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Mi esposo escucha mis pensamientos indecentes

Mi esposo escucha mis pensamientos indecentes

Status: En proceso
Genre:Romance / CEO / Telepatía
Popularitas:10.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Irin_Kokh

Ximena Blanco solo debía cumplir una misión: ocupar el lugar de su hermana gemela, casarse con Cristian Montalvo y aguantar el papel de esposa perfecta hasta que pudiera desaparecer con el dinero prometido.
El problema era Cristian.
Frío, rico, impecable y peligrosamente guapo, el heredero Montalvo parecía hecho para arruinarle la concentración. Ximena sonreía como una dama obediente, servía café, bajaba la mirada y fingía no sentir nada.
Pero por dentro era otra historia.
Ay, no. Ese hombre debería traer advertencia. Con esa camisa, esos hombros y esa cara de hielo, una mujer honesta pierde la dignidad.
Lo que Ximena no sabe es que Cristian puede escuchar cada pensamiento suyo.
Cada queja. Cada insulto. Cada fantasía vergonzosa sobre tocarle el pecho, quitarle la corbata o verlo perder el control por ella.
Al principio, Cristian solo quiere descubrir quién es en realidad esa mujer que finge ser tranquila mientras su mente arde sin descanso. Pero cuanto más la escucha, más le cuesta mantenerse lejos. La esposa falsa empieza a parecerle demasiado real. Sus pensamientos indecentes empiezan a gustarle demasiado. Y el hombre que juró no enamorarse termina obsesionado con la única mujer que no puede mentirle por dentro.
Pero Ximena guarda un secreto más peligroso que sus deseos: ella no es la novia que Cristian debía recibir en el altar.
Cuando la verdad salga a la luz, el matrimonio falso, la pasión escondida y todos los pensamientos que nunca debieron escucharse podrían destruirlos... o volver imposible que se separen.

NovelToon tiene autorización de Irin_Kokh para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 14

Capítulo 14: Cambio de imagen

Ximena juró que podía caminar.

Lo juró con dignidad, envuelta en la sábana, con el cabello revuelto y una expresión que intentaba parecer seria aunque sus mejillas seguían del color de una granada abierta.

—Estoy bien —dijo.

Cristian, de pie junto a la cama, la miró sin moverse.

—Levántate, entonces.

Ximena apartó la sábana con valentía. Puso un pie en el piso. Luego el otro. Enderezó la espalda.

Durante tres segundos, el orgullo sostuvo lo que el cuerpo ya había abandonado.

Al cuarto segundo, sus rodillas cedieron.

Cristian la atrapó antes de que tocara el suelo.

—Dije que te iba a cargar.

—También dijiste que descansara.

—No obedeciste.

*No me reclames, hombre. Tú fuiste el fenómeno natural. Yo solo soy una víctima con buena memoria muscular y cero fuerza en las piernas.*

Cristian ajustó el agarre. Una mano bajo sus rodillas, otra en su espalda. La levantó con una facilidad insultante.

Ximena le rodeó el cuello por instinto.

*Ay, así no se puede pelear. Así dan ganas de fingir discapacidad permanente. Qué hombros, qué brazos, qué tragedia logística.*

—No pienses tonterías —dijo él.

Ella levantó la vista.

—¿Perdón?

Cristian parpadeó.

—Se te nota.

*¿Se me nota la cara de querer quedarme colgada de él como adorno caro? Maldita sea, debo practicar una expresión más religiosa.*

Él la llevó hasta el baño y la dejó sentada con cuidado en el borde de la tina.

—¿Puedes arreglarte sola?

—Sí.

—Si necesitas algo, llama.

Ximena lo miró con sospecha.

—¿Vas a entrar si llamo?

—Si llamas, sí.

*No llames. No llames. Si entra mientras estoy en bata, esto vuelve a terminar en investigación de campo.*

Cristian salió y cerró la puerta.

Media hora después, Ximena seguía en el baño, sentada frente al espejo, mirando su propio reflejo con una mezcla de pudor y desconcierto. Tenía su maleta de vuelta. Sus vestidos correctos esperaban colgados como soldados de una vida ordenada. Seda clara, cortes discretos, colores suaves. La versión de ella que no molestaba a nadie.

Sobre una silla, en cambio, estaba la bolsa que Valeria le había enviado con una nota.

"Por si decides vivir un poquito."

Dentro había tres opciones. Una falda negra con abertura lateral, un top color perla de tirantes finos y un conjunto rojo oscuro de dos piezas que parecía demasiado moderno para la esposa impecable del apellido Montalvo.

Ximena tocó el top perla.

*No es indecente. Es bonito. Es elegante. Enseña espalda, sí, pero la espalda no ha cometido delitos. Además, si Cristian puede andar por la vida con esa cintura de escándalo bajo trajes italianos, yo también puedo sacar algo al aire.*

Se puso la falda negra.

Luego se la quitó.

Se puso un vestido azul claro de su maleta.

Se miró.

Parecía una pintura cara en una casa ajena.

Suspiró.

Volvió a ponerse la falda negra.

Cuando salió del baño, Cristian estaba revisando papeles en la mesa. Levantó la mirada por costumbre.

Y olvidó bajar los ojos.

El conjunto no era vulgar. Ese fue el problema. La falda caía con una elegancia limpia, pero cada paso dejaba ver un destello de pierna. El top perla suavizaba la piel de sus hombros y dejaba la espalda casi descubierta bajo el cabello suelto. No parecía disfrazada. Parecía más ella.

Más viva.

Ximena se llevó una mano al cuello.

—Val me lo prestó.

—Ya veo.

—¿Es demasiado?

Cristian tardó un segundo de más.

—No.

*Otra vez ese "no" de sentencia. Traductor, por favor. ¿No de "no salgas así"? ¿No de "no respiro"? ¿No de "no me provoques porque tengo familia"?*

—Si quieres, me cambio.

—No.

Esta vez sonó distinto.

Ximena lo notó. Su expresión se aflojó apenas.

—¿Seguro?

Cristian cerró la carpeta.

—Te ves bien.

*Bien. Dijo bien. A este hombre le arrancan los elogios con pinzas de cirugía. Lo tomo. Lo enmarco. Lo pongo junto al Ferrari.*

Él tomó su saco.

—Solo camina despacio.

—Por los tacones.

—Por tus piernas.

Ximena se quedó muda.

Cristian abrió la puerta de la suite como si no acabara de lanzar una frase capaz de hundir barcos.

*Señor, dame paciencia. O fuerza. O una mesa cercana para sostenerme. ¿Desde cuándo este iceberg aprendió a coquetear con cara de notario?*

En el comedor del crucero, Valeria fue la primera en verla.

Se detuvo con la copa a medio camino.

—Mira nada más.

Renata se giró.

—¡No! —exclamó, poniéndose de pie—. ¿Dónde estaba escondida esta versión?

Joaquín, que leía el menú, levantó la cabeza y silbó por reflejo.

La mirada de Cristian cayó sobre él.

Joaquín bajó el menú de inmediato.

—Con todo respeto. Muchísimo respeto. Respeto histórico.

Renata rodeó la mesa para tomar a Ximena de las manos.

—Te ves espectacular.

Ximena bajó los ojos.

—No exageres.

—No exagero. Antes parecías esposa de retrato familiar. Hoy pareces mujer de verdad.

Valeria asintió.

—Por fin se ve que respiras.

*¿De verdad? ¿No parezco ridícula? ¿No parezco una niña jugando a ser atrevida?*

Cristian escuchó la inseguridad detrás del silencio de ella. Algo le apretó el pecho.

—Renata tiene razón —dijo.

Los tres lo miraron.

Ximena también.

Cristian apartó la silla para ella.

—Te favorece.

El gesto fue simple. La frase, corta. Pero Ximena se sentó como si le hubieran quitado de los hombros una capa invisible.

*Me favorece. Me favorece. No dijo "cámbiate", no dijo "qué dirán", no dijo "compórtate". Dijo que me favorece. Ay no. Cuidado, corazón. No te emociones por un hombre que usa elogios como si fueran fondos restringidos.*

La cena empezó con una calidez nueva.

Renata habló de los espectáculos del barco. Joaquín contó que había perdido una apuesta contra su esposa y tendría que tomar una clase de baile tropical. Valeria, mientras fingía revisar el menú de postres, le enseñó a Ximena en el celular una foto borrosa de un hombre con camisa floreada entrando a una cabina ajena.

—Trabajo casi cerrado —murmuró.

—¿Ya?

—La gente infiel es muy poco creativa.

Cristian alcanzó a oír, pero no intervino. Mientras no arrastraran a Ximena por pasillos peligrosos, podía concederles ese triunfo.

Joaquín, animado por el vino, miró a la pareja frente a él.

—Debo admitirlo, Montalvo. Hoy sí parecen de la misma historia.

Cristian alzó una ceja.

—¿Antes no?

—Antes tú parecías un retrato de banco privado y ella una virgen de porcelana. Ahora siguen siendo caros, pero al menos parecen vivos.

Renata le dio un golpe suave en el brazo.

—Por una vez dijo algo útil.

Valeria sonrió.

—Le queda mejor este estilo.

Ximena se tocó el borde de la copa, nerviosa.

—No sé si sea mi estilo.

—Sí lo es —dijo Renata—. Tal vez no todo el tiempo, pero sí es tuyo. Y combina más con Cristian.

El comentario dejó en la mesa un silencio agradable.

Cristian miró a Ximena.

Ella lo miró de vuelta.

Por un instante, él creyó que iba a escuchar una de esas confesiones suaves que la sorprendían incluso a ella: algo torpe, íntimo, quizá peligroso.

La mente de Ximena suspiró.

*No le suban tanto el precio a este cerdo precioso. Luego se cree de lujo y ni con tarjeta negra alcanza para renovarle la suscripción.*

La sonrisa apenas nacida en los labios de Cristian se congeló.

Joaquín, sin saber por qué, se enderezó en la silla.

—¿Dije algo malo?

Cristian tomó su copa de agua.

—No.

Ximena inclinó la cabeza.

—¿Estás molesto?

—No.

*Ese no sí lo entendí. Significa: sí, pero voy a hacerme el elegante.*

Cristian bebió agua con una calma impecable.

Renata y Valeria intercambiaron una mirada divertida.

El ambiente seguía cálido, la cena seguía perfecta, Ximena seguía brillando bajo la luz suave del comedor.

Solo Cristian sabía que acababa de ser ascendido, en la mente de su esposa, de iceberg a cerdo precioso con suscripción cara.

Y lo peor era que no estaba seguro de poder quejarse.

1
bruja de la imaginación 👿😇
me encanta esta historia
Carely Prieto
bonita narrativa, creativa y gran ingenio
Karina Sanabria
👏👏👏👏muy linda novela!! algo diferente
gracias pero por favor no tardes en subir nuevamente
Karina Sanabria
Dios mío que le pasa a este hombre!!! acaso no le gusta el sexo 🤭🤤🫠
Erika Durán
Hasta el momento
Muy bien,
Carely Prieto
😭 noooo, no seas malita, sube más capítulos 🥹 anda dí que si, anda siiiiiiii??!
wendy arrieta
Dios mio ella si sabe utilizar su mente jajajajajaa
Martha Mena Wong
Por dios me voy acabar las uñas esto se está poniendo peliagudo más capítulos muchas felicidades autora eres genial te atrapa desde el principio la novela bendiciones
Martha Mena Wong
Esto se está poniendo buenísimo por favor que no la idie cuando se entere de la verdad gracias más capítulos por favor está súper la historia
Martha Mena Wong
Noooooo me va a dar el mimisqui cuánto podrá fingir ser quien no debe ahora sí me va a dar algo😭😭😭😭
Martha Mena Wong
Santa cachucha ahora que hará se le junto el ganado jajajaja 🤭🤭🤭🤭
Martha Mena Wong
Celoso de el mismo que divertido genial 🤣🤣🤣🤣
Martha Mena Wong
Por dios esto está más entretenido que las estupidas novelas de la tele felicidades me encanta
Martha Mena Wong
Ajaja se le hizo por fin siiiiiiii
Martha Mena Wong
Ya el se ka imaginaba con lencería buen camino
Martha Mena Wong
Andele a ver si ahora le hace caso
Martha Mena Wong
jajajaja me encanta excelente novela
Martha Mena Wong
🤭🤭🤭🤭🤭🤭
Martha Mena Wong
jajajaja esto está genial imagínate que oigan tus pensamientos bueno si está buenorro yo también pienso cositas o cositas depende jijiji
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