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Ecos De Luz Y De Sombras

Ecos De Luz Y De Sombras

Status: Terminada
Genre:Mundo de fantasía / Mundo mágico / Amor prohibido / Completas
Popularitas:702
Nilai: 5
nombre de autor: Solecito87

Guiada por sueños inquietantes, Elara cruza el límite prohibido y encuentra a Kael, el hombre que ha visto en sus visiones. Lo que parece un encuentro imposible revela un lazo antiguo entre Luz y Sombra, despertando una profecía capaz de traer salvación... o destrucción. ✨🌙

NovelToon tiene autorización de Solecito87 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

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Elara

El amanecer llegó como una promesa quebrada.

Los rayos de luz apenas atravesaban la neblina que cubría la aldea de Eryndor, y el aire olía a tierra húmeda y a despedidas. Había pasado toda la noche sin dormir, las manos todavía temblaban por el sueño que me había despertado con el corazón a punto de estallar.

Otra vez lo vi.

El hombre de los ojos imposibles.

La sombra que pronuncia mi nombre con una ternura que me desarma.

—Elara… —susurra, y el sonido me atraviesa como fuego.

No debería soñar con él. Las sacerdotisas del Templo advierten que las voces del Velo son trampas. Que las Sombras buscan grietas en las almas puras para corromperlas. Pero hay algo en esa voz que no me asusta. Me duele.

Como si una parte de mí la recordara.

Sujeto el colgante que siempre llevo al cuello, una piedra azul pálida que brilla débilmente cuando la toco. Mi madre me lo dio antes de morir, diciéndome que me protegería de lo que está “más allá de la Luz”. Pero cada vez que sueño con él, la piedra se calienta… como si no me protegiera, sino que me llamara.

Salgo al exterior. El sol lucha por nacer entre la bruma, y la aldea despierta. Las casas de piedra, los campos de lino, las risas lejanas de los niños… todo parece igual. Pero yo ya no.

Desde hace semanas, algo me empuja a mirar hacia el límite del bosque prohibido, donde la Luz se disuelve en sombras.

Esa mañana no pude resistirlo.

Me interné en el bosque.

El aire cambió, más espeso, más vivo. Los árboles se curvaban sobre mí como si quisieran ocultar mis pasos. Escuché un murmullo, un roce de alas invisibles, y la piedra del colgante se encendió con un fulgor helado.

Entonces lo sentí.

Una presencia.

Tan intensa que el mundo se detuvo.

No lo vi al principio.

Solo una figura recortada entre la neblina. Alta. Silenciosa. La oscuridad parecía moverse con él, como si respirara su misma esencia.

Su mirada me encontró antes de que mis pies pudieran reaccionar. Y cuando lo hizo, el aire me abandonó los pulmones.

Era él.

El del sueño.

Y en ese instante supe que nada volvería a ser igual.

Kael

La frontera entre el Velo y la Luz nunca se abre por capricho.

Durante siglos la he vigilado, sellando grietas, conteniendo criaturas que no deberían existir en su lado. Pero hoy… hoy el aire se rasgó con una fuerza distinta.

Una energía cálida, viva, dorada.

Y entre la penumbra apareció ella.

No debería haber cruzado.

Los humanos que pisan el borde del Velo rara vez regresan. Pero esta mujer…

Su luz no era humana.

La observé desde la distancia, intentando convencerme de que debía hacer lo correcto: borrarla, devolverla a su mundo antes de que las Sombras la olieran.

Pero mi cuerpo no obedeció.

Se movía con una mezcla de miedo y fascinación. Su cabello recogía destellos de la poca luz que se filtraba, y cada paso suyo parecía desafiar las leyes del Velo. Cuando nuestros ojos se encontraron, sentí el golpe seco de algo que llevaba siglos dormido.

Mi nombre resonó en mi mente, pero no fue mi voz la que lo pronunció. Fue la suya.

Elara.

¿Cómo podía conocerla si nunca había pisado el mundo de la Luz?

¿Cómo podía esa humana llevar en su pecho una piedra que latía al ritmo de mi corazón?

—No deberías estar aquí —le dije. Mi voz salió más baja de lo que pretendía, casi un susurro.

Ella dio un paso atrás, aunque no apartó la mirada. Su respiración se aceleró, pero no por miedo. Lo sentí. Era lo mismo que me quemaba a mí.

—Tú… tú eres real —susurró, y el sonido de su voz me rompió algo por dentro.

Real.

Nadie me había llamado así jamás.

La oscuridad a mi alrededor reaccionó a su luz. Un viento invisible nos envolvió, haciendo que su capa se agitara y su cabello rozara mi mano. Un simple contacto, pero bastó.

Una chispa.

Una corriente viva que me hizo retroceder.

No era posible.

La profecía hablaba de un alma de Luz y un alma de Sombra que al unirse traerían el renacer o la ruina.

Y yo acababa de sentir ese lazo en la carne.

—Debes volver, antes de que sea tarde —murmuré.

—¿Tarde para qué? —preguntó ella, avanzando un paso. Su voz era temblor y valentía a la vez.

No respondí. Porque la respuesta era yo.

Elara

No podía moverme.

Tenía frente a mí a un ser que no era humano, pero tampoco monstruo. Había algo en él… un magnetismo salvaje, una belleza cruel.

Sus ojos, de un tono entre el gris y el ámbar, me estudiaban como si me conocieran desde antes de nacer.

—Tu nombre… —dije apenas.

—Kael. —Su voz era un roce que dolía.

Kael.

Como en mis sueños.

El bosque tembló. Las raíces se movieron bajo mis pies, y la piedra de mi colgante brilló con fuerza.

Él también la vio. Su expresión cambió: una mezcla de sorpresa y furia contenida.

—¿De dónde tienes eso? —preguntó, dando un paso hacia mí.

Su cercanía me hizo olvidar cómo respirar.

—Era de mi madre… —murmuré.

—Tu madre no era solo de la Luz, entonces.

No entendí sus palabras, pero algo en su mirada me hizo estremecer.

Él extendió la mano, despacio, como si luchara contra algo dentro de sí. Su piel era más cálida de lo que imaginé, más real. Cuando sus dedos rozaron el colgante, una oleada de energía nos envolvió a ambos.

El mundo desapareció.

Solo quedamos nosotros dos, suspendidos en una esfera de luz y sombra que giraban entre sí como amantes antiguos.

Su respiración golpeó mi oído.

Su voz, apenas un suspiro:

—Ahora lo recuerdo… tú eras mía.

Mi corazón se detuvo.

Antes de que pudiera responder, la luz estalló.

Kael

El Velo se quebró.

Por un segundo, pude ver el pasado. Dos almas unidas antes de que existiera la frontera, antes de que los dioses separaran Luz y Sombra. Ella y yo.

Elara… mi condena, mi salvación.

Pero el eco del poder llamó la atención de lo que duerme en las profundidades.

Sombras antiguas se movieron.

Y supe que ya era tarde.

—¡Corre! —le grité, apartándola justo antes de que el suelo se abriera bajo nosotros.

La oscuridad rugió, reclamándome.

Ella cayó al otro lado, envuelta en su luz.

La última imagen que tuve fue la de sus ojos buscándome, su mano estirada hacia la mía, y el fuego del destino entrelazando nuestras almas una vez más.

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