Durante ocho años, Shen Yuchen vivió bajo un nombre que no era el suyo.
Sin familia, sin poder, sin pasado y con una sola orden: no regresar hasta que terminara el plazo.
Pero la noche en que los ocho años llegan a su fin, alguien escribe su verdadero nombre en una calle olvidada de Lóngchéng.
Desde ese momento, todo comienza a derrumbarse.
Un falso heredero ocupa su lugar.
Un hombre con su mismo rostro asegura ser el verdadero Adrián Valerius.
Antiguas familias empiezan a perseguirlo.
Sus recuerdos esconden secretos que alguien borró deliberadamente.
Y dentro de su cuerpo despierta una fuerza relacionada con las misteriosas Nueve Puertas, un poder que incluso las familias más antiguas temen.
Mientras descubre la verdad sobre su origen, Shen Yuchen deberá construir su propio poder, enfrentarse a clanes, cultivadores, imperios empresariales y enemigos ocultos durante siglos.
Pero existe un problema todavía mayor:
Su identidad no fue simplemente robada.
Fue dividida.
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Tres Nombres
Nadie se movió.
Tres hombres.
Tres identidades.
Shen Zhaoling.
Adrián Valerius.
Y el desconocido con el mismo rostro.
El hombre levantó la caja.
—¿Buscabas esto?
Adrián dio un paso.
—Devuélvela.
—No te pertenece.
Shen Guangdao gritó:
—¿Quién eres?
El desconocido miró a los ancianos.
—Hace dieciocho años ustedes mataron mi familia.
Silencio.
—Luego utilizaron mi nombre para esconder a su heredero.
Señaló a Adrián.
—Y ahora preguntan quién soy.
Zhaoling miraba confundido.
—¿Dos?
Wei Kuan susurró:
—Esto es mejor de lo esperado.
El desconocido bajó al Pozo.
—Mi nombre es Adrian Marcus Valerius.
Adrián sintió algo extraño escuchándolo.
—Nací en Lóngchéng.
—Mi madre era Lin Xue.
—Mi tía Lin Yue.
Adrián preguntó:
—¿Por qué tenemos la misma cara?
Adrian Valerius lo miró.
—Porque tu padre decidió que necesitabas una vida.
—¿Y tú?
—Yo era desechable.
Rabia real.
Adrián no discutió.
—Abre el registro.
Adrian levantó la caja.
—¿Por qué?
—Porque ambos necesitamos respuestas.
—Yo ya tengo algunas.
—Entonces compártelas.
—No.
Adrián casi sonrió.
—Definitivamente nos parecemos.
Adrian frunció el ceño.
Shen Guangdao ordenó:
—Captúrenlo.
Guardias avanzaron.
Adrian abrió la caja.
Todos se detuvieron.
Dentro había documentos.
Y un objeto.
Una piedra negra.
La misma energía silenciosa llenó el lugar.
Adrián sintió su segunda resonancia.
Adrian también reaccionó.
Ambos tocaron el pecho.
Meilin tenía razón.
La resonancia estaba dividida.
—Tú tienes la otra mitad —dijo Adrián.
Adrian lo entendió al mismo tiempo.
—No.
La piedra brilló.
El Pozo Ancestral respondió.
Dos luces.
Una hacia cada hombre.
El agua mostró una imagen.
Han Qiren.
Más joven.
—Si ambos están viendo esto, entonces fracasamos.
Grabación.
—Doble Umbral no creó dos herederos.
—Dividió una resonancia entre dos cuerpos.
Adrián sintió frío.
Adrian también.
—Shen Yuchen nació con una respuesta imposible.
—Dos Puertas.
Meilin había visto correctamente.
—Para ocultarlo, utilizamos un segundo cuerpo compatible.
—Adrian Valerius.
El verdadero Adrian apretó los dientes.
—La resonancia fue dividida.
—Pero algo salió mal.
La grabación mostró fuego.
—Ambos niños desarrollaron conexión.
—Si uno muere, la resonancia puede regresar al otro.
Silencio.
Adrián miró a Adrian.
Él comprendió.
Sus vidas estaban conectadas.
Han continuó:
—Por eso deben mantenerse separados.
—No deben intentar reunificar las Puertas.
—Si lo hacen...
La imagen falló.
—...despertará aquello que Doble Umbral intentó ocultar.
Grabación terminada.
Nadie habló.
Shen Guangdao estaba blanco.
Adrián preguntó:
—¿Qué significa?
Adrian respondió:
—Que tú y yo somos problemas mutuos.
—No necesariamente.
—Si mueres, recibo tu mitad.
—O mueres conmigo.
Adrian sonrió.
—Podemos comprobarlo.
Atacó.
Adrián bloqueó.
Dos estilos diferentes.
Mismo cuerpo.
Extraño.
Adrian era más rápido.
Adrián más fuerte.
Zhaoling observaba.
Rabia.
Toda su vida había sido construida alrededor de un nombre.
Ahora aparecían dos hombres por encima.
Liberó energía.
Atacó a ambos.
Caos.
Tres.
Guardias.
Ancianos.
El Pozo reaccionó.
Wei Kuan retrocedió.
—Esto terminará mal.
Agua negra comenzó a subir.
Una voz antigua llenó la cámara.
Tres portadores.
Todos se congelaron.
—¿Tres? —susurró Adrián.
El Pozo iluminó a Zhaoling también.
Una sangre.
Dos resonancias.
Tres destinos.
La piedra negra se rompió.
Una onda lanzó a todos.
Adrián despertó minutos después.
El verdadero Adrian había desaparecido.
La caja también.
Zhaoling estaba inconsciente.
Los ancianos discutían.
Shen Guangdao miró a Adrián.
—Debes quedarte en la Casa.
—No.
—No es una petición.
Adrián se levantó.
—Entonces intente detenerme.
Silencio.
Shen Guangdao no dio la orden.
Eso dijo mucho.
Adrián caminó hacia la salida.
Wei Kuan lo alcanzó.
—¿Todavía tienes mi tarjeta?
—Sí.
—Úsala.
—¿Por qué?
—Porque ahora todas las Casas van a elegir bando.
—¿Y tú?
Wei sonrió.
—Todavía estoy decidiendo cuál paga mejor.
Adrián salió.
Afuera, Meilin esperaba.
—¿Qué ocurrió?
Adrián la miró.
—Somos tres.
Su expresión cambió.
—Eso no es posible.
—Empiezo a cansarme de escuchar esa frase.
Jian Mo apareció.
Adrián lo miró.
—Tú sabías del verdadero Adrian.
Jian no respondió.
—¿Desde cuándo?
—Siete años.
Adrián lo golpeó.
Jian cayó.
Meilin no intervino.
—Me mentiste.
—Sí.
—¿Por qué?
Jian se limpió sangre.
—Porque tu padre me pidió proteger a uno.
—¿Cuál?
Silencio.
Adrián sintió frío.
—¿Cuál?
Jian respondió:
—Nunca me dijo.