Cristine Gómez es una talentosa diseñadora de Queens que acaba de conseguir el trabajo de sus sueños. Para celebrarlo, viaja a Las Vegas con su novio, sin imaginar que él planea emborracharla para casarse por interés. En el mismo registro civil se encuentra Jacob Fernández, el frío y arrogante heredero del imperio textil Vanguard, quien asiste bajo el chantaje de su ambiciosa prometida.
Un error administrativo de la capilla, sumado a una severa resaca etílica, hace que Jacob y Cristine firmen el acta equivocada. Al despertar, están legalmente casados.
Cuando la foto del escándalo llega a la prensa de Nueva York, las acciones de la multinacional se desploman. Para salvar el imperio, Jacob obliga a Cristine a firmar un contrato de convivencia forzada y fingir que se aman ante la alta sociedad. En un ático lleno de lujo, desprecio e hilos de una pasión secreta e intensa, descubrirán que el peor error de sus vidas fue el diseño perfecto del destino.
NovelToon tiene autorización de SIKEVALEN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
CAPITULO 5. EL ULTIMATUM DE LA PRESIDENCIA.
Las maletas ya estaban en el maletero del coche oficial de la compañía y el chófer esperaba abajo, en la entrada de la torre de Vanguard Textiles, listo para poner rumbo al aeropuerto JFK. Apenas faltaban tres horas para que despegara el vuelo en primera clase hacia Las Vegas. Sin embargo, en la planta trigésima del edificio, el ambiente en el despacho presidencial no era el de una víspera de boda, sino el de una ejecución judicial.
Jacob permanecía de pie junto al inmenso ventanal acristalado, con la mandíbula tan apretada que le temblaba un músculo en la mejilla. Frente a su escritorio de caoba, su padre, Charles, caminaba de un lado a otro con un rostro inyectado en furia y decepción, sosteniendo en su mano la carpeta de cuero que Sara le había entregado esa misma mañana.
Las fotografías de Jacob saliendo del club nocturno del Soho con una de sus amantes estaban sobre la mesa, desparramadas como una sentencia de muerte corporativa. Sara no había esperado a llegar a Las Vegas; se había asegurado de blindar su trampa entregándole una copia al padre de Jacob justo antes de salir hacia el aeropuerto.
—¡Es una absoluta vergüenza, Jacob! —rugió Charles, golpeando la mesa con el puño—. ¡A escasas horas de subir a un avión para formalizar tu situación con la hija de mi socio mayoritario, y me entero de que sigues arrastrando el apellido Fernández por los clubes más oscuros de Manhattan! ¡David está conteniendo la respiración por respeto a mí, pero esto ha cruzado el límite!
—Esa relación con Sara está muerta desde hace dos años, papá, y tú lo sabes mejor que nadie —replicó Jacob con una voz gélida, sin apartar la mirada del horizonte de rascacielos de Nueva York—. Nos estamos casando por un frío acuerdo de acciones, no por amor. Sara lo sabe, yo lo sé, y tú también.
—¡Me da exactamente igual el amor, Jacob! ¡Esto es una multinacional, no una novela romántica! —le espetó Charles, plantándose frente a él con una mirada de acero—. El control de Vanguard Textiles depende del paquete accionarial de David. Si Sara decide cancelar el compromiso y su padre retira sus fondos de la nueva temporada por culpa de tus escándalos, las acciones de esta compañía se hundirán en la bolsa de Nueva York antes del lunes por la mañana. No voy a permitir que destruyas el legado de tu abuelo por culpa de tus… tus vicios nocturnos.
Jacob soltó una carcajada amarga, llena de un desprecio contenido. Sus "vicios", como los llamaba su padre, no eran más que la búsqueda desesperada de una pasión e intensidad que Sara le negaba en la cama, tratándolo como a un perverso. Pero en el mundo frío de Charles, los sentimientos no figuraban en el balance de ganancias.
—Así que aquí tienes mi ultimátum definitivo, Jacob —sentenció Charles con una calma escalofriante, sacando un documento oficial de su maletín—. He preparado el acta de traspaso de la presidencia de Vanguard Textiles. La firma del consejo de administración ya está lista, solo falta la mía. Si subes a ese avión, entras en esa capilla de Las Vegas con Sara y regresas el lunes a Nueva York con el certificado de matrimonio legal en la mano, te entregaré el control absoluto de la compañía. Serás el presidente definitivo.
Charles dio un paso hacia la puerta del despacho, deteniéndose antes de salir.
—Pero si me entero de que has intentado sabotear el enlace en Las Vegas, o si regresas soltero, te retiraré de la sucesión de inmediato. Le daré la presidencia al comité ejecutivo, te bloquearé el acceso a los fondos familiares y te quedarás fuera de Vanguard Textiles para siempre. Tú eliges, Jacob: el imperio o la calle. Tienes dos horas para llegar a ese avión.
La puerta del despacho se cerró con un golpe seco, dejando a Jacob a solas en mitad de la inmensidad de la planta ejecutiva. El joven heredero sintió que el aire del despacho se volvía espeso, asfixiante. Miró las fotografías del chantaje de Sara, el documento de la presidencia de su padre y sintió una oleada de rabia salvaje que le recorrió las venas. Lo estaban acorralando por todos los frentes, obligándolo a vender su libertad a cambio del imperio que había defendido toda su vida.
Tomó su maletín de cuero de la mesa con un movimiento brusco, con las manos temblando sutilmente por la furia y la impotencia acumuladas. Al salir hacia el ascensor privado, su mente era un hervidero de nervios y tensión destructiva. Necesitaba salir de Nueva York, necesitaba subir a ese avión y, sobre todo, necesitaba que el alcohol enturbiara la cruda realidad de su jaula de oro en cuanto pusiera un pie en el Strip de Las Vegas. Jacob Fernández iba al aeropuerto bajo una presión insoportable, con el pulso a mil por hora, listo para entregarse a la noche más loca de su vida con tal de olvidar, por unas horas, que el lunes se convertiría en el prisionero más rico de Manhattan.