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UNA APUESTA POR TU AMOR

UNA APUESTA POR TU AMOR

Status: Terminada
Genre:Romance / Malentendidos / Completas
Popularitas:996
Nilai: 5
nombre de autor: FOAR

Él apostó que podía conquistarla.
Ella decidió demostrarle que no sería tan fácil.

Isabella no buscaba enamorarse. Sebastián solo quería ganar una apuesta.

Pero entre miradas, provocaciones y besos que empezaron como parte de un juego, algo inesperado comenzó a crecer entre ellos.

Porque cuando el corazón entra en juego, ya no existen apuestas seguras. ❤️‍🔥

NovelToon tiene autorización de FOAR para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

UNA SEGUNDA OPORTUNIDAD

El lunes por la mañana, Isabella llegó a la universidad decidida a olvidarse de Sebastián.

No había razón para pensar en él.

No después de una sola conversación.

No después de una sonrisa.

Y mucho menos después de aquella mirada que, por alguna razón, había permanecido en su cabeza durante todo el fin de semana.

Dejó el bolso sobre la mesa de la cafetería y sacó su teléfono.

Tenía un mensaje de Valeria.

“¿Ya lo viste?”

Isabella suspiró.

“¿A quién?”

La respuesta llegó casi de inmediato.

“No te hagas.”

Isabella levantó la mirada.

—Buenos días.

Valeria apareció frente a ella con una sonrisa demasiado sospechosa.

—Buenos días —respondió Isabella.

—¿Pensando en él?

—No.

Valeria dejó su bolso sobre la silla.

—Ni siquiera dije su nombre.

—Pero ibas a hacerlo.

—Porque te conozco.

Isabella tomó su café.

—Sebastián no me interesa.

—Entonces no te molestará verlo.

Isabella arqueó una ceja.

—¿Por qué tendría que verlo?

Valeria señaló discretamente hacia la entrada.

Isabella giró la cabeza.

Sebastián estaba apoyado contra una de las columnas, hablando con uno de sus amigos.

Llevaba una camiseta oscura y unos jeans. Parecía completamente tranquilo, como si no tuviera ninguna preocupación en el mundo.

Hasta que levantó la mirada.

Sus ojos encontraron los de Isabella.

Y sonrió.

Ella apartó la mirada inmediatamente.

—Perfecto —murmuró.

Valeria sonrió.

—Te está mirando.

—Ya me di cuenta.

—Y tú también lo miraste.

—Fue un accidente.

—Claro.

Isabella negó con la cabeza.

—No empieces.

—Yo no estoy haciendo nada.

—Tu sonrisa dice lo contrario.

Valeria soltó una carcajada.

—Voy a dejarte sola.

—¿Qué?

—Tengo que hablar con alguien.

—Valeria...

Pero su amiga ya se había levantado.

Isabella la observó alejarse.

—Traicionera —murmuró.

—¿Siempre hablas sola?

La voz hizo que Isabella se girara.

Sebastián estaba frente a ella.

—No estaba hablando sola.

—Entonces llegué en buen momento.

—Eso depende.

—¿De qué?

—De lo que quieras.

Sebastián sonrió.

—Buenos días para ti también.

—Buenos días.

Él señaló la silla frente a ella.

—¿Puedo?

Isabella dudó.

—Si quieres.

Sebastián se sentó.

—Pensé que no volverías a hablarme.

—¿Por qué?

—Porque el viernes parecías bastante interesada en que me fuera.

—No recuerdo haber dicho eso.

—No lo dijiste.

—Entonces...

—Lo insinuaste.

Isabella sonrió ligeramente.

—Quizá lo imaginaste.

—Quizá.

Durante unos segundos ninguno habló.

Sebastián la observó con curiosidad.

—¿Siempre eres así?

—¿Así cómo?

—Difícil de leer.

Isabella apoyó los brazos sobre la mesa.

—¿Y por qué quieres leerme?

—Porque quiero conocerte.

Ella lo miró fijamente.

—No me conoces.

—Por eso estoy aquí.

Isabella intentó esconder una sonrisa.

—¿Y qué quieres saber?

Sebastián pareció pensarlo.

—Lo que te gusta.

—El café.

—Eso ya lo sé.

—Los libros.

—También lo sé.

Isabella frunció el ceño.

—¿Cómo sabes eso?

—Te vi el viernes leyendo.

—Estabas demasiado pendiente de mí.

—Tal vez.

Ella negó con la cabeza.

—Eso no es normal.

—Tampoco es normal que recuerde tantas cosas de alguien después de conocerla una sola noche.

Isabella guardó silencio.

Aquella respuesta la tomó desprevenida.

—¿Y qué más sabes? —preguntó finalmente.

Sebastián sonrió.

—Que no te gusta llamar demasiado la atención.

—Correcto.

—Que odias que te digan qué hacer.

—Muy correcto.

—Y que estás intentando convencerte de que no te caigo bien.

Isabella soltó una pequeña risa.

—Eso último te lo estás inventando.

—¿Seguro?

—Completamente.

Sebastián se inclinó un poco hacia ella.

—Entonces dime que no te caigo bien.

Isabella sostuvo su mirada.

—No me caes bien.

Él sonrió.

—Mentira.

—¿Cómo lo sabes?

—Porque acabas de sonreír.

Isabella inmediatamente dejó de hacerlo.

—No estaba sonriendo.

—Lo estabas haciendo.

—Estás imaginando cosas.

—Puede ser.

Sebastián se levantó.

—Tengo clase.

—Yo también.

—¿Te acompaño?

Isabella tomó su bolso.

—No hace falta.

—¿Por qué?

—Porque puedo caminar sola.

—No dije que no pudieras.

—Entonces...

—Solo quería acompañarte.

Ella lo observó unos segundos.

—Está bien.

Caminaron juntos por el pasillo.

Durante unos minutos hablaron de cosas sencillas: profesores, clases, música y los lugares favoritos de la universidad.

Isabella comenzó a descubrir algo que no esperaba.

Sebastián era diferente cuando no estaba rodeado de sus amigos.

Más tranquilo.

Más atento.

Y mucho menos arrogante.

—No eres como pensé —dijo ella de repente.

Sebastián la miró.

—¿Eso es bueno o malo?

—Todavía no lo sé.

—Entonces todavía tengo una oportunidad.

—¿Una oportunidad para qué?

—Para que cambies de opinión sobre mí.

Isabella sonrió.

—No prometo nada.

—No necesito promesas.

Llegaron frente al salón.

Sebastián se detuvo.

—Nos vemos después.

—Adiós.

Él comenzó a alejarse.

—Sebastián.

Se giró.

—¿Sí?

Isabella dudó.

—Nada.

—¿Seguro?

—Sí.

Él sonrió y siguió caminando.

Isabella entró al salón.

Se sentó y sacó sus cosas, pero durante varios segundos permaneció distraída.

No entendía qué estaba pasando.

Sebastián apenas llevaba unos días en su vida y ya había conseguido alterar su rutina.

Eso no le gustaba.

O al menos eso intentaba repetirse.

---

A la hora del almuerzo, Isabella salió del salón con Valeria.

—Bueno —dijo su amiga—. Cuéntamelo todo.

—No pasó nada.

—Caminaste con él.

—Sí.

—Hablaron.

—Sí.

—Y estás sonriendo.

Isabella dejó de sonreír.

—No estoy sonriendo.

Valeria soltó una carcajada.

—Te gusta.

—No.

—Te interesa.

—Tampoco.

—Entonces, ¿qué sientes?

Isabella guardó silencio.

No sabía qué responder.

—Curiosidad —admitió finalmente.

—Eso es peligroso.

—¿Por qué?

—Porque la curiosidad es el comienzo de muchas historias.

Isabella la miró.

—No quiero una historia.

—Eso dices ahora.

---

Al otro lado de la universidad, Sebastián se encontró con sus amigos.

—¿Y? —preguntó uno de ellos.

—¿Y qué?

—Isabella.

Sebastián tomó una botella de agua.

—Todo va bien.

—¿Ya cayó?

Sebastián sonrió.

—Todavía no.

—Recuerda la apuesta.

—No la he olvidado.

Uno de sus amigos le dio una palmada en el hombro.

—Entonces sigue así. Te queda poco tiempo.

Sebastián asintió.

Pero cuando volvió a mirar hacia el edificio donde estaba Isabella, su expresión cambió ligeramente.

Porque algo dentro de él comenzaba a incomodarlo.

La apuesta había sido sencilla.

Acercarse a ella.

Conquistarla.

Ganar.

Eso era todo.

Sin embargo, aquella mañana había descubierto que hablar con Isabella era demasiado fácil.

Que escucharla era agradable.

Y que verla sonreír comenzaba a importarle más de lo que debería.

---

Al finalizar las clases, Isabella caminaba hacia la salida cuando escuchó una voz detrás de ella.

—¿Te vas?

Se giró.

Sebastián.

—Sí.

—¿Puedo caminar contigo?

Isabella lo miró durante unos segundos.

—¿No te cansas?

—¿De qué?

—De buscar excusas para acercarte.

Sebastián sonrió.

—Todavía no.

Ella negó con la cabeza.

—Está bien.

Caminaron juntos.

Esta vez ninguno habló demasiado.

Pero el silencio tampoco resultó incómodo.

Cuando llegaron a la salida, Sebastián se detuvo.

—Nos vemos mañana.

—Tal vez.

—¿Tal vez?

—No quiero que te acostumbres a verme.

—Demasiado tarde.

Isabella sonrió.

—Adiós, Sebastián.

—Adiós, Isabella.

Ella se alejó.

Sebastián se quedó observándola hasta que desapareció entre los estudiantes.

Su amigo tenía razón.

La apuesta seguía en pie.

Pero mientras miraba el lugar por donde Isabella se había marchado, una duda comenzó a aparecer en su cabeza.

¿Y si conquistarla dejaba de ser solamente un juego?

Sacudió la cabeza.

No.

Él tenía el control.

O eso quería creer.

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Javiera De Barbieri Chacón
como me dejan así 😭😭😭
FOAR: 🤭 ya actualicé
total 1 replies
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