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El Harén De Aiko

El Harén De Aiko

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía / Harén Inverso / Mujer poderosa
Popularitas:1.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Darianrb

Muchos hombres en un Harén. Un trono y un corazón que no sabe a quién elegir. En el Reino del Sol Naciente, las mujeres gobiernan y los hombres sirven. Aiko es una princesa destinada a convertirse en emperatriz (Jotei) y, como manda la tradición, recibirá a tres consortes para empezar a formar su futuro harén.
Cada uno es diferente. Cada uno tiene sus propios secretos. Y cada uno podría ocupar un lugar distinto en el corazón de la futura emperatriz.
Pero Aiko pronto descubrirá que elegir a quién amar puede ser mucho más difícil que elegir a un compañero con quién gobernar.

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Llega la jotei

Por la mañana, la simpleza se terminó de golpe.

Bajó al salón principal siguiendo el rumor de voces, y lo que encontró la dejó paralizada en la entrada. Todo el espacio, que hasta el día anterior era suyo —vacío, silencioso, apenas usado— estaba ahora lleno de gente: nobles, sirvientes, una decena de consortes de su madre repartidos contra las paredes con la misma quietud entrenada, y en el centro, sobre el trono que Aiko jamás se había animado a ocupar, la Jotei, su madre, resolviendo asuntos de estado como si llevara ahí toda la vida.

Junto al trono, arrodillado, un joven sostenía con ambas manos las piernas de la Jotei, sirviendo de apoyo mientras ella firmaba pergaminos sin siquiera mirarlo. A Aiko se le revolvió el estómago. 'Yo nunca haría eso', pensó, con una convicción que la sorprendió a ella misma.

Se quedó de pie, a un costado, sin que nadie la invitara a sentarse, escuchando a su madre zanjar una disputa de tierras con una frialdad quirúrgica, mientras Hiroshi le susurraba datos al oído entre pergamino y pergamino.

Fue entonces cuando los vio.

A la izquierda del salón, arrodillados en fila con la misma postura formal que el resto de la corte, estaban Ryu, Ren, Kaito e Itsuki. Sus consortes, expuestos ahí como piezas de exhibición frente a toda la corte de su madre.

El pánico le subió por el pecho antes de que pudiera contenerlo. Buscó los ojos de Itsuki, esperando encontrar ahí algo de la calma de la noche anterior, alguna señal de qué hacer. Pero él los tenía bajos, como los demás. Kaito también. Nadie se atrevía a mirar de frente en esa sala.

Ren, en cambio, tenía los hombros tensos de una manera que a Aiko le resultó desconocida. Nervioso. Vulnerable, de un modo que nunca lo había visto ni siquiera en sus peores momentos con ella.

'Voy a pedirle a las chicas que los cuiden', pensó Aiko, casi sin darse cuenta de que ya estaba planeando apostar a Mei, a Hana, a quien fuera necesario, cerca de cada uno de ellos. Sobre todo cerca de Ren.

Fue peor de lo que esperaba.

—Tú —dijo la Jotei, sin siquiera levantar la voz, señalando directamente a Ren con un gesto mínimo—. Acércate. Ren se puso de pie y caminó hasta el centro del salón, arrodillándose de nuevo apenas llegó frente al trono, con la cabeza gacha. Aiko sintió que se le cortaba la respiración.

—Dime, ¿tu madre te enseñó a comportarte así de callado? —preguntó la Jotei, con un tono que fingía curiosidad casual, aunque cada palabra sonaba calculada—. ¿O fue algo que aprendiste después?

—No... no la recuerdo bien, Su Majestad —respondió Ren, con la voz apenas firme.

—Qué lástima —dijo la Jotei, sin ninguna lástima real en la voz—. Imagino que hay muchas cosas de tu familia que preferís no recordar.

Un silencio pesado cayó sobre el salón. Aiko apretó los puños, sin entender del todo el trasfondo de esas preguntas, pero sintiendo con claridad el filo debajo de cada una. Kaito, por otro lado, tenía una ligera sonrisa en su rostro, como si estuviera disfrutando el mal momento de su rival.

—Ve a que te acomoden la ropa, está desprolijo —agregó la Jotei finalmente, como si el interrogatorio no hubiese sido más que un trámite menor, señalando a una de las doncellas del propio palacio de Aiko.

La doncella se acercó de inmediato, tironeando de la tela del hombro de Ren, ajustándole el cuello de la túnica con dedos ligeros que se demoraron, para el gusto de Aiko, bastante más de lo necesario en su costado.

Algo en el pecho de Aiko se encendió de golpe, caliente e irracional. No apartó la vista de esa mano sobre la tela, sobre la piel apenas visible del hombro de Ren, hasta que la audiencia terminó y su madre por fin la llamó aparte.

La Jotei la llamó a su lado recién al final de la audiencia, cuando el salón ya se había vaciado casi por completo.

—Tu Ren —dijo, sin preámbulos, mirando al frente en vez de a su hija—. Ya te lo dije una vez, ¿o tal vez no? No puede ser tu esposo.

—Madre, no entiendo por qué...

—No hace falta que entiendas. —La Jotei se giró, por fin, con esa mirada que no dejaba resquicios—. Es el típico consorte que sirve para sacarse las ganas, Aiko. No para marido. Su familia ya no tiene ningún poder, ninguna influencia que valga la pena atar a la corona. Ryu, en cambio...

Aiko sintió que algo se le revolvía por dentro, un asco silencioso que no se animó a mostrar en la cara. 'Cosificarlo así', pensó, apretando los puños contra la tela del kimono. Como si fuera un objeto y no una persona.

—Gracias, madre —fue lo único que logró decir, con la voz más firme de lo que se sentía por dentro.

La Jotei no insistió. Se limitó a asentir, como quien da por cerrado un asunto ya resuelto, y se retiró del salón sin mirar atrás.

Apenas pudo, Aiko bajó los escalones del estrado casi corriendo, buscando primero a Mei y después a Hana entre lo que quedaba de la comitiva.

—Llevenselos —les pidió, en voz baja pero urgente—. A los tres. No quiero que sigan expuestos aquí ni un minuto más.

Y antes de que nadie pudiera moverse, ella misma cruzó el salón hasta donde estaba Ren, todavía de pie, todavía con la túnica recién acomodada por manos ajenas. Sin decir una palabra, le desarregló el cuello de un tirón, deshaciendo el trabajo de la doncella, y volvió a ajustarlo ella misma, despacio, revisando cada pliegue de la tela como si necesitara comprobar con sus propios dedos que nadie más había dejado nada ahí.

—Así está mejor —murmuró, sin mirarlo del todo a los ojos, todavía con el eco de esos celos ardiéndole por dentro, mientras le inclinaba apenas la cabeza a un costado para revisarle el cuello, buscando —un poco absurdamente, aunque no podía evitarlo— alguna marca que la doncella pudiera haber dejado ahí sin que ella lo notara.

—Princesa. ¿Tiene un minuto?

La voz grave de Ryu la sacó de golpe de su inspección. Estaba de pie a pocos pasos, con esa quietud imponente de siempre, como si llevara ahí un buen rato esperando.

—Ahora estoy en algo importante —respondió Aiko, sin siquiera girarse del todo, todavía con los dedos en el cuello de la túnica de Ren.

—Por favor. Insisto.

Algo en ese tono —tan calmo, tan seguro de que iba a conseguir lo que pedía— terminó de colmarla. Aiko se dio vuelta despacio, y la mirada que le dedicó llevaba más odio del que hubiese querido admitir, aunque en el fondo sabía que no era del todo culpa de Ryu: era su madre, era la audiencia, era la doncella y sus dedos demorados, todo mezclado en la única persona que en ese momento tenía la mala suerte de estar parada frente a ella.

—¿Qué —dijo, con una frialdad que no era propia de ella— podría ser tan urgente?

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Eigtone
Autora espero con ansias el siguiente capítulo, todo se esta poniendo increíble....
Darian RB🌹: se vienen más capítulos pronto perdón las demoras
total 3 replies
Eigtone
Me gusta, me llena de curiosidad que es lo que pasara más adelante. Y la princesa lo tendrá muy difícil...😉 para elegir...
Darian RB🌹: Gracias por leerme🥰 y esto se pondrá picante, te aviso 🔥😏
total 1 replies
Xaomii
:)
Xaomii
🔥🔥🔥
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