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El Precio De Una Promesa

El Precio De Una Promesa

Status: Terminada
Genre:Amor de la infancia / Traiciones y engaños / Amor eterno / Completas
Popularitas:844
Nilai: 5
nombre de autor: Marion Cecilia Coloma Aguirre

En las calles de Maipú, una promesa sellada con el corazón se convierte en un vínculo que ni siquiera la muerte puede vencer

NovelToon tiene autorización de Marion Cecilia Coloma Aguirre para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 11 La duda que se hace fuerte

Lo que empezó como susurros lejanos, con el paso de los días se fue transformando en una sensación pesada, difícil de sacudir de la mente.

Yo seguía diciéndome a mí mismo que todo era falso, que conocía a Nicole mejor que a nadie, que su forma de ser, su mirada y su cariño no podían fingirse.

Pero cuando las mismas historias te las cuentan varias personas diferentes, en momentos distintos y con detalles que parecen encajar, la razón empieza a perder terreno y la duda se va colando poco a poco, como agua que se filtra por una grieta en la pared.

Cada mañana al despertar, ya no sentía solo la alegría de verla, sino también una pequeña inquietud que me acompañaba durante todo el día.

En el colegio, si ella se retrasaba unos minutos o hablaba con algún compañero más de lo normal, mi mente empezaba a darle vueltas a lo que me habían dicho.

Trataba de controlarme, de no mostrarlo, pero en mi interior ya no reinaba la tranquilidad de antes.

Y ella no era ajena a esto; también recibía comentarios cada vez más detallados sobre mí, y yo podía ver cómo su confianza se iba desgastando igual que la mía.

Una tarde, mientras estábamos en el escritorio intentando estudiar, el silencio se hizo más largo y tenso que nunca.

Nicole dejó el lápiz de color rosa que usaba para tomar apuntes, levantó la vista y me miró con esos ojos verdes que ya no tenían el mismo brillo de antes.

Su voz sonaba suave, pero con un dejo de tristeza y desconfianza que me partió el alma:

—Nicolás… hay gente que me cuenta cosas sobre ti.

Dicen que andas con otras chicas, que me mientes y que solo estás conmigo por comodidad.

Yo quiero no creerlo, pero me lo dicen tantas personas…

Sentí que me daban un golpe en el pecho.

Quise responder con firmeza, negarlo todo, decirle que era mentira, pero en lugar de salir palabras de amor, salieron palabras cargadas de la misma rabia y duda que yo también llevaba dentro.

—¿Y tú crees lo que dicen?

—le respondí, con un tono más fuerte del que quería—.

Porque a mí también me cuentan que tú no eres fiel, que te has visto con otro hombre y que ya no me quieres como antes.

¿Así que también te lo crees?

En ese momento, la habitación que siempre nos había parecido tan acogedora se sintió pequeña y fría.

Ella se puso pálida, se le llenaron los ojos de lágrimas y negó con la cabeza, pero no pudo decir nada más para convencerme.

Yo tampoco pude explicarle bien lo que sentía; solo tenía en la cabeza todas las frases que me habían repetido, y en lugar de buscar la verdad juntos, empezamos a mirarnos como si fuéramos extraños que de pronto no se conocían del todo.

Al salir de esa discusión, nos quedamos cada uno en un rincón de la casa.

Ella se sentó en el sofá, rodeada de sus almohadas rosadas, y yo me fui a la sala más oscura, donde estaban los muebles de color negro que antes me daban seguridad y que ahora solo me hacían sentir más solo.

Pasamos la noche casi sin hablar, cada uno dándole vueltas a sus propios pensamientos, sin darnos cuenta de que no estábamos luchando el uno contra el otro, sino contra mentiras que alguien más había inventado para separarnos.

Nuestras familias, al ver que ya no éramos los mismos, intentaron ayudarnos.

Mis padres me preguntaron qué pasaba, por qué ya no sonreía igual, por qué hablaba tan poco.

Los de Nicole hicieron lo mismo con ella.

Pero ninguno de los dos se atrevía a contarles todo, por vergüenza, por miedo a que pensaran mal del otro o por creer que si hablábamos de ello, la duda se haría más real.

Nos decían que no escucháramos chismes, que lo importante era lo que sentíamos en el corazón, pero sus palabras ya no llegaban con la misma fuerza que antes; la confianza se había vuelto frágil.

Cada día que pasaba, el daño crecía un poco más.

Seguíamos viviendo en la misma casa, con todo lo que necesitábamos: comida, ropa, comodidades, televisión, el jacuzzi que antes nos relajaba, el jardín donde tantas veces habíamos soñado.

Pero ya no disfrutábamos de nada.

Las flores que ella cuidaba con tanto cariño parecían marchitarse sin motivo, y los objetos que yo había elegido con tanto cuidado parecían perder su significado. Lo único que teníamos de sobra era silencio, preguntas sin respuesta y un dolor sordo que nos carcomía por dentro.

Aún no sabíamos quién estaba detrás de todo esto, ni por qué nos querían hacer daño. Solo sentíamos que la persona que más amábamos en el mundo se estaba volviendo lejana, sin que pudiéramos evitarlo.

Y lo que es peor: en lugar de unirnos para enfrentar lo que venía, estábamos empezando a creer que quizás, en medio de tanta confusión, algo de lo que decían fuera verdad.

Así, poco a poco, sin quererlo, íbamos preparando el terreno para el error más grande de nuestras vidas.

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