Isabella sabe convertir cualquier viaje en una experiencia inolvidable.
Alessandro Moretti sabe conseguir todo lo que desea.
Entre destinos de lujo, miradas que dicen demasiado y una atracción imposible de ignorar, ambos descubrirán que hay encuentros que no estaban en ningún itinerario.
Porque algunas tentaciones llegan para cambiarte el destino.
NovelToon tiene autorización de Yance para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
El mundo empieza a hablar
La fotografía apareció un martes por la mañana. Isabella no supo quién la había tomado. Solo supo que, en cuestión de horas, estaba en todas partes.
En una revista digital, en cuentas de entretenimiento, en perfiles dedicados a la alta sociedad.
En grupos privados donde la gente comentaba la vida de los empresarios más importantes de la ciudad.
La fotografía mostraba a Alessandro saliendo de un restaurante.
Y a Isabella junto a él.
Él llevaba una mano apoyada discretamente en su espalda.
Ella sonreía, elegante, impecable, el cabello rojo cayéndole sobre los hombros.
Parecían una pareja.
Una pareja que no tenía ninguna intención de esconderse.
El titular decía:
“¿Alessandro Moretti finalmente sentó cabeza?”
Debajo aparecía otra pregunta:
“¿Quién es la misteriosa pelirroja que acompaña al CEO?”
Isabella leyó el artículo dos veces.
Después dejó el teléfono sobre la mesa.
—Esto no puede estar pasando.
Su teléfono volvió a vibrar.
Alessandro.
-Buenos días, pelirroja.
Isabella respondió:
-¿Ya viste las fotos?
La respuesta llegó inmediatamente.
-Sí.
-¿Y?.
«Me gustan.»
Isabella puso los ojos en blanco.
-A mí no.
-¿Por qué? Te ves preciosa y mía.
A Isabella le parecio tierno y su corazón hizo tic tac muchas veces, pero no lo iba a reconocer
-Porque ahora todo el mundo va a preguntar quién soy.
Alessandro tardó unos segundos.
-Que pregunten.
Isabella se quedó mirando la pantalla.
-¿No te preocupa?
-No.
-A mí sí.
-Entonces ven a verme.
Ella sonrió a pesar suyo y negó con la cabeza.
Ese hombre tenía una respuesta para todo, era como un niño feliz.
La noticia llegó a la familia Moretti antes de que Isabella pudiera siquiera reaccionar.
—¡Por fin! —exclamó Elena cuando vio la fotografía.
Alessandro, sentado frente a ella, cerró los ojos.
—Mamá...
—No digas "mamá" con ese tono.
—¿Qué tono?
—El tono que usas cuando quieres que deje de hablar.
Leonardo soltó una carcajada.
Valentina miraba la fotografía con una sonrisa.
—Es preciosa.
—Lo sé —respondió Alessandro sin pensar y cuando quiso reaccionar tenía todas las miradas en su dirección.
Todos se quedaron mirándolo, Alessandro se aclaró la garganta.
—Quiero decir...
Elena sonrió triunfante.
—Te gusta muchísimo.
—Madre...
—¿Qué?
—No empieces.
Elena tomó nuevamente el teléfono.
—Ya empecé.
Leonardo se acercó.
—¿Cuándo la vamos a conocer oficialmente?
—Ya la conocen.
—No, digo como parte de la familia.
Alessandro levantó la mirada.
—¿Quién dijo que es parte de la familia?
Elena lo miró con absoluta tranquilidad.
—Yo.
Leonardo volvió a reír.
—Mamá la adoptó.
—Me cae bien —dijo Elena—. Y además, alguien tenía que conseguir que mi hijo dejara de comportarse como un adolescente.
—Gracias por lo que me toca.
—De nada.
---
La invitación llegó esa misma tarde.
Una cena familiar, Isabella estuvo a punto de negarse,
No porque no quisiera verlos.
Al contrario.
Precisamente porque comenzaba a sentirse demasiado cómoda con ellos.
Elena la recibió en la puerta con un abrazo.
—¡Isa, Bienvenida!
Isabella sonrió.
—Hola, Elena.
—Nada de formalidades.
La tomó del brazo.
—Ven.
Alessandro observaba la escena desde el salón.
—Mamá, pareces una secuestradora.
—Cállate.
Isabella soltó una carcajada.
Leonardo y Valentina la recibieron con cariño Y cuando Sofía llegó con Matteo, la velada se volvió todavía más cercana.
Isabella se encontró riendo.
Hablando, escuchando historias de la infancia de Alessandro.
—Madre... No cuentes eso —protestó él.
—¡Claro que lo va a contar! —dijo Leonardo.
—¿Qué hizo? —preguntó Isabella.
Elena sonrió.
—A los diecisiete años se escapó de una fiesta familiar para irse con una chica.
Alessandro levantó las manos.
—Eso fue hace dieciocho años.
—Y sigue siendo una historia excelente.
Todos rieron.
Isabella también y Alessandro se quedó mirándola.
Porque había algo extraño en verla allí.
Sentada con su familia, riéndose con su madre.
Hablando con Valentina, como si siempre hubiera pertenecido a ese lugar.
Aquella sensación lo golpeó con fuerza, no quería que fuera una visita.
Quería que se quedara.
La noticias y las redes, afuera de aquella casa, el mundo seguía hablando.
Al día siguiente apareció otra fotografía, esta vez estaban saliendo de un evento, Otra los mostraba conversando en una terraza Y una tercera capturaba el instante en que Alessandro había besado a Isabella en la mejilla.
Los comentarios no tardaron.
“Definitivamente están juntos.”
“¿Será ella la mujer que logró cambiar al soltero más famoso?”
“Alessandro Moretti finalmente sentó cabeza.”
“¿Quién es la pelirroja?”
“Ella no pertenece al mundo de la alta sociedad. ¿De dónde salió?”
Isabella leyó algunos.
Después cerró la aplicación.
—No deberías leerlos —dijo Alessandro.
Ella levantó la mirada.
—Es difícil no hacerlo cuando hablan de mí.
—Que hablen.
—Es fácil decirlo cuando toda tu vida está acostumbrada a aparecer en revistas.
Alessandro se acercó.
—¿Quieres que lo detenga?
Isabella lo miró.
—¿Puedes?
—Sí.
—Entonces no.
Él frunció el ceño.
—¿Por qué?
—Porque no quiero que parezca que estoy avergonzada de estar contigo.
Alessandro quedó en silencio, sintió su corazón correr a mil, eso disipó un poco sus dudas.
Ella sonrió.
—Solo necesito acostumbrarme.
Él la tomó suavemente de la cintura.
—No quiero que te acostumbres a esconderte.
Isabella sintió un pequeño nudo en el estómago.
Porque esconderse era precisamente lo que llevaba años haciendo.
Las cosas se complicaron todavía más cuando comenzaron a aparecer mujeres del pasado de Alessandro.
Una noche, durante una cena, Victoria se acercó a la mesa.
—Aless.
Él levantó la mirada.
Su rostro cambió.
—Victoria.
La mujer sonrió.
—La cosa va en serio.
Isabella permaneció tranquila.
—Muchísimo.
Victoria miró a Isabella de arriba abajo.
—Ahora eres la famosa pelirroja.
Isabella sonrió.
—Parece que sí.
- He leído sobre ti, aunque no hay nada interesante que rescatar.
- Entiendo que hay personas que tienen poca comprensión lectora.
Victoria soltó una pequeña risa.
Alessandro intervino.
—Victoria.
—Solo estoy siendo amable.
—No lo pareces.
La mujer lo miró unos segundos.
—Sigues siendo igual de encantador.
—Y tú sigues siendo igual de inoportuna.
Isabella tomó su copa, No dijo nada, Pero Alessandro la conocía, Sabía que estaba celosa Y, por alguna razón, eso le gustaba.
Cuando Victoria finalmente se marchó, Alessandro se inclinó hacia Isabella.
—¿Estás celosa?
—No.
—Sí.
—No.
—Muchísimo...
Isabella lo miró.
—Disfrutas provocándome.
—Un poco.
—Idiota.
Él sonrió.
—Pero tu idiota.
Ella intentó contener la sonrisa.
No pudo.
Aquella noche, cuando llegaron al apartamento de Alessandro, la tensión que habían acumulado durante horas terminó por desbordarse.
Él cerró la puerta, La miró. Isabella apenas tuvo tiempo de dejar el bolso.
Alessandro la atrajo hacia él y la besó. Fue un beso intenso. Impaciente.
Como si hubiera estado conteniéndose toda la noche.
Isabella respondió de la misma manera.
Sus manos se encontraron, las risas desaparecieron, También las dudas.
Durante horas se olvidaron del mundo.
De las fotografías, de los rumores, de las mujeres del pasado.De las preguntas.
Solo quedaron ellos.
Dos personas que se deseaban demasiado. Dos personas que cada vez encontraban más difícil separarse.
Cuando finalmente se quedaron en silencio, Isabella permaneció apoyada contra él.
Alessandro acarició suavemente su cabello.
—Quédate.
Ella cerró los ojos.
—No puedo.
—Siempre dices eso.
—Porque es verdad.
—Algún día voy a conseguir que te quedes.
Isabella no respondió.
Porque aquella frase, que para él parecía una promesa romántica, para ella era una amenaza.
A la mañana siguiente, Alessandro despertó primero.
La observó dormir.
Esta vez en mucho tiempo, no sintió deseos de levantarse y marcharse.
Quería quedarse allí, despertar junto a ella saber qué desayunaba, qué música escuchaba por las mañanas.
Qué hacía cuando estaba triste, qué cosas la hacían reír, quería conocer cada parte de su vida Y esa necesidad comenzó a asustarlo.
Su teléfono vibró.
Un mensaje de una mujer.
-¿Cuándo vas a volver a buscarme?-
Alessandro lo leyó.
Después archivo número.
Isabella abrió los ojos.
—¿Quién era?
—Nadie.
Ella sonrió.
—¿Seguro?
—Segurísimo.
Alessandro se inclinó y besó su frente.
—No me interesa nadie más.
Isabella lo miró.
Y por un instante quiso creerle, quiso olvidar que las personas como ellos no podían vivir solamente de promesas, Pero entonces su teléfono vibró.
Un mensaje.
Isabella lo leyó rápidamente, Su rostro cambió.
Alessandro lo notó.
—¿Qué pasó?
Ella bloqueó la pantalla.
—Nada.
—Mientes
—No.
Él la observó.
Otra vez aquella sensación, otra vez esa distancia, otra parte de Isabella que él no podía alcanzar.
Alessandro se incorporó.
—¿Quién era?
Ella sostuvo su mirada.
—Una persona que necesitaba hablar conmigo.
—¿Un hombre?
Isabella arqueó una ceja.
—¿Otra vez con los celos?
—Respóndeme.
Ella sonrió.
—No.
Alessandro no quedó convencido, Pero no insistió.
Todavía.
Porque algo estaba cambiando dentro de él, Ya no quería solamente tenerla, quería conocerla Y cuanto más se enamoraba, más insoportable se volvía no saber quién era realmente la mujer que tenía entre sus brazos.
Mientras afuera las revistas comenzaban a llamarla “la misteriosa pelirroja de Alessandro Moretti”, él empezaba a hacerse una pregunta mucho más peligrosa:
¿Qué estaba escondiendo Isabella?