NovelToon NovelToon
Sistema De Luz : La Elegida Del Cielo.

Sistema De Luz : La Elegida Del Cielo.

Status: Terminada
Genre:Mundo de fantasía / Viaje a un mundo de fantasía / Aventura / Completas
Popularitas:331
Nilai: 5
nombre de autor: piscis 1

Elena Vásquez es una joven común con una vida gris hasta que un meteorito azul cae del cielo y la elige como usuaria de un misterioso sistema de evolución personal. A partir de entonces, desbloquea habilidades basadas en la empatía y la sanación, y descubre que no está sola: otros elegidos en distintos lugares del mundo comparten dones complementarios. Juntos deberán restaurar el equilibrio energético de la Tierra, enfrentar a una organización que busca controlar sus poderes y, sobre todo, despertar a la humanidad antes de que la energía vital del planeta se extinga. Es una historia de crecimiento, cooperación y pequeños actos de bondad capaces de cambiar el mundo.

NovelToon tiene autorización de piscis 1 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El Reencuentro.

Capítulo 15: Reencuentro

La doctora Iris Lang llamó a Elena una semana después de la crisis hídrica. No fue una llamada inesperada. Elena sabía que tarde o temprano tendría que enfrentar a la Organización Terra. Habían colaborado con ellos, habían usado sus recursos, habían seguido sus pistas. Pero nunca habían confiado del todo. El sistema les había advertido desde el principio: "La Organización Terra busca controlar el sistema. No confíen en extraños."

Sin embargo, las cosas habían cambiado. El mundo estaba despertando. La energía vital había subido al treinta por ciento. Y la doctora Iris quería reunirse con ellos. En persona. En su centro de investigación.

—¿Deberíamos ir? —preguntó Elena al grupo, reunidos en el café de Lucía.

—Es una trampa —dijo Andrés, sin dudar—. Nos han estado vigilando desde el principio. Quieren nuestros sistemas. Quieren nuestras habilidades.

—O quieren ayudarnos —dijo Carmen—. No podemos saberlo sin investigar.

—Don Ramón —dijo Elena—. ¿Qué ves?

El anciano cerró los ojos. Todos guardaron silencio. Después de un momento, habló. —Veo un edificio blanco. Muchas puertas. Mucha gente. Pero no veo cadenas. No veo jaulas. Veo... curiosidad. Y veo miedo.

—¿Miedo de qué? —preguntó Valeria.

—De nosotros. De lo que somos. De lo que podemos hacer.

Mateo, que había estado en silencio, habló. —Mi Visión Lógica dice que las probabilidades están equilibradas. Un cincuenta por ciento de que sea una trampa. Un cincuenta por ciento de que sea una oportunidad. No podemos saberlo sin arriesgarnos.

—Entonces arriesguémonos —dijo Elena—. Pero con cuidado. Iremos todos. Si algo sale mal, nos vamos.

El grupo aceptó. Al día siguiente, viajaron al centro de investigación de Terra, un edificio de cristal y acero en las afueras de la ciudad. La doctora Iris los recibió en la entrada, con una sonrisa amable y una expresión que Elena no supo interpretar.

—Gracias por venir —dijo Iris—. Sé que desconfían de nosotros. Es comprensible. Pero ha llegado el momento de ser transparentes.

Los guio por pasillos limpios y luminosos hasta una sala de conferencias. En el centro había una mesa redonda con sillas. En las paredes, pantallas que mostraban datos, mapas, gráficos. Iris les indicó que se sentaran.

—Antes de que pregunten —dijo—, quiero contarles la verdad. Toda la verdad.

—¿Por qué ahora? —preguntó Elena.

—Porque el mundo está cambiando. Y ustedes son el centro de ese cambio. Si vamos a trabajar juntos, necesitan saber quiénes somos. Qué queremos. Y qué hemos hecho.

Iris activó una pantalla. En ella apareció una imagen de la Tierra, con puntos brillantes dispersos por todos los continentes.

—La Organización Terra fue fundada hace veinte años. No por científicos. Por sobrevivientes.

—¿Sobrevivientes de qué? —preguntó Mateo.

—De la última vez que el sistema cayó.

El silencio se apoderó de la sala. Elena sintió un escalofrío.

—¿Ya había pasado antes? —preguntó.

—Sí. Hace mil años. Una civilización antigua, muy avanzada, enfrentó el mismo problema que enfrentamos ahora. La energía vital del planeta se estaba agotando. Crearon los sistemas y los enviaron al futuro, esperando que otra especie aprendiera de sus errores.

—Eso ya lo sabemos —dijo Elena—. Aria nos lo contó.

Iris parpadeó. —¿Aria? ¿Conocieron a Aria?

—En la montaña. En el Núcleo. Nos habló.

Iris se quedó en silencio un momento. Luego, una sonrisa triste se dibujó en su rostro. —Aria era mi bisabuela. O algo así. La línea temporal es complicada.

—¿Tu bisabuela? —preguntó Valeria—. ¿Pero no era...?

—¿Una civilización desaparecida? Sí. Pero algunos sobrevivieron. Se mezclaron con otras culturas. Se ocultaron. Transmitieron sus conocimientos de generación en generación. Mi familia es una de esas líneas.

Elena sintió cómo las piezas encajaban. La Organización Terra no era una corporación codiciosa. Era una familia. Una familia que había estado esperando durante siglos.

—¿Por qué no nos lo dijeron antes? —preguntó Andrés.

—Porque teníamos miedo. Miedo de que nos rechazaran. Miedo de que el sistema nos viera como una amenaza. Miedo de que ustedes no confiaran en nosotros.

—El sistema nos advirtió —dijo Elena—. Nos dijo que no confiáramos en extraños.

—El sistema fue creado para protegerlos. No distingue entre aliados y enemigos. Solo distingue entre usuarios y no usuarios. Y nosotros no somos usuarios. Somos... descendientes.

Mateo, que había estado analizando todo con su Visión Lógica, habló. —Si son descendientes, ¿tienen habilidades?

—Algunas. Pero no como las de ustedes. Nuestras habilidades son más... sutiles. Podemos percibir la energía vital. Podemos medirla. Podemos entenderla. Pero no podemos manipularla como ustedes.

—Entonces, ¿qué quieren de nosotros? —preguntó Carmen.

—Queremos ayudar. Queremos restaurar el Núcleo. Queremos que el mundo despierte. Pero no podemos hacerlo solos. Necesitamos usuarios. Necesitamos personas como ustedes.

Elena miró a su grupo. Vio la duda en sus ojos. Vio la desconfianza. Pero también vio algo más. Vio esperanza. Vio la posibilidad de que, después de todo, no estuvieran solos.

—¿Y qué pasa con las advertencias del sistema? —preguntó—. ¿Y si todo esto es una trampa?

Iris la miró a los ojos. —No puedo probarte que no lo es. Solo puedo decirte la verdad. Y esperar que confíes en mí.

Elena cerró los ojos. Respiró hondo. Su Percepción Empática se activó. Escaneó las emociones de Iris. No había engaño. No había malicia. Había miedo. Había esperanza. Había arrepentimiento. Había amor.

—Te creo —dijo Elena.

—¿Estás segura? —preguntó Mateo.

—Sí. No sé por qué, pero te creo.

Iris sonrió. —Gracias. No sabes cuánto significa eso.

—¿Y ahora qué? —preguntó Sofía.

—Ahora les mostraré algo. Algo que hemos estado construyendo durante años. Algo que cambiará todo.

Iris los guio por más pasillos, hasta un ascensor que los llevó a un nivel subterráneo. Allí, en una sala enorme, había una réplica del Núcleo. No era el original, sino una copia hecha de luz y energía. Palpitaba con un ritmo suave, similar al del árbol de la montaña.

—¿Qué es esto? —preguntó Valeria.

—Es un amplificador. Puede multiplicar la energía de la Semilla de Luz. Si plantamos semillas a través de este dispositivo, podemos despertar a miles de personas al mismo tiempo.

Elena sintió un nudo en el estómago. —¿Miles?

—Sí. Pero necesitamos algo de ustedes. Necesitamos su autorización. Necesitamos su confianza.

—¿Por qué?

—Porque el amplificador usa la energía de los usuarios. La tuya, Elena. La de Mateo. La de todos. Si lo usamos, se agotarán. No permanentemente, pero sí temporalmente. Durante días, quizás semanas, no podrán usar sus habilidades.

El silencio se apoderó de la sala. Elena miró a su grupo. Vio el cansancio en sus rostros. Vio el miedo. Pero también vio determinación.

—¿Cuántas personas podríamos despertar? —preguntó.

—Diez mil. Quizás más.

—¿Y eso cuánto ayudaría?

—Subiría la energía vital al cuarenta por ciento. Quizás al cuarenta y cinco.

Elena lo pensó. Era un riesgo. Pero era un riesgo que valía la pena.

—¿Están dispuestos? —preguntó a su grupo.

Uno por uno, asintieron. Mateo, Sofía, Valeria, Don Ramón, Andrés, Carmen. Todos.

—Entonces hagámoslo —dijo Elena.

Iris sonrió. Sus ojos brillaban con lágrimas. —Gracias. Gracias a todos.

Esa noche, el grupo se reunió alrededor del amplificador. Elena puso sus manos sobre la réplica del Núcleo. Los demás hicieron lo mismo. Cerraron los ojos. Respiraron hondo. Y compartieron su energía.

El amplificador emitió un zumbido suave. La luz blanca y azul se intensificó. Y luego, se expandió. Salió de la sala, del edificio, de la ciudad. Llegó a los pueblos, a los campos, a los bosques. Tocó a miles de personas. Plantó miles de semillas.

Cuando terminó, Elena se sentía agotada. No podía usar sus habilidades. No podía sentir las emociones de los demás. Estaba vacía. Pero sonreía.

—Lo logramos —susurró.

—Sí —dijo Mateo, a su lado, también agotado—. Lo logramos.

El sistema parpadeó. La interfaz era tenue, casi invisible. Pero el mensaje era claro.

"Energía vital actual: 45%. La humanidad despierta. La misión continúa. Gracias, Elena. Gracias a todos."

Elena leyó el mensaje. Luego cerró los ojos. Y se dejó llevar por el sueño.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play