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SUGAR MOMMY

SUGAR MOMMY

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido
Popularitas:1.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Paula Mariana Jurado Ramirez

A los 19 años, un joven conoce a una empresaria multimillonaria que quedó viuda hace muchos años. Ella ha dedicado todo su tiempo a criar a su hijo del y a dirigir su empresa, convencida de que el amor quedó atrás

NovelToon tiene autorización de Paula Mariana Jurado Ramirez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

PARESES ADOLESENTE ENAMORADA

La noche había caído sobre la Mansión.

Después de cenar, Andrea se encontraba en la sala con una taza de té entre las manos. El silencio era agradable, apenas interrumpido por el suave sonido del reloj de pared.

Sin darse cuenta, acariciaba con la yema de los dedos el collar que Alejandro le había regalado esa misma tarde.

Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.

—Es muy bonito... —susurró.

En ese momento, Adán bajó las escaleras con un libro bajo el brazo.

Al ver a su madre sonriendo sola, se detuvo unos segundos.

"Ahí está otra vez esa sonrisa...", pensó divertido.

Se acercó al sofá y se dejó caer a su lado.

—¿Qué haces, mamá?

Andrea salió de sus pensamientos.

—¿Eh? Nada... solo estaba descansando.

Adán miró el collar.

—Te quedó muy bonito.

Ella sonrió.

—¿Verdad?

—Sí.

Hubo unos segundos de silencio.

Andrea seguía jugando distraídamente con el dije de luna y estrella.

Adán no pudo evitar reír por lo bajo.

—¿Qué pasa? —preguntó Andrea.

—Nada...

—Te conozco demasiado bien.

Cuando dices "nada", es porque sí pasa algo.

Adán cerró el libro y la miró fijamente.

—¿Puedo hacerte una pregunta?

—Claro.

—Pero prométeme que no te vas a enojar.

Andrea soltó una pequeña risa.

—Eso depende de la pregunta.

—Promételo.

Ella negó con una sonrisa.

—Está bien. Lo prometo.

Adán respiró hondo.

—¿Te gusta Alejandro?

Andrea abrió tanto los ojos que casi dejó caer la taza de té.

—¿¡Qué!?

Adán no pudo contener la risa.

—¡Lo sabía!

Andrea sintió que el rostro comenzaba a calentársele.

—¿De dónde sacaste eso?

—Mamá...

Señaló el collar.

—Llevas como quince minutos tocándolo mientras sonríes.

Andrea apartó la mano del collar de inmediato.

—Yo no estaba haciendo eso.

—Sí lo estabas.

—No.

—Sí.

—No.

Adán comenzó a reír.

—Pareces una adolescente intentando negar que le gusta alguien.

Andrea escondió el rostro entre las manos.

—Adán...

—¿Qué?

Solo estoy diciendo lo que veo.

Ella soltó un largo suspiro.

—Es que...

No sé qué me está pasando.

Adán dejó de bromear.

Era la primera vez que veía a su madre hablar así.

Andrea bajó la mirada.

—Después de que tu papá falleció...

Pensé que nunca volvería a sentir algo por otra persona.

Creía que esa parte de mi vida había terminado.

Adán escuchaba atentamente.

—Pero desde que Alejandro apareció...

Todo empezó a cambiar.

Me hace sonreír sin darse cuenta.

Me preocupo cuando trabaja demasiado.

Y cuando no viene a la empresa...

Siento que el día es más largo.

Sonrió con un poco de vergüenza.

—Mira lo que estoy diciendo...

De verdad parezco una adolescente.

Adán soltó una risa cariñosa.

—Un poquito.

Andrea le dio un suave golpecito en el brazo.

—No te burles.

—No me estoy burlando.

Me da gusto.

Ella levantó la vista.

—¿De verdad?

Adán asintió.

—Muchísimo.

Hace años que no te veía tan feliz.

Siempre estabas trabajando.

Siempre pensando en la empresa.

Siempre cuidándome.

Pero casi nunca pensabas en ti.

Andrea sintió un nudo en la garganta.

—Tú eras mi prioridad.

—Y siempre lo seré.

Pero eso no significa que tengas que pasar el resto de tu vida sola.

Las palabras de su hijo hicieron que sus ojos se humedecieran.

Adán tomó una de sus manos.

—Mamá...

Tú mereces volver a enamorarte.

Mereces volver a reír.

Mereces que alguien también cuide de ti.

Andrea sonrió con emoción.

—Gracias, hijo.

—Además...

Alejandro es una gran persona.

Es respetuoso.

Trabajador.

Honesto.

Y te mira con una admiración que cualquiera puede notar.

Andrea sintió que el corazón se aceleraba.

—¿Tú crees?

—Estoy seguro.

Solo que es demasiado tímido para decirlo.

Ella rio por lo bajo.

—Él siempre ha sido muy respetuoso conmigo.

—Precisamente por eso me agrada.

Nunca intenta aprovecharse de ti.

Nunca presume que trabaja contigo.

Y jamás habla de tu dinero.

Lo único que hace es esforzarse todos los días.

Andrea sonrió con orgullo.

—Eso es cierto.

Adán volvió a mirar el collar.

—¿Sabes qué es lo más curioso?

—¿Qué?

—Cuando Alejandro te lo dio...

No parecía alguien entregando una joya.

Parecía alguien entregando un pedacito de su corazón.

Andrea sintió que las mejillas se le encendían otra vez.

Bajó la cabeza con una sonrisa imposible de ocultar.

Adán soltó una carcajada.

—¡Ahí está otra vez!

—¿Qué?

—¡Esa sonrisa!

Andrea volvió a cubrirse el rostro con las manos.

—Ya basta.

—No puedo.

Es muy gracioso verte así.

Nunca imaginé que la directora más seria del país pudiera ponerse tan nerviosa.

Andrea comenzó a reír.

Hacía mucho tiempo que no compartía un momento tan ligero con su hijo.

Cuando las risas terminaron, Adán la abrazó.

—Solo quiero que seas feliz.

Ella correspondió al abrazo con fuerza.

—Gracias.

Eres el mejor hijo que pude haber tenido.

Adán sonrió.

—Y si algún día decides darle una oportunidad a Alejandro...

Quiero que sepas que tendrás todo mi apoyo.

Andrea cerró los ojos por un instante.

No sabía qué le depararía el futuro.

Pero por primera vez en muchos años, su corazón volvía a llenarse de esperanza.

Y mientras acariciaba nuevamente el pequeño collar de luna y estrella, comprendió que quizá el destino le estaba regalando una segunda oportunidad para amar

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