Tras una aventura de una noche, las consecuencias llegan tras enterarse de su embarazo.
Kaelyn sin saberlo se acostó con el CEO del Grupo Schneider y su jefe quien desde hace más dos años que apenas y la mira, pero el olor a sándalo en su cuerpo y más la náuseas matutinas que la atormentan cada mañana es más que obvio para él deducir quién fue la mujer con la que tuvo los mejores orgasmos y no piensa dejarla...
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Capítulo 18: Te amo, más cinco intrusos inesperados
KAELYN
Miraba a mis hijos dormir en sus cunas tras haberlos calmado y puestos a dormir en sus cunas. Respiré aliviada al verlos por fin dormir luego de casi tres horas.
—¿Ya se durmieron?—Preguntó Adler. Asentí. Sonrió travieso y sus ojos emitieron un brillo peligroso.
Apenas me levanté de la silla mecedora y Adler me tomó del brazo, me atrajo hacia su pecho, me tomó del rostro y me besó. Fue un beso tierno, pero cargado deseo. Me estremecí en sus brazos.
Juntamos nuestras frentes y nos miramos unos segundos. Volvimos a reanudar el beso. Esta vez fue más intenso, más deseoso.
Salimos de la habitación y nos dirigimos a la nuestra. Adler cerró la puerta detrás de él. Me levantó del suelo, enredé mis piernas alrededor de su cintura para evitar caerme y él me sujetó del trasero atrayéndome más hacia él.
Nos dejamos caer en la cama, profundizamos el beso y entonces sentí su mano entrando en mi pantalón de pijama hasta llegar a mi clítoris, introdujo un dedo y comencé a jadear en su boca.
Rompimos el beso y entonces me quitó la camiseta que llevaba puesta con la otra mano. Me sorprendió, pero me gustó a la vez. Besó mi cuello y jadeé, le pedía más y más entre jadeos y él repartió besos en mis senos los cuales besó y lamió hasta hacerme gritar de placer.
Luego de eso le quité la camisa, él sonrió lascivo. Metió un dedo y después otro. Apreté las sábanas con fuerza. Movía las caderas con cada movimiento de sus dedos.
Sacó sus dedos y nos volvimos a besar, le quité el resto de su ropa con rapidez, él me quitó lo último que quedaba de mi vestido y lo tiró al suelo. Su mirada se oscureció, me quitó la ropa interior dejándome completamente desnuda.
—Tu cuerpo es tal y como lo recuerdo a esa noche en el hotel, no ha cambiado nada.—Me sujetó de la cintura y besó mi cuello hasta hacerme gritar de placer de nuevo. Me daba pequeñas mordidas que me estremecían.
Repartió besos en mi abdomen y entonces lo sentí introducir su lengua dentro de mi clítoris. Apreté las sábanas con fuerza.
Estuvo haciendo eso por varios minutos, hasta me corrí en su boca y fue que paró y cambiamos de posición. Besé su cuello, pecho y abdomen, mientras lo hacía miraba cada expresión suya deseosa de tenerme dentro de él, pero primero le di un par de besos en su pene y lo lamí un poco de la punta, luego me tomó del brazo.
Cambiamos de posición y entonces sentí la dureza y calidez de su pene dentro de mí.
Ambos jadeamos y gritamos de placer, la base y la cama se movían tanto que pensé que iban a terminar por romperse.
Seguimos dándonos placer hasta que finalmente llegamos al clímax y caímos en la cama con la respiración agitada, desnudos, cubiertos de sudor y con esa sonrisa tonta que me gustaba ver en él.
Juntamos nuestras frentes y Adler dijo:
—Te amo...—Su voz sonó serena. Tranquila.
—Te amo—Respondí y nos dimos un beso corto. Y dormimos un poco.
...****************...
Estábamos en la cama conversando sobre cualquier cosa menos sobre la situación en la que estábamos.
—No sé por qué no lo habíamos hecho antes—Dijo Adler con esa sonrisa tonta en su rostro, mientras acariciaba mi espalda desnuda, abrazados.
—Porque nuestra prioridad eran los gemelos y no matarnos entre nosotros—Se rio.
—Tenemos que hacerlo más seguido.
Lo miré.
—¿Qué cosa?—Me miró con una sonrisa traviesa y nos besamos de nuevo, pero cuando sus besos descendieron a mi cuello...
Los gemelos comenzaron a llorar. Suspiramos pesadamente. Nos levantamos de la cama y nos pusimos rápidamente una bata y fuimos a verlos.
Al llegar a la habitación los gemelos prácticamente se calmaron luego de Adler y yo los sostuvimos en brazos.
—Creo que tienen hambre—Me senté en la silla mecedora y me bajé un poco la manga de la bata y Sofía comenzó a comer. Miré a Adler arrullando a Mateo, quien quedó completamente tranquilo—. Está muy tranquilo—Asintió Adler mirando a Sofía alimentándose.
—Estos niños realmente tienen un buen sentido del momento.
Me reí en voz baja.
—Son solo unos bebés de cuatro meses.
Se acercó a mí y me dio un beso corto.
—Son muy inoportunos.
Terminé de alimentar a la bebé y Mateo se despertó. Le saqué el aire a Sofía y Adler la tomó con un brazo y me dio a Mateo. Lo alimenté y este niño comía bastante.
Tras terminar de darle de comer a Mateo, le saqué el aire y lo dejé en su cuna. Entonces miré a Adler quien tenía la mirada puesta en la ventana.
—¿Está todo bien?—Me hizo una seña para que guardara silencio y esperara. Me dio a la bebé y miró más de cerca por la ventana.
—Quédate aquí—Me dio a Sofía. Y salió como alma que lleva el diablo corriendo a ver qué estaba pasando afuera.
Me quedé unos minutos esperando y después comencé a oír voces conocidas. Suspiré pesadamente al reconocerlas.
—Vamos mis niños. Tenemos visita—Salí con mis hijos en brazos y allí estaba Adler con una expresión de incredulidad y de algo parecido a la sorpresa.
—¿Qué demonios hacen aquí?—Preguntó claramente molesto.
—Solo queríamos visitarlos. No hicimos nada malo, cuñado—. Dijo Adrián con ese tono burlón que siempre usaba para tratar de salir de los problemas.
—Son unos estúpidos—Dije viendo aquella escena. Mis hermanos. Los cinco. Inmovilizados y sometidos como criminales por los Guardaespaldas. Era increíble y detrás de ellos salieron Alisa y Ann usando sus abrigos como un intento patético para no mirarnos a los ojos.
—¿Tenían que venir en plena madrugada?—Dijo Adler con expresión cansada. Y luego miró a Ann y Alisa—¿Y ustedes?
—Intenté detenerlos, pero son demasiado para mí—Respondió Ann con expresión de derrota.
—Les dije que era mala idea—Respondió Alisa. Adrián la miró.
—¡Pero sí fue tu idea!—Exclamó él.
Miré a mis hermanos.
—En verdad, que son unos estúpidos. ¿Están locos?—Nikolay trató de hablar, pero no lo dejé hacerlo.
—Pero...
—¡Cállate!—Guardó silencio casi de inmediato—. Señalé la casa—¡Es una casa de seguridad!
—Lo sabemos.
—¡Entonces explíquenme por qué cinco hombres pensaron que entrar como ladrones era lo más fabuloso en el mundo!
Nikolay bajó la mirada. Y nos miró a Adler y a mí.
—La verdad, es que... queríamos verte—Y luego su expresión cambió.
—Espera—. Nos miró detenidamente—¿Por qué están en bata?
Adler y yo nos miramos.
—Eso a ti no te importa—respondimos al mismo tiempo. El silencio siguiente fue total.
Nikolay miró nuestros pies descalzos y luego miró mi cuello. El pequeño moretón visible en ese lugar hizo que sus ojos se abrieran.
—Oh...
Adrián se tapó la boca para no soltar la carcajada. Marius miró hacia otro lado. Alisa comenzó a sonreír. Yo solo miré a Nikolay.
—No digas... una sola palabra...
—N-No iba a decir nada.
—Tu cara dice bastante. Tonto.
Suspiré. Le entregué a Adler nuestra hija. La sostuvo contra su pecho y cerró los ojos. Mientras tanto, yo sostuve a mi hijo. Con mi otra mano me acerqué a mis hermanos.
Golpe. Uno. Golpe. Dos. Golpe. Tres. Golpe. Cuatro. Golpe. Cinco.
—Entren—Esos tontos se sobaron la cabeza—, ya es tarde. Y váyanse a dormir—Señalé la casa.
Mateo comenzó a reírse. Después aplaudió. Sofía se despertó al oír a su hermano. Y comenzó a reírse. Todos quedamos en silencio. Hasta mis estúpidos hermanos sonrieron.
Quizás el hombre misterioso te está vigilando 😂 y tú ni te has dado cuenta, por lo pronto aliméntate bien y duerme todo lo que puedas, porque después no te la vas acabar con el bebé 👶🍼😂😂😂