El Destino de la Sangre Mestiza
En un mundo fracturado por una guerra milenaria entre criaturas de la noche, Selene es lo que todos temen y nadie debería existir: una híbrida. Heredera del fuego carmesí y la fuerza indomable de los lobos Alfa, vive escondiendo la mitad de su naturaleza en las sombras. Pero cuando una antigua profecía se desata y el Primer Híbrido despierta para devorar el continente, la única forma de salvar su hogar es pactar con el enemigo.
Valerius es el despiadado y letal príncipe de la Casa de las Sombras. Un vampiro noble que se mueve en la oscuridad con una fría elegancia, educado para odiar a la especie de Selene. Sin embargo, cuando la magia ancestral amenaza con destruirlo todo, se ve obligado a luchar codo a codo con la única mujer capaz de acelerar su frío corazón.
Entre batallas sangrientas contra dioses olvidados, traiciones de la Inquisición humana y secretos ocultos bajo el mar, una atracción peligrosa e inevitable florece entre la fiera y el vampiro.
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El trono de obsidianas.
Capítulo 14: El Trono de Obsidianas. El Gran Salón del Trono era un mausoleo de piedra gótica y columnas monumentales. Las bóvedas se alzaban como un cielo de sombras, y cada respiración parecía resonar contra los muros como un eco de condena. El aire estaba cargado con la presión mágica del Rey Vampiro, una gravedad opresiva que intentaba poner de rodillas a cualquiera que cruzara el umbral.—Valerius... mi heredero más brillante —dijo el Rey, descendiendo lentamente los escalones de mármol negro, su voz impregnada de desprecio—. Qué triste verte caminar al lado de un engendro y sus perros salvajes.Valerius apretó la empuñadura de su espada negra, y sus ojos reflejaron una determinación que había tardado años en forjarse. —Mi único error fue tardar tanto en abrir los ojos, majestad —respondió, dando un paso al frente con la espada desenvainada—. Tu era de tiranía termina hoy.El Rey rugió con furia, y con un movimiento de su túnica, los últimos tres Generales de la guardia carmesí se lanzaron al ataque.Lycan soltó un rugido feral, transformándose por completo en un enorme lobo de pelaje gris. Sus garras chocaron contra el acero del primer General, y el impacto sacudió el suelo como un terremoto. Valerius, por su parte, se enfrascó en un duelo mortal de sombras y filos contra los otros dos. El chispazo de las espadas y los impactos de magia resonaron por todas las bóvedas del castillo, iluminando el salón con destellos rojos y negros.Selene no se distrajo. Su mirada permaneció clavada en el Rey Vampiro, quien sonrió con desprecio mientras desenrollaba un látigo de energía carmesí pura.—Veamos si la sangre de mi hija rebelde sirvió de algo —siseó el anciano soberano, lanzando un latigazo mortal directo al rostro de Selene.Pero Selene no esquivó. Con una velocidad que dejó una estela de luz dorada, atrapó el látigo ardiente directamente con su mano desnuda. Las llamas de sangre del Rey chocaron contra la fuerza regenerativa de su linaje lobuno, provocando una chispa violenta que iluminó todo el salón.El Rey abrió los ojos de par en par, sorprendido.—No soy solo la sangre de tu hija —dijo Selene, tirando del látigo con una fuerza descomunal que desestabilizó al Rey y lo arrastró hacia ella—. Soy la unión de dos mundos que intentaste destruir.Con un movimiento implacable, Selene le encajó un rodillazo devastador en el pecho, haciendo crujir la armadura real. El Rey salió disparado contra los pies de su propio trono, escupiendo sangre oscura sobre los escalones.Rabioso, el soberano se puso en pie. Sus ojos resplandecieron en un rojo demoníaco y la tierra bajo el castillo comenzó a agrietarse. Las columnas vibraron, y las antorchas se apagaron una a una, dejando el salón en penumbra.—¡No te dejaré el reino a ti, maldita bastarda! —gritó el Rey, concentrando toda la magia ancestral del castillo para lanzar un ataque definitivo que prometía colapsar la estructura entera sobre todos ellos.Selene respiró hondo. Miró por un segundo a Valerius, quien acababa de derribar al último General, y luego a su padre, que la observaba con orgullo desde el centro del salón. El tiempo pareció detenerse en ese instante.Juntó las palmas de sus manos. El fuego carmesí y el aura dorada del lobo no solo se fusionaron: crearon una esfera de cristal violeta brillante que comenzó a absorber el poder del Rey como un remolino insaciable. La energía ancestral del castillo se agitó, como si el propio edificio se resistiera a perder a su amo.El Rey gritó, su voz resonando como un trueno en las bóvedas. Intentó resistirse, pero cada segundo lo debilitaba más. La esfera de Selene crecía, iluminando el salón con un resplandor que parecía anunciar el fin de una era.—Se acabó, abuelo —sentenció Selene, avanzando hacia él en medio de la tormenta.El Rey retrocedió, tambaleante, mientras la esfera consumía sus hechizos y su fuerza vital. El trono de obsidiana tembló, como si supiera que estaba a punto de perder a su dueño.Valerius levantó su espada, listo para dar el golpe final si Selene flaqueaba. Lycan, aún en forma de lobo, se colocó frente a la puerta, asegurándose de que ningún enemigo pudiera escapar.El salón entero se convirtió en un campo de batalla de luces y sombras. La magia ancestral del Rey chocaba contra la energía híbrida de Selene, y cada impacto hacía vibrar las paredes como si fueran a derrumbarse.El Rey Vampiro, debilitado y con la sangre oscura manchando su túnica, lanzó un último grito de desafío. —¡Este reino morirá conmigo!Pero Selene no dudó. La esfera violeta estalló en un destello cegador, envolviendo al Rey en un torbellino de energía que lo arrastró hacia el vacío.Cuando la luz se disipó, el soberano estaba de rodillas, derrotado, con la mirada perdida y el trono de obsidiana resquebrajado detrás de él.Selene avanzó un paso más, su voz firme como el acero. —Este reino no muere contigo. Renace conmigo.El silencio que siguió fue absoluto. El Gran Salón del Trono, testigo de siglos de tiranía, se convirtió en el escenario del inicio de una nueva era.