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MARIONETA

MARIONETA

Status: Terminada
Genre:CEO / Completas
Popularitas:594
Nilai: 5
nombre de autor: Marilinaa

Antonia Valentini es una talentosa actriz de teatro que ha conquistado al público con su impecable interpretación de cada personaje. Su belleza, dulzura y noble corazón la convierten en una mujer admirada por todos los que la conocen. Lejos del brillo de los escenarios, dedica su vida a cuidar de su madre enferma y a apoyar a su hermano menor, Lorenzo Valentini, quien cursa su último año de instituto. El salario que recibe apenas alcanza para cubrir los medicamentos de su madre y los estudios de Lorenzo, pero jamás se ha rendido.

Su tranquila existencia cambia por completo cuando Aaron De Santis, el frío e implacable CEO de una de las corporaciones más poderosas del país, se convierte en el nuevo patrocinador del teatro donde ella trabaja.

NovelToon tiene autorización de Marilinaa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 7

Antonia terminaba de guardar sus guiones en la mochila cuando vio aparecer a una mujer de una belleza deslumbrante, vestida con un traje de seda color marfil y joyas que brillaban incluso en la penumbra del pasillo trasero. Reconoció al instante a Irina Bellandi: la mujer que había estado junto a Aarón aquella noche en el palco.

—Usted debe ser la famosa Antonia Valentini —dijo Irina, acercándose con una sonrisa perfecta pero vacía, extendiendo una mano enguantada que Antonia apenas rozó—. Soy Irina Bellandi. Prometida de Aarón De Santis.

—Señorita Bellandi… no sabía que vendría por aquí —respondió Antonia, sintiendo cómo la tensión se apoderaba de su cuerpo.

—He venido a ver cómo marchan las cosas en el teatro que pronto estará bajo mi nombre también —repuso ella con naturalidad, recorriendo a Antonia de arriba abajo con una mirada que mezclaba desprecio y advertencia—. Y claro… quería conocer a la mujer que ha llamado tanto la atención de mi futuro esposo.

Antonia sintió que el rostro se le encendía de la vergüenza.

—Yo no he buscado llamar la atención de nadie, se lo aseguro. Solo hago mi trabajo.

—¿Tu trabajo? —Irina soltó una risita suave y cortante—. Claro, querida. Todos decimos lo mismo cuando empezamos. Pero déjeme decirle algo que quizás nadie se ha atrevido a explicarle: Aarón consigue siempre lo que quiere. Siempre. No le importa el precio, ni quien quede por el camino. Y ahora… te quiere a ti.

—Yo no soy un objeto que se pueda querer o dejar cuando se le antoje —replicó Antonia, recuperando un poco de su voz, aunque le temblaban las manos.

—¿Ah no? —Irina dio un paso hacia ella, bajando el tono de voz hasta volverlo un susurro helado—. Entonces ¿qué eres? ¿Crees que él te ama? ¿Crees que dejará todo lo que ha construido, su nombre, su familia, su compromiso conmigo… por una actriz sin fortuna ni apellidos? Por favor, sea sensata. Eres solo un pasatiempo. Una novedad que le ha llamado la atención por unos días.

—No sé qué intenciones tenga él, pero yo no he pedido nada —respondió Antonia, sintiendo que las lágrimas amenazaban con salir.

—Y por eso mismo debes saber cuál es tu lugar —cortó Irina con firmeza, perdiendo por completo su falsa amabilidad—. Tú estás abajo. Él está arriba. Y yo… soy la que estará a su lado cuando se le pase el capricho. Así que te aconsejo que no te ilusiones, que no te creas especial. Haz lo que él te pida, cierra la boca, cobra lo que te dé y desaparece cuando él se aburra. Es lo único sensato que puedes hacer.

Antonia apretó los labios, sintiéndose pequeña, sucia y acorralada.

—¿Y si él no se aburre? —se atrevió a preguntar, con un hilo de voz.

Los ojos de Irina brillaron con dureza.

—Entonces te aseguro que te arrepentirás de haber nacido. Porque yo conozco a Aarón mejor que nadie. Y cuando se canse de jugar contigo… te tirará a la basura sin mirar atrás. Y yo estaré ahí para recoger los pedazos de su orgullo. No intentes superarme, muchacha. Yo soy la dueña de su futuro. Tú solo eres un error pasajero.

Sin esperar respuesta, Irina le dio la espalda y caminó con paso firme hacia la salida, dejando a Antonia sola en el pasillo frío, comprendiendo que no solo estaba atrapada por Aarón… sino que también tenía enfrente a una mujer dispuesta a destruirla para no perder lo que creía suyo.

Antonia se quedó inmóvil, sintiendo cómo las palabras de Irina le caían encima como piedras pesadas. Alzó la mirada y sostuvo sus ojos, con una dignidad que intentaba no desfallecer.

—Usted habla de él como si fuera una posesión —dijo ella, con voz firme a pesar del nudo en la garganta—. Como si tuviera derecho a decidir quién entra y quién sale en su vida. ¿No se da cuenta de que si él está dispuesto a hacer esto… es que tampoco la respeta a usted?

Irina soltó una carcajada seca, carente de cualquier rastro de humor, y se apoyó contra la pared de piedra del pasillo, mirándola de arriba abajo con una mezcla de lástima y desprecio.

—¡Qué ingenua eres! —respondió, mordiendo cada palabra—. Aarón De Santis no está hecho para amar, querida. Está hecho para dominar. Y yo lo sé mejor que nadie. He estado a su lado durante tres años. He aprendido que para estar con él hay que saber callar, saber ceder, saber cuándo mirar hacia otro lado. Tú crees que eres diferente, ¿verdad? Crees que tu dulzura o tus ojos llorosos van a cambiar lo que él es. Pues te aseguro que solo estás cavando tu propia tumba.

—Yo no quiero cambiarlo —replicó Antonia, con los ojos brillantes de indignación—. Yo solo quiero que me deje en paz. Que deje en paz a mi familia.

—Pero no te dejará —cortó Irina, acercándose un paso más hasta que sus rostros quedaron a muy poca distancia—. Porque él nunca suelta lo que agarra. Y ahora te ha agarrado a ti. Así que escúchame bien una sola vez: no intentes jugar con fuego si no quieres quemarte. No te atrevas a pedirle cosas que no te corresponden, no intentes ocupar mi lugar, y sobre todo… no te ilusiones ni por un segundo con que él te quiera. Porque cuando termine contigo, no quedará ni cenizas. Y yo estaré ahí, limpiando el desastre que habrás causado.

Antonia sintió que la sangre le hervía en las venas.

—¿Y usted qué hace? ¿Se queda ahí sentada esperando a que él se canse de mí para volver a ser su sombra? ¿Eso es lo que llama amor?

El rostro de Irina se endureció al instante, perdiendo toda su falsa elegancia.

—Yo lo que hago es conservar lo que me pertenece —siseó, agarrando a Antonia suavemente pero con fuerza del brazo—. Y te advierto: si haces algo que ponga en riesgo mi compromiso, si vas y te quejas, o si intentas buscar ayuda fuera… seré yo quien se encargue de que te arrepientas de haber nacido. ¿Quedó claro? Tú eres un pasatiempo. Yo soy la señora. Y nunca lo olvides.

Soltó su brazo de golpe, como si el contacto con ella le ensuciara las manos, y acomodó sus guantes de seda con calma fingida.

—Ahora vuelve a tus ensayos, querida. Y obedece. Es lo único que sabes hacer bien.

Dicho esto, Irina dio media vuelta y se marchó caminando con paso triunfal, dejando tras de sí un rastro de perfume caro y una atmósfera cargada de amenazas. Antonia se quedó sola en el pasillo vacío, apretando los puños hasta que le dolieron las palmas, comprendiendo que no solo tenía que luchar contra Aarón… sino también contra una mujer dispuesta a todo por mantener su estatus.

—Nadie me va a ayudar —susurró al vacío, con una lágrima solitaria rodando por su mejilla—. Estoy completamente sola.

 

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