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¿Seré Tu Piel Canela?

¿Seré Tu Piel Canela?

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía / Reencarnación / Omegaverse
Popularitas:1.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Marcela Salazar S.

Alfredo siempre creyó que el odio tenía justificación.
Homofóbico, violento y consumido por los prejuicios que heredó de su padre, pasó toda su vida despreciando aquello que no entendía… hasta el día de su muerte.
O eso creyó.
Porque al abrir los ojos nuevamente, ya no era Alfredo.
Ahora es Andrei Macías: un joven omega de piel canela, heredero de una poderosa familia de comerciantes y víctima de una tragedia que destrozó su vida.
Atrapado en un mundo donde los hombres pueden ser marcados, deseados y quebrados, Andrei deberá enfrentarse no solo a los nobles que lo lastimaron… sino también al hombre cruel que alguna vez fue.
Pero entre heridas, segundas oportunidades y un temido general extranjero de fama sanguinaria, descubrirá algo que jamás imaginó:
Tal vez el amor no siempre llega para salvarte.
A veces llega para enseñarte a sobrevivirte a ti mismo.

NovelToon tiene autorización de Marcela Salazar S. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 14

Lo observé unos segundos.

Cedric estaba nervioso.

Demasiado nervioso.

Y cuanto más nervioso estaba, más hablaba.

Y cuanto más hablaba...

más errores cometía.

—Cuánto te pagaron, Cedric.

El hombre levantó la cabeza de golpe.

—¿Qué?

—¿Cuánto te pagaron?

—Co... ¿cómo?

Su respiración comenzó a acelerarse.

—No... no sé de qué habla.

Asentí lentamente.

Como si su respuesta fuera la más normal del mundo.

—Bueno, Cedric.

Comencé a caminar despacio frente a él.

—Si voy a tu casa, a tu oficina o a cualquiera de los negocios de tu familia...

Me detuve.

—Y reviso los pagarés.

Sus ojos se abrieron un poco.

—Las cuentas.

Tragó saliva.

—Las deudas.

Una gota de sudor descendió por su sien.

—No encontraré una cantidad de dinero que no sabrías explicar de dónde salió.

El silencio llenó la sala.

Cedric ya no me miraba.

Miraba el suelo.

Mala señal.

Muy mala señal.

—Dime quién te pagó.

No respondió.

—Y por qué.

—No sé de qué hablas.

—Cedric.

—No sé nada.

—Cedric.

—No...

—Cedric.

Levantó la cabeza.

Lo miré directamente a los ojos.

—Las personas inocentes niegan los hechos.

El hombre se quedó inmóvil.

—Las culpables niegan las pruebas.

Por primera vez vi auténtico pánico en su rostro.

Porque había entendido.

Había entendido exactamente hacia dónde apuntaba.

—Tú no me preguntaste de qué dinero hablaba.

Continué.

—No preguntaste cuánto dinero.

Ni cuándo.

Ni quién lo entregó.

Ni por qué motivo.

Di un paso hacia él.

—Simplemente lo negaste.

Cedric comenzó a temblar.

—Yo...

—Porque sabes perfectamente que existe.

Su respiración se volvió errática.

—Yo no...

—Entonces dime quién te pagó.

—No diré nada.

La respuesta salió como un grito desesperado.

Y apenas la pronunció pareció darse cuenta de su error.

Porque acababa de admitir que había algo que ocultar.

El silencio fue absoluto.

Víctor dejó de sonreír.

Gael abrió los ojos.

Por primera vez desde que comenzó el interrogatorio, ambos comprendieron exactamente lo que estaba ocurriendo.

Yo no estaba adivinando.

Lo estaba arrinconando.

Cedric respiraba con dificultad.

Y yo ya sabía algo importante.

Había dinero de por medio.

Y había alguien más arriba.

Alguien que todavía permanecía oculto.

Pero no por mucho tiempo.

—Te lo dejo a ti, hermano.

Víctor sonrió.

Una sonrisa que no prometía nada bueno para Cedric.

Comencé a dar media vuelta.

Pero me detuve.

Algo dentro de mí seguía hirviendo.

Regresé sobre mis pasos.

Y antes de que nadie pudiera decir nada, lancé un puñetazo directo al rostro del noble.

Cedric soltó un grito.

Su cabeza se sacudió hacia un lado.

Sentí dolor en los nudillos.

Pero también una pequeña satisfacción.

No era suficiente.

Jamás sería suficiente.

Pero era algo.

Una pequeña parte de toda la rabia, impotencia y miedo que aquel cuerpo había acumulado.

Respiré profundamente.

—Papá, ven conmigo un momento mientras Víctor convierte a ese hombre en una piñata.

Las palabras salieron solas.

Tan rápido que no me di cuenta de lo que había dicho.

Comencé a caminar.

Y solo cuando no escuché respuesta inmediata me giré.

Gael seguía donde estaba.

Observándome.

Con una pequeña sonrisa.

Suave.

Cálida.

Como si acabara de recibir el mejor regalo del mundo.

Mi corazón dio un pequeño salto.

Ah.

Había dicho "papá".

Por primera vez.

Sentí algo de vergüenza.

Pero Gael fue demasiado amable para mencionarlo.

Simplemente aclaró la garganta.

—Claro, hijo.

Y comenzó a seguirme.

Eso fue todo.

Ni burlas.

Ni comentarios.

Ni lágrimas.

Pero por alguna razón aquello hizo que me sintiera aún más incómodo.

Y también...

extrañamente feliz.

Caminamos por uno de los túneles secundarios de la mina.

Lo suficiente para dejar atrás los gritos de Cedric.

O al menos para escucharlos más bajos.

Cuando estuvimos solos me detuve.

—Papá.

La palabra salió más fácil esta vez.

Gael no dijo nada.

Solo me observó atentamente.

—Como te habrás dado cuenta, tenemos una pista.

—Sí.

—No es mucho.

Todavía.

—Pero es algo.

Mi mente comenzó a ordenar toda la información.

Como tantas veces había hecho en otra vida.

Con otros nombres.

Con otros rostros.

Con otros criminales.

—Cedric tiene problemas económicos.

—Eso parece.

—Y aun así recibió dinero.

Mucho dinero.

—Continúa.

Asentí.

—La mayoría de las personas no saben ocultar movimientos financieros.

Creen que sí.

Pero no saben.

Siempre dejan algo atrás.

Una deuda pagada demasiado rápido.

Una compra inesperada.

Una inversión que no pueden justificar.

Un préstamo extraño.

Algo.

Siempre hay algo.

Gael cruzó los brazos.

Escuchándome con atención.

—¿Y qué propones?

—Quiero revisar sus cuentas.

Sus negocios.

Sus propiedades.

Todo.

—Andrei...

—Sé que no soy fuerte.

Todavía.

—Y sé que probablemente no pueda ayudar como Víctor.

Pero hay algo en lo que sí soy bueno.

Levanté la mirada.

—Siguiendo rastros de dinero.

Por un instante Gael permaneció en silencio.

Analizando mis palabras.

—¿Y crees que eso nos llevará al responsable?

Pensé en Cedric.

En su miedo.

En cómo había reaccionado.

En lo rápido que había negado algo que nadie había mencionado.

Y sonreí.

Una sonrisa pequeña.

Segura.

—No.

Gael arqueó una ceja.

—¿No?

—Creo que nos llevará a alguien más importante.

El silencio volvió a instalarse entre nosotros.

Y por primera vez desde que había despertado en este mundo...

sentí que no estaba persiguiendo una sombra.

Sentí que acabábamos de encontrar el primer hilo.

Y si tirábamos de él con suficiente fuerza...

algo mucho más grande terminaría cayendo.

---

Pasó un largo rato antes de que Víctor regresara.

Cuando finalmente apareció por uno de los túneles, el silencio se apoderó del lugar.

Su ropa oscura ocultaba parte de las manchas.

Solo parte.

La tela estaba salpicada de sangre y de quién sabía qué otros fluidos. Probablemente vómito.

Víctor se limpió una gota de sangre de la mejilla con el dorso de la mano.

—El hombre de mierda dijo algo más antes de... bueno, ya saben.

Tanto mi padre como yo lo miramos inmediatamente.

—¿Qué dijo? —pregunté.

—Que dentro de tres semanas tiene una reunión.

—¿Con quién?

—Con otro de los involucrados.

Sentí cómo mi cuerpo se tensaba.

—¿Dónde?

—En una fiesta de compromiso.

Mi padre arqueó una ceja.

—¿Qué fiesta?

—La hija de los marqueses de Beaumont se compromete.

Gael pareció pensarlo unos segundos.

—Ah, ellos.

—¿Los conoces? —pregunté.

—Solo de nombre. Son una familia antigua.

—¿Importantes?

—Hace unas generaciones sí. Ahora apenas conservan el título.

Víctor soltó una risa burlona.

—Entonces es perfecta.

—¿Perfecta para qué?

—Para reunir nobles arruinados que quieren aparentar que siguen siendo importantes.

Mi padre no lo contradijo.

Lo cual me hizo sospechar que probablemente tenía razón.

—Cedric aseguró que allí se reuniría con otro de los hombres.

—¿Mencionó un nombre? —preguntó Gael.

—Sí.

Víctor sacó un pequeño papel doblado de uno de sus bolsillos.

Lo abrió.

—Lord Adrian Montfort.

Mi padre frunció el ceño.

—Ese nombre sí me suena.

—¿Quién es?

—El segundo hijo de una familia noble menor.

—¿Y?

—Apuestas.

—¿Apuestas?

—Caballos, cartas, dados, cualquier cosa.

Gael negó con la cabeza.

—Su familia lleva años cubriendo sus deudas.

—Entonces tenemos a nuestro siguiente objetivo.

Una sonrisa apareció en el rostro de Víctor.

Una sonrisa que ya comenzaba a reconocer demasiado bien.

—Exactamente.

Miré el papel entre sus manos.

Un nombre.

Solo un nombre.

Pero era suficiente.

Porque por primera vez desde que comenzó nuestra búsqueda, no estábamos siguiendo rumores.

Teníamos una dirección.

Y dentro de tres semanas, uno de los hombres que había destruido la vida del antiguo Andrei estaría al alcance de nuestras manos.

—Bien.

Levanté la mirada hacia mi padre y mi hermano.

—Entonces tenemos tres semanas para prepararnos.

Y esta vez...

el cazador sería yo.

1
amelia bozo
si con el pelirrojo 💕
Alejandra jimenez calderon
que se quede con el pelirojo
Katherine Carcamo Alvarez
me encanta me atrapó desde el principio y espero cada cap con ansias
bendiciones autora y ánimo
Katherine Carcamo Alvarez
me encanta me atrapó desde el principio y espero cada cap con ansias
bendiciones autora y ánimo
Daniel Felipe González Castañeda
victor es mi ídolo. 🤭
Daniel Felipe González Castañeda
autora este libro me tiene con el cristo en la boca. esperando el siguiente capítulo
Daniel Felipe González Castañeda
vamos autora sube mas capitulos, tengo mucha curiosidad 🤭
Daniel Felipe González Castañeda
de locos. creo q me pasaría igual si despertara en un mundo diferente
Daniel Felipe González Castañeda
se nota q el pobre chico tiene muchos traumas.
Daniel Felipe González Castañeda
wooo está novela me engancho desde el primer capítulo. está interesante
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