**Una promesa sellada con sangre y eternidad.**
Tras la traición de su prometido, Cecil intenta concentrarse en lo único que siempre le ha dado sentido a su vida: la medicina. Como parte de una comisión médica de Oxford, viaja al reino de Kratos, sin imaginar que aquel viaje cambiará su destino para siempre.
Desde su llegada, extraños sueños y recuerdos que no le pertenecen comienzan a atormentarla. Al mismo tiempo, se siente inexplicablemente atraída por el rey Azharel, un hombre tan poderoso como enigmático, cuyos ojos parecen guardar el dolor de siglos enteros.
Lo que Cecil ignora es que su historia con Azharel comenzó mil años atrás, cuando él era un príncipe vampiro que renunció a todo por amor. Separados por la tragedia y la muerte, una promesa sellada con sangre y eternidad los mantuvo unidos a través del tiempo.
Ahora, mientras los secretos del pasado resurgen y antiguos peligros vuelven a despertar, Cecil deberá descubrir quién fue realmente y por qué el rey vampiro la mira como si hubiera esperado mil años para volver a verla.
Una apasionante historia de amor, destino y reencarnación, donde ni siquiera la muerte puede romper los lazos de un amor eterno.
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¿Cómo se le ocurre secuestrarme?
El líder de la aldea finalmente se encontró con los demás grupos que habían salido a buscar a Aria.
La niña corrió inmediatamente hacia una de las mujeres de la aldea.
Esta la abrazó con fuerza, llorando de alivio.
—¡No vuelvas a hacer algo así!
—Lo siento, mamá —dijo Aria, escondiendo el rostro en su vestido.
El líder levantó la mano.
—Escúchenme todos.
Los aldeanos guardaron silencio.
—Merida encontró a un hombre herido dentro del bosque y fue a ayudarlo.
Las personas comenzaron a murmurar.
—¿Un hombre?
—¿A estas horas?
—¿Está sola?
El líder asintió.
—Sí.
—Debo volver por ella.
En ese momento aparecieron los dos amigos de Merida y Jackson.
Los tres llevaban antorchas.
Sus rostros reflejaban preocupación.
—Nos enteramos de lo que pasó —dijo uno de los jóvenes.
—¿Dónde está Merida?
El líder suspiró.
—Sigue en el bosque.
Los tres se alarmaron.
—¡Hay que ir por ella!
Uno de los chicos habló rápidamente.
—Si algo le pasa, la bruja Imelda nos matará.
El otro asintió.
—Vamos.
Jackson dio un paso al frente.
—Yo también iré.
El líder observó el bosque.
La oscuridad era cada vez mayor.
—Tengan cuidado.
Todos asintieron.
Entonces, por otro lado, Merida seguía junto a Azharel.
La herida había comenzado a sanar.
La piel volvía lentamente a su estado normal.
Y la sed de sangre había disminuido considerablemente.
Azharel la observó con más calma.
Por primera vez pudo verla detenidamente.
Era hermosa.
Sus ojos verdes brillaban bajo la luz de la luna.
Y su rostro transmitía una tranquilidad que jamás había encontrado en nadie.
—Gracias.
Merida sonrió ligeramente.
—De nada.
Luego lo miró.
—¿Lo convirtieron hace poco?
Él la observó.
—¿Qué?
—En vampiro.
Azharel comprendió inmediatamente.
Y decidió seguirle la corriente.
—Sí.
Asintió.
—Fue ayer.
Merida abrió un poco los ojos.
—Debe ser aterrador.
Él la observó.
—Un poco.
Ella suspiró.
—Y luego alguien le disparó.
—Qué mala suerte.
Azharel sonrió.
—Supongo.
Merida guardó silencio unos segundos.
Luego extendió su mano.
—Creo que lo mejor es que vaya al reino vampiro.
—Estará más seguro allí.
Azharel tomó su mano.
Y en cuanto sus dedos se tocaron…
Algo sucedió.
Los dos se quedaron inmóviles.
Una especie de calor atravesó sus cuerpos.
Como una pequeña descarga.
Merida sintió cosquillas en el estómago.
Su corazón se aceleró sin razón.
Azharel también lo sintió.
Y la miró sorprendido.
Permanecieron así unos segundos.
En silencio.
Sin comprender qué estaba ocurriendo.
—No lo sé… —dijo él finalmente.
Merida retiró la mano lentamente.
Y ambos desviaron la mirada.
Entonces, unas voces resonaron a lo lejos.
—¡Merida!
Ella levantó la cabeza.
—Me buscan.
Volvió a mirarlo.
—Será mejor que se vaya.
—No quiero que mis amigos lo vean.
Azharel la observó.
—¿Merida?
Ella asintió.
—Sí.
Azharel sonrió ligeramente.
—Es un hermoso nombre.
Merida sintió nuevamente aquel extraño calor en su cuerpo.
Y sonrió.
—Gracias.
Luego dio un paso hacia atrás.
—Debo volver.
Pero, en ese instante…
Un profundo aullido atravesó el bosque.
Merida abrió los ojos.
—Lobos.
Azharel apretó la mandíbula.
—Maldita sea.
Merida lo miró.
—¿Qué sucede?
Él levantó la vista.
Sus sentidos vampíricos se activaron de inmediato.
Podía sentirlo.
Muy cerca.
Demasiado cerca.
—Vienen por mí.
Merida se tensó.
—Vamos, lo llevaré con mis amigos.
Pero Azharel ya había tomado una decisión.
En un movimiento rápido, la levantó y la colocó sobre su hombro.
—¿Qué hace?
Merida abrió los ojos.
—¡Bájeme!
Pero él ya estaba moviéndose.
Su velocidad era sobrehumana.
Los árboles pasaban a su alrededor como sombras.
Merida se sujetó a su ropa.
—¡¿Está loco?!
—¡Me va a tirar!
Azharel respondió mientras corría.
—Es más seguro así.
—¡No lo es!
—¡Sí lo es!
El viento golpeaba el rostro de Merida.
Nunca había visto a alguien moverse tan rápido.
Mientras tanto, a varios metros de distancia, el líder de la aldea y los demás se detuvieron.
Un nuevo aullido resonó en el bosque.
Todos palidecieron.
—Oh, no…
Uno de los chicos habló.
—Lobos.
Los dos jóvenes brujos se miraron.
Uno de ellos habló rápidamente.
—Vuelve a la aldea.
—Protégela.
El otro asintió.
—¿Y tú?
El joven miró hacia el bosque.
—Yo me encargaré.
Jackson dio un paso adelante.
—¿Y Merida?
—Yo la buscaré.
El brujo lo miró.
—No te alejes demasiado.
Jackson asintió.
Y ambos salieron corriendo.
Cuando quedaron solos, el joven brujo comenzó a recitar un hechizo.
Sus manos comenzaron a brillar.
Una intensa luz blanca salió de su cuerpo.
Y una especie de burbuja luminosa lo rodeó por completo.
Los demás aldeanos salieron corriendo hacia la aldea.
La gente estaba asustada.
Las madres abrazaban a sus hijos.
Entonces el otro brujo levantó ambas manos.
Comenzó a recitar otro hechizo.
Y una enorme barrera luminosa se elevó alrededor de toda la aldea.
Como una gigantesca cúpula transparente.
—No entrarán.
Dijo el brujo mirando a los aldeanos.
Pero su mirada permaneció fija en el bosque.
No estaba preocupado por su compañero.
Sabía que él estaría bien.
Estaba preocupado por Merida.
Porque si no la encontraban pronto…
Aquella noche podía convertirse en una tragedia.
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Por otro lado, Azharel disminuyó la velocidad hasta detenerse por completo.
Con cuidado, bajó a Merida de su hombro.
Ella se acomodó el vestido y lo miró con evidente molestia.
—¿Dónde estamos?
Preguntó observando el lugar.
Azharel miró a su alrededor.
—Lejos del bosque.
Merida lo miró incrédula.
—¿Cómo se le ocurre secuestrarme?
Luego cruzó los brazos.
—Debí haberlo dejado morir.
Azharel la observó unos segundos.
Y respondió con tranquilidad.
—Qué lástima que no lo hizo.
Merida resopló.
—No tiene ninguna gracia.
Entonces miró el lugar.
A pocos metros había un pequeño establo de madera.
La estructura estaba vacía y, junto a una de las columnas, una antorcha permanecía encendida.
—Vamos.
Dijo ella caminando hacia allí.
Azharel la siguió.
Entraron.
No había animales.
Solo algunos montones de paja y unas cuantas mantas viejas.
Merida observó todo a su alrededor.
—Este lugar es de paso.
Azharel la miró.
—¿Lugar de paso?
Ella asintió.
—Sí.
—Aquí suelen quedarse los acompañantes.
Él levantó una ceja.
—¿Acompañantes de qué?
Merida bajó un poco la mirada y respondió con total naturalidad.
—Las personas que no logran pagar una habitación en las posadas para estar a solas y… liberar sus pasiones.
Azharel abrió un poco los ojos.
Y luego negó con la cabeza.
—Los humanos son tan corrientes.
Merida lo miró inmediatamente.
Y sonrió con ironía.
—Uy, habló el príncipe de los vampiros.
Azharel la miró unos segundos.
Ella continuó.
—Perdóneme, su majestad.
Hizo una pequeña reverencia exagerada.
—Seguro que en el reino vampiro todos son elegantes, refinados y perfectos.
Azharel soltó una pequeña risa.
—Algo así.
Merida lo señaló.
—No se crea tan importante.
—Hace unas horas estaba a punto de morir en el bosque.
Él sonrió.
—Eso es verdad.
Ella suspiró.
—Además, sigo pensando que es un campesino recién convertido.
Azharel levantó las cejas.
—¿Y por qué piensa eso?
Merida se sentó sobre la paja.
—Porque los vampiros importantes jamás andarían solos.
—Y mucho menos vestidos así.
Luego lo señaló.
—Además, se nota que está perdido.
Azharel contuvo una sonrisa.
—¿Eso cree?
Ella asintió.
—Sí.
—Debe estar asustado.
Azharel soltó una pequeña risa.
—No tanto.
Merida volvió a mirarlo.
—Bueno, igual lo devolveré al reino vampiro.
—Allá estará más seguro.
Él la observó unos segundos.
—La devolveré a la aldea.
—No le haré daño.
—Le estoy agradecido por haber salvado mi vida.
Ella lo observó.
Y respondió:
—Eso espero.
En ese instante un fuerte trueno resonó en el cielo.
Los dos levantaron la vista.
Y segundos después comenzó a llover.
Primero unas pocas gotas.
Luego una lluvia intensa.
Merida suspiró.
—Lo que me faltaba.
Se acercó a la entrada.
La lluvia caía con fuerza.
El viento movía los árboles y la oscuridad se hacía cada vez más profunda.
—No podremos regresar todavía.
Azharel observó la tormenta.
—Eso parece.
Merida volvió a mirarlo.
—¿Está mejor?
Él observó su hombro.
La herida prácticamente había desaparecido.
—Sí.
—Gracias a usted.
Ella sonrió un poco.
—Entonces deje de meterse en problemas.
Azharel soltó una pequeña risa.
—Intentaré hacerlo.
y el no cae en cuenta como es manipulado por ella , ciego por no querer ser menos en un mundo donde las bestias tienen poder y eso le va a jugar en contra 🤔
y el rey segado por el dolor tomando malas decisiones😡😡