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LA HABITACIÓN QUE NUNCA DEBIÓ ABRIRSE

LA HABITACIÓN QUE NUNCA DEBIÓ ABRIRSE

Status: En proceso
Genre:Casos sin resolver / Maldición / Terror
Popularitas:368
Nilai: 5
nombre de autor: Ana Rosa Yosef Osca

Valeria Salvatierra ha aprendido a desconfiar de los misterios. Como periodista, sabe que detrás de cada leyenda existe una explicación y que incluso los casos más extraños pueden resolverse siguiendo las pistas correctas.
Hasta que una mañana recibe una caja sin remitente.
Dentro encuentra una fotografía antigua de cinco personas frente a una mansión abandonada. El rostro de una de ellas ha sido borrado con tinta negra. También hay un recorte de periódico sobre la desaparición de una joven ocurrida treinta años atrás... y una llave marcada con un número:
17.
En el reverso de la fotografía hay una advertencia:
«Ella murió hace treinta años. Pero anoche volvió a llamar a mi puerta.»
Valeria comienza a investigar y descubre que la desaparición está relacionada con una habitación que la policía nunca pudo registrar.
La habitación 17.
Mientras sigue las pistas, nuevos asesinatos comienzan a ocurrir y personas relacionadas con aquella antigua tragedia empiezan a morir una tras otra.

NovelToon tiene autorización de Ana Rosa Yosef Osca para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 14 — La que sobrevivió

La figura permaneció en la entrada de la habitación. Su rostro era idéntico al de Valeria, pero había algo en sus ojos que la hacía parecer completamente distinta. No había miedo en ellos, solo una tranquilidad inquietante. Detrás de ella, la sombra se extendía por el suelo como si tuviera vida propia. Valeria sostuvo con fuerza la mano de Vera.

—¿Quién eres?

La mujer sonrió.

—La pregunta correcta es quién eres tú.

—Ya estoy cansada de los acertijos.

—Entonces deja de hacer preguntas y empieza a recordar.

La mujer dio un paso hacia ellas. La hermana mayor se colocó delante de Valeria.

—No te acerques.

La recién llegada la observó.

—Sigues protegiéndolas.

—Son mis hermanas.

—No por mucho tiempo.

Samuel levantó el arma.

—Un paso más y disparo.

La mujer soltó una pequeña risa.

—Las armas no sirven contra alguien que ya está muerto.

Samuel se quedó inmóvil. Valeria miró a la mujer.

—¿Estás muerta?

—Lo estuve.

—¿Y ahora?

—Ahora soy lo que la casa necesitaba que fuera.

Las velas comenzaron a apagarse. La temperatura descendió bruscamente y las paredes empezaron a crujir. La hermana mayor miró hacia el techo.

—Tenemos que irnos.

—¿Por qué?

—La casa está intentando cerrar la habitación.

Elena tomó a Vera.

—¿Cómo salimos?

—Por el túnel.

Samuel abrió la puerta lateral, pero el pasadizo había desaparecido. Solo había una pared de piedra.

—No está.

La hermana mayor negó lentamente.

—La casa cambió el camino.

Valeria miró a la mujer que tenía su rostro.

—Tú sabes cómo salir.

—Sí.

—Entonces dinos.

—Primero debes entregarme algo.

—¿Qué?

La mujer señaló la pulsera que Valeria sostenía.

—Eso.

Valeria apretó la pulsera contra su pecho.

—No.

—Es el recuerdo de tu verdadera identidad.

—Entonces precisamente por eso no te lo daré.

La mujer sonrió.

—Ya lo hiciste una vez.

Valeria sintió un dolor repentino en la cabeza. Imágenes comenzaron a aparecer: una habitación oscura, dos niñas abrazadas, una mujer gritando y Gabriel golpeando una puerta. Después escuchó una voz.

«Valeria, corre.»

Abrió los ojos.

—Yo recuerdo.

Vera la miró.

—¿Qué viste?

—Papá estaba aquí.

—¿Qué más?

Valeria respiró con dificultad.

—Nos estaba sacando de la casa.

La hermana mayor cerró los ojos.

—Finalmente.

—Pero alguien nos separó.

—Sí.

Valeria la miró.

—¿Isabel?

—No.

—¿Quién?

La hermana mayor señaló a Elena.

Valeria se quedó paralizada.

—¿Mamá?

Elena comenzó a llorar.

—Yo no quería hacerlo.

—¿Qué hiciste?

—Elegí a una de ustedes.

Vera retrocedió.

—¿A quién?

Elena no pudo responder. Valeria sintió que la cabeza le daba vueltas.

—¿Me elegiste a mí?

Elena negó.

—Elegí a Vera.

Vera comenzó a llorar.

—¿Por qué?

—Porque pensé que tú eras la que la casa quería.

La mujer de la entrada sonrió.

—Y ahí comenzó el error.

Valeria la miró.

—¿Qué error?

—Tu madre sacó a Vera de la casa.

Vera abrió los ojos.

—Entonces...

—Sí. La que quedó atrás fuiste tú.

El silencio fue absoluto. Valeria miró a Vera.

—¿Yo me quedé?

Vera lloró.

—Yo siempre pensé que tú habías salido.

La hermana mayor intervino.

—Ninguna salió aquella noche.

Valeria levantó la mirada.

—¿Entonces quién salió?

La mujer sonrió.

—Yo.

Valeria sintió un escalofrío.

—¿Tú?

—La casa creó una versión de mí con los recuerdos de ustedes.

Samuel negó.

—Eso no tiene sentido.

—En esta casa, el sentido murió hace mucho.

La mujer dio otro paso.

—Cuando Gabriel intentó destruir el pacto, la casa necesitaba un cuerpo que pudiera abandonar sus paredes. Utilizó mis recuerdos y los de las niñas.

Valeria comprendió.

—Por eso creí ser Valeria.

—Sí.

—Y tú...

—Soy la copia que sobrevivió fuera.

Valeria la miró fijamente.

—Entonces ¿dónde está la verdadera Valeria?

La mujer sonrió.

—Frente a mí.

Valeria sintió un escalofrío.

—¿Yo?

—Sí.

La hermana mayor asintió lentamente.

—Tú eres la niña que quedó atrapada.

Valeria miró sus manos.

—Entonces todo lo que recuerdo...

—Son recuerdos implantados.

—¿Mi infancia?

—Parte de ella fue real.

—¿Mi madre?

Elena comenzó a llorar.

—Yo te amé desde el primer día.

Valeria la miró.

—Pero creíste que yo era otra persona.

—No sabía cuál de las dos había regresado.

La mujer de la entrada soltó una carcajada.

—Y eso era exactamente lo que la casa quería.

Un golpe estremeció las paredes. La puerta comenzó a cerrarse.

Samuel gritó:

—¡Tenemos que salir ahora!

La hermana mayor corrió hacia una pared y retiró una piedra. Detrás apareció un estrecho pasadizo.

—¡Por aquí!

Todos comenzaron a entrar. Valeria fue la última. Antes de cruzar, miró a la mujer.

—¿Por qué nos estás ayudando?

La mujer dejó de sonreír.

—Porque quiero recuperar lo que me pertenece.

—¿Qué?

—Mi vida.

La puerta se cerró detrás de Valeria. El pasadizo descendía rápidamente. Samuel iba delante, seguido por Elena y Vera. La hermana mayor caminaba detrás de Valeria.

—¿A dónde lleva?

—A la salida.

—¿Y tú?

—Yo no puedo salir.

Valeria se detuvo.

—¿Por qué?

—Porque la casa tiene mi nombre.

Valeria comprendió.

—Entonces si recupero mi identidad...

—La casa perderá el control sobre ti.

—¿Y qué ocurrirá contigo?

La mujer sonrió con tristeza.

—Eso depende de lo que hagas.

Antes de que Valeria pudiera preguntar más, un grito atravesó el túnel.

Era Vera.

Todos corrieron. La encontraron frente a una puerta. La niña estaba inmóvil.

—¿Qué pasa?

Vera señaló la puerta.

Había una inscripción recién aparecida.

SOLO UNA PUEDE SALIR.

Valeria sintió que el corazón se le detenía. La hermana mayor llegó detrás de ella.

—La casa está haciendo su última elección.

Samuel miró a Valeria.

—No.

—¿Qué?

—No vamos a aceptar sus reglas.

Valeria observó la inscripción. Después tomó la pulsera que llevaba en la mano y la colocó contra la puerta. La madera comenzó a temblar.

Una voz surgió de las paredes.

—Elige.

Valeria cerró los ojos.

—No.

La voz volvió a hablar.

—Una debe quedarse.

—No.

—Una debe morir.

Valeria abrió los ojos.

—Entonces tendrá que encontrar otra forma.

La casa comenzó a rugir. Las paredes se agrietaron. La hermana mayor miró a Valeria.

—¿Qué estás haciendo?

Valeria sonrió por primera vez.

—Rompiendo las reglas.

Colocó la mano sobre la puerta.

—Mi nombre es Valeria.

La casa quedó en silencio.

Después, una segunda voz susurró desde las profundidades:

—Ese no es tu verdadero nombre.

Valeria sintió un escalofrío. La hermana mayor se acercó.

—Entonces recuerda.

Valeria cerró los ojos.

Y esta vez vio todo: la noche de 1996, las dos niñas, Gabriel, Elena, Isabel, la puerta y finalmente recordó lo que había ocurrido justo antes de desaparecer.

Recordó quién la había encerrado.

Abrió los ojos.

—Ya sé quién hizo el pacto.

Samuel la miró.

—¿Quién?

Valeria observó a Elena. Su madre comenzó a llorar.

—No...

Valeria dio un paso atrás.

—Fuiste tú.

La casa quedó completamente en silencio.

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