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Cancelé la boda y mi ex acabó en la ruina

Cancelé la boda y mi ex acabó en la ruina

Status: Terminada
Genre:Mujer poderosa / Venganza / Juego de roles / Completas
Popularitas:91.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Irin_Kokh

El día de su boda, Alegra Valdés descubre que Sebastián Girón, el hombre por quien renunció a su apellido y a su fortuna, lleva meses engañándola.
Pero Alegra no piensa llorar frente al altar.
Delante de todos los invitados, revela la traición, cancela la boda y recupera la identidad que había ocultado: no es una mujer sin recursos, sino la verdadera heredera de una de las familias más poderosas de Santa Aurelia y una brillante investigadora farmacéutica.
Mientras Sebastián pierde su prestigio, su empresa y todo aquello que creyó tener asegurado, Alegra vuelve a empezar. Entonces aparece Damián Montero, su frío e insoportable director, con una propuesta inesperada: un matrimonio por conveniencia.
Lo que ella no sabe es que Damián lleva diez años protegiéndola en silencio.
Entre secretos familiares, conspiraciones científicas, enemigos dispuestos a destruirlos y un contrato que empieza a parecerse demasiado al amor, Alegra tendrá que decidir si está preparada para confiar de nuevo… esta vez en el hombre que nunca dejó de elegirla.

NovelToon tiene autorización de Irin_Kokh para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 17

Cap 17: La trampa de la amistad

El viernes de la séptima semana, Violeta me llamó llorando.

—Ale, Marcos me encontró. Está afuera de mi departamento. Golpeó la puerta. Estoy temblando, no sé qué hacer.

Agarré las llaves y salí corriendo.

Llegué al departamento seguro en veinte minutos. La calle estaba tranquila, demasiado tranquila para un viernes por la noche en ese barrio. No había ningún hombre afuera. La puerta estaba intacta.

Vi me abrió con los ojos rojos y un pañuelo en la mano.

—Se fue hace diez minutos. Me gritó que iba a matarme si no le abría. Ale, tengo mucho miedo.

La abracé. La consolé. Le hice un té. Le dije que mañana mismo hablaríamos con la abogada para acelerar la orden de restricción.

Pero mientras le servía el té, mis ojos recorrieron la puerta de entrada. Sin rasguños. Sin marcas de golpes. La mirilla limpia. El piso del pasillo impecable, como lo vi la última vez.

Si un hombre desesperado hubiera golpeado esa puerta durante minutos, habría dejado algo, una marca, un rasguño, una huella en la pintura barata. Esta puerta estaba tan perfecta como el día en que le di las llaves.

No dije nada. Guardé el dato.

El lunes, Vi me llamó de nuevo.

—Marcos me está siguiendo. Lo vi esta mañana cuando salí a comprar café. Me asusté tanto que se me cayeron las bolsas. Un hombre que pasaba me ayudó a recogerlas y le gritó a Marcos que se fuera. Todo pasó muy rápido.

—¿Lo grabaste?

—No, no me dio tiempo. Pero alguien grabó el momento en que el hombre le gritó a Marcos. Un video cortito, como de diez segundos.

—Mándamelo.

—Es que... el video no se ve bien. Lo que se ve es a mí tirando las bolsas y al hombre empujando a Marcos. Parece como si yo estuviera peleando con alguien. Fuera de contexto, se ve raro.

No entendí lo que me quería decir hasta que lo entendí todo.

Esa tarde, el video apareció en InstaVida. No el video original, una versión editada, con un ángulo diferente, donde lo único que se veía era a una mujer gritando en la calle y a otra mujer, yo no aparecía, pero el titular decía que sí, «interviniendo agresivamente». El pie del video decía: «Heredera farmacéutica involucrada en altercado callejero».

A las seis de la tarde, el video tenía treinta mil reproducciones. A las ocho, el departamento de relaciones públicas de Grupo Valdés me llamó para preguntar qué había pasado. A las diez, un periodista del noticiero me envió un mensaje pidiendo declaraciones.

Llamé a Vi.

—Vi, ¿viste el video que anda circulando?

—Sí, qué horror. Alguien editó todo para que pareciera que tú estabas involucrada. No entiendo quién haría algo así.

Su voz sonaba indignada. Perfectamente indignada. Como si la indignación fuera una nota musical que había practicado hasta afinarla.

Colgué. Me senté en mi escritorio del instituto y me quedé mirando la pantalla durante cinco minutos.

Algo no cuadraba. Nada cuadraba. El departamento sin marcas de golpes. El video que aparece en el momento justo. La edición profesional que convierte un incidente menor en un escándalo de imagen pública. Todo era demasiado conveniente, demasiado oportuno, demasiado perfectamente armado.

Y en el centro de todo, Violeta Cortés con sus ojos húmedos y su gratitud infinita.

A las siete de la noche, Montero entró a mi oficina sin tocar. Leyó algo en su teléfono, lo guardó y me miró.

—¿Qué pasó?

—Un video editado. Fuera de contexto. Ya lo está manejando el equipo de comunicación de mi familia.

—Lo va a manejar el equipo legal del instituto también.

—No es necesario, Montero. Esto no tiene nada que ver con el instituto.

—Todo lo que te afecte a ti afecta al proyecto. Y todo lo que afecte al proyecto me afecta a mí. —Pausa—. El comité de ética evalúa al equipo completo antes de aprobar los ensayos clínicos. Una nota negativa en la prensa sobre la investigadora principal podría retrasar la aprobación seis meses.

Era un argumento perfecto. Lógico, frío, impecable. Y absolutamente falso.

Damián Montero no estaba protegiendo un proyecto. Estaba protegiéndome a mí. Pero necesitaba una razón de laboratorio para justificarlo, como si los sentimientos fueran una variable que no podía incluir en sus ecuaciones.

—Gracias —dije.

—Es cuestión de estrategia, Valdés. No hace falta agradecer.

Igual que el agua. Igual que el café. Igual que la noche en el estacionamiento. Montero ayudaba como respiraba, sin admitir que lo estaba haciendo.

Su equipo legal contactó a la plataforma. En cuarenta y ocho horas, el video fue retirado por «contenido manipulado» y el periodista publicó una rectificación. El incidente murió como mueren las tormentas en redes sociales: rápido, sin dejar nada más que el recuerdo de que alguien quiso hacerme daño y no lo logró.

Pero el daño real no era el video. El daño real era la duda.

El miércoles por la noche, mientras ordenaba los papeles que Vi me había dado la semana anterior, documentos de su caso legal, facturas del departamento, una copia de la denuncia contra «Marcos», una hoja se deslizó dla carpeta y cayó al suelo.

Era una nota adhesiva. Pequeña, amarilla, del tipo que se pega en los monitores de computadora. Tenía dos cosas escritas a mano:

Una dirección. Y una hora.

La dirección era del edificio Palermo, un complejo de departamentos en el borde de La Ribera. Un lugar que yo conocía, porque fue uno de los que Rodrigo me ayudó a buscar cuando Vi necesitaba un lugar seguro, lo descartamos porque estaba demasiado cerca del centro.

La hora era las tres de la tarde del viernes.

No reconocí la letra. No era la de Vi, la suya era redonda, con las «a» abiertas como bocas. Esta era angular, apresurada, masculina.

¿Y qué tenía que ver una dirección en La Ribera con el caso de Violeta contra su supuesto novio violento?

Metí la nota en mi bolso. La fotografié por ambos lados. La guardé en una carpeta digital que había empezado a llenar con todo lo que no cuadraba sobre Vi: el moretón en el lugar incorrecto, el departamento sin rastro de hombre, la llamada de «J», la puerta sin marcas de golpes, el video demasiado conveniente.

Y ahora una nota adhesiva con una dirección que, según la búsqueda rápida que hice en mi teléfono, correspondía al departamento 7B del edificio Palermo.

Busqué quién vivía en ese departamento. No encontré nada en los registros públicos, estaba registrado a nombre de una empresa fantasma.

Pero el nombre de la empresa me sonaba. Lo había visto antes, en otro contexto, hace semanas: en los documentos de la empresa que Sebastián Girón usaba para sus operaciones comerciales cuando todavía tenía operaciones comerciales.

Sebastián.

La nota cayó dla carpeta de Vi. La dirección estaba vinculada a una empresa de Sebastián. Y la hora, las tres de la tarde del viernes, era mañana.

Cerré la laptop. Me serví un americano. Lo tomé de pie, como siempre, mirando las luces de Santa Aurelia a través de la ventana.

Mañana a las tres de la tarde iba a estar frente al edificio Palermo. No para confrontar a nadie, para observar. Para confirmar lo que mi instinto llevaba semanas gritándome y que mi corazón no quería escuchar:

Que Violeta Cortés no estaba en problemas.

Que Violeta Cortés era el problema.

Continuará...

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Tita Reynoso
Autora disculpe la audacia, no soy escritora, pero desde cuándo es abogado Damián, no era biólogo o algo que tenía que ver con la genética como Victor Montoya su padre??? y la herida de los diecinueve puntos estaba ubicado desde el omóplato a las costillas??? cómo que ahora la cicatriz la tiene en la mano??? se me hace difícil de entender que ahora es abogado. no lo entiendo....🤔
Yanira Aguilar
la novela es buena, interesante,atrapa al lector ,pero muy larga
Paula Tabares
incoherente, cambia hechos, edades y los personajes. se vuelve un poco incoherente. me parece demasiado larga.
Paula Tabares
ahora ya mato la mamá y no me di cuenta jajaha
Becky Navarro
nunca aprendió a preparar café y eso que?
Paula Tabares
jajaja, no la autora sabe lo que está escribiendo, pasamos de alguien de 23 años que trabaja y vive sola a una niña de 8 años. Autora revisa tu obra y sigue bien la continuidad de los personajes.🤣
Ma Cecilia Valdivia Gutierrez
Porque tantas incoherencias, ahora resulta q Rubí tiene 8 años!!!
Becky Navarro
como que su padre adoptivo
Amparo Salinas
Hay que poner a funsioar el 6 sentido ese que no miente/Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm/
Paula Tabares
niñas de 8 años?????
Paula Tabares
cuando empiezan a dormir juntos?
Amparo Salinas
ojala lo supere /Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm/
Tita Reynoso
AL FIN ESTAMOS AVANZANDO EN LUGAR MAS O MENOS SEGURO!!!! OJALÁ LO LOGREN 🙏🙏🙏💖💖💖💖💖🌹🌹🌹🌹🌹
Dach Chavez
Al iniciar a leer esta novela, cuando vi que son 180 capitulos, creí que tal vez me tendría que saltar algunos por que eran aburridos, pero no, cada capituló es muy interesante, gracias autora va excelente esta novela👏
Luc Duran
aunque ustedes no m crean parece una trama del gobierno de Venezuela /Bye-Bye//Bye-Bye//Bye-Bye/
Becky Navarro
como que rubi en las piernas de su papá y luego con crayolas qué no era enfermera ? y tenía en un departamento Sola ay autora ya se le van las cabras al monte
Luc Duran
está narrativa m recuerda al COVID..personas q por decirlo así c m dieron a un cuarto a procesar con premeditación y alevosía matar gente de la tercera edad,eso era lo q premeditaron...pero el virus q crearon afecto a todos sin orden d edad y más..muchos c enriquesieron con esa epidemia,países enteros c enriquesieron Venezuela fue uno d esos países...y m preguntó quién está preso por eso..????? a quien le quitaron la licencia de científico loco..en china,o en cualquier país q lo creo y lo esparció...quien..???? la respuesta es a NADIE..Q tristeza y esos locos andan sueltos y creando más daño para nosotros LA HUMANIDAD
Tita Reynoso
Por favor, que fácil se propaga el virus y nadie da con el maldito demonio que lo sembró!!!!🤔
Becky Navarro
esto está mejorando mucho
Tita Reynoso
AY AUTORA QUE NO LE PASE NADA GRAVE A ALEGRA, Y QUE PASE PRONTO ESAS SEMANAS DE SEPARACIÓN!!!!!🙏🙏🙏💖💖💖💖💖
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