“Cuando el pasado guarda sus secretos, dos destinos chocan entre el odio, el poder y una promesa que cambiará todo.”
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CAPÍTULO 4
—Adrián Montenegro
Chile no era una casualidad.
No era un viaje improvisado.
No era una decisión tomada en un momento de desesperación.
Cada paso había sido calculado al milímetro.
Cada movimiento está pensado.
Cada detalle revisado una y mil veces hasta asegurarme de que no habría errores.
Durante años había guardado preguntas que nadie supo responder.
Había vivido con heridas que nunca dejaron de sangrar.
Con un odio frío, duro y silencioso que creció conmigo, alimentándose de cada noche en vela, de cada injusticia.
Y entre todos los nombres que se repetían en mi mente, uno brillaba con más fuerza:
Ferrer Valmont.
Para el resto del mundo: éxito, lujo, poder, una familia intocable y admirada.
Para mí: la causa de todo mi dolor.
La deuda pendiente que nadie más iba a cobrar.
Todo aquello que había venido a terminar.
Cuando supe de la Universidad Valmont, supe al instante que era mi puerta de entrada.
No por el prestigio.
No por el título de Derecho.
Sino porque ahí estaba ella.
Isabella Ferrer Valmont.
La princesa protegida que nunca tuvo que luchar por nada.
La dueña de la vida que a mí me arrebató.
El único objetivo que importaba.
Pero acercarme a ella directamente sería un error fatal.
Ellos desconfían de quienes no conocen, de quien no tiene su mismo apellido.
Por eso primero necesitaba a su hermano.
Matías Fernando Ferrer Valmont.
Su otra mitad.
Su guardián incondicional.
La llave perfecta para entrar en su mundo sin levantar sospechas.
La carta de aceptación seguía sobre la mesa.
La conseguí con esfuerzo, con sudor, demostrando que valía más que todos ellos juntos.
Nadie me regaló nada.
Todo lo gané para llegar hasta aquí y cumplir mi propósito.
—Papá.
Adriella apareció con su muñeca entre los brazos.
La única cosa que lograba suavizar mi mirada por unos segundos, pero que no podía cambiar lo que llevo dentro.
—¿Vas a estudiar ahí?
—Voy a recuperar lo que es mío.
—¿Y tendremos nuestra casa?
—La tendremos.
Y tú tendrás todo lo que mereces.
Pero nadie sabrá que para dártelo a ti, debo hacer pagar a quienes lo tuvieron todo sin merecerlo.
La abracé un instante.
Por ella haría cualquier cosa.
Pero mi corazón sigue tan cerrado como siempre.
Mi odio sigue intacto.
Mi venganza no tiene vuelta atrás.
Llegó el primer día.
Me puse la máscara de quien ellos quieren ver:
serio, educado, trabajador.
Seré un compañero atento.
Seré el amigo leal que Matías necesita.
Ganaré su confianza poco a poco, con paciencia, con astucia.
Hasta que él mismo me abra las puertas de su casa... y de su hermana.
En la universidad todo era lujo, risas y gente que caminaba sin saber lo que era la vida real.
Yo caminé entre ellos con la cabeza en alto, observando, midiendo cada gesto.
Ahí estaba Matías.
El chico es bueno, leal, sincero.
Alguien que cree en la bondad ajena.
Justo lo que necesitaba para acercarme sin que nadie sospeche.
Y mientras yo preparaba cada palabra, cada movimiento...
ella caminaba por ahí ajena a todo.
Isabella.
La niña que creció rodeada de seguridad y cariño.
Que no sabe nada de mi historia, ni de mi dolor.
Todavía no sabe que llegué.
Todavía no sabe que su vida perfecta está a punto de terminar.
Porque yo no vine a empezar de nuevo.
No vine a encontrar consuelo.
No vine a cambiar.
Vine a cobrarme lo que me deben.
Vine a acabar con su mundo tal como acabaron con el mío.
Y tú, Isabella Ferrer Valmont... serás mi venganza.