, de complicidad silenciosa y de un cariño profundo que me hizo sentir que el aire se me quedaba atascado en el pecho. No había burla, ni regaño, ni sorpresa. Solo… reconocimiento. Como si estuviera viendo llegar a casa a alguien que había estado esperando toda la vida.

—Una experiencia terrible, sí —repitió él, sin apartar la vista de mí, con una sonrisa pequeña y tierna que solo yo entendía—. De esas que dejan huella, ¿verdad? De las que no se olvidan jamás.

Me puse roja, no de rabia como otras veces, sino de esa forma cálida y extraña que solo él lograba provocarme. Bajé la vista un segundo, arreglando algo que no necesitaba ser arreglado, para disimular el revuelo que se había formado en mi estómago.

—Bueno… —murmuré, recuperando un poco de mi altivez y enderezando la espalda—. Terrible, pero… interesante. Supongo. Al menos pude poner un poco de orden y belleza en ese lugar tan salvaje. Y… bueno, tampoco fue tan insoportable tenerte cerca. Como siempre. A veces eres útil.

Alexandro soltó una risa bajita, esa que yo ya conocía tan bien, y se acercó lo suficiente para que solo yo lo oyera. —Gracias, majestad —me susurró con respeto fingido, pero con una ternura real que se colaba en cada palabra—. Me alegra saber que mi presencia no arruinó por completo su gran aventura.

El viaje de regreso a la ciudad pasó volando. Mis padres y los de Alexandro iban delante, charlando animadamente sobre cuándo podríamos repetir la experiencia. Yo iba sentada junto a la ventanilla, mirando cómo el paisaje verde del campo se iba transformando poco a poco en las calles, los edificios, el asfalto y el ruido de la ciudad.

Por un momento, sentí una extraña sensación de despedida. Como si hubiera dejado una parte de mí allá atrás, entre los árboles antiguos y las flores que yo había hecho crecer. Pero luego sentí el calor de Alexandro a mi lado, su hombro rozando el mío, su silencio lleno de cosas que ya no necesitábamos decirnos, y supe que lo más importante no se había quedado en el bosque. Lo llevaba conmigo. Lo llevaba a él.

De vez en cuando, lo miraba de reojo. Y cada vez que lo hacía, él ya me estaba mirando. Y cada vez, esa mirada suya me desarmaba un poco más. Ya no había secretos entre nosotros. Ya no había barreras. Yo sabía que él era mucho más que un chico guapo y serio. Él sabía que yo era mucho más que una chica rica y caprichosa. Y esa verdad compartida creaba un lazo invisible, fuerte y brillante que nos unía más que cualquier amistad, más que cualquier amor de los que se cuentan en los libros.

Cuando llegamos a mi casa, bajamos las maletas y nos despedimos en la puerta. Nuestros padres se dieron besos y abrazos, planeando nuevas reuniones, nuevos viajes, nuevas ocasiones para estar juntos. —Ha sido un fin de semana maravilloso —dijo mi madre, muy contenta—. ¿Verdad, hija?

Sonreí, esta vez una sonrisa verdadera, amplia y radiante. —Sí, mamá —respondí, sin apartar la vista de Alexandro, que me devolvía la sonrisa con esa mirada nueva y profunda—. Ha sido maravilloso. Aunque, claro, la naturaleza está muy bien, pero… qué alegría volver a tener comodidades, lujos y todo lo que merezco. Ya era hora de volver a mi mundo, ¿no crees, Alexandro?

Él asintió, apoyado en el coche, con las manos en los bolsillos, mirándome mientras yo me erguía con toda mi elegancia y mi orgullo habitual, la reina que regresaba a su reino. —Sin duda —respondió él, con voz suave y segura—. El mundo siempre es mucho mejor cuando tú estás en él, Mariam. Y mucho más interesante. Ahora que hemos vuelto… tengo la sensación de que las cosas van a ser muy diferentes a partir de ahora.

Le lancé un beso al aire, muy digna, y me di la vuelta para entrar en casa, pero antes de cruzar la puerta, me detuve un segundo y le hablé por encima del hombro, con esa malicia y esa brillantez que siempre me caracterizaban. —Diferentes y mucho más divertidas, querido. Porque ahora ya sabes quién soy. Y ahora yo sé quién eres tú. Y eso… eso cambia todas las reglas del juego.

Entré en casa, subí corriendo a mi habitación y me lancé sobre la cama, mirando al techo con una sonrisa que no podía borrar. Afuera, Alexandro se quedó un momento más, mirando la puerta que se había cerrado, guardando en su memoria la imagen de su compañera de siempre: la hechicera más poderosa, la mujer más brillante, la única alma que había recorrido el tiempo a su lado.

—Sí —murmuró él para sí mismo, mientras se subía de nuevo al coche—. Regresas triunfal, como siempre. Y esta vez, por primera vez en mucho tiempo, tú también sabes que no estás sola en tu trono.

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😍Jacky😘💓✨
es prepotente, engreída e inmadura, tenía que nacer en una familia pobre para que valorará todo y ser más humilde.. tiene que aprender😏
Nadezhda
Inmadura
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