Guiada por sueños inquietantes, Elara cruza el límite prohibido y encuentra a Kael, el hombre que ha visto en sus visiones. Lo que parece un encuentro imposible revela un lazo antiguo entre Luz y Sombra, despertando una profecía capaz de traer salvación... o destrucción. ✨🌙
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Capítulo 15 — El Eco del Mundo Roto
Kael:
El camino se volvió más angosto conforme avanzábamos entre formaciones rocosas que parecían hechas de cristal quemado. Cada una reflejaba nuestro paso con destellos rojos y azulados, como si el mundo mismo respirara a través de esas grietas. El sonido era extraño: un susurro constante, como si voces atrapadas bajo la superficie intentaran hablar.
Elara caminaba a mi lado, envuelta en el resplandor suave de los lumain. Desde que Sarem apareció, la tensión en mi pecho había aflojado, pero no desaparecido. Este mundo tenía algo que no podía describir… como si estuviera vivo y consciente de nuestra presencia.
Sarem avanzaba unos pasos delante de nosotros. Su bastón emanaba una luz dorada tenue, marcando un sendero invisible que solo él parecía ver.
—Este plano se creó por accidente —explicó mientras caminábamos—. Cuando dos grandes fuerzas chocaron en tiempos antiguos, partieron un fragmento de la realidad. Aquí confluyen grietas de mundos que jamás debieron tocarse.
Elara frunció el ceño.
—¿Entonces… es un refugio o una trampa?
Sarem se detuvo, giró el rostro hacia nosotros y elevó una ceja con ese gesto que conocía desde siempre.
—Depende de cómo sepan moverse dentro de él —contestó.
Mi mandíbula se tensó.
—Habla claro, maestro. ¿Cuánto tiempo estaremos aquí?
Sarem suspiró suavemente.
—Hasta que su vínculo, y lo que viene con él, deje de emitir esa vibración inestable. No puedo abrir otro portal estable si el poder dentro de Elara sigue fluctuando.
Miré a Elara. Sus manos reposaban sobre su abdomen de forma protectora, y su aura brillaba como una llama cubierta por un cristal.
El impulso de acercarla más a mí fue inmediato. Ella lo percibió y se pegó a mi costado, respirando hondo.
—Kael… —susurró— estoy bien. Solo… siento mucho más de lo que antes sentía. Este mundo amplifica mis sentidos.
Sarem asintió.
—Por eso deben avanzar con cuidado. Este plano responde a emociones intensas. No duden, no se separen… y sobre todo, no teman.
—Difícil cuando alguien que ha vivido siglos nos dice eso —respondí con un gruñido bajo.
Sarem sonrió con un gesto cansado.
—Lo digo en serio, Kael. Este mundo se alimenta de la energía que recibe. Si sienten miedo, él lo convertirá en algo tangible.
Elara apretó mi mano.
—Entonces mantengamos el vínculo firme —dijo con voz suave.
El grifo caminó detrás de nosotros, olfateando el aire como si algo lo inquietara. Sus alas de bruma se erizaban cada tanto, señal de que había presencias cercanas que no podíamos ver.
Un escalofrío me recorrió la espalda.
—¿Qué es ese sonido? —pregunté.
Elara levantó la cabeza.
Un murmullo lejano.
Lamento… canto… susurro… era imposible distinguirlo.
Los lumain se pusieron rígidos, pegándose a su cabello.
Sarem levantó el bastón.
—Deténganse un momento.
Obedecimos.
El aire cambió de temperatura de golpe, pasando de tibio a helado en un parpadeo.
Y lo vimos.
Una luz blanca entre las rocas.
Moviéndose.
Flotando.
Susurrando.
Una figura… pequeña al principio.
Pero a medida que se acercaba, su forma se hizo más clara.
Parecía un ser de humo y luz combinados, como si su cuerpo estuviera hecho de recuerdos. No tenía rostro definido, pero sí la silueta de un espíritu humanoide.
Elara dio un paso adelante, instintivamente atraída por esa presencia. La tomé del brazo inmediatamente.
—Es peligroso —le dije.
—No lo siento así —respondió ella, con una calma que me inquietó.
Sarem alzó una mano.
—No la detengas, Kael. No si el espíritu la llama.
—¿Qué? —rugí.
—Este plano contiene almas que quedaron suspendidas, ecos de seres que no pudieron volver a sus mundos. Algunos buscan consumir energía… otros buscan guía.
Elara volvió a avanzar. El espíritu se inclinó hacia ella, como un niño acercándose a una llama.
La luz que emanaba de la figura reflejó el aura de Elara… y algo más.
Un latido.
No de su corazón.
Uno más pequeño.
Más nuevo.
El espíritu retrocedió, temblando como si sintiera un calor demasiado fuerte.
—Kael… —susurró Elara, llevándose una mano a la boca—. Lo sintió.
—¿Qué sintió exactamente? —pregunté, acercándome.
Ella tragó saliva.
—La vida que llevo. La reconoció como algo… sagrado.
El espíritu se volvió frágil como una nube. Luego se deshizo en un hilo de luz que se perdió en el aire.
Sarem golpeó suavemente el suelo con su bastón.
—Ese pequeño dentro de ti es un faro, Elara. Incluso los ecos de otros mundos pueden percibirlo. No solo la oscuridad lo busca. También aquellos que… desean luz.
Kael sintió un temblor involuntario dentro de su pecho. Y sabía que no provenía de él.
Elara respiró hondo, su mano en mi brazo.
—Sigamos —dijo con determinación.
Y así lo hicimos.
Elara:
Caminamos durante un tiempo que no pude medir. Este plano no tenía sol, ni luna, ni sombras reales. Todo parecía existir en un estado eterno entre día y noche.
Pero mientras avanzábamos, comencé a sentir algo.
Un tirón suave hacia un punto específico.
Como si el mundo me estuviera guiando.
—Kael —susurré, apretando su mano—. Hay algo allí.
Él no dudó ni un segundo.
—Entonces iremos.
Sarem nos siguió, observando mis pasos con atención.
Sabía que algo dentro de mí se estaba amplificando en este plano.
Y yo también lo sentía: mi magia no solo respondía… se transformaba.
El grifo se adelantó, y de pronto se detuvo de golpe, extendiendo sus alas hacia los costados para bloquear el paso.
Kael levantó su arma.
—¿Qué ocurre?
El aire frente a nosotros comenzó a ondularse como si una mano invisible agitara el espacio.
Y algo emergió.
Un hombre.
Alto.
Con cabello oscuro y piel plateada.
Sus ojos… eran completamente negros, sin brillo, como pozos infinitos.
Era un soldado de sombra… pero diferente.
Más sólido.
Consciente.
Kael se tensó.
—Creí que esta grieta protegía de la oscuridad —dijo con un gruñido.
Sarem apretó los labios.
—Protege. Pero no completamente. Algunas entidades encuentran fisuras para entrar. Y este… no es cualquiera.
El hombre avanzó un paso.
Yo di uno atrás sin pensar.
Kael inmediatamente se colocó frente a mí.
—No te acerques —le advirtió.
El soldado de sombra sonrió.
Una sonrisa humana, pero deformada por la falta de alma.
—La luz —murmuró—. La luz está cerca. La llevo… la percibo dentro de ella.
Mi respiración se detuvo.
Kael desenvainó sus armas.
Su aura explotó alrededor de él, azul intensa.
—Tócala y te destruyo —le rugió.
El suelo tembló.
El soldado levantó una mano.
—No vine a pelear… no por ahora. Pero el mundo no dejará que escapen. Ese ser que llevan… no pertenece a ningún reino. Y cuando nazca… los portales colapsarán.
Un escalofrío recorrió mi espina.
—¿Qué… dices? —pregunté, sintiendo la piel erizarse.
Él me miró directamente.
—Que lo que llevas dentro alterará los mundos. Y todos lo buscarán. Luz y sombra por igual.
Kael avanzó un paso, su poder rugiendo.
—Vete.
—Volveré —respondió él, retrocediendo hacia la sombra que lo había traído—. Y cuando el pequeño despierte… vendré por él.
Elara sintió un nudo en la garganta.
Kael sintió un fuego rabioso en el pecho.
El hombre desapareció.
Y Sarem soltó un suspiro cargado de preocupación.
—Ahora entienden por qué deben seguir moviéndose.
Kael tomó mi mano, su piel caliente contra la mía.
—No dejaré que nadie te toque —susurró con una intensidad que me estremeció—. A ti ni al pequeño.
Yo apoyé mi frente contra su pecho.
—Lo sé.
Y mientras permanecíamos juntos, el mundo vibró bajo nuestros pies.
Como si algo más estuviera despertando.
Como si este plano… tuviera planes propios.