Ella y su ansiedad renacen en un nuevo mundo..
*Está novela pertenece a un mundo mágico*
**Todas las novelas son independientes**
NovelToon tiene autorización de LunaDeMandala para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Magia 2
La noche avanzó lentamente en la mansión O'Neill.
La mayoría de los sirvientes ya se había retirado.
Las velas iluminaban débilmente el despacho.
Y sobre la mesa seguían acumulándose libros, documentos y apuntes.
Jack estaba absolutamente fascinado.
Albert estaba absolutamente confundido.
Y esa combinación era peligrosa.
Muy peligrosa.
—¿Sabia que ella tiene una marca de alma?
Preguntó de repente el mago.
Albert levantó la vista.
Aquella teoría no era descabellada.
Porque las marcas de alma existían.
Eran raras.
Muy raras.
Pero existían.
Personas que recordaban vidas pasadas.
Fragmentos de recuerdos.
Conocimientos.
Experiencias.
A veces sueños.
A veces vidas enteras.
El duque apoyó los codos sobre la mesa.
—Podría ser.
—Explicaría algunas cosas.
—Quizás.
Jack comenzó a caminar por la habitación.
Pensando en voz alta.
—Los registros dicen que algunas personas con marcas de alma conservaban conocimientos imposibles.
—Sí.
—Idiomas antiguos.
—Sí.
—Técnicas olvidadas.
—Sí.
—Recuerdos de otras épocas.
Albert asintió.
Aquello era conocido.
Aunque seguía siendo algo extraordinario.
—Pero incluso si fuera una marca de alma...
Dijo finalmente.
—No explica lo que me ocurre.
Jack se detuvo.
Porque era cierto.
Una marca de alma explicaría que Elia recordara otra vida.
Explicaría ciertos conocimientos.
Explicaría perspectivas distintas.
Pero no explicaba la capacidad de Albert para escucharla.
—Además.
Continuó el duque.
—Ella sigue siendo Elia Russ.
—Claro.
—Siempre lo fue.
Jack asintió.
Aquello también era parte de las creencias relacionadas con las marcas de alma.
Las personas no se convertían en alguien nuevo.
No eran poseídas.
No eran reemplazadas.
Simplemente recordaban.
Como si otra vida despertara dentro de ellas.
Como si un libro olvidado se abriera nuevamente.
—Entonces...
Murmuró Jack.
—Quizás la marca de alma y la sangre Lennox estén relacionadas.
—O quizás no.
—O quizás ambas cosas.
—O quizás ninguna.
Jack sonrió.
—La magia sería mucho más sencilla si dejara de crear preguntas.
—Nunca ha sido sencilla.
—Buen punto.
Volvieron a guardar silencio.
Mientras revisaban notas.
Hipótesis.
Teorías.
Y posibilidades.
Pero ninguna respuesta parecía suficiente.
Todo encajaba parcialmente.
Nada encajaba completamente.
Como un rompecabezas al que le faltaban piezas.
Finalmente Jack volvió a sentarse.
—Necesitamos más información.
—Lo sé.
—Y más observación.
—Lo sé.
—Y más investigación.
—Lo sé.
—Y quizás algunas muestras más.
Albert levantó lentamente la cabeza.
—No.
—Solo una.
—No.
—Dos.
—No.
—Tres.
—Jack.
El mago suspiró.
—Sigues arruinando la diversión.
—Tú sigues confundiendo investigación con secuestro.
—Son disciplinas muy parecidas.
—No lo son.
—Discrepo.
Albert decidió ignorarlo.
Era más fácil.
Mucho más fácil.
Jack terminó recostándose en la silla.
—Entonces iré contigo en dos días.
—No.
—¿Qué?
—No irás.
—Albert.
—No.
—Necesitamos investigar.
—No.
—Por la verdad.
—No.
—Por la magia.
—No.
—Por el conocimiento humano.
—No.
Jack parecía cada vez más indignado.
—Eres un tirano.
—Y tú intentaste drogar a una noble.
—Una vez.
—Jack.
—Está bien.
El joven levantó ambas manos en señal de rendición.
Aunque claramente no estaba feliz.
Albert continuó observándolo.
Porque lo conocía demasiado bien.
Y sabía exactamente lo que estaba pensando.
Jack quería investigar.
Quería respuestas.
Y sobre todo... quería descubrir algo nuevo.
Pero también sabía otra cosa.
Jack era incapaz de controlar su curiosidad.
Y Albert no estaba dispuesto a permitir que Lady Russ terminara convertida en el experimento favorito de un mago obsesionado.
—No la lastimarás.
Dijo con firmeza.
La expresión de Jack cambió ligeramente.
Más seria.
Más sincera.
—No quiero lastimarla.
Albert lo sabía.
Y precisamente por eso el asunto era complicado.
Porque Jack no era cruel.
Simplemente era incapaz de reconocer cuándo debía detenerse.
—Lo sé.
Respondió finalmente.
—Pero tampoco quiero que tu curiosidad te haga olvidar que es una persona.
El mago permaneció callado.
Un momento después terminó asintiendo.
—Entendido.
Aquella vez hablaba en serio.
Y Albert pudo notarlo.
La tensión desapareció un poco.
Jack volvió a revisar algunos documentos.
Y entonces comentó casualmente:
—Quizás debería avisarle al duque Gallagher.
Albert lo miró.
—¿Sobre qué?
—Sobre Lennox. Si existe una conexión con el antiguo Imperio Lennox, necesitaremos información que no encontraremos aquí.
Aquello era razonable.
Muy razonable.
Y por eso mismo Albert no pudo rechazar la idea.
—Quizás.
—Incluso podría ser necesario viajar.
—No te emociones.
—Ya me emocioné.
—Jack.
—Imagínalo.
El Imperio Lennox.
Archivos imperiales.
Bibliotecas antiguas.
Linajes perdidos.
Misterios mágicos.
Jack parecía estar planeando el viaje mentalmente.
Probablemente ya estaba haciendo maletas en su imaginación.
Albert suspiró.
Porque mientras más aprendían... menos entendían.
Y aun así no podían detenerse.
No después de todo lo que había ocurrido.
Finalmente el duque se acercó a la ventana.
Observó la oscuridad exterior.
Los jardines.
Las luces lejanas.
Y pensó en Lady Russ.
En sus pensamientos interminables.
En su sonrisa cuando hablaba de los Russ.
En la forma en que se preocupaba por sus padres.
En cómo era capaz de imaginar veinte problemas antes de desayunar.
Y en cómo había logrado alterar completamente su vida en apenas unas semanas.
—Esto es absurdo.
Murmuró.
—Mucho.
Respondió Jack.
—Y fascinante.
Albert no respondió.
Porque, lamentablemente... también estaba empezando a pensar lo mismo.
Y dentro de dos días volvería a verla.
Volvería a escuchar cientos de pensamientos.
Volvería a enfrentarse a un misterio imposible.
Y sospechaba que, lejos de aclararse... todo iba a volverse todavía más complicado.