Morí una vez intentando salvar una vida. No pienso morir una segunda vez por culpa de unos traidores.
Cuando Saray Lagranh reencarna como Kaileris Enthal, la villana destinada a ser ejecutada en una novela que había leído, descubre que la verdadera culpable era su mejor amiga y que su prometido jamás estuvo de su lado.
Conociendo su trágico final, decide cambiar su destino de la forma más escandalosa posible.
"¿Mi ex prometido y mi ex mejor amiga me convirtieron en la villana? Perfecto. Entonces voy a convertirme en la mujer más influyente de este imperio. Y si para lograrlo termino casándome con el padre de mi ex prometido, mejor aún."
Entre intrigas nobles, planes de venganza, animales rescatados y una protagonista tan inteligente como sarcástica, Kaileris está decidida a demostrar que la mejor venganza no es destruir a tus enemigos...
Es convertirte en la persona que jamás podrán superar.
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Prólogo: La Nueva Ley de la Cadena Alimenticia
Mi nombre era Saray Lagranh, tenía veintiocho años y una vida perfectamente armada en mi propio caos. Era veterinaria de profesión. Me pasaba los días lidiando con perros callejeros que intentaban morderma, gatos con complejo de superioridad y dueños neuróticos que creían que Google sabía más que yo. Tenía paciencia de santo, un humor bastante sarcástico y una regla de oro: nunca subestimes a una criatura herida.
Irónicamente, fue mi amor por los animales lo que me mandó al otro mundo. Durante una expedición de rescate en una zona montañosa, un maldito cachorro de Golden Retriever se soltó de la correa y corrió directo hacia el borde de un barranco inestable. Mi instinto de veterinaria reaccionó antes que mi cerebro. Salté, logré atrapar al cachorro y ponerlo a salvo... pero la tierra bajo mis pies cedió.
Recuerdo la horrible sensación de caer al vacío y luego, la más absoluta oscuridad. Pensé que todo había terminado ahí. Que mi vida de veintiocho años se reducía a un último acto de heroísmo un poco estúpido.
Pero no terminó.
Desperté en un lujoso colchón de plumas, rodeada de sábanas de seda, cortinas de encaje y un dolor de cabeza tan severo que me hacía desear haber permanecido muerta.
—¡Señorita Kaileris! ¡Por los dioses, ha despertado!
El grito desesperado de una chica joven vestida con ropas de sirvienta victoriana fue lo primero que escuché. Antes de que pudiera preguntar dónde diablos estaba mi clínica, una violenta descarga de recuerdos ajenos golpeó mi cerebro como un tren de carga.
Imágenes de bailes lujosos, banquetes pomposos, el desprecio en los ojos de un joven de cabello plateado, la sonrisa hipócrita de una chica que se decía mi mejor amiga, y un final horrendo: el frío metal de una guillotina rodeada de los gritos de una multitud que me llamaba "monstruo".
No soy Saray... bueno, sí lo soy. Pero ahora estoy en el cuerpo de Kaileris Enthal.
Me incorporé de golpe en la cama, ignorando los chillidos de la sirvienta —Relis, mi mente lo supo de inmediato—. Caminé con pasos torpes hacia el gran espejo de cuerpo entero con marco de oro que dominaba la habitación para confirmar mi peor sospecha.
El reflejo me devolvió la imagen de una criatura de diecisiete años. Una belleza aristocrática de piel de porcelana, ojos afilados como los de un felino y una cabellera oscura que caía en cascada. Era hermosa. Y estaba destinada a la muerte.
Había reencarnado en la villana de la novela romántica que solía devorar en mis noches de guardia médica antes de morir. Una villana que, en realidad, solo fue el chivo expiatorio de su prometido, Selius Carsont, y de su mejor amiga, Sabell Hart. Ellos la incriminaron en un caso de alta traición para deshacerse de ella, quedarse con su fortuna y vivir su "felices por siempre".
Observé mis nuevas manos, delicadas, suaves y sin una sola de las cicatrices de mordeduras que me habían dejado años de tratar con fieras en mi clínica. Una sonrisa lenta, astuta y carente de toda la supuesta inocencia de una joven noble de diecisiete años se dibujó en mis labios. Mi edad mental seguía siendo la de una mujer de veintiocho que ya había visto demasiada basura en el mundo real.
—Acabo de morir y no pienso volver a morir aquí —pronuncié en voz alta, mi voz sonando como seda líquida.
—¿Señorita? —Relis me miraba desde la cama, sosteniendo una palangana de agua con las manos temblorosas—. Dice cosas muy extrañas... El médico dijo que el golpe en la cabeza por la caída del caballo podría causar delirios...
Me di la vuelta, cruzándome de brazos. Como veterinaria, sabía perfectamente que cuando un depredador caprichoso intenta arrinconarte en su territorio, no te encoges de miedo; buscas al macho alfa de la manada, al depredador más grande de la cadena alimenticia, y haces que lo devore por ti.
¿Selius Carsont creía que me dejaría pisotear? ¿Sabell pensaba que se quedaría con el ducado Carsont al casarse con el heredero? Qué ambición tan pequeña y patética.
—Relis —llamé, modulando el tono elegante de la verdadera dueña de este cuerpo.
—¿Sí, mi lady?
—¿Qué opinas del Duque Xilian Carsont?
Relis casi deja caer la palangana. Sus ojos se abrieron como platos.
—¿El... el Gran General Imperial? ¿El padre de su prometido, milady? Es un hombre temible. Dicen que no tiene corazón y que su poder es igual al del Emperador. ¿Por qué lo pregunta?
Caminé de regreso a la cama con paso firme, ignorando el mareo. Selius era solo un cachorro consentido que se creía el rey del mundo. Pero su padre... su padre era el verdadero lobo que controlaba todo el imperio. El padre era mejor que el hijo en absolutamente todo: más inteligente, más respetado, más maduro y, por supuesto, muchísimo más atractivo.
—Planeando mi futuro —respondí con una sonrisa radiante.
—Eso suena preocupante.
—Voy a convertirme en duquesa, Relis.
—...
—Y en la madrastra de Selius.
—¡¡SEÑORITA!!
El grito de horror de mi doncella fue el inicio de mi nueva vida. Si querían una villana, les daría una maldita emperatriz de la sociedad. Después de todo, no quería recuperar a mi ex prometido; quería algo mucho mejor. Si iba a reescribir mi destino, también podía reescribir su árbol genealógico.
la belleza cuesta y es doloroso /CoolGuy/