Cuando Lysandra Aster, la nieta olvidada de la Casa Aster, muere traicionada por sus propios familiares, cree que todo ha terminado. Sin embargo, despierta diez años en el pasado, cuando apenas tiene ocho años.
Con los recuerdos de su vida anterior, decide cambiar el destino de su familia. En lugar de buscar venganza, utilizará su inteligencia para fortalecer la casa Aster, proteger a quienes le fueron leales y descubrir el oscuro secreto que amenaza al imperio.
Mientras las demás familias nobles luchan por el poder, Lysandra teje alianzas, impulsa el comercio y se convierte en una estratega brillante. En el camino conocerá al reservado príncipe heredero Kael, un joven que también carga con un destino incierto.
Pero cambiar el pasado tiene un precio, y cada decisión acerca a Lysandra a una verdad que podría destruir el imperio... o convertirla en la mujer más poderosa de su época.
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Capítulo 14: Una propuesta inesperada
La noticia del descubrimiento del yacimiento de cristales de maná se extendió por todo el Imperio de Elarion en apenas unos días.
Los comerciantes hacían fila frente a la mansión Aster para ofrecer contratos.
Los nobles enviaban regalos con la esperanza de fortalecer sus relaciones con la familia.
Y quienes antes despreciaban a la Casa Aster comenzaron a cambiar de actitud.
Pero Lysandra sabía que aquello también traería nuevos peligros.
Donde había riqueza...
Siempre aparecía la ambición.
Una mañana, Cedric reunió a los principales miembros de la familia.
—Desde hoy, el bosque de Arlen quedará bajo la protección directa de la Casa Aster.
Nadie podrá entrar sin mi autorización.
Los administradores asintieron.
Aldren también.
Aunque por dentro hervía de rabia.
"Otra vez..."
"Todo lo que toca esa niña termina convirtiéndose en un éxito."
Mientras los demás abandonaban la sala, Aldren permaneció sentado.
Cedric lo miró.
—¿Deseas decir algo?
—Solo espero que no estemos confiando demasiado en una niña.
El gran duque sonrió con tranquilidad.
—No confío en su edad.
Confío en sus resultados.
Aquellas palabras fueron como una daga para Aldren.
Sin responder, abandonó la habitación.
Esa misma tarde llegó una carroza imperial.
El escudo dorado del emperador brillaba bajo el sol.
Un caballero descendió y realizó una profunda reverencia.
—Traigo un mensaje para el gran duque Cedric y la señorita Lysandra.
Cedric rompió el sello.
Leyó la carta lentamente.
Después sonrió.
—Parece que tendremos invitados.
—¿Quiénes? —preguntó Lysandra.
—Su Alteza Kael... y el Gran Mago Armand vendrán a pasar unos días en nuestra mansión.
Lysandra abrió ligeramente los ojos.
Aquello no había ocurrido en su vida anterior.
El futuro seguía alejándose del camino que ella recordaba.
Dos días después, la residencia Aster recibió a los visitantes.
Kael fue el primero en bajar de la carroza.
Al ver a Lysandra, una sonrisa apareció inmediatamente en su rostro.
—¡Lysandra!
Ella respondió con una elegante reverencia.
—Bienvenido.
Kael rió.
—¿No habíamos quedado en dejar las formalidades cuando no fueran necesarias?
Lysandra sonrió.
—Tienes razón.
Bienvenido... Kael.
El príncipe parecía realmente feliz.
Incluso Cedric lo notó.
—Parece que mi nieta tiene un buen amigo.
Kael se sonrojó levemente.
—Es... una persona con la que es fácil hablar.
Lysandra desvió la mirada para ocultar una pequeña sonrisa.
Poco después descendió Armand.
El anciano observó los jardines con atención.
Finalmente sus ojos se detuvieron sobre Lysandra.
—Nos volvemos a encontrar.
—Es un honor recibirlo.
Armand asintió.
Pero, antes de entrar a la mansión, se acercó lo suficiente para hablar en voz baja.
—El anillo... ha despertado un poco más, ¿verdad?
Lysandra sintió que el corazón se detenía por un instante.
No respondió.
¿Cómo podía saberlo?
Armand sonrió apenas.
—No te preocupes.
No pienso preguntarte nada.
Todavía no.
Y siguió caminando como si nada hubiera ocurrido.
Lysandra permaneció inmóvil.
"Entonces... realmente sabe que hay algo diferente en mí."
Aquella noche, después de la cena, Kael y Lysandra paseaban por los jardines iluminados por la luna.
—Mi padre habla mucho de ti últimamente.
Comentó Kael.
—¿El emperador?
—Dice que algún día te convertirás en una gran líder.
Lysandra soltó una pequeña risa.
—Tiene demasiada confianza en mí.
Kael negó con la cabeza.
—Yo creo que tiene razón.
Los dos continuaron caminando hasta llegar al viejo roble.
El mismo lugar donde se habían hecho amigos.
Kael levantó la vista hacia las ramas.
—¿Sabes?
Cuando sea mayor...
Quiero construir un imperio donde nadie tenga miedo de decir lo que piensa.
Lysandra lo observó en silencio.
Aquellas palabras eran diferentes.
En su vida anterior...
Kael jamás había dicho algo así.
Quizás...
Ella también estaba cambiando su corazón.
—Entonces... cuando ese día llegue...
Yo te ayudaré.
Kael la miró sorprendido.
Después extendió la mano.
—¿Es una promesa?
Lysandra sonrió y estrechó su mano.
—Es una promesa.
A unos metros de distancia, oculto entre las sombras del jardín, un hombre encapuchado observaba la escena.
Era un espía de Umbra.
Con una pluma escribió rápidamente en un pequeño cuaderno.
"La heredera de la Casa Aster mantiene una estrecha amistad con el segundo príncipe."
"Esta información podría ser útil."
Cerró el cuaderno y desapareció en la oscuridad.
Sin saberlo, la promesa que acababan de hacer bajo el viejo roble no solo cambiaría sus vidas...
También alteraría el destino de todo el Imperio.