Ella renace en un nuevo mundo, muy distinto a todo lo que conocía y decide crear su propia historia.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Luz
No supo cuánto tiempo permaneció en la oscuridad.
Podían haber sido segundos.
Minutos.
Años.
Allí no existía el tiempo, ni el frío, ni el calor. Solo un vacío inmenso que la envolvía por completo.
No podía mover su cuerpo.
Ni siquiera estaba segura de tener uno.
Solo existía.
Flotando en aquella negrura infinita.
[¿Así es... morir?]
No hubo respuesta.
Entonces, una pequeña luz apareció a lo lejos.
Era tan tenue que parecía una estrella en medio de un cielo sin luna.
La luz comenzó a acercarse lentamente.
Conforme lo hacía, la oscuridad empezó a llenarse de imágenes.
No eran sueños.
Tampoco recuerdos propios.
Eran fragmentos de la vida de alguien más.
Primero vio una enorme mansión rodeada de jardines perfectamente cuidados.
Luego, un matrimonio de aspecto elegante que sonreía con una felicidad imposible de fingir.
Él levantaba en brazos a una pequeña niña mientras la hacía girar.
Ella reía con ternura antes de besar la frente de su hija.
Aquella niña era, sin duda, el centro de su mundo.
Los dos padres la amaban profundamente.
No había frialdad en sus miradas.
No había indiferencia.
Solo un cariño inmenso.
La escena cambió.
La pequeña estaba acostada en una cama, rodeada de médicos.
Tosía con fuerza.
Su piel era demasiado pálida.
Una criada cambiaba las compresas sobre su frente mientras su madre permanecía sentada a su lado durante toda la noche, sin apartar la vista de ella.
Su padre entraba con frecuencia llevando flores, libros o pequeños juguetes para intentar arrancarle una sonrisa.
Pero la niña apenas sonreía.
Siempre parecía cansada.
Siempre parecía débil.
Las imágenes continuaron avanzando.
Los años pasaban frente a ella como si hojease un álbum de recuerdos.
La niña creció.
Se convirtió en una joven de extraordinaria belleza.
Cabello negro, largo y brillante, que caía como una cascada sobre su espalda.
Piel blanca y delicada.
Y unos profundos ojos azules que parecían contener una tristeza imposible de explicar.
Una voz, que no provenía de ningún lugar en particular, pronunció suavemente un nombre.
Melody Cartier.
Ella repitió el nombre en silencio.
[Melody...]
Era un nombre bonito.
Tan dulce como la muchacha que observaba.
Sin embargo, cuanto más veía aquellos recuerdos, más pesado se volvía su corazón.
Melody apenas salía de su habitación.
Leía.
Escribía.
Miraba por la ventana durante horas.
Tocaba el piano con una delicadeza casi melancólica.
Rara vez hablaba.
Y cuando lo hacía, era con una voz tan baja que parecía temer molestar a los demás.
Siempre estaba enferma.
Un resfriado se convertía en fiebre.
Una caminata demasiado larga la obligaba a guardar reposo durante días.
Los médicos iban y venían constantemente de la mansión.
Su familia jamás dejó de cuidarla.
Jamás dejaron de sonreír para darle fuerzas.
Jamás dejaron de decirle cuánto la amaban.
Y, aun así...
Había algo extraño.
Algo que no encajaba.
Las imágenes comenzaron a repetirse.
Siempre aparecía el mismo detalle.
Melody escribiendo cartas. Que nunca envió.
Melody sonriendo tímidamente mientras sostenía una flor.
Melody escondiendo un pequeño retrato entre las páginas de un libro.
Melody ruborizándose al escuchar cierto nombre...
Pero el rostro de la persona a quien dirigía todos esos sentimientos permanecía completamente oculto.
Era como si una espesa niebla cubriera su cara.
No importaba cuánto intentara verla.
Siempre desaparecía.
Solo podía distinguir una figura masculina de espaldas.
Alta.
Elegante.
Nada más.
[¿Quién eres...?]
La respuesta nunca llegaba.
Las escenas seguían mostrando cómo Melody hablaba de aquel hombre con una ilusión casi infantil.
Lo esperaba.
Pensaba en él.
Escribía sobre él.
Vivía pendiente de él.
Hasta el punto de convertirse en una verdadera obsesión.
Y, por alguna razón, aquello llenó de tristeza a quien observaba todos esos recuerdos.
[No...]
[Esa niña merece algo mejor.]
Continuó viendo su vida.
Los días en los que apenas podía levantarse de la cama.
Las noches en que fingía estar bien para no preocupar a sus padres.
Las sonrisas débiles.
Los silencios interminables.
La soledad.
Sintió un nudo en la garganta.
Era imposible no encariñarse con aquella muchacha.
Era buena.
Amable.
Nunca trataba mal a nadie.
Y, aun así, parecía vivir esperando a alguien que ocupaba cada rincón de su corazón.
[No es justo...]
Pensó en su propia vida.
En todas las veces que había criticado las adaptaciones de sus libros favoritos.
En todas las ocasiones en que había dicho que cambiar una historia era casi un pecado.
Siempre había defendido que una obra debía respetarse exactamente como había sido escrita.
Sin excepciones.
Sin modificaciones.
Pero ahora...
Mientras contemplaba la vida de Melody, ese pensamiento comenzó a resquebrajarse.
[Si esta fuera una historia...]
[Me gustaría cambiarla.]
La idea apareció tan naturalmente que la sorprendió.
[Sí...]
[Me gustaría verla reír más.]
[Me gustaría que dejara de estar enferma.]
[Me gustaría que dejara de vivir para alguien que ni siquiera puedo ver.]
Bajó la mirada.
Una sonrisa triste apareció en su rostro.
[Qué tonta fui...]
[Creía que las historias no debían cambiarse.]
[Pero hay historias que necesitan una segunda oportunidad.]
[Porque algunas no merecen terminar como fueron escritas.]
Mientras ese pensamiento cruzaba su mente, las imágenes comenzaron a brillar con una intensidad cada vez mayor.
Como si, por primera vez...
La historia también la hubiera escuchado.
Te saltaste un paso muchacho!!!
Te saltaste un paso muchacho!!!
Cuándo va a hablar con los padres de Melody este hombre!???