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La Luna Rechazada de los Cinco Herederos

La Luna Rechazada de los Cinco Herederos

Status: Terminada
Genre:Hombre lobo / Romance paranormal / Maltrato Emocional / Brujas / Completas
Popularitas:408
Nilai: 5
nombre de autor: Eva Belmont

La criaron en la mansión Blackwood, entre los cinco herederos destinados a protegerla. Ayla lo dio todo por esa manada: su lealtad, su don de sangre curativa, su corazón. Hasta que una desconocida llegó con una sonrisa dulce y una mentira perfecta, y uno a uno, los cinco le dieron la espalda.

Acusada, humillada y desechada como si nunca hubiera importado, Ayla no suplica. No llora frente a ellos. Se pone de pie ante toda la manada y pronuncia las únicas palabras que pueden romperlos: los rechaza. A los cinco. En voz alta.

Pero el destino tenía otros planes para la huérfana de ojos plateados. Porque hay un Alfa Supremo que la reconoció desde el primer instante. Porque en su sangre duerme un linaje que creían extinto. Y porque la joven a la que despreciaron no era una omega cualquiera: era la heredera que podía cambiarlo todo.

Cuando la verdad sobre su origen salga a la luz, los que la abandonaron descubrirán, demasiado tarde, a quién dejaron ir.

NovelToon tiene autorización de Eva Belmont para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 4 — La Favorita

Ayla pasó el resto del día encerrada en su cuarto.

No porque estuviera triste.

Sino porque estaba cansada.

Cansada de intentar explicar.

Cansada de repetir la misma verdad.

Ella no había empujado a Selena.

Aun así, nadie quiso escucharla.

Cuando llegó la noche, alguien llamó a su puerta.

—Adelante.

Magnus apareció.

El Alfa parecía preocupado.

—¿Puedo sentarme?

Ayla asintió.

Él ocupó el sillón junto a la ventana.

Durante algunos segundos, permaneció en silencio.

—Te conozco desde niña.

Ayla bajó los ojos.

—Y sabes que yo no haría algo así.

Magnus suspiró.

—Sí.

La respuesta le trajo un poco de alivio.

—¿Entonces por qué nadie me escuchó?

—Porque Selena apareció herida.

—¿Y eso es prueba de algo?

Magnus no respondió de inmediato.

—Mis hijos están actuando como idiotas.

Ayla casi sonrió.

Casi.

—Deberías decirles eso a ellos.

—Ya lo hice.

La sorpresa apareció en su rostro.

Magnus negó con la cabeza.

—Créeme, la conversación no fue agradable.

Ayla sintió que el pecho se le entibiaba.

Al menos alguien todavía creía en ella.

—Solo ten cuidado.

—¿Con Selena?

—Sí.

La mirada del Alfa se volvió más seria.

—Hay algo en ella que me incomoda.

Ayla abrió mucho los ojos.

—¿Tú también lo sientes?

—Lo siento.

Pero no tengo pruebas de nada.

Aquello quedó grabado en su mente.

No todos estaban ciegos.

No todos.

Dos días después, la manada preparaba una celebración.

Era una tradición antigua.

Todos los años, las familias más importantes exhibían objetos valiosos ligados a la historia de la manada.

Reliquias.

Armas.

Joyas.

Regalos recibidos por antiguos Alfas.

Entre ellos había una pieza especialmente importante.

El Collar de la Luna.

Una joya que pasaba de generación en generación.

Un símbolo de liderazgo.

Ayla ayudaba a los criados a organizar el salón cuando se encontró con Selena.

La joven estaba observando una de las vitrinas.

—Es hermoso.

—¿El Collar de la Luna? —preguntó Ayla.

Selena asintió.

—Nunca vi algo tan valioso.

—Pertenece a la familia Blackwood desde hace siglos.

—Debe valer una fortuna.

A Ayla le extrañó el comentario.

Pero decidió ignorarlo.

—Es más importante por su significado que por su valor.

Selena sonrió.

—Claro.

La celebración empezó al anochecer.

Todo el salón principal estaba iluminado.

Los miembros de la manada caminaban entre las reliquias admirando cada pieza.

Magnus daba un discurso ante los invitados.

Los cinco herederos estaban repartidos por el lugar.

Y Selena recibía atención por donde pasaba.

Nada nuevo.

Ayla ya se estaba acostumbrando.

O lo intentaba.

Fue entonces que un grito resonó por el salón.

—¡El collar!

Todos se voltearon.

Uno de los ancianos estaba frente a la vitrina.

Pálido.

Asustado.

—¡El Collar de la Luna desapareció!

El salón se sumió en el caos.

Magnus se acercó de inmediato.

—¿Qué?

—Estaba aquí hace unos minutos.

Los guardias empezaron a cerrar las salidas.

Nadie podía entrar ni salir.

Los murmullos crecieron.

—¿Quién haría algo así?

—Es imposible.

—Nadie se atrevería.

El ambiente se volvió pesado.

Magnus alzó la voz.

—Todos serán registrados.

Ayla no se preocupó.

No tenía nada que esconder.

Los guardias iniciaron la búsqueda.

Uno por uno.

Hasta que llegaron a ella.

—Con permiso, señorita Ayla.

Ella abrió los brazos.

—Pueden buscar.

El guardia asintió.

Empezó a examinar su bolso.

Después los bolsillos del vestido.

Entonces su rostro palideció.

—Alfa...

El salón entero enmudeció.

—¿Qué pasa? —preguntó Magnus.

El guardia sacó algo del interior del bolso de Ayla.

El Collar de la Luna.

El mundo pareció detenerse.

Ayla se quedó paralizada.

—No.

Su voz salió débil.

—No...

Los ojos de todos estaban puestos en ella.

Conmoción.

Incredulidad.

Acusación.

—Esto es imposible —susurró.

—Ayla... —Magnus parecía tan confundido como ella.

—Yo no hice esto.

Kael se acercó.

Su rostro estaba duro.

—El collar fue encontrado en tu bolso.

—¡Porque alguien lo puso ahí!

—¿Y quién haría algo así?

La pregunta vino de Darius.

Ayla abrió la boca.

Pero no salió ninguna respuesta.

Porque había una sola persona que podría haber hecho aquello.

Y acusarla sin pruebas solo empeoraría todo.

—Yo no robé nada.

—Entonces explica esto —dijo Rowan.

Ayla sintió que el corazón se le aceleraba.

La estaban acorralando.

Exactamente como Selena quería.

Su mirada recorrió el salón.

Hasta encontrar a la otra chica.

Selena estaba parada entre los invitados.

Con la mano sobre la boca.

Aparentando estar horrorizada.

Aparentando inocencia.

Aparentando ser una víctima.

Pero sus ojos decían otra cosa.

Por un breve instante.

Un único instante.

Sonrió.

Una sonrisa pequeña.

Casi invisible.

Pero suficiente.

Ayla entendió.

Aquello no era coincidencia.

Era una trampa.

Y ella acababa de caer en ella.

—No voy a pedir perdón por algo que no hice —declaró.

—¿Incluso con la prueba delante de todos? —preguntó Kael.

—Sí.

El heredero negó con la cabeza.

Claramente decepcionado.

—Estás cambiando, Ayla.

La frase le golpeó el pecho como una flecha.

Porque la verdad era exactamente lo contrario.

Ella no estaba cambiando.

Los que estaban cambiando eran ellos.

Y, por la expresión satisfecha escondida detrás de las lágrimas de Selena, aquello era apenas el comienzo de algo mucho peor.

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