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No Eras Parte De La Venganza

No Eras Parte De La Venganza

Status: Terminada
Genre:Malentendidos / Reencuentro / Completas
Popularitas:3.4k
Nilai: 5
nombre de autor: maleramram

Ellos se conocen desde que tenían diez años. Antes eran amigos. Competían por todo, se molestaban y discutían, pero podían pasar una tarde entera juntos sin problema. Hasta que un accidente, una peluca y un rumor cambiaron todo. Ella creyó que él había contado su secreto más vergonzoso. Él nunca tuvo la oportunidad de explicarse. Así que ella decidió vengarse. Él terminó con una pierna rota. Y desde entonces, se declararon la guerra. Han pasado años y siguen igual. Se insultan, compiten, se provocan y aprovechan cualquier oportunidad para demostrar quién es mejor. Lo curioso es que ninguno parece tomárselo demasiado en serio… al menos hasta que sus madres, mejores amigas desde siempre, tienen la brillante idea de que deberían salir juntos. Una cita. Solo una. Para complacerlas. El problema es que sus madres parecen tener otros planes. Y quizás pasar tanto tiempo con la persona que más detestas no sea tan terrible cuando descubres que, debajo de todas esas peleas, todavía queda algo de aquellos dos niños que alguna vez se llevaban bien. Aunque claro… Primero tendrán que sobrevivir a las citas sin matarse. O sin cometer algún error que los haga verse cara a cara para siempre…..

NovelToon tiene autorización de maleramram para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Una visita inoportuna

Por primera vez en mucho tiempo, mi casa estaba en paz.

Una paz verdadera.

Sin mi madre entrando a mi habitación para decirme que debería darle una oportunidad a Knox.

Sin mensajes sobre restaurantes.

Sin intentos de convencerme de que una cita podía cambiar diez años de historia.

Nada.

Solo silencio.

Y me encantaba.

Estaba sentada en el sofá con las piernas recogidas, un libro de la universidad abierto sobre las rodillas y un vaso de limonada sobre la mesa.

Había preparado una jarra entera.

Era una tarde perfecta para estudiar.

O al menos para fingir que estaba estudiando.

Leí el mismo párrafo tres veces.

Después cerré el libro.

Tomé un sorbo de limonada.

—Por fin.

La cita había terminado.

Mi madre había conseguido lo que quería.

Yo había salido con Knox.

Había comprobado que seguíamos siendo completamente incompatibles.

Y, con suerte, ahora podría vivir tranquila.

Sin citas.

Sin discusiones.

Sin Knox.

Volví a abrir el libro.

Esta vez conseguí avanzar varias páginas.

Hasta que sonó el timbre.

Fruncí el ceño.

Mi madre no llegaría hasta más tarde.

Mi padre tampoco.

El timbre volvió a sonar.

—Ya voy.

Dejé el libro sobre el sofá y caminé hasta la entrada.

Abrí la puerta.

Y me encontré con Knox.

Lo miré.

Él me miró.

—No.

—Ni siquiera dije nada.

—No importa.

—Necesito hablar contigo.

—Yo no.

Intenté cerrar la puerta.

Él puso una mano para detenerla.

—Blair.

—¿Qué?

—Es importante.

Suspiré.

—Si vienes a decirme que nuestras madres quieren otra cita, puedes irte.

—No es eso.

—Entonces habla.

Knox se quedó callado.

Eso era extraño.

Muy extraño.

Parecía incómodo.

—Necesito enseñarte algo.

—¿Qué?

—Mi cadera.

Parpadeé.

—¿Qué?

—No pongas esa cara.

—¿Qué cara quieres que ponga cuando vienes a mi casa y me dices que quieres enseñarme tu cadera?

—No dije que quisiera enseñártela por diversión.

—Eso no mejora la situación.

Knox se pasó una mano por el cabello.

—Mira.

Levantó ligeramente la camiseta.

Y entonces lo vi.

Mi nombre.

Blair.

Tatuado sobre su piel.

Me quedé en silencio.

Un segundo.

Dos.

Tres.

Y entonces ocurrió.

No pude evitarlo.

Me llevé una mano a la boca.

Intenté contenerme.

No funcionó.

Solté una carcajada.

—¡No!

Knox bajó la camiseta.

—No te rías.

Eso solo consiguió que me riera más.

—¡Te tatuaste mi nombre!

—¡No me lo tatué yo!

—¡Está en tu cuerpo!

—¡Lo sé!

Me apoyé contra el marco de la puerta porque ya me dolía el estómago de tanto reír.

—¡Diez años odiándome y terminaste con mi nombre tatuado!

—Blair.

—¡Esto es increíble!

—No es gracioso.

—Es lo más gracioso que me ha pasado en años.

—No fue intencional.

—¡Eso lo hace mejor!

Knox me miró con una expresión que probablemente pretendía ser amenazante.

No funcionó.

Volví a reír.

—¿Sabes qué es lo peor?

—No quiero saberlo.

—Que vas a tener que explicar esto.

—No pienso explicárselo a nadie.

—Tu madre va a verlo.

—No.

—Tu madre definitivamente va a verlo.

—No.

—Y cuando lo haga…

Me tapé la boca otra vez.

—Dios.

Knox cerró los ojos.

—¿Terminaste?

—No.

—Blair.

—Perdón.

No sonaba arrepentida.

En absoluto.

—Es que…

Volví a mirar el tatuaje.

—Es mi nombre.

—Sí.

—En tu cadera.

—Sí.

—Permanentemente.

—Eso parece.

Sonreí.

—Esto es maravilloso.

—Me alegra que mi desgracia te haga feliz.

—Muchísimo.

Knox me observó durante unos segundos.

—¿Ya puedo hablar?

—Adelante.

—No sé cómo apareció.

La sonrisa se me fue apagando poco a poco.

—¿Qué?

—No recuerdo haberme tatuado.

—Entonces te emborrachaste y alguien te tatuó.

—No.

—¿Cómo estás tan seguro?

—Porque el tatuador habría cobrado.

Lo miré.

—¿Y?

—No tengo ningún cargo en la tarjeta.

—Quizá pagaste en efectivo.

—No llevo efectivo.

—Quizá te lo hizo un amigo.

—Ninguno de mis amigos sabe tatuar.

—Quizá…

—Blair.

—Está bien.

Me crucé de brazos.

—Entonces, ¿qué recuerdas?

Knox negó con la cabeza.

—La noche termina en el billar.

—La mía también.

—Después no recuerdo nada.

—Yo tampoco.

Nos quedamos callados.

Esta vez ninguno se rio.

Miré nuevamente hacia el tatuaje.

Mi nombre seguía allí.

Perfectamente escrito.

—Esto no puede ser real.

—Desgraciadamente, sí.

—¿Y por qué está empezando a arder?

Lo miré.

—¿Qué?

Knox levantó un poco la camiseta.

La piel alrededor del tatuaje estaba ligeramente roja.

—Hace un rato empezó a quemarme.

Mi expresión cambió.

—¿Mucho?

—Lo suficiente.

Me acerqué un poco sin pensarlo.

—Déjame verlo.

Knox se quedó quieto.

Yo también.

Había quedado demasiado cerca.

Levanté la mirada.

Él ya me estaba mirando.

Durante un instante ninguno dijo nada.

Entonces retrocedí.

—Olvídalo.

—Eso pensé.

—No te emociones.

—Jamás.

—Y ponte la camiseta.

—¿Te incomoda?

—Me molesta mirarte.

—Claro.

—No significa nada.

—No dije que significara algo.

—Bien.

—Bien.

Lo miré una última vez.

Después señalé el tatuaje.

—Pero voy a seguir riéndome de esto.

Knox suspiró.

—Ya lo sabía.

Y, por primera vez desde que había abierto la puerta, pensé que quizá aquella cita no había terminado realmente.

Porque algo había pasado aquella noche.

Algo que ninguno recordaba.

Y ahora tenía mi nombre escrito en la piel de Knox.

Lo cual, sinceramente, era demasiado divertido para ser una coincidencia.

—Espera.

Knox ya estaba bajándose la camiseta cuando lo detuve.

—¿Qué?

—Quiero verlo mejor.

Me miró con desconfianza.

—¿Para seguir riéndote?

—Probablemente.

—Lo suponía.

—Ven.

Knox soltó un suspiro y volvió a levantar ligeramente la camiseta.

Me acerqué.

Esta vez sin reírme.

Bueno…

Intenté no hacerlo.

El tatuaje estaba en su cadera, todavía bastante reciente. La piel alrededor estaba un poco enrojecida y el nombre se veía demasiado claro.

Blair.

Mi nombre.

En su piel.

Me mordí el interior de la mejilla.

No funcionó.

Una pequeña risa se me escapó.

—No puedo creerlo.

—Ya lo dijiste.

—Es que sigue siendo gracioso.

—Para ti.

—Especialmente para mí.

Me incliné un poco para verlo mejor.

—Está bastante bien hecho.

—Gracias.

—No era un cumplido.

—Lo sé.

Pasé la mirada por las letras.

—Podrías quitártelo.

Knox bajó la camiseta.

—¿Qué?

—El tatuaje.

—Ya sé qué es un tatuaje.

—Hay lugares donde los quitan.

—¿Y por qué tendría que hacerlo?

Lo miré.

—Porque tiene mi nombre.

—Eso ya lo sé.

—Y porque no es precisamente el nombre que alguien querría llevar tatuado después de una noche de borrachera.

—No sé si fue una noche de borrachera.

—Knox.

—¿Qué?

—No recuerdas nada.

—Tú tampoco.

—Eso no cambia el hecho de que tu cadera dice “Blair”.

Se quedó mirándome.

—Gracias por recordármelo.

—De nada.

Volví a acercarme.

—Aunque…

—¿Qué?

—Podrías dejarlo.

—¿Por qué?

Sonreí.

—Es divertido.

—¿Divertido?

—Muchísimo.

—¿Te parece divertido que lleve tu nombre?

—Me parece divertidísimo.

—Qué madura.

—Gracias.

—No era un cumplido.

—Lo sé.

Me crucé de brazos.

—Piénsalo. Durante diez años has tenido que soportarme.

—Sí.

—Y ahora vas a tener que verme cada vez que mires tu cadera.

Knox soltó una risa seca.

—Eso es probablemente lo peor.

—Exacto.

—Podría quitarlo.

—Podrías.

—Entonces, ¿por qué no me estás diciendo que lo haga?

Me encogí de hombros.

—Porque sería menos gracioso.

Knox negó con la cabeza.

—Eres una persona horrible.

—Y tú tienes mi nombre tatuado.

—Temporalmente.

—Eso no mejora tu situación.

Volví a mirar el tatuaje.

—Además, todavía está reciente. Deberías cuidarlo.

—Sé cómo cuidar un tatuaje.

—¿Seguro?

—Sí.

—Porque acabas de aparecer en mi casa con mi nombre tatuado sin saber cómo llegó ahí.

—Eso no tiene relación.

—Para mí sí.

Knox levantó una ceja.

—¿Siempre vas a usar esto para burlarte de mí?

—Probablemente.

—Perfecto.

—Me alegra que lo aceptes.

Él bajó la camiseta por completo.

—¿Ya terminaste?

—Sí.

—¿Seguro?

—Sí.

Me aparté de la puerta para dejarlo pasar.

—Aunque te advierto algo.

Knox se detuvo.

—¿Qué?

Sonreí.

—Si algún día decides quitarlo, voy a pedir una foto antes.

—¿Una foto?

—Para recordar el momento histórico en que Knox tuvo mi nombre tatuado.

—Ni en tus sueños.

—Ya veremos.

Knox negó con la cabeza.

—No sé por qué vine a contártelo.

—Porque necesitabas que alguien se riera de ti.

—Eso ya lo haces gratis.

—Exactamente.

Se quedó mirándome unos segundos.

—Nos vemos.

—No prometas cosas que no puedes cumplir.

—Blair.

—Knox.

—Adiós.

—Adiós.

Cerré la puerta.

Me apoyé contra ella.

Y volví a sonreír.

Mi nombre estaba tatuado en la cadera de Knox.

Definitivamente iba a disfrutar aquello.

Al menos hasta descubrir cómo demonios había terminado ahí.

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Paula Giaccaglia
cómo se llama el bebé?
Iskka Amira
Excelente me encanta mucho esta historia, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia 🫂
Paula Giaccaglia
Nooooooo escritora, ésto es MUY imposible!!! cómo puede ser que ninguno se haya dado cuenta que tuvo sexo!!! y sí tuvieron conciencia de vestirse!!!! sí al menos hubiesen estado desnudos en la cama era un poquito más creíble 🤭
Iskka Amira
es muy buena la novela, reciba mis felicitaciones, por casualidad ellos pertenecen a algo místico ya que se le quedó impreso el nombre de la PATRONA. 🤭

Vale la pena leerla, no nos vayas a dejar en el abandono
Sole Amado
jajajajaja esta buenísima aaaa me reee engancho espero los próximos capítulos ansiosa
Paula Giaccaglia
los dos tienen 20 años? mmmmmm 😱
Paula Giaccaglia
ésta escritora me encanta, una pena que vaya a saber cuándo siguen los próximos capítulos 😭
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