Lucia despierta después de una noche de borrachera, dándose cuenta que estaba en la casa de su jefe, Mateo Alcázar, y que había pasado una noche de pasión.
Mateo, a consecuencia de esto, promete hacerse responsable, pero Lucía lo rechaza. Aunque eso no significa que sea el final, ya qué, con la presencia de su ex novio, quien intenta agredirla, Lucía finalmente acepta el matrimonio con Mateo, iniciando así, una relación en donde no existe amor, pero hay una evidente atracción entre ambos.
¿Podrá prosperas el amor, en este matrimonio que empezó como una necesidad de protección?
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Capítulo 7
Lucía salió diez minutos antes.
Era la primera vez que se iba antes de horario desde que trabajaba en Casa Alcázar.
En el auto se cambió: campera negra, pantalón cómodo, zapatillas. Se escondió cerca de la cochera, en una zona desde donde podía ver la salida del edificio sin que la vieran.
Esperó.
Una hora después, Pilar Videla salió apurada, tacos contra el piso, celu en la mano. Se subió a un BMW gris y arrancó con demasiada prisa.
La misma patente que Lucía había visto la noche anterior salir de la cochera.
—Listo, Pilar. Te tengo.
Tomó una foto.
Al darse vuelta para volver, chocó contra un cuerpo sólido. La zapatilla se le trabó con un zapato masculino, perdió equilibrio y el celu salió volando.
Una mano fuerte le rodeó la cintura y la sostuvo contra un pecho caliente.
Lucía levantó la vista.
Mateo.
Por supuesto.
El elástico que le sostenía el pelo se rompió y la melena rubia le cayó sobre los hombros. En el intento de afirmarse, agarró la camisa de Mateo y le arrancó dos botones. Uno le pegó en la frente.
—¡Ay!
Simón, detrás de él, giró hacia una columna con la dignidad de un hombre que no quería morir.
Mateo miró su camisa abierta.
—Segunda camisa que me rompés.
Lucía soltó la tela como si quemara.
—Perdón.
Se acercó por impulso y trató de acomodarle la camisa, juntándole la tela sobre el pecho. El problema era simple: demasiado pecho, demasiado calor, demasiada piel bajo sus dedos.
Mateo no se movió.
Cuando terminó, Lucía retrocedió y se inclinó en una disculpa exagerada.
—Lo lamento, señor Alcázar.
Mateo recogió el celu del piso y se lo dio.
Ella lo agarró con las dos manos y huyó hacia el auto.
Adentro, apoyó la frente en el volante.
—¿Por qué siempre termino encima de este hombre?
Cuando estuvo segura de que Mateo se había ido, volvió al edificio. Bajó al piso de seguridad con dos cafés. En cada vaso había media pastilla para dormir, algo suave, suficiente para que dos guardias cansados no pelearan contra el sueño.
Tocó la puerta de la sala de monitoreo y dejó los vasos en el piso con una nota:
"Gracias por el trabajo de anoche."
Diez minutos después, volvió a tocar.
Nadie respondió.
Entró.
La cámara no estaba rota. El archivo estaba recortado. Lucía revisó la notebook hasta encontrar la papelera.
Ahí estaba.
Pilar entrando al área de diseño de madrugada, sacando los bocetos de la oficina de Nicolás y dejándolos sobre el escritorio de Lucía.
Lucía copió el video a un pendrive y salió sin hacer ruido.
En casa, abrió una sopa instantánea y revisó el archivo otra vez.
La hora coincidía. El BMW coincidía. Pilar coincidía.
—Listo.
Pero antes de publicarlo en el grupo, se detuvo.
Pilar no era una empleada cualquiera. Su padre tenía contratos de transporte con Casa Alcázar. Si Lucía armaba un escándalo sin medir, podía salpicar a la empresa.
Y, aunque Mateo fuera un dolor de cabeza, no quería darle un problema por algo que podía resolver de otra forma.
Miró el saco de él en el sofá.
Todavía lo tenía.
También le debía dos camisas.
Al día siguiente, después de darle vueltas toda la noche, llamó a Simón.
—Necesito hablar con Mateo.
—Subí.
—Ni siquiera preguntaste.
—Él está escuchando.
Lucía cerró los ojos.
—Ustedes dos son insoportables.
En presidencia, le contó todo a Mateo. Le mostró el video, explicó lo de la cámara, la patente, el padre de Pilar y el contrato con la empresa.
Mateo escuchó sin interrumpir.
—Quiero que me pida disculpas —dijo Lucía—. En privado. No quiero romper nada si no hace falta.
—Podés hacerlo público.
—Y afectar un contrato por mi orgullo.
—No afecta nada que yo no quiera.
—No estoy preocupada por vos.
Mateo la miró.
—¿No?
Lucía se maldijo por dentro.
—Estoy preocupada por mi trabajo.
—Como quieras.
Mandó llamar a Pilar.
Pilar entró con una sonrisa nerviosa.
—Mateo...
Él levantó los ojos.
—Señor Alcázar.
La sonrisa murió.
—Señor Alcázar.
Mateo señaló a Lucía.
—Ella te llamó.
Lucía le mostró el video.
Pilar se puso blanca.
—Yo...
—Podemos hacerlo abajo con todos —dijo Lucía—, o acá en dos minutos.
Pilar miró a Mateo. No encontró ayuda.
—Perdón, Lucía. Puse los bocetos en tu escritorio.
—Y borraste el video.
—Y borré el video.
—Bien.
Mateo habló sin levantar la voz:
—La versión oficial será error administrativo. Tu nombre no sale. Si repetís algo parecido, no va a alcanzarte el apellido.
Pilar salió temblando.
Lucía respiró.
—Gracias.
—Me usaste.
—Un poquito.
—Y me llamaste "Mateo" delante de ella.
—Funcionó.
Él se reclinó en la silla.
—También miraste mi camisa.
Lucía abrió la puerta.
—Tengo trabajo.
Y salió antes de que él sonriera.
metiche la envidia ella siempre odiaba a Lucia por qué se casó con Mateo 😂😂😂💕