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Atrapada En Tu Mundo

Atrapada En Tu Mundo

Status: En proceso
Genre:Reencarnación / Mundo de fantasía / Padre soltero
Popularitas:7.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Tiinii_1605

Elizabeth solo quería terminar de leer el libro que su amiga le recomendó.

Una historia oscura sobre un poderoso señor del Norte, un hombre que pasó años en el campo de batalla y que, en su obsesión por la guerra, terminó abandonando a sus propios hijos. Niños que crecieron sin el amor de su padre, sin una madre que los protegiera y bajo el cuidado de una madrastra cruel que solo sabía repetir el mismo dolor que alguna vez recibió.

Todo porque, cuando más lo necesitaban, nadie estuvo allí para ellos.

Elizabeth conocía perfectamente aquella historia.

Sabía quiénes serían los villanos.

Sabía cómo terminaría cada personaje.

Y, sobre todo, sabía que la madrastra tendría un final terrible.

Y lo peor para ella es que la verdadera madrastra Elizabeth ha cambiado de lugar con ella, y ahora ella ha reencarnado como la madrastra.

NovelToon tiene autorización de Tiinii_1605 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El comienzo del cambio

Elizabeth permaneció frente al espejo durante varios minutos, incapaz de apartar la mirada. La mujer que estaba frente a ella seguía siendo la misma que había visto desde que despertó, pero ahora sabía exactamente quién era.

La madrastra.

La mujer que había maltratado a Damián y Bastian.

La mujer que ellos terminarían asesinando.

La mujer que, después de morir, sería recordada como una de las responsables de convertir a dos niños abandonados en los tiranos más crueles del continente.

—No...

Elizabeth negó lentamente con la cabeza y se alejó del espejo.

—No, no, no...

Todo aquello tenía que ser una pesadilla. Quizá volvería a despertar en su cama, escucharía a alguna de sus amigas llamándola para que se levantara y encontraría el libro tirado sobre la mesa. Entonces podría reírse de aquella pesadilla absurda y continuar con su vida como si nada hubiera ocurrido.

Pero nada ocurrió.

La habitación continuaba siendo la misma.

La enorme mansión continuaba allí.

Y ella seguía dentro del cuerpo de la Elizabeth de la novela.

—¿Por qué yo?

Se dejó caer sobre la cama y se quedó mirando el techo.

Entendía a la otra Elizabeth. Después de todo lo que había vivido, podía comprender que no quisiera continuar con aquella vida. Había sido abandonada desde antes de nacer, utilizada por una familia que solo quería aprovecharse de ella y enviada a un lugar donde tampoco recibió cariño. Podía entender por qué quería escapar e incluso comprender por qué había elegido entregarle su vida.

Pero entenderla no significaba estar de acuerdo.

—¡Yo tampoco quiero esta vida!

Tomó una almohada y la lanzó contra la pared.

—¡No quiero casarme con un hombre que ni siquiera conozco!

Otra almohada terminó en el suelo.

—¡No quiero criar niños que ni siquiera conozco!

Se llevó ambas manos al cabello y respiró profundamente, intentando contener la frustración que se acumulaba dentro de ella.

—¡Y definitivamente no quiero que esos niños me maten!

La última frase quedó flotando en la habitación.

Elizabeth permaneció en silencio durante unos segundos antes de dejar escapar un suspiro.

Todo era demasiado absurdo.

Había vivido una vida completamente normal. Tenía amigas, tenía un hogar, tenía problemas comunes y preocupaciones que, en ese momento, le parecían insignificantes. Ahora estaba dentro de una novela cuyo final conocía, ocupando el cuerpo de una mujer destinada a morir.

Durante todo el día permaneció encerrada en su habitación. Cuando María llamó para preguntarle si necesitaba algo, Elizabeth respondió que no. Cuando Sebastián quiso saber si deseaba continuar con el recorrido de la mansión, pidió que lo dejaran para otro momento.

No quería ver a nadie.

No quería hablar.

Solo necesitaba pensar.

Intentó dormir, pero cada vez que cerraba los ojos recordaba la historia.

Damián, Bastian.

El abandono, el maltrato, la guerra los cadáveres , el continente destruido y finalmente, ellos mismos acabando con sus propias vidas.

Elizabeth abrió los ojos de golpe.

—Los niños...

Se incorporó lentamente.

Hasta ese momento había estado tan concentrada en su propia situación que había olvidado algo importante.

No los había visto.

Ni una sola vez.

Damián tenía once años.

Bastian apenas tres.

Dos niños que, según la historia, estaban creciendo prácticamente solos.

Elizabeth recordó algunas escenas de la novela. Damián aprendiendo a desconfiar de todos, Bastian creciendo sin entender por qué su padre nunca estaba y, sobre todo, recordó a la mujer que ahora era ella.

La mujer que los maltrataba.

Elizabeth cerró los ojos.

—Ellos no tienen la culpa.

No quería estar allí. No quería aquella vida y, desde luego, no quería convertirse en su madrastra. Sin embargo, si había algo que no podía aceptar era quedarse de brazos cruzados mientras dos niños sufrían lo mismo que había leído en el libro.

Quizá no pudiera regresar a su mundo.

Quizá tampoco pudiera escapar de aquel destino.

Pero podía intentar cambiarlo.

—Si los trato diferente...

Elizabeth se quedó pensativa.

—Tal vez el futuro también cambie.

No sabía si el destino podía modificarse, pero ella tenía algo que la Elizabeth original nunca tuvo.

Conocía el final.

Y si conocía el final, podía intentar evitarlo.

Primero tenía que encontrar a los niños. Después tendría que descubrir si el maltrato ya había comenzado. Necesitaba saber dónde estaba Damián, dónde estaba Bastian y por qué su padre los había abandonado.

También necesitaba descubrir qué había ocurrido con su madre.

Sin embargo, había otra cosa que no dejaba de darle vueltas en la cabeza.

La mansión.

Aquello no tenía sentido.

Según lo que recordaba de la novela, después del rey se encontraban los cuatro grandes señores: Norte, Sur, Este y Oeste. Los cuatro territorios eran extremadamente poderosos y sus señores pertenecían a las familias más importantes del continente.

Entonces, ¿por qué la residencia del Señor del Norte estaba tan descuidada?

Los muebles eran viejos, las paredes necesitaban reparaciones y los sirvientes llevaban ropa gastada. Incluso algunas habitaciones parecían no haber recibido mantenimiento en años.

—Algo está mal.

Elizabeth se levantó de la cama.

Quizá la novela no había contado toda la historia.

O quizá había algo que ella no sabía.

Si quería cambiar el destino de Damián y Bastian, primero tendría que entender qué estaba sucediendo realmente en aquel lugar. No podía arreglar algo que no comprendía.

A la mañana siguiente, Elizabeth despertó después de una noche prácticamente en blanco.

Apenas terminó de levantarse, escuchó unos golpes suaves en la puerta.

—Señora.

Era Sebastián.

Elizabeth abrió la puerta unos centímetros y encontró al mayordomo esperando en el pasillo. Esta vez no había entrado a la habitación.

—Buenos días —dijo él—. La esperaré afuera mientras una de las sirvientas la ayuda a prepararse.

Elizabeth asintió.

—Está bien.

Sebastián hizo una pequeña reverencia y se apartó de la puerta.

Elizabeth cerró nuevamente.

Aquello le pareció un poco extraño, aunque decidió no darle demasiada importancia. Probablemente se debía a las normas de la mansión. Sebastián era el mayordomo, pero parecía saber perfectamente cuáles eran los límites que debía respetar con la señora de la mansión.

Unos minutos después, María entró.

—Buenos días, señora.

—Buenos días.

La joven comenzó a preparar la ropa mientras Elizabeth la observaba con mayor atención que el día anterior. Hasta ese momento había estado demasiado preocupada por todo lo demás como para fijarse realmente en ella.

María no tenía una apariencia completamente humana.

Sus orejas eran ligeramente diferentes a las de una persona normal y sus facciones tenían ciertos rasgos que revelaban que pertenecía a otra especie.

Elizabeth la observó durante unos segundos.

Entonces recordó la novela.

En aquel mundo existían muchas razas. Humanos, demonios, dragones, elfos, hombres bestia y otras especies convivían en el mismo continente. Algunas podían parecer completamente humanas, mientras que otras conservaban características de sus antepasados, como orejas, colas, cuernos, escamas o incluso alas.

Por eso, aunque verlo directamente era diferente a leerlo en un libro, Elizabeth no encontraba nada extraño en la apariencia de María.

«Así que realmente existen».

Era una cosa leer que había hombres bestia en la novela y otra completamente distinta encontrarse con una persona que tenía características animales delante de ella.

Sin embargo, lo que más llamó su atención fue Sebastián.

Recordó al mayordomo del día anterior.

Había algo diferente en él que no había conseguido identificar.

Ahora que lo pensaba con más calma, podía verlo claramente.

Sebastián tenía un par de cuernos oscuros que nacían sobre sus sienes y se curvaban ligeramente hacia atrás. Su piel era un poco más oscura que la de un humano común y sus ojos tenían una tonalidad rojiza que resaltaba sobre sus facciones serias. A primera vista parecía un hombre completamente humano, pero aquellos detalles dejaban claro que pertenecía a una raza demoníaca o, al menos, a alguna especie con sangre demoníaca.

Y, aun así, su aspecto no resultaba aterrador.

Vestido con su impecable uniforme negro de mayordomo, mantenía una postura elegante y una expresión tranquila que hacía que sus rasgos demoníacos parecieran simplemente otra parte de él.

Elizabeth no pudo evitar pensar en lo extraño que resultaba.

No porque tuviera cuernos.

Eso era perfectamente normal en aquel mundo.

Lo extraño era que alguien como él fuera el mayordomo de una familia tan importante.

Aunque, después de recordar que la mansión del Señor del Norte parecía estar atravesando dificultades económicas, quizá tampoco debería sorprenderle.

María terminó de ayudarla a vestirse y le indicó que podía utilizar el baño.

Elizabeth se quedó mirando la puerta.

—¿Baño?

—Sí, señora.

María abrió la puerta.

Elizabeth entró y se quedó sorprendida.

Había una bañera y también una ducha.

Se acercó lentamente, observando las instalaciones con curiosidad.

—¿En serio?

No sabía por qué aquello la sorprendía tanto. Después de todo, había despertado en un mundo que parecía salido de una novela de fantasía, pero una cosa era imaginarlo y otra muy diferente encontrarse con un baño completamente funcional.

Abrió ligeramente el grifo.

El agua comenzó a salir.

Elizabeth sonrió.

—Gracias a Dios.

Por un instante se olvidó de todo lo demás.

Al menos podía bañarse.

Y, lo más importante, había tuberías.

No tendría que cargar cubetas de agua ni vivir como si realmente estuviera en la Edad Media. Aquel pequeño detalle era suficiente para hacerla sentir un poco más tranquila.

Después de asearse, Elizabeth regresó a la habitación. María la ayudó con los últimos detalles y finalmente salió.

Elizabeth se quedó sola unos segundos.

Antes de abandonar la habitación, volvió a mirar el espejo.

Los ojos esmeralda le devolvieron la mirada.

Todavía no se acostumbraba a ellos.

Pero esta vez no sintió miedo.

Solo recordó su objetivo.

Damián.

Bastian.

Tenía que encontrarlos.

________________________________

Sebastián la esperaba al otro lado de la puerta.

Cuando Elizabeth salió, el mayordomo hizo una pequeña reverencia.

—Buenos días, señora.

—Buenos días.

Sebastián esperó a que Elizabeth terminara de cerrar la puerta de su habitación antes de continuar.

—Antes de comenzar el día, quería preguntarle si desea desayunar. También tengo varios asuntos que debía informarle ayer, además de algunos documentos que requieren su atención. Si lo prefiere, podemos dirigirnos al despacho y hablar allí con mayor tranquilidad.

Elizabeth lo miró durante unos segundos.

Desayunar.

Informes.

Documentos.

El despacho.

Todo aquello formaba parte de las responsabilidades de la señora de la mansión, pero en ese momento no podía importarle menos.

Había pasado toda la noche pensando en una sola cosa.

Los niños.

—No.

Sebastián parpadeó ligeramente.

—¿Señora?

—No quiero desayunar todavía y tampoco quiero ver los documentos ni hablar de los asuntos de la mansión.

Elizabeth respiró profundamente antes de mirarlo directamente a los ojos.

—Primero quiero ver a los niños.

Sebastián permaneció en silencio durante unos segundos, aparentemente sorprendido por aquella petición.

—¿Se refiere al joven Damián y al pequeño Bastian?

—Sí.

Elizabeth no necesitaba que nadie le explicara quiénes eran. Los conocía demasiado bien. Había leído su historia, sabía lo que les ocurriría y conocía el futuro que les esperaba si todo seguía el mismo camino.

—Quiero verlos ahora.

El mayordomo mantuvo su expresión seria, aunque por un instante pareció dudar.

—Por supuesto, señora. Sin embargo, quizá sería conveniente que primero desayunara. También hay algunos asuntos relacionados con la mansión que...

—Sebastián.

El mayordomo se detuvo.

Elizabeth lo observó con seriedad.

—No quiero desayunar. No quiero ir al despacho y tampoco quiero escuchar los informes todavía. Todo eso puede esperar.

Hizo una pequeña pausa antes de continuar.

—Los niños no.

El silencio se instaló entre ambos.

Elizabeth sabía que probablemente estaba actuando de una manera extraña. Tal vez la verdadera Elizabeth jamás habría mostrado semejante interés por los niños. Tal vez incluso habría evitado verlos.

Pero ella no era esa mujer.

Y no pensaba cometer los mismos errores.

—Quiero conocer a los niños.

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rina marcela vergara martinez
me encanta tu historia
inuyasha/ Tomoe🦊
amo esta historia autora, no dejes de actualizar plis😭🫠 lo espero con ansias
Vanessa Ibáñez Fernández
jajajajajajaajajajajajaja un poco tóxico el pequeño no? jajajajajajajajajaajajajajaj
Vanessa Ibáñez Fernández
que guapos serán cuando crezcan
Vanessa Ibáñez Fernández
tan adorable que es Bastian
Vanessa Ibáñez Fernández
muuuuajajajajajajaa llego la Ama del lugar!!!!
Vanessa Ibáñez Fernández
me pregunto si el señor del norte nunca regresaba a casa, como carajos tuvo hijos y quienes son sus madres.?
Vanessa Ibáñez Fernández
woooo eso a sido intenso, me gusto mucho el tema de cambio de almas en ves de la reencarnacion típica dd siempre
Vanessa Ibáñez Fernández
es hermosaa, aunque ella no describió los cuernos.. serán dragones??
Vanessa Ibáñez Fernández
jajajajajaja
Ania ✈️
La quiere como su mamá 🥺
Ania ✈️
Que alguien me espere así 😭
Anny Daniela Beleño
gracias execelente historia
Alianay Guirola
Mi apoyo para la autora
ミ★ 𝘔𝘰𝘳𝘰𝘤𝘩𝘢-𝘤𝘩𝘢𝘯★彡
♥️♥️♥️♥️♥️
Rosmery Romero Beltré
me encantó quiero más capitulo por favor 😭😭
Cosass UNI
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