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Entre La Lealtad Y El Deseo: El Millonario Prohibido

Entre La Lealtad Y El Deseo: El Millonario Prohibido

Status: Terminada
Genre:Romance / Amor prohibido / CEO / Completas
Popularitas:6.6k
Nilai: 5
nombre de autor: patricia sinisterra

Traicionada por quienes más amaba y reducida a la nada, Angie huye de su vida anterior con el corazón roto y sin un centavo. La única mano extendida es la de Roberta, su amiga de toda la vida, que la acoge en su hogar sin hacer preguntas. Allí, Angie conoce al padre de su amiga: Lucian, un hombre imponente, millonario, de mirada profunda y carácter inquebrantable.

Entre ellos surge algo imposible de callar: un deseo abrasador, una conexión que quema cada encuentro, aunque el secreto los condene. Cuando la verdad sale a la luz, la culpa y el miedo la empujan a huir. Pero Lucian no está dispuesto a dejarla ir: la retiene, no como prisionera, sino como la mujer que posee su alma. Ahora Angie deberá elegir: ¿la lealtad que le debe a su amiga, o el deseo que la consume junto al hombre prohibido?

NovelToon tiene autorización de patricia sinisterra para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Reglas que se rompen

—Tenemos que poner límites —dije, sentada junto a él en el rincón más apartado del jardín, donde los arbustos espesos nos ocultaban del resto de la casa—. Si seguimos así, nos descubrirán. Y todo se vendrá abajo.

Lucian me miró, serio, asintiendo despacio.

—Tienes razón. Acordemoslo. No nos veremos en tu habitación ni en la mía. No nos tocaremos si hay alguien cerca. Y… y no dejaremos que esto nos consuma.

Asentí, apretando las manos en el regazo.

—Está bien. Es lo correcto.

Pero las reglas se rompieron antes de que termináramos de pronunciarlas.

Apenas hubo pronunciado la última palabra, me atrajo hacia sí y me besó con una urgencia que me dejó sin respiración. Fue un beso breve, intenso, que desmintió todo lo que acabábamos de decir.

—Lo siento —murmuró, sin soltarme del todo—. Pero cada vez que te veo, se me olvida todo lo demás.

—A mí también —confesé, sintiendo cómo la determinación se me desmoronaba—. Pero debemos intentarlo.

Lo intentamos. Durante dos días enteros mantuvimos la distancia: miradas breves, palabras educadas, ningún roce, ningún encuentro a solas. Sin embargo, cada vez que cruzábamos la mirada, sentía que él me reclamaba en silencio. Y yo, por más que intentaba apartar la vista, siempre terminaba volviendo a él.

El tercer día, me encontró en el pasillo cuando nadie nos veía. Me tomó de la mano y me llevó a un pequeño salón vacío, cerrando la puerta tras de sí.

—No puedo —dijo, con la respiración entrecortada—. No puedo fingir que eres una extraña. No puedo tratarte como si no fueras lo más importante que tengo.

—Las reglas, Lucian… —susurré, aunque mi cuerpo ya se inclinaba hacia él.

—Las reglas las pusimos nosotros —respondió, acercándose hasta tocarme con la mirada—. Y nuestro corazón no las obedece. ¿Acaso el tuyo no late igual de rápido cuando me ve? ¿Acaso no buscas mis manos cuando nadie mira?

No supe qué responder. Era verdad. Cada encuentro era más arriesgado: nos escondíamos en lugares cada vez menos seguros, nos besábamos con más fuego, nos aferrábamos el uno al otro como si el tiempo se nos acabara. Ya no bastaban los roces furtivos; necesitábamos más, más tiempo, más cercanía, todo lo que no podíamos tener.

Me tomó el rostro entre las manos y me miró de una forma que me asustó: con un amor intenso, posesivo, absoluto, como si yo fuera el centro de su universo entero.

—Eres mía —dijo, y su voz no era una petición ni una afirmación: era una verdad que él sentía en los huesos—. No importa cuánto nos escondamos, no importa quién lo sepa. Eres mía. Y yo no pienso compartirte con nadie.

—Me asusta —susurré, retrocediendo un paso—. Me mira como si yo fuera todo lo que tiene… y eso me pesa. Si fallo, si me equivoco…

—No vas a fallar —me interrumpió, acercándose de nuevo—. No te dejaré caer. Lo que siento por ti no es algo que pueda apagar. Es más fuerte que yo, más fuerte que todo.

Me besó entonces, y esta vez no hubo prisa por irse. Me apretó contra su cuerpo con una intensidad que me hizo sentir atrapada y protegida a la vez. Sus manos me recorrieron con una posesividad que me hizo estremecer, y supe que ya no había vuelta atrás. Las reglas que habíamos puesto se habían hecho añicos antes de empezar. Cada límite que intentábamos respetar se convertía en una excusa para cruzarlo.

—Dime que te detenga —susurró contra mis labios, aunque me atraía más hacia él—. Dímelo de verdad.

—No —respondí, perdiéndome en su mirada—. No me detengas.

Cuando salimos de aquella habitación, sabía que estábamos jugando con fuego cada vez más cerca del incendio. Nos mirábamos en la mesa, en el jardín, en cada rincón de la casa, y el amor que sentíamos era tan grande, tan evidente, que me sorprendía que nadie más lo viera. Lucian no intentaba ocultarlo del todo: su mirada me seguía a todas partes, su voz se suavizaba cuando me hablaba, y su presencia llenaba cada espacio donde yo estaba.

Esa noche, desde la ventana, lo vi en el jardín mirando hacia mi habitación. No se apartó cuando lo descubrí. Se quedó allí, firme, esperándome. Y yo supe que bajaría. Que siempre bajaría.

Las reglas ya no existían. Solo quedábamos nosotros, y un amor que no conocía límites, ni prudencia, ni miedo.

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Rocio Garcia
mmmm diferente 🤭👏
karencitha
si fuera Roberta no los perdono a los dos tomo mis cosas y me voy haga de cuenta que están muertos para mi 😡
Tere Jimenez
muy interesante el capítulo gracias
Tere Jimenez
gracias por compartir tus capitulos
Tere Jimenez
muy interesante la novela ojalá y nos regales más capitulos felicidades
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