Estar en la zona de amigos es vivir en el infierno disfrazado de confianza.
Layla ama en silencio a Alexander, su mejor amigo, pero para él ella es solo una hermana: nunca la verá con otros ojos. Mientras tanto, Ryan, el chico que parecía no tener corazón ni sentimientos, se cruza en su camino y pone su mundo patas arriba.
De repente nada es sencillo. Alexander empieza a cuestionarse si en realidad ha estado mirando a la persona equivocada todo este tiempo. Y Ryan está dispuesto a todo para demostrarle que, a veces, lo que buscas no está donde crees… sino justo frente a ti.
¿Seguirá esperando a quien nunca la verá, o se atreverá a tomar el riesgo de amar a quien sí la mira como nadie más?
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Cap 4: Triste realidad
...Layla Morgan ...
Con muchísimo esfuerzo me levanté, agarré el cepillo con la pasta de dientes, y me limpié con cuidado para quitarme cualquier rastro de alcohol o vómito del aliento. Tenía tanta sed que no pude evitar beber agua directo del grifo; sé que no es lo más higiénico, pero en ese momento era lo único que me importaba. Si bajaba así, mamá notaría al instante mi estado y me castigaría sin dudarlo.
No tenía ganas de ponerme vestidos ni tacones, así que, aunque sabía que mi madre podría obligarme a cambiarme, me vestí con un jeans ajustado, un poco rasgado en las rodillas, un suéter de lana color mostaza de manga larga —porque hacía frío y, además, estaba lloviendo— y unos botines cortos del mismo tono.
Casi nunca llovía en esta época del año; estábamos en otoño y solía hacer sol todos los días. Pero hoy amaneció gris y lluvioso, y sentí que el clima reflejaba justo mi estado de ánimo: triste, decaída, sin ganas de nada.
Los almuerzos familiares nunca son relajados, y mucho menos cuando se reúne toda la familia completa.
Además, hoy era por mi cumpleaños. No quería ni pensar en todas las preguntas que me harían las tías: siempre andan metidas en si voy a estudiar la misma carrera que papá o mamá, como si yo ya supiera qué quiero hacer con mi vida.
—¡Qué linda estás, Layla! —exclamó mi tía Mercedes, antes de darme un abrazo tan fuerte que casi me asfixia. Ella vivía en California y solo venía cuando podía; la última vez fue en el cumpleaños de Stefan. Siempre me criticaba cómo me vestía o hablaba, así que me resultaba bastante pesada.
—Ya déjala, que la vas a dejar sin aire —le dijo Antonio, su actual pareja. Sonreí con alivio: a diferencia de los anteriores, a Antonio sí le tenía cariño. Era buena gente y se notaba que quería mucho a mi tía, a pesar de lo difícil que podía ser a veces.
—¡Me encanta tu pantalón! ¿Me compras uno igual, mamá? —gritó Olivia, mi prima de doce años, corriendo hacia nosotras.
Mindy, mi madrina y madre de Olivia, puso los ojos en blanco y me abrazó con más calma. La familia de mi madre vivía en Virginia y la de mi padre en Europa, así que veía más seguido a los parientes de mamá, aunque no tanto como ella quisiera.
—¿Por qué no le pides a Layla que te regale uno? Seguro tiene muchos —dijo Mía, la otra hija de mi madrina. La miré mal: ¿cómo es posible que siendo hermanas y mis primas fueran tan distintas una de la otra?
—Bueno, el almuerzo será aquí dentro, que la lluvia no para —anunció mi padre—. Pasen al comedor, están en su casa.
Suspiré cansada. Lo único que quería era volver a mi cama y dormir hasta que se me pasara todo.
—Mejor nos damos prisa antes de que Hanna pierda la paciencia —bromeó mi tío Justin, y yo sonreí. Era mi tío favorito y el único que lograba hacer las reuniones familiares más llevaderas.
—Vamos, pero primero necesito un café bien cargado antes de que mamá empiece a sospechar —le respondí, mientras me tocaba la cabeza y sentía otra punzada de dolor.
—No me digas que tú… ¿Bebiste anoche? —me preguntó, y al instante empezó a reírse.
—Puede que sí —me encogí de hombros, intentando restarle importancia—. Pero ahora mismo no es lo más importante.
—¿En qué fiesta estuviste? —me siguió mientras me dirigía a la cocina.
—En la de Madison… pero no recuerdo mucho. De hecho, no recuerdo nada después de un rato.
Mi tío soltó otra risita y siguió hablando:
—¿Quién lo diría? Recuerdo que eras una niña que no mataba ni una mosca, y ahora te veo bebiendo hasta perder la memoria. Te pareces tanto a mí cuando tenía tu edad.
Hice una mueca mientras me servía el café rápido; si me demoraba, mi madre vendría a buscarme y me regañaría por llegar tarde.
—Cumples diecisiete años en dos días y no se te ve nada feliz —comentó con tono más suave—. Antes, cada año venías corriendo a preguntarme qué libro te iba a regalar; era lo único que te importaba. Ahora ni siquiera me lo has preguntado. ¿Estás bien, pequeña?
Le di un último sorbo al café y giré para poder observar bien a mi tío. Me gustaba cuando me llamaba de esa forma; desde pequeña mi tío solía consentirme con todo, me compraba lo que yo quería y siempre me traía libros. Lástima que mi tío viniera a visitarme pocas veces: era el hermano menor de todos los que tenía mi madre y recién estaba comenzando a formar su familia, ya que su esposa estaba embarazada.
—¿Qué libro me regalarás para mi cumpleaños, tío? —puse mi mejor sonrisa, dejando la taza de café medio vacía a un lado.
—No trates de evadir mi pregunta. ¿Qué sucede, Layla? ¿Tiene que ver con Alexander?
Mi tío Justin es la única persona que sabe acerca de mis sentimientos hacia mi mejor amigo; es el único en el que confié y a quien pude contárselo todo. El único que sabe que estoy en la peor situación posible.
—Estoy en la zona de amigos…
—Dime algo que no sepa —replicó con calma.
—Su hermana me contó que a Alexander le gusta Madison, y cuando fui a la fiesta él mismo me lo confirmó. Incluso pensaba declarársele, solo que no le dio tiempo: Madison apareció con un novio del que nadie sabía, se llama Harry, y gracias a él y a la poca confianza que Madison me tiene, terminamos discutiendo. Además…
—Espera, espera, espera… ¿Me estás diciendo que a Alexander le gusta Madison? ¿La Madison que es tu mejor amiga y también la de él? ¿La rubia que hasta a mí me considera su tío? ¿Esa misma? —la incredulidad se le notaba en la mirada, mientras no paraba de señalarme.
—Sí, ella misma.
—No lo puedo creer… ¿Ese niño tonto está enamorado de Madison? —siguió cuestionando, escéptico ante lo que le contaba—. Eso no me lo esperaba para nada.
—Ni yo —suspiré rendida—. Nunca noté que Alexander estuviera enamorado de ella, jamás se me ocurrió que eso pudiera pasar.
Mi tío me miró con lástima.
—¡Oh, vamos! —exclamó, un poco exasperado—. Una vez me prometiste que lo olvidarías si él no sentía lo mismo por ti cuando le contaras lo que te pasaba. Espero que cumplas esa promesa: Los Morgan nunca rompemos una palabra dada.
—Lo sé, pero no es nada fácil, Justin —murmuré—. ¿Cómo olvidas a alguien que ves todos los días, que se sienta a comer contigo, que viene a visitarte cada fin de semana… ¡Y que, por si fuera poco, es tu mejor amigo? Dime, ¿cómo se hace eso?
..."A veces el corazón no entiende de reglas, ni de promesas ni de cuánto duele esperar."...
^^^Continuará.^^^