Ella comienza a tener sueños de otra vida.. y cuando reencarna, se da cuenta, que al parecer, esos sueños son ahora su propia vida.. así que decide cambiar su destino..
*Está novela pertenece a un mundo mágico*
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Esposo 1
Berys acompañó a Adele por el segundo piso de la residencia ducal en completo silencio.
Los pasillos eran amplios y elegantemente sobrios, iluminados apenas por lámparas cálidas que suavizaban la oscuridad de la noche.
Todo seguía impecablemente ordenado.
Demasiado ordenado.
Como si nadie realmente viviera allí desde hacía mucho tiempo.
Finalmente se detuvieron frente a unas enormes puertas dobles de madera oscura.
La ama de llaves habló en voz baja:
—La habitación del duque.
Adele sintió que el corazón le daba un pequeño vuelco.
Claro.
Ahora sí.
Ahora realmente iba a conocer a Ivan Farrel.
Aunque estuviera dormido.
Berys colocó una mano sobre el picaporte, pero no abrió la puerta.
En cambio, miró discretamente a Adele.
—Si necesita algo durante la noche, cualquiera de los sirvientes acudirá inmediatamente.
Adele asintió suavemente.
—Gracias, Berys.
La mujer hizo una pequeña reverencia.
Y luego, para sorpresa de Adele, no entró con ella.
Simplemente abrió las puertas.
Y se quedó afuera.
Como si entendiera que aquel momento debía pertenecer únicamente a la nueva pareja.
Aunque técnicamente uno de ellos estuviera inconsciente.
Adele respiró profundo antes de entrar sola.
Las puertas se cerraron suavemente detrás de ella.
Y el silencio de la habitación la envolvió inmediatamente.
Era enorme.
Elegante.
Oscura.
Mucho más cálida que el resto de la mansión.
Había una chimenea encendida suavemente en un extremo y enormes cortinas oscuras rodeaban las ventanas.
Los muebles seguían el mismo estilo sobrio del resto de la residencia.
Pocos colores.
Pocas decoraciones.
Todo perfectamente ordenado.
Pero Adele apenas prestó atención a eso.
Porque inmediatamente lo vio.
Ivan Farrel.
Dormido sobre la enorme cama.
Por un momento Adele simplemente se quedó quieta observándolo.
Y sinceramente…
No era para nada como lo había imaginado.
En sus recuerdos fragmentados y rumores ajenos, Ivan siempre había parecido una figura distante.
Fría.
Intimidante.
Pero allí…
Dormido bajo una ligera manta oscura…
Simplemente parecía un hombre cansado.
Uno muy grande.
Ivan era mucho más corpulento que Irvin.
Más ancho de hombros.
Más robusto.
Tenía una presencia completamente distinta.
Incluso inconsciente parecía alguien difícil de ignorar.
Su piel era ligeramente más oscura que la de Irvin y el cabello corto oscuro caía desordenadamente sobre su frente.
Adele avanzó lentamente unos pasos.
Y mientras más cerca estaba…
Más extraño se sentía todo.
Porque ese hombre era ahora su esposo.
Legalmente.
Mágicamente.
Oficialmente.
Y aun así era la primera vez que lo veía bien.
Adele soltó una pequeña risa suave e incrédula.
—Definitivamente mi vida perdió completamente la lógica…
Se acercó lentamente a la cama observándolo con curiosidad.
Ivan no parecía enfermo exactamente.
No tenía el aspecto frágil que ella esperaba.
Al contrario.
Se veía fuerte.
Demasiado fuerte para alguien que llevaba meses sin despertar.
Eso hacía que toda la situación resultara todavía más extraña.
Adele dejó suavemente los guantes sobre una mesa cercana y luego cerró la puerta completamente detrás de ella.
El sonido suave del cierre resonó en la habitación silenciosa.
Y por alguna razón…
Aquello hizo que todo se sintiera más real.
Ella volvió a mirar a Ivan.
A su esposo dormido.
Y una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
Cansada.
Nerviosa.
Pero genuina.
Porque honestamente jamás imaginó que conocería así al hombre con quien compartiría su vida.
Adele acomodó apenas el velo detrás de ella y habló suavemente hacia la habitación silenciosa..
—Buenas noches, esposo.
Ivan no respondió, obviamente.
Pero aun así…
La habitación dejó de sentirse tan vacía.
Por primera vez en todo el día estaba realmente sola.
Bueno…
Casi sola.
Porque técnicamente había un hombre enorme inconsciente en la cama a pocos metros de ella.
Todavía le parecía surrealista.
Adele se acercó despacio a una silla cercana y comenzó a quitarse el velo con cuidado.
El peso sobre su cabeza desapareció inmediatamente y sintió un pequeño alivio.
Después miró el complicado vestido blanco.
Y suspiró.
—Esto definitivamente necesitaba tres personas para ponérmelo…
Pensó en llamar a una doncella para ayudarla.
Sería lo normal.
Pero después negó suavemente con la cabeza.
No quería más gente alrededor por esa noche.
Había pasado demasiadas horas siendo observada.
Sonriendo.
Fingiendo calma.
Así que prefirió hacerlo sola.
Con bastante dificultad.
Porque el vestido tenía demasiados botones.
Demasiados.
Adele forcejeó unos segundos intentando alcanzar uno de los broches de la espalda y terminó riéndose bajito.
—Las nobles antiguas realmente odiaban respirar cómodamente…
Mientras lentamente comenzaba a liberarse de las capas de tela, volvió a mirar hacia la cama.
Ivan seguía exactamente igual.
Dormido.
Silencioso.
Inmóvil.
Y quizá por eso…
Porque sabía que él no podía escucharla ni responderle…
Hablar comenzó a sentirse extrañamente fácil.
—Bueno… supongo que oficialmente debería presentarme.
Su voz sonó suave en medio de la habitación tranquila.
Adele soltó con cuidado una de las mangas del vestido y continuó hablando mientras deshacía más broches.
—Soy Adele Roberts. Ahora Adele Farrel, supongo.
Miró de nuevo al hombre dormido.
—Tu esposa.
Aquella palabra todavía le resultaba rarísima.
Esposa.
Definitivamente necesitaba tiempo para acostumbrarse.
Adele continuó hablando suavemente mientras el vestido comenzaba a deslizarse lentamente fuera de sus hombros.
—Mi abuelo me vendió básicamente porque es un viejo jugador lleno de deudas.
Hizo una pequeña pausa.
—No es exactamente la historia romántica que las personas esperan escuchar en un matrimonio ducal.
Ivan permaneció inmóvil.
Adele suspiró apenas.
—La verdad… espero que no me odies cuando despiertes.
Aquella confesión salió más sincera de lo que esperaba.
Porque sí.
Había pensado muchísimo en eso.
Ivan despertaría algún día.
Y descubriría que una desconocida estaba viviendo en su habitación y usando su apellido.
No exactamente una situación ideal.
Adele finalmente logró quitarse el vestido por completo y lo dejó cuidadosamente sobre una silla cercana.
Ahora solo llevaba el camisón ligero que una doncella había preparado para ella.
Su cabello negro caía larguísimo sobre su espalda y hombros después de haber soltado la cola elegante.
Miró nuevamente a Ivan.
Y habló casi con timidez..
—Solo… no me eches de la casa demasiado rápido, ¿sí?
Luego soltó una pequeña risa avergonzada.
Porque sinceramente hablar con un hombre inconsciente era probablemente señal de que el estrés finalmente estaba afectando su cerebro.
Pero aun así…
La habitación ya no se sentía tan incómoda.
Quizá porque Ivan no podía juzgarla.
Ni interrumpirla.
Ni mirarla con desprecio.
Simplemente estaba allí.
Silencioso.
Y extrañamente eso hacía que todo fuera mas fácil..
Adele tomó una bata ligera y caminó hacia la enorme sala de baño conectada a la habitación.
El agua caliente ya había sido preparada previamente y el suave vapor llenaba el ambiente de mármol oscuro.
Adele suspiró apenas al verlo.
Por primera vez en todo el día sintió algo parecido al alivio.
Antes de cerrar la puerta del baño, giró una última vez hacia la habitación silenciosa.
Ivan seguía dormido exactamente igual.
Y ella murmuró suavemente..
—Buenas noches otra vez, esposo.
Después desapareció dentro del baño mientras el duque Farrel continuaba sumido en aquella extraña inconsciencia silenciosa.