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Bajo contrato con el magnate

Bajo contrato con el magnate

Status: Terminada
Genre:CEO / Arrogante / Maltrato Emocional / Venderse para pagar una deuda / Amante arrepentido / Romance oscuro / Completas
Popularitas:2.6k
Nilai: 5
nombre de autor: lulu

Para pagar el tratamiento de su abuela, Valentina Cabrera acepta convertirse en la amante de Damián Mondragón, un magnate acostumbrado a decidir cuándo empieza una relación y cuándo termina.
El acuerdo es claro: acudir cuando él la llame, guardar el secreto y no confundir la cama con el amor.
Valentina tiene su propio plan. Anotar cada peso que recibe, seguir bailando y devolverle todo para poder marcharse. Lo difícil será cumplirlo cuando Damián empiece a romper sus reglas y ella a esperar algo más que dinero cada vez que él la busca.
Pero mientras sus besos la hacen creer que es especial, sus decisiones empiezan a cerrarle las puertas que necesita para construir una vida propia.
Cuando Valentina decide irse, él le recuerda el precio de romper el contrato: seis millones de pesos.
Ella acepta la deuda.
Damián estaba preparado para sus reclamos, sus lágrimas, incluso para que le pidiera más. No para verla elegir una vida sin él.
Ahora tendrá que descubrir cómo recuperarla cuando su dinero ya no basta para hacerla volver.

NovelToon tiene autorización de lulu para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 18

Capítulo 18 — El álbum con candado

Gonzalo la alcanzó en el pasillo vacío que daba a los vestidores, cuando casi todos se habían ido ya a la última clase.

—Valentina. Espera.

Ella se detuvo con la mochila al hombro.

—Tengo ensayo, Gonza.

—Va a ser rápido. —Miró hacia atrás, comprobó que no había nadie y bajó la voz—. Es sobre él. Sobre Mondragón.

Valentina miró la puerta del vestidor. Se oía a unas compañeras adentro.

—Si es por lo de esta mañana, no tengo que explicártelo.

—No te estoy pidiendo explicaciones. —Gonzalo bajó más la voz—. Mi papá se mueve en ese mundo. Oigo cosas. Por eso te lo digo.

—Pues no me lo digas.

—Mondragón ha tenido otras mujeres con contrato. Les paga mientras están con él y después se acabó. No sé qué te haya contado, pero tú no eres la primera.

Valentina cambió la mochila de hombro. Gonzalo estaba intentando prepararla para una noticia que ella conocía desde antes de firmar. Lo que no sabía era cuánto había querido dejar de pensar en ella.

—¿Y? —dijo.

—¿No te importa? —Gonzalo se acercó un poco—. Vale, las familias como esa arreglan hasta con quién se casan. Si se meten contigo, él puede sacarte de en medio con un cheque.

—¿Ya terminaste?

Gonzalo se quedó mirándola.

—Valentina…

—Yo vi los papeles, Gonza. Con el nombre vacío. Sabía lo que firmaba.

—Una cosa es leerlo y otra…

—Y otra vivirlo. También lo sé. Ahora déjame ir a clase.

No esperó a que respondiera. Si él le preguntaba por qué seguía allí, no iba a poder contestar solo con lo del hospital.

En el baño se encerró un momento en un cubículo. Tenía ensayo; le quedaban pocos minutos para cambiarse. Se quitó la mochila y apoyó la frente en la puerta, molesta consigo misma por haber imaginado aquella mañana que cualquiera podía verlos como una pareja.

Había sabido defenderse de lo que Gonzalo dijo. No sabía qué hacer con las ganas de que estuviera equivocado.

* * *

Esa noche, en la casita de Coyoacán, Valentina esperó a estar sola.

Damián le había escrito que una junta en la Torre se estaba alargando: "Llego tarde, no me esperes despierta". Valentina empezó a preguntarle si iba a cenar. Borró la pregunta. Después de lo que había oído de Gonzalo, se sintió ridícula preocupándose por guardarle comida.

Se sentó en la cama, con las rodillas contra el pecho, y abrió el teléfono.

Abrió el álbum con candado.

Fue directamente a la foto donde él tenía la mano abierta sobre la sábana, del lado en que ella dormía.

La primera vez que la miró había pensado que la estaba buscando. Ahora se obligó a ver solo lo que mostraba la imagen: un hombre dormido, un espacio vacío a su lado. Había puesto el resto ella.

Se quedó con el pulgar sobre la opción de borrar.

No la borró. Cerró el álbum, enojada por no poder desprenderse ni siquiera de una foto.

Fue entonces cuando el teléfono vibró con otra cosa.

Era producción. Valentina se enderezó en la cama y abrió el mensaje. Llevaba esperando el resultado desde el sábado de la audición.

"Estimada Valentina Cabrera: agradecemos su participación. En esta ocasión el papel fue asignado a otra candidata. Le deseamos mucho éxito."

Lo leyó tres veces.

Buscó si habían adjuntado algún comentario sobre su prueba. No había nada más. Recordó el fallo del principio, pero lo había corregido. El resto le había salido bien; Toño se lo dijo. Quería saber qué habían visto para dejarla fuera.

Casi enseguida entró otro mensaje. Este de Meli.

"Vale, me eligieron. Acabo de ver el correo. No sé cómo decírtelo porque también vi que tú no quedaste. ¿Podemos hablar?"

Valentina se quedó mirando la pantalla mucho rato.

Meli. Valentina había ensayado con ella, conocía el paso que más le costaba y también el empeño con que lo repetía. Quería alegrarse. Se acordó de las dos sentadas en el suelo del teatro y sintió envidia; le dio vergüenza sentirla precisamente de su amiga.

Tal vez buscaban otra cosa. Otra cara, otra forma de moverse. Valentina trató de creerlo, pero volvió a la imagen del jurado mirando a Damián antes de hablar.

Le escribió a Meli que no tenía por qué disculparse. Le preguntó cuándo empezaban los ensayos y la felicitó. Antes de enviar el mensaje quitó una frase sobre su propia prueba; no quería que Meli sintiera que tenía que defender lo que acababan de darle.

Después abrió la libreta. Había anotado a lápiz lo que esperaba ganar con el papel, fuera del total, sin atreverse a contarlo todavía como un ingreso. Lo borró.

La cuenta no había aumentado esa noche. Era el tiempo que iba a necesitar para pagarla lo que se había vuelto más largo. Revisó las horas libres que tenía para buscar otro trabajo.

* * *

En el departamento de la Torre Imperial, Damián ya había terminado la junta.

Lino entró al estudio con la tableta. Damián apartó el último informe de la mesa y lo dejó hablar.

—Ya salió la lista del casting, señor Mondragón —dijo Lino—. Como usted indicó. La señorita Cabrera quedó fuera. El papel se lo dieron a la otra muchacha, a la Ferrer.

Damián se recostó en la silla y miró hacia el ventanal. Lino esperó a que volviera a prestarle atención.

—¿Alguien va a hacer preguntas?

—No, señor. Bailó bien, eso todos lo vieron. Pero el director entendió la instrucción. Las productoras con las que hablamos no la van a llamar. —Lino dudó—. Tres meses sin rodaje. Como pidió.

—Tres meses —confirmó Damián—. Sin rodajes ni nuevas audiciones. Ya tiene bastante con la escuela y esas suplencias en las telas. Cada vez que vuelve trae otro golpe.

—No va a dejar de buscar porque no la llamen. Va a preguntarse qué hizo mal.

—Fue una decisión de producción. Eso es lo que van a decirle.

Damián miró el teléfono. Valentina no le había escrito después del aviso de que llegaría tarde. Habría preferido que lo buscara en cuanto recibió el resultado. Le habría dicho que no se preocupara, que podía quedarse tranquila en la casa. No quería pensar en qué iba a decirle si pedía una explicación de la audición.

—Usted pidió una selección limpia delante de todas —dijo Lino.

Damián dejó el teléfono sobre la mesa.

—La prueba fue limpia.

Lino no respondió. Seguía teniendo en pantalla el correo con el resultado.

—Y la instrucción se queda como está —añadió Damián—. Tres meses.

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