NovelToon NovelToon
LAS LINEAS RECTAS DE TU HISTORIA

LAS LINEAS RECTAS DE TU HISTORIA

Status: Terminada
Genre:Reencuentro / Apoyo mutuo / Amor de la infancia / Romance / Completas
Popularitas:1.1k
Nilai: 5
nombre de autor: SIKEVALEN

Tras la trágica muerte de sus padres, Tom llega destrozado al orfanato de Santa María. Allí encuentra una luz en la pequeña Alesandra. Unidos por la soledad, los niños se vuelven inseparables y sellan una promesa inquebrantable bajo el solsticio: un día se casarán. Sin embargo, las leyes separan sus caminos; él se marcha a los 18 años hacia la capital financiera y ella es adoptada por una familia en España.
Diez años después, Tom regresa convertido en el temido "especialista de los números" de Londres, un multimillonario implacable dispuesto a usar todo su poder para encontrarla. Cuando un peligroso sindicato criminal ataca a la familia de Alie en Madrid, los hilos del destino colisionan. En mitad de un peligro mortal y secretos de sangre, el hombre de piedra arriesgará su imperio para blindar la vida de su única constante. ¿Podrán los lienzos del pasado vencer las sombras del mañana?

NovelToon tiene autorización de SIKEVALEN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 23. DOBLES INTENCIONES

La tensión que flotaba entre Tom y Alie en la sala de juntas fue interrumpida de forma oportuna por el carraspeo de Elisa Peña. La redactora de cultura de El Eco Local, lejos de dejarse intimidar por el lujo minimalista de la sucursal de la Castellana o la imponente presencia del especialista de los números, dio un paso al frente ajustándose las gafas y encendiendo de manera decidida su grabadora digital.

—Bueno, caballeros —anunció Elisa, clavando sus ojos vivaracheros primero en Tom y luego en el joven rubio que permanecía junto a la terminal informática—. Si la inyección patrimonial de diez millones de euros es una simple inversión en la verdad, como dice el señor Thomas, nosotras estamos encantadas de registrar sus declaraciones. Pero supongo que el director de tecnología también tendrá mucho que decir sobre la infraestructura digital que planean desplegar en Madrid.

Gustav abandonó su postura seria y una sonrisa deslumbrante, cargada de una confianza desbordante, iluminó sus facciones. Se separó de la pantalla de titanio y avanzó hacia Elisa con pasos seguros, abrochándose el botón superior de su chaqueta gris a medida. El informático había estado observando el dinamismo y la valentía de la periodista rizada desde la pista del aeropuerto, y su presencia le resultaba un soplo de aire fresco en mitad de la frialdad corporativa que solía rodearlos.

—La infraestructura digital, señorita Peña, es mi especialidad absoluta —respondió Gustav, deteniéndose a escasos centímetros de ella y ofreciéndole una mirada perspicaz que hizo que Elisa arqueara una ceja—. El software que hemos desarrollado en Londres no solo analiza el riesgo de los mercados a tiempo real, sino que es capaz de blindar redes de comunicación enteras frente a cualquier intrusión externa. De hecho, ya he aplicado un parche de encriptación de seguridad en los servidores de su periódico esta mañana. Ningún hacker, por muy financiado que esté por organizaciones criminales locales, podrá borrar una sola línea de los archivos de investigación de El Eco Local.

Elisa lo miró fijamente, procesando la información técnica a gran velocidad. Su mente periodística detectó de inmediato la doble intención detrás de las palabras de Gustav: el informático no solo estaba hablando de negocios; les estaba confesando, de forma sutil y privada, el nivel de control y protección cibernética que acababa de desplegar sobre ellas tras el atentado sufrido por Rodolfo.

—Vaya... un especialista en blindajes —replicó Elisa con una sonrisa audaz, sosteniéndole la mirada con un descaro que divirtió profundamente a Gustav—. Parece que en la City de Londres se toman muy en serio la seguridad de sus inversiones, señor... ¿Gustav, verdad? Me pregunto si sus algoritmos predictivos también son capaces de anticipar las reacciones de una redacción de provincias que no está acostumbrada a que unos caballeros ingleses le organicen la vida digital.

—Mis algoritmos son infalibles con los números, señorita Peña —aseguró Gustav, inclinándose levemente hacia ella con una chispa de diversión en sus ojos claros—, pero confieso que el comportamiento humano de las periodistas madrileñas es una variable sumamente fascinante que requiere un estudio de campo mucho más detallado y... presencial. Si le parece bien, podríamos discutir las cláusulas de ese blindaje digital analizando los datos frente a una cena esta misma noche.

Elisa sintió una ligera corriente eléctrica recorrerle el estómago ante la audacia del informático. No estaba acostumbrada a que los ejecutivos del entorno financiero la desafiaran con ese carisma tan directo.

—Eso suena a una propuesta de infiltración informática en toda la regla, señor Gustav —bromeó Elisa, aunque anotó de inmediato una estrella en su bloc de notas, delatando su interés—. Pero acepto el estudio de campo. Al fin y al cabo, la dirección en funciones de mi periódico me exige verificar la solvencia técnica de nuestros nuevos socios mayoritarios.

Mientras el diálogo carismático y las primeras chispas románticas se consolidaban entre la redactora y el informático en un rincón de la sala, Tom aprovechó la distracción para desviar la atención de Alie de manera definitiva. El joven CEO dio un paso lateral, colocándose entre la muchacha de la gabardina beige y el resto del grupo, reduciendo el espacio vital hasta obligarla a fijar sus inmensos ojos azules únicamente en él.

—Su amiga parece comprender el valor de una alianza estratégica, Alesandra —comentó Tom con su habitual voz ronca y pausada, manteniendo una fijeza gélida que hizo que Alie diera un sutil paso hacia atrás, topando con el borde de la mesa de cristal oscuro.

—Elisa es una excelente periodista, señor Thomas —respondió Alie, sintiendo que el perfume a cedro y madera del economista volvía a nublarle las defensas profesionales—. Pero yo sigo sin comprender por qué arriesga el capital de su firma en una guerra criminal que no le pertenece. La mafia inmobiliaria que atacó a mi padre es peligrosa. Si ustedes interfieren financiando nuestras rotativas, se convertirán en su próximo objetivo en Madrid.

Tom se apoyó levemente contra el borde de la mesa, cruzando los brazos sobre el pecho. La cercanía física era tan intensa que Alie podía registrar el sutil destello verde en las pupilas del economista. El especialista de los números se negó a seguir utilizando la máscara corporativa ante la mujer que llevaba buscando siete años.

—Los números me enseñaron que ningún peligro es absoluto si sabes controlar las variables, Alie —dijo Tom en un hilo de voz grave, utilizando por primera vez en la adultez su diminutivo de la infancia con una familiaridad que provocó un vuelco violento en el pecho de la joven.

Alie abrió los ojos de par en par, parpadeando con absoluta sorpresa. Aunque Elisa utilizaba ese mismo diminutivo a diario en la redacción, escucharlo de los labios del CEO británico, con ese timbre grave, pausado y ligeramente ronco, activó una frecuencia oculta en su alma. No era el nombre en sí lo que la desarmaba, sino la cadencia exacta con la que él lo pronunciaba.

—¿Cómo me ha llamado? —susurró Alie, sintiendo que el suelo de la Castellana empezaba a balancearse bajo sus pies.

—Alie —repitió Tom con una solemnidad inquebrantable, inclinándose hacia ella hasta que su aliento rozó su mejilla—. Hay personas que pasan la vida entera tratando de trazar líneas rectas en sus cuadernos de dibujo, temiendo que el edificio se caiga si cometen un error de perspectiva. Pero a veces, solo necesitan una brújula. O alguien que las guíe desde fuera del bosque de niebla.

Las palabras impactaron en la mente de Alie con la violencia de una revelación mística. Las metáforas literarias, la referencia exacta a las líneas rectas de los ventanillas y el cuento del caballero del bosque que ella misma había escrito en sus hojas sueltas del orfanato inglés catorce años atrás se materializaron en su cerebro de golpe. La armadura de tinta y papel que se había construido en España para proteger el fantasma de su infancia se agrietó por completo. Clavó su mirada azul en la verde de Tom, y las facciones angulosas del imponente CEO se fundieron en un milisegundo con el rostro del muchacho de diez años que lloraba su duelo en el dormitorio de Santa María.

—¿Tom...? —articuló Alie en un susurro ahogado, sintiendo que las lágrimas, tantas veces contenidas, amenazaban con desbordarse ante el regreso definitivo de su brújula.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play