Ella renace en un nuevo mundo, destinada a ser una madrastra malvada, pero decidida a cambiar su futuro.
*Está novela pertenece a un mundo mágico*
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Oscuridad
Oscuridad.
No existía arriba.
Ni abajo.
Ni frío.
Ni calor.
Solo una inmensa nada que parecía extenderse hasta el infinito.
Ella no sabía cuánto tiempo llevaba allí.
[Pueden haber sido cinco minutos...]
[O cinco siglos.]
Era imposible saberlo.
No sentía hambre.
No sentía sueño.
No sentía su propio cuerpo.
Solo...
Sus pensamientos.
Y sus recuerdos.
Curiosamente, aquello evitaba que se sintiera completamente sola.
Cada recuerdo aparecía como pequeñas escenas que cruzaban frente a ella.
Su infancia.
Las interminables audiciones.
Las veces que lloró después de ser rechazada.
Los amigos que hizo.
Las noches comiendo fideos instantáneos.
Las grabaciones.
Las caídas.
Las risas.
Era como si toda su vida le hiciera compañía.
Entonces suspiró.
[Bueno...]
[Si puedo pensar...]
[Significa que mi cerebro sigue funcionando.]
Sonrió para sí misma.
[O quizá estoy en coma.]
Aquella idea le pareció completamente razonable.
[Sí...]
[Seguramente estoy en un hospital.]
[Pobres mis padres...]
[Seguro están llorando.]
Hizo una mueca.
[Aunque...]
[¿No deberían estar hablándome?]
Había escuchado muchas historias.
Que las personas en coma podían oír las voces.
Que sus familiares les hablaban.
Que los médicos conversaban cerca de ellas.
Pero allí...
No había absolutamente nada.
Ni una voz.
Ni un pitido.
Ni una máquina.
Ni siquiera el sonido del viento.
Frunció el ceño.
[Qué hospital más silencioso.]
Pasaron... ¿minutos?
¿Horas?
Era imposible saberlo.
Para entretenerse comenzó a recordar películas.
Canciones.
Comerciales absurdos.
Incluso trató de recrear mentalmente recetas de cocina.
Después intentó recordar todas las veces que había olvidado una línea durante un casting.
Terminó riéndose sola.
[Jamás olvidaré cuando dije...]
"...mamá, yo soy tu padre."
Ella misma soltó una carcajada.
—¡Qué vergüenza!
Su voz desapareció en aquella inmensidad.
Luego bostezó.
[Bueno...]
[¿Qué más puedo pensar?]
Fue entonces...
Cuando recordó el viejo guion.
El manuscrito.
La historia de la terrible madrastra.
Los dos hermanos.
El duque.
La ejecución.
El epílogo que nunca alcanzó a leer.
[Qué rabia...]
[Me faltaban solo unas páginas.]
Y justo cuando pensó en aquella historia...
Algo cambió.
Una pequeña luz apareció frente a ella.
Parpadeó.
—¿Eh?
La luz era diminuta.
Como una estrella.
Pero poco a poco comenzó a crecer.
—¿Hola?
La luz siguió acercándose.
Ella retrocedió por instinto.
[Oye...]
[Esto no parece un hospital.]
La claridad aumentó.
Cada vez más.
Más.
Hasta envolverla por completo.
—¡Ay, ay, ay!
—¡Está muy brillante!
Cerró los ojos con fuerza.
Y entonces...
Sintió algo.
Una cama.
Sábanas suaves.
El perfume de flores.
Una leve brisa.
El peso de una manta.
Abrió lentamente los ojos.
El techo era altísimo.
Decorado con delicados relieves dorados.
Un enorme candelabro de cristal colgaba sobre ella.
Las paredes estaban cubiertas con papel tapiz color crema.
Las cortinas eran enormes.
La luz del sol atravesaba la ventana iluminando una habitación tan elegante que parecía sacada de un museo.
Ella permaneció inmóvil.
—¿Qué...?
Se incorporó lentamente.
Miró alrededor.
—¿Dónde... estoy?
Su voz era distinta.
Más suave.
Más delicada.
Se llevó ambas manos al rostro.
[Por favor...]
[Que siga soñando.]
Apartó la manta.
Llevaba puesto un camisón blanco de seda con delicados bordados dorados.
Era precioso.
Demasiado elegante para ella.
Bajó de la cama.
Sus pies tocaron una alfombra tan suave que parecía una nube.
Comenzó a caminar.
Frente a la habitación había un enorme espejo de cuerpo completo.
Se acercó.
Y entonces...
Se quedó completamente inmóvil.
Frente al espejo no estaba ella.
Había una joven de una belleza casi irreal.
Cabello largo.
Rubio como el trigo bajo el sol.
Ojos azules intensos.
Piel tan blanca que parecía porcelana.
Rostro delicado.
Labios rosados.
Parecía una muñeca.
Ella abrió la boca.
El reflejo hizo exactamente lo mismo.
Se tocó la mejilla.
El reflejo también.
Levantó una mano.
El reflejo respondió.
—¡¡AAAAAAAAAAAH!!
Retrocedió de un salto.
—¡¡¿QUIÉN ES ESA?!!
Volvió a mirar.
Seguía siendo ella.
Bueno...
No exactamente.
[Esa soy yo.]
[No.]
[Esa no soy yo.]
[¡Sí soy yo!]
[¡Pero no soy yo!]
Comenzó a caminar en círculos.
—No, no, no...
—Estoy soñando.
Se pellizcó el brazo.
—¡Ay!
Dolía.
—Eso no ayudó...
Se dio un pequeño golpe en la cabeza.
—¡Auch!
[Tampoco ayudó.]
Se miró otra vez.
—Es demasiado bonita...
Levantó ambas manos.
Giró sobre sí misma.
Observó el camisón.
Volvió al espejo.
—¿Cómo alguien puede tener pestañas tan largas?
Acercó el rostro al cristal.
—¿Y esta piel?
—¡Ni siquiera tengo ojeras!
Se quedó unos segundos admirando el reflejo.
Luego sonrió.
—Bueno...
—Al menos morí guapa.
En ese instante... la puerta sono y despues de unos minutos..
La puerta se abrió con suavidad.
Entró una joven doncella llevando una bandeja de plata.
Al verla despierta, hizo una elegante reverencia.
—Lady Montagu.
Ella giró lentamente.
Sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
—¿Necesita algo?
Su corazón comenzó a latir con fuerza.
[Montagu...]
[Montagu...]
[Ese apellido...]
Recordó inmediatamente el guion.
El duque.
La familia.
La historia.
Las manos comenzaron a temblarle.
[No...]
[No puede ser...]
Con la voz completamente quebrada preguntó:
—D-disculpa...
La doncella levantó la vista.
—Sí, mi lady.
Ella tragó saliva.
—¿Yo...?
—¿Soy... Harriet Montagu?
La doncella sonrió con naturalidad.
Como si la pregunta fuera extraña.
—Por supuesto, milady.
—Usted es Lady Harriet Montagu.
—La nueva esposa de Su Excelencia, el duque Montagu.
El mundo pareció detenerse.
Su rostro perdió todo color.
Las piernas dejaron de responderle.
Los recuerdos del guion explotaron en su cabeza como un relámpago.
La madrastra.
La villana.
La mujer que torturaba a dos niños inocentes.
La que terminaba decapitada.
Ella señaló lentamente su propio rostro con un dedo tembloroso.
—¿Yo...?
La doncella inclinó la cabeza.
—Sí, mi lady.
—¿Se encuentra bien?
Ella abrió y cerró la boca varias veces.
Hasta que, finalmente... se lanzo hacia la cama y grito contra la almohada
—¡¡¡¡¡SOY LA VILLANAAAAAAAAAA!!!!!