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Ya no soy tu sustituta

Ya no soy tu sustituta

Status: En proceso
Genre:Romance / CEO / Juego de roles / Triángulo amoroso / Tú no me amas / Amante arrepentido / Amor platónico
Popularitas:1.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Irin_Kokh

Durante tres años, Valentina Robles creyó ser la mujer que Gabriel Duarte amaba. Hasta que volvió su ex y ella escuchó la verdad: él solo había estado buscando a otra en su rostro.
Valentina no va a competir por un lugar que nunca fue suyo. Acepta el matrimonio que antes había rechazado y vuelve a casa, decidida a dejar a Gabriel atrás. Lo que él no sabe es que la mujer a la que dio por sentada es una heredera que ya no necesita ocultarse.
A su lado está Alejandro Ferrer, dispuesto a darle algo que con Gabriel nunca tuvo: confianza sin condiciones.
Pero Gabriel no acepta haberla perdido. Y Valentina ya no está dispuesta a ser la segunda opción de nadie.

NovelToon tiene autorización de Irin_Kokh para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 9

009. Camila marca su territorio

Valentina durmió hasta despertarse por sí sola. Cuando abrió los ojos, ya eran las diez de la mañana.

—Ah… Qué bien se siente no tener que ir a trabajar.

Se estiró, se levantó y, después de asearse, bajó a desayunar. Teresa había preparado dos porciones. Valentina miró la silla vacía frente a ella sin decir nada.

—Señorita Robles, ¿hoy no va a bajar el señor a desayunar? —preguntó Teresa al verla.

Valentina tomó una cucharada de la sopa de arroz con carne magra y huevo.

—Anoche no volvió. Supongo que no.

—Ah.

Teresa comprendió que había preguntado de más. No insistió y regresó a la cocina.

Después de desayunar, Valentina recibió un mensaje de Alejandro.

Alejandro: «Vale, ¿quieres que mandemos hacer tu vestido de compromiso o prefieres uno de la colección de esta temporada?»

¿Todavía daría tiempo de encargarlo? Si ni siquiera sabía cuándo iba a ser el compromiso.

«¿Qué día es?»

Alejandro: «Aún no lo fijamos. ¿Te parece que decidamos cuando termines lo que tienes pendiente y vuelvas a Santa Lucía?»

«Sí. Aquí termino dentro de nueve días».

«Está bien».

Por miedo a que no alcanzara el tiempo para uno a medida, Valentina respondió:

«Mejor uno de la colección de esta temporada. Voy a escoger».

Alejandro: «Está bien. Cuando lo tengas, me dices».

Estaba por cerrar WhatsApp cuando apareció una notificación en la conversación con Gabriel. La abrió. Era un video.

En un salón privado, con poca luz, Gabriel estaba borracho y recostado entre los brazos de Camila.

—Cami, por fin volviste… Yo… sabía que ibas a volver… Te esperé cinco años…

De fondo se oían gritos y bromas. Valentina reconoció algunas voces: los amigos de Gabriel y Paula. Los conocía a todos. En la pantalla, Camila lo abrazaba y bajaba la cabeza con una sonrisa.

—Gabriel, estás borracho.

Él se acurrucó contra ella, hablando a trompicones.

—Yo… no estoy borracho… Estoy muy lúcido… Tú eres Camila, la mujer que más amo. ¿Me equivoqué? Ya ves… Estoy bien…

Alguien preguntó desde el fondo:

—Gabriel, si Camila es la mujer que más amas, ¿y Valentina?

—¿Quién es Valentina? Yo… solo amo a Cami…

—Cuñada, está claro que Gabriel no puede vivir sin ti —se oyó decir a Paula—. Míralo, se emborracha y no se te despega. Solo tiene ojos para ti.

Una sombra de burla cruzó los ojos de Valentina. «Cuñada». En los tres años que llevaba con Gabriel, nadie la había llamado así. Tampoco era de extrañar. Para aquel grupo, ella nunca había sido realmente su novia.

—Qué descarada es Valentina. Camila ya volvió y ella sigue ahí, sin irse. No entiende nada.

Era la mejor amiga de Paula, la misma que había declarado falso el collar de cumpleaños. Ya antes la había tratado con desprecio muchas veces. La voz de Paula volvió a oírse enseguida.

—Una chica común como ella no se encuentra todos los días con un heredero como Gabriel. ¿Cómo va a soltarlo tan fácilmente?

Valentina bajó los ojos y esbozó una sonrisa sin calor. Paula jamás habría dicho eso delante de ella. Ahora estaba segura de que el desprecio que había visto en sus ojos el día del cumpleaños no había sido imaginación suya. Fingía cercanía y amabilidad, pero en el fondo no era distinta de los demás. También la miraba por encima del hombro.

—Camila, tranquila. Todos estamos de tu lado.

—Sí, a ninguno nos cae bien esa Valentina. Que se mire primero. ¿Quién se cree que es para querer entrar en nuestro círculo?

—Ha de haber leído demasiadas novelitas de millonarios enamorados. Solo piensa en casarse con un rico. Me muero de risa. Seguro ni se imagina que para nosotros es una payasa.

—Exacto. No es de nuestra clase. Gabriel solo estaba pasando el rato con ella. Ahora que volvió Camila, ya puede largarse, ¿no?

Valentina no se alteró. Sabía que Camila había enviado el video para marcar su territorio, pero también para humillarla, hacerla aceptar la realidad y conseguir que se apartara de Gabriel cuanto antes.

Y eso era exactamente lo que Camila quería. Después de enviarlo, se imaginó a Valentina llorando desconsolada, terminando con Gabriel y recogiendo sus cosas para volver humillada a su ciudad. Jamás se le habría ocurrido que aquellas palabras no le hacían el menor daño.

En el video, Gabriel seguía aferrado a Camila y diciéndole palabras de amor. A Valentina le dio asco. Lo cerró sin seguir mirando y escribió un mensaje.

«Es verdad. No somos de la misma clase».

Camila curvó los labios al leerlo y contestó enseguida desde la cuenta de Gabriel.

«Por lo menos sabes cuál es tu lugar».

Valentina soltó una risita desdeñosa. El Grupo Duarte era un negocio tan pequeño que no llegaba al nivel de una filial cualquiera de su familia. Sus ganancias anuales ni siquiera se comparaban con lo que Esteban destinaba a uno solo de sus proyectos, sin darle mayor importancia.

Los Robles llevaban cuatro generaciones en los negocios. En la suya, ya estaban entre las diez familias empresarias más importantes del país. Desde luego, no pertenecía a la misma clase que un heredero común como Gabriel. Ninguno de ellos imaginaría que Valentina Robles pertenecía a la familia de Esteban Robles.

El pequeño incidente no le arruinó el ánimo. No todos los días tenía tiempo libre, así que no salió. Se pasó el día recostada, mirando las páginas oficiales de las distintas marcas para elegir su vestido de compromiso.

Al final se quedó con tres y no supo cuál escoger.

El primero era un vestido de corte recto y cuello alto, de color champán, con bordados rosa pálido salpicados de pequeños brillantes. A cada lado, tres cadenas de pequeñas perlas salían del cuello, rodeaban en diagonal la parte alta del brazo y seguían hasta la espalda. El conjunto resultaba deslumbrante, de aire dulce y juvenil.

El segundo era de un blanco azulado, liso y sin tirantes, con una hilera de rosas en el escote. Se ajustaba a la cintura y a las caderas antes de abrirse en una falda de sirena con cola hasta el suelo. Era más maduro y elegante.

El tercero era un vestido de princesa de tul blanco cremoso, con los hombros descubiertos. La capa exterior, de tul blanco y ligero, estaba salpicada de unos cuantos pétalos de rosa rosados. Tenía un estilo romántico y elegante.

Subió las tres fotos a Instagram y escribió: «No puedo decidirme. Ayúdenme a elegir. ¿Cuál se ve más bonito?».

Poco más de diez minutos después, ya tenía muchos me gusta y comentarios.

Alejandro: «Los tres son muy bonitos. Si te gustan, cómpralos todos y te los vas cambiando».

Natalia Cruz, su mejor amiga desde la infancia, también le dio me gusta y comentó.

Nati: «¡Vale, qué buen gusto tienes! Los tres te quedan perfecto. Dile a tu Alejandro que te compre todos. No le va a faltar el dinero».

Mariana Salazar, otra de sus mejores amigas, escribió: «¡Cómpralos, cómpralos! Nuestra princesita se ve bonita con lo que se ponga».

Lucía: «¡A ver, a ver! Aquí pasa algo. Valentina, ¿para qué estás escogiendo vestidos? ¿Te vas a casar?»

Valentina fue leyendo. Entre los me gusta y los buenos deseos de sus amigos y familiares, algunos comentarios desentonaban mucho.

Paula: «…»

Mateo: «Valentina, ¿por qué publicas esto…?»

Diego: «¿De verdad te atreves a soñar con eso? Me muero de risa».

Colega A: «Son modelos nuevos de marcas de lujo. Antes de presumir, por lo menos averigua cuánto cuestan. No te alcanza ni para alquilarlos, mucho menos para comprarlos…»

Colega B: «Vaya, qué rica. Tu vida es mi sueño».

Gabriel: «¿?»

Valentina alzó las cejas. Al parecer, Gabriel ya estaba sobrio. Justo entonces le llegó un mensaje suyo por WhatsApp.

«¡Borra la publicación!»

«No».

Gabriel: «¿Ahora me presionas para que me case delante de todos? ¿No entendiste nada de lo que te dije?»

«Ah».

Gabriel: «Valentina, ya basta».

Ella no volvió a hacerle caso.

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ysabel cecilia contreras
Está buenísima está historia me preocupa que no esté terminada 🙏
ysabel cecilia contreras
Miércoles llegó con otra 👿🤣🤣🤣🤣🤣
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